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Fecha: 20110710

Título: Dios no tiene temor de dar mucho porque su amor no acaba jamas

Original en audio: 4 min. 29 seg.


¡Feliz domingo! Este es el domingo número quince durante el tiempo ordinario y hay un tono de optimismo en la Palabra de Dios. Espero que esa palabra llegue también a nuestros corazones, porque si algo necesitamos en nuestro tiempo, es una fuerza nueva de esperanza.

En la primera lectura encontramos al profeta Isaías, se trata del capítulo 55 de este profeta, y nos habla de la maravillosa fecundidad de aquella lluvia que cae del cielo. Así como la lluvia cae del cielo y no vuelve a subir sino después de hacer florecer y fructificar la tierra, así será la palabra que sale de mi boca; no queda un resquicio para la duda, es simplemente el anuncio de una buena noticia: el anuncio de la eficacia de la acción divina.

Por supuesto, la palabra que vino a nuestra tierra fue Jesús, y por supuesto, este mensaje de Isaías en el capítulo 55, se cumple en Jesucristo: allí donde Jesús es enviado, allí donde llega Jesús hace su obra maravillosa, y su obra es que nosotros podamos florecer y fructificar.Él mismo lo dice en el capítulo quince del evangelio según San Juan: que para eso lo ha enviado el Padre, para eso nos lo ha dado el Padre: para que nosotros, discípulos de Cristo, demos fruto, un fruto que permanezca.

Así que Jesús es esa bendita lluvia, es esa gracia celestial, también se le llama "Pan del Cielo", regalo del Padre para que nuestra vida tenga sentido, para que nuestra vida florezca, para que nuestra vida alcance fruto.

En el evangelio hay también este tono de optimismo, aunque pareciera quedar un poco oculto, se trata del capítulo trece de San Mateo, y es la parábola del sembrador Mateo. Al principio uno puede pensar que es un mensaje más bien de escepticismo, un mensaje quizás de desconfianza o incluso de tristeza por todo lo que se pierde.

Se pierde, en efecto, la semilla que queda al borde del camino porque los pájaros se la comen; se pierde la semilla que brotó demasiado pronto, pero la tierra no tenía realmente profundidad, no había verdadero suelo, y entonces pues se tostó y se perdió. Se pierde también la semilla que es ahogada entre zarzas.

A la vista de todo eso que se pierde, uno podría decir: "Pues la mayor parte de la obra del Señor como que se pierde". Pero observa cómo termina la parábola: "Allí donde llega la semilla y allí donde da fruto, esa semilla se multiplica por treinta, por sesenta o por cien. Se multiplica la semilla, la semilla da muchísimo.

Y de ese modo, el verdadero mensaje de la parábola del sembrador es que aunque parezca que son pocos los que reciben, es tal el fruto que ellos dan que ese fruto compensa con creces lo que parece haberse perdido en otros oyentes.

Además, déjame decirte un secreto: parece que Dios no tiene miedo de desperdiciar su bondad. Mira esto: nuestro planeta ¡qué diminuto es frente al sol y a cuánta distancia se encuentra! Eso significa que la mayor parte de la energía del sol se disipa en los espacios siderales, se va al infinito, se desperdicia, sólo una minúscula parte llega a este planeta donde hay vida y vida inteligente, lo demás del sol se pierde, no alcanza ni a iluminar ni a calentar a ningún otro planeta.

Pero Dios no tiene temor de dar mucho porque su amor no acaba jamás