Ao12002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19990620

Título: Como orar por nuestros enemigos

Original en audio: 20 min. 12 seg.


La primera Lectura nos presenta una oración del profeta Jeremías. La vida de Jeremías estuvo marcada por la angustia, tanto, que la expresión que hoy aparece: “Pavor en torno” Jeremías 20,10, otras traducciones dicen: “Terror por doquier” Jeremías 20,10.

Parece que esa expresión es como un retrato de esa sensación de una vivencia intensa, dolorosa, continuada que tuvo este profeta, una vivencia que luego tuvo su prolongación en la Pasión de Cristo.

De algún modo las angustias de Jeremías son como una figura de las angustias del Mesías y Jeremías encuentra su fortaleza en Dios, ese mismo Dios que nos habla Jesucristo en su Evangelio, ese Dios en el que podemos confiar, porque nos conoce, esto está dicho con la imagen de los cabellos de la cabeza contados, nos conoce hasta el detalle, pero no sólo nos conoce, nos ama: “valéis mucho más que los gorriones”.

Dios nos conoce, Dios nos ama y en esa sabiduría y en esa benevolencia de Dios está el piso, está el soporte para tener confianza, para hablar incluso con valor delante de los hombres, cuando está en juego en obedecer a Dios o en obedecer a los hombres. Esta parece que es la relación que hay entre la primera lectura y el Santo Evangelio.

Pero hay un detalle de la primera lectura en la que quiero detenerme. Cuando Jeremías está rogando este auxilio de Dios, dice: “El Señor está conmigo como fuerte soldado. Mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará” Jeremías 20,11.

Esta manera de orar del profeta Jeremías, me parece sorprendente, y a mí me lleva a reflexionar un poco sobre un problema antiguo, el problema de la verdad del corazón.

En la oración, la Doctora de la Iglesia Santa Teresa del Niño Jesús, tenía una devoción casi increíble por la lectura de la Palabra de Dios. Consta que ella quería aprender las lenguas bíblicas, como para deleitarse en su pura fuente de esta Palabra.

Pero la Palabra de Dios parece que a veces nos contara cosas como poco edificantes, como estas oraciones de Jeremías que tienen sus similares en otras partes de la Escritura, como esa oración que está en el Eclesiástico: “Como nos mostraste tu santidad al castigarnos, muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos” Eclesiástico 36,3.

¿Cómo orar desde la verdad de la oración? A nuestros oídos esta oración de Jeremías es sumamente imperfecta, tal vez nosotros le hubiéramos dicho a Jeremías: “Mire, haga de cuenta que no es tan grave”, o le hubiéramos dicho a Jeremías: “Tenga paciencia”.

Pero el Espíritu Santo, que habló por los profetas, dice el Credo Niceno Constantinopolitano, aquí por medio de este profeta, está diciendo estas palabras, estas palabras que nos obligan a pensar en la verdad de la oración.

¿Cómo puede ser verdadera la oración? Y aunque no todo podrá pasar sin más al Nuevo Testamento, aunque es cierto que Cristo supera, trasciende al Antiguo Testamento, algo debe suceder con estas plegarias, algo debe de pasar.

Aquí la pregunta sería esta: ¿Qué de estas oraciones crudas, por así decirlo, queda después de la gracia de Cristo, después del amor de Cristo? ¿En qué se transforma la verdad de todos estos sentimientos? No es un problema teórico, es el problema de la oración por los enemigos.

Cuando Cristo nos dice que oremos por los enemigos, ¿qué tiene que ver ese orden, ese mandato de Cristo con esto que hace Jeremías? “Mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso” Jeremías 20,11.

Tenemos que decir de esta rudeza de Jeremías, por muy verdadera que sea, esta rudeza queda superada, queda transfigurada en la oración de Cristo.

Pero no queda anulada. Eso es lo que yo quisiera que nos quedemos a meditar un momento. No nos podemos imaginar a Cristo diciendo: "Que yo vea la venganza que tú tomas de ellos", no, Cristo no oraría así, la oración de Cristo es: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen” San Lucas 23,34.

La oración de Cristo es súplica por sus perseguidores: “Orad por los que os persiguen” San Mateo 5,43, el mandato de Cristo es distinto en el Sermón de la Montaña, dice: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen”" San Mateo 5,43.

Y aquí es donde uno se le puede volver un nudo en el corazón y un nudo en la interpretación de la Palabra de Dios.

Si Cristo nos manda eso, ¿qué pasa como la verdad de los sentimientos? ¿Queda como maquillada, como ocultada, como reprimida? ¿Tienen que quedar las injusticias o los problemas que todos tenemos alguna vez, tienen que quedar ahí ocultados?

Pensemos por ejemplo en la que sufre violencia, una persona que le secuestran un pariente en Misa, le secuestran y le llevan a la hija, dos, tres semanas o un mes, después la devuelven y la prensa dice: “Sana y salva”.

Sí, muy bien, la alimentaron, no la violaron, le cuidaron la salud, pero ¿cómo pueden esas familias, en la realidad de sus almas, cómo pueden orar por estas personas? ¿No estarían esas familias más cercanas a la oración de Jeremías? ¿No es esa la súplica que surge por ejemplo a nuestro pueblo colombiano azotado?

