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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20020609

Título: Educar en la misericordia

Original en audio: 16 min. 25 seg.


Para nosotros resulta fácil saber quién estaba haciendo las cosas bien y quién estaba equivocado.

Cuando en la Biblia sale con que los fariseos dijeron esto o lo otro, es muy fácil para uno decir: “Tan bobos esos fariseos”, “tan falsos esos fariseos”. Es muy fácil para nosotros ser fariseos de los fariseos, desde nuestro lugar y desde todo lo que sabemos.

Juzgarlos a ellos es muy fácil, pero es muy poco provechoso, da muy poco fruto, resulta más interesante tratar de entender por qué los fariseos decían lo que decían y tratar de descubrir si nosotros no estaremos necesitando a ese mismo Predicador, a ese mismo Profeta, a ese mismo Cristo que les habló a ellos.

A ver, trato de explicarme. Los fariseos preguntaban hoy por qué Jesús come en compañía de pecadores, por qué se junta con gente mala.

Muy fácil para nosotros criticar a los fariseos y ser fariseo de los fariseos, muy fácil para nosotros decir: “Fariseo tonto, claro que Jesús tiene que juntarse con los pecadores ¿no ve que Él es el Médico?”

Pero tomemos la pregunta que ellos hicieron y veremos que hay algo muy profundo en este evangelio, algo que no es tan tonto y tan superficial como acusar a ese grupo de hombres. La pregunta que ellos hicieron fue: "¿Por qué Jesús come en compañía de pecadores?" San Mateo 9,11.

Yo le pregunto a los papás que estén aquí, cuando ustedes educan a sus hijos y saben que sus hijos van a tal escuela o a tal colegio, ¿ustedes qué consejos le dan a sus hijos? “Vaya, hijo, y júntese con quien quiera”, “hija, ve y consigue amistades donde tú quieras”.

Esos no son los consejos que ustedes los papás les dan a los hijos, ni esos fueron los consejos que mi papá me dio a mi cuando era niño pequeño.

Entonces me decía mi papá, y me imagino que los papás siguen aconsejando las mismas cosas, mi papá decía: “Mire bien con quién se va a meter”, “mira bien con qué amistades andas”, “no te vayas a juntar con cualquiera”, “ah, es que el que anda con la miel algo se le pega”.

Esos son los consejos que los papás amorosos les dan a los hijos o a las hijas, eso no lo estoy inventando yo ¿y ese consejo qué significa? Que el papá siente que su hijo es bueno, siente que su niñita es buena y no quiere que su niño bueno se junte con la gente mala, y aquí viene la parte interesante, ¿no fue eso precisamente lo que dijeron los fariseos?

La pregunta de los fariseo es: "¿Por qué Jesús se junta con la gente mala? Si Jesús es el niño bueno, ¿por qué se junta con gente mala?" Por eso digo que la pregunta de los fariseos no es una tontería y más bien seriamos unos tontos nosotros y seriamos los fariseos de los fariseos, si cada vez que saliera una pregunta de ese grupo religioso, nosotros dijéramos: “Ay, tan hipócrita, tan mentiroso tan falsos”.

¡No, señor! La cosa no es tan sencilla. Cuando usted ve a su hijo juntándose con gente mala usted se preocupa ¿cierto? Mal papá sería si no se preocupara. Si usted ve a su hija metida con una pandillita, una pandillita de esas viciosas, pierde tiempo, groseras, obscenas, unas amiguitas ombliguiparadas, usted dice: "Esa no es la gente que yo quiero para mi hija".

De manera que no debemos tomar la pregunta de los fariseos únicamente como una pregunta mal intencionada, como quien dice, los fariseos odiaban a Jesucristo a toda costa, al final acabaron odiándolo, lamentablemente. Pero yo pienso que la pregunta de los fariseos hoy es una pregunta profunda: “¿Cómo es que Jesús se puede acercar a la gente malvada?”

Bueno, si usted ve a su niñita de doce o trece años, una niña tierna, bonita, obediente, toda perfumadita, dócil, suponiendo que queden niñas así, si usted ve a su niñita que es así y usted la empieza a ver que empieza a juntarse con una pandillita de muchachas groseras, altaneras, mal habladas, rumberas y que no saben sino decir: “Soy una rumbera”; si esas son las amigas de su hija, usted se preocupa.

Pero usted se preocupa ¿por qué? Porque usted sabe que su hija no tiene suficiente estructura todavía para soportar esa tentación, usted siente que su hija está bien educada hasta la edad que lleva, pero todavía no está suficientemente madura para soportar los malos ejemplos.

Y de pronto a su hija o hijo le pueden poner una nariguera y se llevan a su hijo o hija a hacer barbaridades, y así de hecho es como resultan la mayor parte de los muchachos y de las muchachas metidas en vicios, metidas en problemas, viviendo experiencias sexuales prematuras, aprendiendo mañas, dañándose la juventud. ¿Esto qué significa?

Esto significa que tenemos que tomar dos consejos distintos. Cuando estamos pequeñitos en el bien, cuando todavía somos chiquitos en el bien, como suele suceder con los niños y con los jóvenes, tenemos que guardar el bien que hay en nosotros, como el que lleva una vela con una lucecita, no la puede exponer al viento fuerte de la tempestad.

