Ao11004a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20020616

Título: “Jesucristo es compasivo y es poderoso”

Original en audio: 14 min. 17seg.


Hermanos:

En el evangelio de hoy aparecen dos rasgos de Jesucristo: la misericordia y el poder. Jesucristo es compasivo, Jesucristo es poderoso. En estas dos frases podemos sintetizar la enseñanza de hoy.

Jesús es misericordioso, Jesús es poderoso. Sobre la misericordia tenemos este testimonio “Al ver Jesús a la gente se compadecía de ella, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor” San Mateo 9,36.

Ahí brilla la misericordia de Dios. Ahí aparece el corazón compasivo de Cristo; sobre el poder de Jesucristo tenemos la consigna que Él da a los discípulos, una consigna llena de autoridad “Curad enfermos, resucitad muertos, arrojad demonios” San Mateo 10,8.

La compasión de Cristo no es una simple lástima, la compasión de Cristo es un amor eficaz que llega a esta tierra para barrer la obra del mal, para arrojar fuera a Satanás, para echar a la enfermedad, para quitarle sus prebendas al pecado, para arrancar de sus garras al pobre hombre.

Cuentan que en una ciudad de Estados Unidos, el niño pequeño de una mujer estaba jugando, y como los niños a veces son imprudentes, el niño salió a la calzada, y un carro lo atropelló, lo arrolló.

El niño quedó debajo del carro aparentemente muerto. La mamá vio la trágica escena, sin pensarlo dos veces corrió a donde estaba el carro detenido, y parece cosa de mentiras si no estuviera certificado.

Empezó a levantar, hacer fuerza, y ella sola levantó un lado del carro, en un ataque de adrenalina, de desesperación, de angustia por su hijo; claro sacaron al niño, luego la mujer no se podía mover.

Tuvieron que ayudarle para bajar ese carro, se le fracturaron tres vertebras de su columna, por ese esfuerzo descomunal y por el peso del vehículo. Ese ejemplo muestra cómo la misericordia está unida al poder.

La mujer no se quedó mirando al niño debajo del carro, y diciendo “¡Ay, pobre mijito tan lindo que jugaba!” La misericordia se convirtió en ¿qué? En energía para sacar al hijo que estaba ahí.

Todavía están frescos los ecos de la fiesta del Sagrado Corazón donde hemos celebrado precisamente el amor compasivo de Cristo, y esta lectura nos ayuda a profundizar en ese amor.

Cristo no se queda mirándonos y diciendo “Pobrecitos, mis niños, pobrecitos, el demonio cómo los tortura, el pecado cómo les hace de daño; ¡ay, pobrecitos, mis chinitos!” Jesucristo, como esa mujer, sale dispuesto a batirse con quien sea con tal de defendernos.

Eso es lo que vemos en la Cruz, esa mujer se logró recuperar del esfuerzo salvaje que hizo; repito, se le fracturaron tres vertebras, ha podido quedar paralítica ella, el esfuerzo brutal que hizo le dañó su cuerpo, pero sirvió. Esa era la intención para salvar al hijo.

Así también Cristo crucificado hizo un esfuerzo total, y quedó llagado, y quedó sangrante, quedó extendido y muerto, quedó exhausto por nosotros, pero su amor fue eficaz; Cristo es misericordioso, y Cristo es poderoso.

Y del poder de Cristo viene la autoridad que tienen los pastores de Cristo, empezando por los apóstoles, como leemos en el evangelio; y de la misericordia de Cristo viene el corazón compasivo que tiene la Iglesia.

De manera que los pastores en la iglesia, empezando por los señores obispos y también los sacerdotes, los diáconos, y todos los que tienen autoridad en la Iglesia tienen que participar al mismo tiempo del poder de Cristo y de la misericordia de Cristo, de las dos cosas.

Y esas dos tienen que ir unidas; el ejemplo nos lo dan los papás; el ejemplo nos lo dan las mamás. Si una mamá ve la hijo enfermo, aunque le duela tener que meterle una inyección, o tener que llevarlo a una sala de cirugía, la mamá une las fortaleza con la compasión.

Y se queda rezando el Credo mientras el niño entra en la sala de operaciones, pero ella es fuerte, porque sabe que eso es lo mejor para el hijo; así también es Dios con nosotros, y así también tiene que ser la autoridad en la Iglesia, una unión de misericordia, pero también de poder, de autoridad, de decisión.