Esto que los enemigos tropiecen, que no les salgan sus planes, que fracasen y se sonrojen, ¿no esta oración más cercana como la verdad del sentimiento humano? Además de estar escondiendo uno los sentimientos y estarlos reprimiendo, lo que hace es aumentarle el trabajo a los psicólogos? "Eso tarde o temprano revienta", dicen los psicólogos, todo revienta por algún lado.

Todas estas familias oprimidas, toda esta gente que padece de injusticia, me decía por ejemplo una joven hace unos días, había trabajado un tiempo en una empresa, tenía por consiguiente unas cesantías que no eran altas, no eran de muchos millones, y resulta que le proponen, con melosas palabras, que se haga un cambio de contrato.

Fíjese cómo le plantean la cosa y le dicen: “En estos tiempos terribles de desempleo, nosotros no queremos que usted se quede sin trabajo, pero tampoco podemos seguir empleando a las personas con tiempo completo, por eso te vamos a pedir que firmes un contrato de medio tiempo para no despedirte”.

Uno oye eso y dice: “Mire qué gente tan humanitaria, para que no me dejen sin trabajo”, ¿pero qué hacen después? La persona lleva no sé cuántos años de trabajo y le hacen firmar un nuevo contrato de medio tiempo, que desde luego tiene un sueldo muchísimo menor, y después de que lleva un tiempo muy corto, dos o tres meses con el nuevo contrato, le cancelan el contrato de trabajo.

La ley pide que tienen que indemnizarla, pero la indemnización depende del último sueldo que haya tenido la persona y como ese último sueldo ha quedado reducido sustancialmente a la mitad o menos, de esa manera le han robado a una cantidad de empleados, millones y millones, y todo fue hecho según la ley.

Si hay algo terrible es que según la ley se hagan las cosas y se hagan las injusticias. Claro que a ella le advirtieron del asunto, pero calcule lo que es eso, lo que es sentir, "me están robando".

Esa persona que siente “me van a robar la mitad de mi trabajo, la mitad de mi cesantía”, esa persona cuando vaya a orar, ¿no estaría más cerca de la oración de Jeremías? “Señor de los ejércitos que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa” Jeremías 20,12.

Bueno, ella se dio cuenta del problema, ¿y los que no se dieron cuenta, y los que se la hacen completa y según la ley? "Aquí está su dinero y aquí está su cheque, bueno vaya y alegue", ¿y alegue a quién? Todo está de acuerdo con la ley.

Este es problema de la verdad de la oración es un problema existencial, es un problema real, un problema que no podemos maquillar ni podemos esconder, ni tampoco podemos decir que la verdad de la oración autoriza a maltratar nuestras almas, a los que han sido injustos con nosotros, o para dar rienda suelta a todos nuestros impulsos, por ejemplo de venganza.

Lo que yo he podido encontrar, y que el Espíritu Santo ilumine a cada quien, cuando Cristo dice: “Orad por vuestros enemigos” San Mateo 5,43, Cristo está reconociendo que sí hay enemigos, la verdad de la oración de Jesucristo está ahí; cuando Cristo dice: “Oren por sus enemigos” San Mateo 5,43, no les dice: “Ustedes no tienen enemigos".

"Los que parecen enemigos, lo que pasa es que ese día tenían agrieras, por eso tenían esa cara, pero ellos no son enemigos”. Cristo no maquilla. Son enemigos, y así enemigos y todo, precisamente porque son enemigos, por eso precisamente hay que pedir oración.

La verdad, es muy importante avanzar en la verdad de la oración. Yo no creo que se pueda crecer en la oración si no es oración en la verdad, porque cuando la oración esta maquillada, cuando la oración es mentirosa o cuando la oración es reprimida, a uno se le van todas las fuerzas tratando de no sentir, tratando de no pensar, tratando de no sacar las conclusiones lógicas.

¿Qué vamos hacer para decirles a estas personas que no saquen las conclusiones lógicas, por ejemplo sobre los jefes que tienen, o por ejemplo sobre los secuestradores que les han hecho tanto daño? No, orar no puede ser dejar de razonar, no darse cuenta de las cosas, no puede ser hacer de cuenta que nada pasó.

Orar, si Cristo dice: “Oren por sus enemigos” San Mateo 5,43, es saber que es mi enemigo, es mi enemigo, ha obrado como un enemigo mío, pero precisamente porque es así, por eso pido a Dios que obre en esa persona, que obre en mí, que obre en esos enemigos, y que obre en nosotros, y que obre en los que nos hacen daño, y que obre también por las personas a las que hemos hecho daño, porque inocente no es nadie.

Sólo nos falta un punto. ¿Y qué pasa con eso de la venganza? La venganza es una manera de desquitarse del mal, pero en el Antiguo Testamento, la única manera que conocía de quitar el mal, era quitando a los malos.

En cambio, Jesucristo toma venganza, pero de una manera nueva, no quita al malo, lo convierte, que es quitar el mal del malo, eso si es sabiduría, esa sí es potencia la de Jesucristo.

