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Fecha: 20110306

Título: El don de la fe implica la accion de nuestra voluntad

Original en audio: 4 min. 22 seg.


Tal vez los puntos más importantes de nuestra formación cristiana son los que asoman en las lecturas de este hermoso domingo, el domingo número nueve del Tiempo Ordinario.

¿Y cuáles serán esos puntos? Pues, nos dice el Apóstol San Pablo en la Carta a los Romanos, que lo central está en la fe. Y esta es verdaderamente la roca fundamental de nuestro ser cristiano.

Porque a través de la fe nosotros recibimos el regalo de la salvación, a través de la fe nosotros acogemos el don que Dios nos ha dado en su Hijo Jesucristo.

Y es que hay que recordar que si nosotros somos salvos, sí que lo somos, es por regalo; nosotros no hemos merecido la vida cristiana que tenemos, la hemos recibido como un regalo. Hemos sido perdonados, hemos sido sanados, hemos sido restaurados, hemos sido santificados por el poder de la oración, por el regalo de la Sangre redentora de Jesucristo, por eso, por eso tenemos vida. Y de ahí la importancia de la fe.

Pero esa fe nos abre a la acción del Espíritu en nosotros, y el Espíritu no permanece ocioso, sino que es activo; el Espíritu Santo actúa en nosotros iluminando nuestra inteligencia y también enamorando y moviendo, a fuerza de amor, nuestra voluntad.

Por eso, junto al regalo, al don de la fe, está también la tarea, el compromiso cristiano, la acción de nuestra voluntad. Así por ejemplo, en la primera lectura de hoy, del capítulo número once del libro del Deuteronomio, se nos asegura que tenemos delante bendición y maldición, y que tenemos que hacer una elección.

Es decir, debemos elegir, en cierto sentido, depende de nosotros; por supuesto, en cuanto cristianos, creemos en el regalo que hemos recibido, pero ese regalo no lo puede dejar muerto dentro de ti, ese regalo tiene que abrirse, ese regalo tiene que actuar, y la acción de ese regalo está precisamente en la elección que tú haces de la bendición divina.

También en el evangelio, que es ya la conclusión del Sermón de la Montaña, nos dice Jesucristo que hay que poner en práctica las palabras que Él nos da.

Nos dice, con una comparación tan pedagógica, que hay como dos tipos de oyentes: hay unos que superficialmente aceptan los que Dios quiere, pero son como casas sobre arena: se demuestra que no tienen cimiento, porque cuando llega la dificultad, todo se derrumba.

¿Y quiénes son los que tienen la casa sobre roca? Los que se apoyan en Dios, por supuesto, los que creen en Él.

Pero fíjate que Jesús nos habla de una fe que obra, de una fe que actúa: "El que pone estas palabras mías en práctica" San Mateo 7,24.

Es decir, cuando nuestra voluntad se deja poseer por ese amor redentor y reconstructor de Dios, entonces empezamos a obrar a la manera de Dios, y entonces nustros ojos comprueban la verdad de la enseñanza evangélica y nuestro cimiento se hace firme y somos invencibles.

Fe y una voluntad transformada por el Espíritu: los cimientos de una vida cristiana.