Ao15006a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20080713

Título: Siendo mejor terreno y mejor semilla, no dejar de ser sembrador generoso.

Original en audio: 12 min. 2 seg.


Como decía al principio de la Santa Misa, es un desafío para ustedes escuchar un texto tan conocido y para mí predicar de un texto tan popular. Sin embargo, aquí se demuestra que la Palabra de Dios tiene una fecundidad inmensa.

Queriendo preparar algunas palabras para esta homilía, volví a sentir cómo es nuevo este texto, cómo podemos encontrarle siempre nuevas aplicaciones. Por ejemplo, el Señor me inspiraba esto: que uno puede colocarse en el lugar de los distintos actores o protagonistas de esta parábola.

O sea, uno puede ponerse en el lugar del sembrador, o puede ponerse en el lugar de la semilla, o puede ponerse en el lugar del terreno que es la aplicación que viene en el mismo evangelio. Incluso uno puede ponerse en el lugar de de esos pájaros malignos que no dejan que otra gente reciba la Palabra.

O uno puede ponerse en el lugar de esas zarzas que cubren, que sepultan, que llenan de inquietud a otras personas: las agobian de tal manera que no las dejan recibir esa misma Palabra. Es decir, uno puede tomar distintas cámaras para ver esta película.

Esto es como la tecnología maravillosa de esos videos que vienen filmados con varias cámaras. Si uno tiene el aparato apropiado, entonces en el control remoto uno dice: "Oye, espera que esa escena me gustó; voy a verla desde este otro ángulo". Y ahí, en el menú, le informa a uno: "Puedes ver esta escena desde tantos ángulos, desde tantas cámaras diferentes" ¡Es una cosa fantástica!

Pues, algo así es esta parábola. Uno puede pensar, por ejemplo, en la actitud de este Sembrador. Parece despreocupado, parece que a Él no le importa demasiado saber que una parte de su mensaje se va a perder.

Es como un optimista, un optimista consumado; o mejor, alguien que está tan seguro de la calidad de la semilla, que sabe que aunque algo se pierda, se alcanza a recuperar y va a sobrar.

La matemática nos dice que si de una sóla semilla pueden salir treinta, aunque el noventa por ciento del auditorio no prestara atención, con esos treinta se recupera mucho más, muchísimo más de lo que se perdió.

Entonces, en este sentido la parábola nos invita a ser sembradores generosos, a que no nos obsesionemos o no nos angustiemos si de pronto queremos mostrar nuestra fe, dar testimonio de nuestra fe a alguien y nos rechaza.

De hecho, mucha gente nos va a rechazar, por lo menos al principio. Si nos presentamos como cristianos, católicos, misa, sacramentos, confesión, oración, pues, comenzamos a pertenecer al grupo de "los ridículos, atrasados, que no han entendido para qué sirve la ciencia, que no se han dado cuenta de que la Iglesia es una institución represiva, carca, una institución retrógrada, cavernícola, que no sabe sino quemar sabios. ¿No ves lo que hizo con Galileo?"

"Es una institución pavorosa, tenebrosa, que sólo se puede conocer si uno va al cine y mira esos monjes, -sobre todo dominicos-, allá, torturando a la gente despacio y dando vueltas a la rueda, despedazando las carnes inocentes de una doncella cuyo único pecado es resistirse a creer lo que le dice el monje".

"Ésa es la Iglesia, y tú perteneces a esa institución repugnante y ridícula, que no sabe nada de nada, que no sabe sino mirar por sí misma".

Por supuesto, con toda esa propaganda que nos hacen a los cristianos en el cine, en las librerías y demás, pues, apenas uno dice: "Soy católico", ya perdió popularidad. Inmediatamente el rating baja; inmediatamente uno cae por el suelo, no sirve para nada.

"Yo pensé que habías evolucionado, pero no: sigues en el siglo dieciocho. No quieres soltarte de tus cadenas, tienes unos atavismos, -es la palabra-, tienes unos atavismos pavorosos. Quédate entonces con tu moral de otras épocas; me voy con los que sí son libres".

Bueno, éso le pasa a uno muchas veces y uno puede sentir que es un sembrador ineficiente, torpe, que se queda solo. Pero, en realidad, la semilla cae; en realidad, la semilla da fruto. Y así, esta parábola nos invita a ser generosos.

Mucha gente se burla de uno. Se pueden burlar de la Iglesia, se pueden burlar del Evangelio, se pueden burlar de la moral que nosotros predicamos y que a veces nos cuesta trabajo predicar.