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Fecha: 20020707

Título: La humildad es habitar en la verdad

Original en audio: 7 min. 58 seg.


Podemos decir, queridos hermanos, que el tema de las lecturas de hoy es la humildad; y desde luego, también su contraria, que es la soberbia.

Jesús nos invita a seguir su ejemplo de mansedumbre y de humildad. Y la lectura del profeta Zacarías, ya miraba con anticipación a Jesús como el rey humilde que escoge para entrar en la Ciudad Santa no el ruido ni la imponencia de un gran corcel, un caballo de guerra, sino la sencillez de un burrito, un animal de carga. Un hombre cercano a la casa y a la historia de los los pobres.

Así pues, tenemos que hablar de la humildad. Y lo primero que uno se pregunta es si uno está autorizado para hablar de humildad. Cuántas veces nosotros los sacerdotes nos desautorizamos para hablar de las virtudes, por ejemplo, para hablar de la humildad. ¿Cuántas veces habré contradicho yo esta virtud tan santa y tan necesaria? Por otra parte, ¿cómo enseñar, cómo predicar la humildad?

Vivimos en un tiempo en el que prácticamente se ha canonizado al orgullo, y eso como que tiene sus ventajas hasta cierto punto, porque si una persona se siente orgullosa de lo que está haciendo, seguramente lo hace con más cariño, lo hace con más ganas.

Hay un país muy grande que queda al norte de nosotros y que se llama Estados Unidos. Estados Unidos es un país que ha canonizado el orgullo, en el sentido de inculcarle a las personas que se sientan felices de lo que hacen, se sientan, así lo dicen, orgullosas de su trabajo. De manera que una persona puede estar atendiendo una pizzería en un chucito de mala muerte en un pueblito perdido del estado más chiquito, pero se siente feliz y siente que es el mejor hacedor de pizzas del mundo, y hace su trabajo con ganas.

En cambio, cuando una persona se siente obligada en el trabajo, cuando siente que hace lo que le toca, "¿por qué estoy condenado yo a este chuzo inmundo?" "¿Por qué tengo que estar yo metido en esto?" Es una persona que no va a trabajar con entusiasmo.

O sea que el tema de la humildad no es tan fácil, por esas dos razones. Primera, porque ¿en dónde encontraremos humildes que nos puedan predicar? Quizá yo mismo estoy desautorizado por muchas cosas, pero tengo que decir que tampoco conozco mucha gente autorizada. Y en segundo lugar, es difícil hablar de la humildad, porque la humildad tiene rostro como de complejo, una persona que está disminuida, una persona que oculta lo que puede hacer, una persona que esconde las capacidades, las cualidades que tiene.

¿Y así cómo va a haber liderazgo? ¿Y así cómo va a cambiar un pueblo? ¿Y así cómo se va a levantar un país? Y sin embargo hay que predicar sobre la humildad.

Lo que nos enseñan estas reflexiones iniciales, hermanos, es que tenemos que cambiar nuestra idea de la humildad. La humildad no es una especie de timidez, porque una persona puede ser muy tímida y puede ser muy soberbia. Desde su timidez tiene una barrera, y desde esa barrera mira así al universo entero y juzga y condena. Una persona puede ser muy calladita, muy tímida y una montaña de soberbia. Así que humildad no es lo mismo que timidez.

Humildad tampoco significa complejo de inferioridad. "A mí no me pregunten", "yo no sé", "yo no puedo", "que otro lo haga". De ese complejo de inferioridad se burló hasta la saciedad, se burló cruelmente un filósofo alemán, al que aludo con frecuencia, porque ese hombre marcó la historia del siglo XX, ese señor se llama Friedrich Nietzsche.

Nietzsche se burlaba sangrientamente de la humildad de los cristianos, y decía: "Moral de acomplejados, "moral de esclavos", "moral de hipócritas". Estas dos, "moral de esclavos" y "moral de hipócritas", vienen del mismo Nietzsche. Nietzsche se burlaba de ese complejo de inferioridad, que si Cristo hubiera padecido ese complejo de inferioridad, no hubiera salido de Nazaret; hubiera dicho: "Yo como soy humilde, entonces yo aquí sigo el oficio de José, y yo aquí escondido..."

La humildad no es complejo de inferioridad, ni la humildad es el simple ocultamiento, ni la humildad tampoco es otra cosa que a veces sirve de confusión: estar uno como recargado con un pasado, vivir uno recargado con lo que hizo en el pasado, y a veces hay gente en la familia o en la pareja que es experta en recordarle a los demás: "Usted no diga nada, porque usted..., porque usted..., y porque usted....", es decir, a hundir al otro con el peso del pasado. Eso no es humildad.

¿Entonces qué será la humildad? Hay una frase que todo predicador tiene que citar, entonces yo la tengo que citar, la dijo Santa Teresa de Jesús: La humildad es un modo particular de habitar en la verdad, y la única manera que conocemos de crecer en la verdadera humildad es acercarnos a la verdad. O si se me permite tomar prestada una expresión de las ciencias jurídicas, es encaminarnos, es orientarnos hacia la verdad verdadera.

Me dicen que en el Derecho se utiliza esa expresión, porque cundo llegan a un juzgado cada uno tiene su verdad, ¿no? El acusado tiene su verdad, el testigo tiene su verdad, el fiscal tiene su verdad. Pero hay una verdad que es la verdad verdadera. Y la humildad parece que va por ahí.

Es la búsqueda apasionada de la verdad verdadera, del fondo de verdad de los que nosotros somos, y de ese fondo de verdad surgen, como perlas preciosas, una serie de grandes luces que nos ayudan a descubrir el rostro hermosos de la humildad.