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Fecha: 20020609

Título: Jesucristo nos invita a ser uno con El para luchar contra la enfermedad

Original en audio: 7 min. 28 seg.


Hermanos:

En el evangelio que escuchamos, Jesucristo se da a sí mismo el título de médico, aquel que trae la salud, aquel que trae la sanación. "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos" San Mateo 9,12.

Se da a sí mismo el nombre de médico, y nos da a nosotros el nombre de enfermos. Dos palabras que se complementan, que en cierto sentido se reclaman la una a la otra. Y tan bello es reconocerle a Él como médico, como bello es reconocernos nosotros como enfermos; aunque es triste reconocerse enfermo cuando no hay médico.

Pero deja de ser triste, si la verdad de nuestra enfermedad se va a encontrar y va a ser vencida por la verdad de la ciencia, del poder y de la bondad de este Médico Divino, que ha llegado a nuestra tierra. Presentándose a sí mismo como médico, Jesucristo nos invita a que nos presentemos ante Él como enfermos.

Y de verdad estoy convencido, que éste es el comienzo de todo proceso de sanación, de todo proceso de recuperación, de todo proceso de perdón y de conversión. "¡Reconócete enfermo!" Porque cuando el enfermo reconoce que está enfermo, es decir, cuando reconoce su enfermedad, se distancia y se diferencia de ella. Y esto es lo primero para poder luchar contra la enfermedad.

Cuando el enfermo y la enfermedad son uno sólo, entonces destruir la enfermedad sería destruir al enfermo. Pero cuando el enfermo se distancia, se diferencia de ella, entonces puede separarse la enfermedad del enfermo, como puede separarse el pecado del pecador.

Viene Cristo Médico a nuestras vidas, para eso, mis hermanos, para que nosotros nos descubramos enfermos, no en el sentido de disminuidos, ni en el sentido de humillados, sino más bien en el sentido de distintos de nuestra enfermedad, diferentes de nuestra enfermedad.

Cuando nos reconocemos distintos y diferentes de nuestra enfermedad, entonces Cristo viene al enfermo para luchar con el enfermo contra ella. Cristo es el aliado que llega a nuestra vida para asociarse con nosotros, los enfermos, en contra de nuestras enfermedades.

El amigo del médico es el enfermo y el enemigo del médico es la enfermedad. El médico se asocia con el enfermo, se hace uno con el enfermo, para luchar contra la enfermedad.

Eso es lo que hace Cristo con nosotros. Este es el modo supremo de la justicia, la justicia que no consiste en destruir en un sólo paquete, en un sólo conjunto, al enfermo y a la enfermedad. Una justicia elemental, una justicia simple, quiere la destrucción, la cancelación del culpable. Una justicia alta, sublime, como la que trae Cristo, viene a destruir, no al culpable, sino a la culpa, y no al pecador, sino al pecado.

Cristo mostró esto, no solamente con sus palabras, sino según vemos en el evangelio, con su manera de obrar. Por eso le critican la forma de obrar: "Oye, mira, come con pecadores" San Mateo 9,11.

¡Claro! Porque en su modo de obrar, en su manera de actuar, Nuestro Señor Jesucristo manifiesta la cercanía, manifiesta el amor que ese enfermo necesita para hacerse uno con su médico.

Las señales de amor que nos da Jesucristo a través de sus sanaciones, a través de su mansedumbre, a través de su bondad, son señales que nos invitan a unirnos a Él, ser uno con Él, para luchar contra el enemigo de Él, que es también enemigo de nosotros, es decir, contra la enfermedad, especialmente la enfermedad del pecado. Y este es el modo como Jesucristo nos recupera para Dios.

Porque es exactamente lo contrario de lo que pretendió hacer, y en muchos casos logró el demonio. Me explico. La obra propia del demonio es decirnos: "Mira, hay un bien en las creaturas, pero ese bien te lo prohíbe el Creador. Córtate, sepárate del Creador y quédate con el bien de la creatura".

Más o menos fue la estructura de lo que hizo la serpiente con Eva y con Adán: "Sepárate del Creador y únete a la creatura. Rompe con tu Dios y únete al bien que puedes poseer, del que te puedes adueñar, el que puede ser tuyo y solamente tuyo, el bien de la creación". Pues esa estrategia del demonio, la rompe Jesucristo cuando dice: "Sepárate de tu enfermedad y únete a tu Médico".

De esa manera, nos separa, no de la creación, sino del mal moral que trae a la creación la soberbia y los demás pecados, para unirnos, para reunirnos, para volvernos a unir con Nuestro Creador.

Así, la estrategia de Jesucristo, manifestando bondad que nos permite unirnos a Él, rompe, desbanca, desbarata la estrategia del enemigo, que quiere que rompamos con Dios, para unirnos al bien parcial de las creaturas.

Hermanos, vamos a decirle a Jesucristo que aceptamos su propuesta. Vamos a decirle a Jesucristo que creemos en su bondad y en su mansedumbre, y que queremos unirnos a Él para dejar todo desorden y para entrar en el hermoso orden, en la maravillosa belleza que Él nos promete y nos da, porque Él es ese puente renovado que nos permite llegar hasta Dios y encontrar en Él la raíz y fuente de todos nuestros bienes.