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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020623

Título: Tener los ojos abiertos a la realidad del mal sin cerrarlos a la realidad del bien

Original en audio: 7 min. 18 seg.


La Biblia es un libro supremamente realista; no es un libro de fantasías ni de imaginaciones. Es un libro que nos habla claramente, de los momentos duros de la vida y de las cosas desagradables, dolorosas, que uno puede encontrar en este camino.

Por ejemplo, esa experiencia del profeta Jeremías, cuántas personas se la podrían apropiar: "Oigo el cuchicheo de la gente. ¡Pavor en torno!" Jeremías 20,10. Se siente angustiado, se siente amenazado, se siente perseguido.

Es una experiencia casi enloquecedora la que vive Jeremías, especialmente, porque él ha intercedido, él ha rogado por sus enemigos, pero sus oraciones no han recibido más respuesta que las burlas. Siente su fe fracturada, siente dolor en su alma.

La segunda lectura nos presenta un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos. Y ahí también aparecen otras experiencias tenebrosas. Por ejemplo, nos dice: "La muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán" Carta a los Romanos 5,14.

¡La muerte que reina! El Papa, en estos días, habla con frecuencia y denuncia la cultura de la muerte: centenares de miles de abortos, muertos por hambre, muertos en la guerra, muertos por desesperación. Casi pareciera que estuviéramos dando culto a la diosa de la muerte.

¡Esa experiencia de maldad, esa experiencia de la culpa, esa experiencia del pecado! "Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado, la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque pecaron" Carta a los Romanos 5,12.

La Biblia conoce esa realidad. No la esquiva. Por tanto, las palabras de Jesús no son palabras en el vacío. Cuando Él dice: "No tengáis miedo" San Mateo 10,31, es porque hay razones para tener miedo.

Las lecturas de hoy no se quedan en los aspectos negativos. Hemos escuchado a Jeremías quejarse; hemos escuchado el corazón oprimido de Jeremías. Pero la lectura termina con un canto de esperanza.

Dice: "Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos" Jeremías 20,13. Es decir, hay la experiencia de ser oprimido, pero también hay la experiencia de la liberación.

Lo mismo sucede en la Carta a los Romanos: hay la experiencia de la culpa, del pecado, de la muerte, pero hay la experiencia de la gracia. Y estas palabras de San Pablo son de muchísimo consuelo para nosotros: "No hay proporción entre la culpa y el don" Carta a los Romanos 5,15.

A nosotros nos parece que el pecado, que la maldad, a veces rebasa todo límite. "¿Cómo es posible que esto pase en mi país? ¿Cómo es posible que esto pase en mi familia? ¿Cómo es posible que esto pase en la humanidad? ¿Cómo es posible?"

Nosotros vemos inmensa la culpa, pero San Pablo nos dice que hay algo todavía más grande que esa montaña que a nosotros nos parece gigantesca: "No hay proporción entre la culpa y el don. Si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos" Carta a los Romanos 5,15.

De manera que ser cristiano, no es tapar los ojos frente a la realidad del mal. Hay mal en nuestras vidas. Somos incoherentes, todos. Somos pecadores, todos. Hay problemas en todas las familias, en todas las culturas, en todos los países.

Hay culpa, hay pecado, nos desanimamos, sentimos lo de Jeremías: "¡Pavor en torno!" Jeremías 20,10. "¿A dónde voy a mirar?" Mas, "no hay proporción entre la culpa y el don" Carta a los Romanos 5,15.

Luego, existe algo más grande que todo ese tamaño de culpa, de problema. ¡Hay algo maravilloso! Y eso maravilloso es el don, es el regalo, es la gracia de Dios.

Así entendemos las palabras de Jesucristo: "No tengáis miedo a los hombres. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse" San Mateo 10,26. Y para invitarnos a esa confianza, pues nos recuerda el gobierno de Dios sobre el mundo.

Nos dice: "No se vende un par de gorriones por unos cuartos, y sin embargo, ni uno sólo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados" San Mateo 10,29-30.

¡Sentirnos profundamente conocidos, y sentirnos completamente gobernados por Dios! ¡Claro! Ese plan de Dios es muy difícil de averiguar. Uno muchas veces no entiende por qué pasan unas y otras cosas. ¿Qué tienen que ver los inocentes que sufren? Nuestra mirada se obnubila, nuestro corazón se aturde cuando llega la maldad.

Pero Jesús nos recuerda: "Ustedes son profundamente, completamente conocidos, reconocidos por Dios". Y hay ese plan maravilloso del Señor, que se va poco a poco revelando. Efectivamente, uno tiene experiencia de esto.

Uno, en cosas pequeñas, o no tan pequeñas, alcanza a ver cómo va pasando el tiempo y dice: "Pues hay una bendición de Dios que estaba escondida en esto que a mí me parecía una gran desgracia. Hay una gracia, hay un regalo de Dios maravilloso que estaba escondido ahí".

De modo que sigamos la celebración de la Santa Misa con tres consignas claras. Primera, la realidad del mal y del daño que trae. No seamos ingenuos, no seamos tontos, no seamos cómplices.

Segundo, la realidad del bien. Tener los ojos abiertos para la realidad del mal, no puede ser cerrarlos a la realidad del bien. Pidámosle a Dios que nos abra los ojos a la realidad del bien.

Y tercero, sintámonos conocidos y sintámonos gobernados por la sabiduría y por el poder de Dios.