Cuando Cristo dice que oremos por los enemigos, está diciendo una sabiduría inmensa, porque está diciendo que enemigos sí son, que eso no lo vas a maquillar tú, ni lo vas a esconder, ni lo vas a reprimir, enemigos son, y que eso no lo vas a maquillar. Tú tienes venganza de Dios, no venganza que elimina el malo, sino venganza que elimina el mal del malo, y esa sí que es una gran victoria de Jesucristo.

Así entendemos un poquito, quién va a decir que entendemos todo, del misterio de la Pasión de Cristo y de su oración. Cuando Cristo está padeciendo y dice: “perdónalos porque no saben lo que hacen” San Lucas 23,34, Cristo no está maquillando la maldad que sufre; si pide perdón es porque se trata de un crimen, de hecho, un crimen más horrendo imaginable.

Pero le pide a Dios venganza no contra los malos sino contra el mal de los malos. ¿O sea que uno debe pedir venganza? Pues sí, pero no que le haga daño a nadie, a nadie. Que le haga bien a todos, empezando por nuestros enemigos, que le haga bien a esas personas ¿y donde está la venganza? En que queda vencido el mal del malo.

De este modo y por este camino uno aprende a rezar, uno aprende a orar con la verdad del corazón, sin quitarle el nombre a las cosas, sin maquillarlas, sin esconderlas, sin reprimirlas, y con paz en el corazón puede empezar a pedir por esas personas.

Una señora tuvo el fracaso en su hogar, se le acabó el hogar, ¿por qué? Porque apareció una perversa mujer que con descaro, con cinismo y con mala conciencia le empezó a enamorar al esposo y el esposo se dejó llevar y el asunto terminó en que el hogar se disolvió, separación.

Esta señora había asistido a muchas actividades espirituales, se había confesado muchas veces, había pedido sanación muchas veces y lo único que yo pude ver que le sirvió a ella fue una reflexión como esta que hemos hecho hoy, fue lo único que sirvió

¿Qué se le va a decir a esta mujer que vio como la otra acabó con su hogar, acabó con su pareja, acabo con su estabilidad, acabó con una parte de su salud, qué se le va a decir a ella? "Mire, son cosas de la vida, tenga paciencia", pero por adentro su corazón está gritando lo de Jeremías: “Que tropiece, que no le funcione, que le vaya mal”.

Cristo no llega a ponerle un barniz de color rosado a esos sentimientos, Cristo llega a este corazón a decirle: “sí, ella es tu enemiga, ¿que otro nombre le vamos a decir a eso? Claro que ella es tu enemiga, y ya que sabemos que es tu enemiga, vamos a pedir por ella, ahora vamos a rezar por ella".

Claro, esta señora se ha quedado como de una pieza, porque ella no se esperaba que yo le reconociera la verdad de su sentimiento y que yo le dijera: "Claro, es tu enemiga", entonces descansó tanto, cuando ya supo que era verdad, es que el corazón tiene que orar desde la verdad, entonces luego me preguntaba: "¿Qué puedo yo orar por ella? ¿Qué sean felices? ¿Que se quieran y que se entiendan?" Eso no puede uno pedir.

La primera petición que uno puede hacer por sus enemigos es la petición que hace Cristo en el Padrenuestro: “Señor, haz tu voluntad en esta persona”. Y uno puede ser muy sincero y decirle a Dios: “En este momento, en esta revuelta que tengo en el alma, es muy difícil que se me ocurra nada sensato para pedir por esta persona, estoy muy revuelto para pedir algo”.

Imagínese por ejemplo a esta mujer que ve que se le acaba el hogar: “Yo estoy muy revuelta, muy resentida, muy trastornada. De manera que no puedo pedirte que se haga mi voluntad, pero tampoco voy a decir que se haga la voluntad de ella, porque esa fue la que destruyó mi casa".

Lo que te voy a decir es: “Señor, lo dejo a ti, a ti te encomiendo mi causa, Señor. Eso lo dejo a ti, y hazme el favor de cumplir tu voluntad en esa persona, la tuya, no te pido que hagas la mía, porque en este momento no puedo confiar en lo que me dicen mis sentimientos; pero tu voluntad es siempre lo más sabio y es siempre lo mejor para todos".

Por ese camino yo siempre he visto posibilidad de construcción de vidas, dentro de una gran sensatez, dentro de una gran verdad y dentro de una gran humildad. Y la persona siente que no está traicionando a Dios y siente que tampoco está traicionando su corazón, siente que es fiel y verdadero en lo que expresa y siente al mismo tiempo que la gracia de Dios va obrando en ella.

Recibamos, pues, de estas lecturas, la certeza de que Dios nos conoce hasta el último cabello de nuestra cabeza, que Dios nos valora, que sabe a qué altura son nuestros vuelos y hasta dónde quiere llevarnos, que nos ama intensamente y es nuestro soporte.

Y si llegan dificultades, ya vimos cómo la Sagrada Escritura nos educa para recibir bendición de Dios y para participar esta bendición a todos, a los amigos y a los enemigos.

Amén.