Algunas veces, queremos que la autoridad sea sólo misericordia, que se compadezcan y que nos compadezcan, pero la autoridad tiene que estar unida al poder también, y eso se ve en el servicio que presta la Iglesia.

Pensemos, por ejemplo, en la predicación, lo que estamos haciendo en este momento. La predicación que es obra de los Apóstoles y de los sucesores de los Apóstoles tiene que tener misericordia.

Porque es una oferta de amor, pero también tiene que tener poder para llamar bien a lo que está bien y llamar mal a lo que está mal. El verdadero amor une las dos cosas, y un verdadero sacerdote, un verdadero predicador tiene que ofrecer el amor de Dios.

Pero, también tiene que llamar bueno a lo que es bueno, y tiene que llamar malo a lo que es malo, a veces se cree que la compasión es no llamar las cosas por su nombre, y dejar pasar el mal.

Porque, “qué pesar”; no, ese no sería verdadero amor, el amor tiene que llamar las cosas por su nombre. Si Cristo, por ejemplo, nos dice que no se puede cometer adulterio, que "lo que Dios unió no lo puede separar el hombre" San Mateo 19,6, eso lo tiene que predicar la Iglesia,así le caiga mal a mucha gente.

Si en la Palabra de Dios se dice claramente que “el homosexualismo no está en el plan de Dios, y que los amanerados, y afeminados, y homosexuales no heredaran el reino” 1 Corintios 6,9.

Habrá que tener compasión con las personas, pero esos comportamientos no caben en la Iglesia; así este mensaje le suene antipático al que le suene. "¡Ay, Pero hay que compadecerse!" Sí, señor, hay que compadecerse de las personas, no hay que compadecerse de los pecados.

A la persona hay que compadecerla, y todos somos débiles, y todos necesitamos remedió en la confesión, en las oraciones, y en la instrucción, pero nosotros no podemos, por una falsa misericordia, no podemos invalidar el mandamiento de Dios.

Y por eso la verdad hay que decirla clara, porque es oficio de caridad ofrecer una ruta segura hacia la obediencia y el amor a Dios; otras veces, la cosa es al revés, la gente quiere no mucha misericordia, sino mano dura, y sólo mano dura.

Hace unas semanas el Papa Juan Pablo se reunió con un grupo de Obispos y Arzobispos de los Estados Unidos, por una cantidad de problemas sumamente dolorosos: escándalos sexuales de sacerdotes.

¿Y qué decían los medios de comunicación? ¿Qué decía la gente? “¡Duro con ellos, deberían excomulgarlos, mandarlos al último infierno, cocinarlos, retorcerlos!” La iglesia tiene que ser al mismo tiempo misericordiosa y llena de la autoridad de Cristo.

Y el Papa Juan Pablo nos dio ejemplo de esto, como se ve en el caso de esos obispos de Estados Unidos. La primera frase que dicen que dijo el Papa cuando ya se reunió con estos obispos fue: “No hay lugar en el ministerio sacerdotal para quienes abusan de los menores”.

¡Claridad! Una palabra clara y autorizada. No autoritaria, sino autorizada. ¡Claridad! Pero, frente a todos los que querían que el Papa mandara al infierno a todo el mundo, a todos estos pecadores, no lo hizo así, sino mostró camino para evitar los males en el futuro.

Y para que ellos, lo mismo que para todos los seres humanos nos convirtamos a Cristo, y obedezcamos a Jesucristo, así que no lo olvidemos. No lo olviden, por favor, los padres de familia; no lo olviden los misioneros, los catequistas, y que nunca lo olvidemos los sacerdotes y pastores.

Misericordia, pero al mismo tiempo autoridad. Se necesitan las dos cosas, y las dos cosas se unen en la sabiduría. La sabiduría es la que nos ayuda a discernir de qué manera va la misericordia, y de qué manera va a la autoridad, el poder.

Y estos tres: misericordia, autoridad, y sabiduría son los tres grandes atributos de Dios, nos enseña Santa Catalina de Siena, ella dice “Es propio de Dios Padre manifestar el poder, es propio de Dios Hijo revelar la sabiduría, y es propio de Dios Espíritu manifestar misericordia”.

El padre, y el Hijo, y el Espíritu. El poder, la sabiduría y la misericordia, a imagen de la Trinidad. Nosotros también, de acuerdo con nuestras responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad, tenemos que servir y ayudar a los más pequeños para que en ellos se realice también la imagen de Dios.

Amén.