Si el bien es frágil en nosotros, el mandamiento es lo que nos dicen los buenos papás: "¡Protegete!" Si el bien es chiquito todavía en nosotros, el mandamiento es: "¡Protégete, no te expongas a las malas compañías, tú todavía tienes un bien que es muy frágil y te pueden llevar muy fácilmente a cualquier cosa".

Pero ahora Jesús nos muestra un bien que podemos llamar el bien maduro; el bien maduro, el bien fuerte, el bien potente, el bien poderoso de Jesucristo que no se daña aún juntándose con los malos.

O sea que la enseñanza del evangelio ¿en realidad cuál es? Que el bien tiene dos etapas. Primero, hay un bien inmaduro que es el bien propio del niño o de la niña, del jovencito que apenas está empezando en ese bien inmaduro. El mandamiento es: “Protégete, no te expongas”, pero poco a poco hay que llegar a un bien mas alto, al bien maduro, a ese bien que nos muestra Jesucristo, ¿y cuál es la grandeza de Cristo? Que no deja de ser bueno cuando está con los malos.

Cristo andaba con gente bastante mala: criminales, prostitutas, matones, gente violenta, gente orgullosa, gente llena de odio, esa era la gente que rodeaba a Jesucristo, y sin embargo Jesucristo no dejaba de ser bueno, ¿por qué? Porque Él tenía un bien maduro, un bien perfecto, un bien pleno.

Y en la medida en que nosotros vamos avanzando hacia el bien de Jesucristo, también nosotros, sin perder las cosas buenas que Dios nos ha dado, vamos aprendiendo a ser útiles a nuestros hermanos que de pronto pueden necesitarnos.

Es una enseñanza muy linda, pero no para ahí, Cristo mismo nos enseña cómo se camina hacia esa madurez y la palabra fundamental para crecer en la madurez es la palabra misericordia.

Hay papás que quieren meter a sus niños en una burbuja de cristal para que nadie los toque, nadie los mire, nadie se meta con ellos, es entendible, yo creo que si yo fuera papá obraría así. Quieren proteger a sus niños y niñas, que nadie les enseñe una grosería, que nunca tengan que oír una mentira, que jamás haya violencia ante sus ojos, que nunca les pase nada.

Cristo nos enseña que así los niños nunca van a madurar, hay que protegerlos como Cristo mismo fue protegido por José y María; pero la manera de madurar es educarlos en la misericordia, por eso los papás deben ser los grandes evangelizadores de los hijos y deben llevar a los hijos a donde vean la miseria, para que aprendan a tener misericordia.

¿Qué pasa cuando a un niño lo protegen y lo protegen y lo recontraprotegen? ¿Qué le pasa a ese niño? Que empieza a sentir que no está siendo protegido sino encarcelado y entonces empieza a golpear su cárcel y empieza a decir: “Yo quiero salir, yo quiero conocer la calle, quiero conocer las alcantarillas, quiero conocer los caños, los basureros, llévenme, llévame”.

“Mamá, quiero conocer ratas inmundas, escorpiones, quiero conocer sapos y sabandijas, y la mamá: “No, mi amor, no tienes que conocer las sabandijas, ni los sapos, ni los escorpiones, mira lo que yo tengo para ti: un cuarto rosado, una cama rosada, una puerta rosada, casa rosada; tú vives en un paraíso, mi amor, tú no tienes que salir a ninguna parte”. ¿Y el niño qué dice? “Pero yo quiero conocer alcantarillas, sapos, ratas, escorpiones, aunque sea en dibujos animados”.

Los papás terminan perdiendo la pelea y un día aparece la muchachita con un arete en el ombligo, ¿eso qué significa? "Me revelé. Yo les dije que necesitaba nariguera", claro que algunos tienen la nariz un poco abajo, ¿eso qué significa? "Me revelé, de ahora en adelante trataré de conocer sapos, sabandijas".

Y por eso, sobre todo con las mujeres, los papás sufren mucho. Yo compadezco a los papás que tienen hijas, es que protegen y protegen a la niña y todo le regalan súper tierno: “A ver, mi amorcito lindo, mira te regalé un Wini Pooh, a ti te regalé este borrador, mira del color que a ti te gusta”.

Y la niña pensando en tener un novio que huele bien feo, un novio que huela a plaza de mercado, que sea desgreñado, barroso. ¿Por qué las niñas bonitas buscan novios horrorosos, apestosos? ¿Por qué está decayendo la venta de desodorantes en la población juvenil masculina? ¿Por qué?

La razón es muy sencilla, porque esas niñitas están golpeando la burbuja de cristal que les hicieron los papás y están diciendo: “Ay, yo quiero conocer sapos, sabandijas, yo quiero conocer ratas, alcantarillas”.

Cristo nos da una pista, hay que empezar por proteger, pero no nos podemos quedar protegiendo, hay que educar en la misericordia y esto es lo que no hacen los papás, no hacen los colegios y no hace casi nadie. Y educar en la misericordia es llevar a la muchachita a que conozca el dolor, a que conozca la miseria.

Cuando una muchachita cuando un muchachito, cuando un niño conoce el dolor del anciano, del desplazado el dolor del que está encarcelado, el dolor del indigente, el dolor del que está tratando de recuperarse de la droga y no logra hacerlo, cuando un muchachito conoce esas realidades va aprendiendo a valorar lo que tiene y al mismo tiempo se va educando en el servicio a los demás, es decir, va madurando en el amor.

Por esa razón, mis amigos, nosotros no debemos despreciar a los fariseos sino más bien meditar con profundidad las palabras que Dios nos da en la Escritura.