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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20080601

Titulo: Poner en practica lo que nos ensena Jesus

Original en audio: 15 min. 54 seg.


Hermanos Míos:

Miremos a Jesús, el gran Pedagogo, el gran Maestro, miremos en qué circunstancias tuvo que desarrollar su enseñanza, qué clase de oyentes tuvo, qué clase de auditorio o condiciones físicas tuvo y, también, qué pobreza, que escasez de recursos,

Y sin embargo, sus palabras quedaron tan profundamente grabadas en el corazón de aquellos hombres y mujeres, que muchos, muchos años después pudieron ser recordadas, y por obra del Espíritu Santo llegaron a plasmarse en eso que nosotros llamamos la Biblia.

Uno de los recursos de este Maestro, uno de los recursos preciosos y eficaces de nuestro Jesús, es el uso de aquellas imágenes que por su misma característica, por su misma forma atraen nuestra atención, quedan grabadas.

Es el caso del evangelio de hoy, con aquello de la casa sobre la roca, la casa sobre la arena. Una vez, una sola vez que uno haya oído esa comparación, y en la mente y en la imaginación como que se forma ese contraste entre estos dos casos, entre estos dos edificios, el uno en ruinas, el otro firme levantado sobre sus cimientos.

La casa sobre arena, la casa sobre roca es un contraste fuerte, es un contraste que, precisamente, por ser tan grande, queda grabado en la imaginación y puede transmitirse a otras personas.

Jesús utilizó muchas de estas imágenes; Jesús, a través de estas sencillas comparaciones, que cualquiera podría entender, iba poco a poco entrando en nuestros corazones, ganándose nuestra voluntad con su amor, ganándose nuestra inteligencia con su sabiduría, Jesús realmente estaba ganándonos para si, Jesús estaba conquistándonos para que fuéramos suyos.

El vigor intenso de esa luz de su verdad y el fuego maravilloso y acogedor de su amor, hacen que a medida que uno conoce a Jesús sienta deseos de lanzarse hacia él, de abrazarlo, de aceptar su Evangelio, de aceptar su propuesta.

Jesús es la gran invitación del Padre Celestial para que nosotros aceptemos que Dios es Dios y que así como es Dios, es verdad maravillosa, es salvación profunda para nuestras vidas, porque la estructura del pecado es que Dios no me sirve o que yo no sirvo para Dios.

Dios no me sirve porque no complace, porque no está de acuerdo con lo que yo quisiera ser, o yo no sirvo para Dios porque yo no estoy de acuerdo con lo que Él me pide; y por eso había esa ruptura entre Dios y el hombre, porque uno sentía: “Dios no me sirve o yo no sirvo para Dios”.

Pero a través de Jesucristo, Dios nuestro Padre nos revela su propia verdad, y lo que descubrimos es que esa verdad sí que nos sirve, y lo que descubrimos es que ese amor sí que lo necesitamos, es exactamente lo que yo necesitaba, es exactamente la palabra que me hacia falta.

Cuando uno siente eso, es cuando la mentira del demonio cae y entonces uno dice: "Ése es el Dios que yo necesitaba y este es el siervo que Dios necesita". Y entonces, cuando cae la mentira y se levanta esta verdad, Cristo hace esa función maravillosa de puente y nos une a Él y nos une a su misterio y, finalmente, nos une al Padre; esto es lo que se llama reconciliación.

Cristo Jesús nos reconcilia, Cristo Jesús nos abre el camino para que podamos abrazar al Padre y para que el Padre pueda abrazarnos; pero vayamos al contenido de este mensaje, de esta imagen que hoy nos ha dado el Señor.

Ya comprendemos que en esa comparación Cristo está ganando nuestra inteligencia, pero ¿qué es lo que nos quiere decir? Y yo les confieso que no fue hace mucho tiempo que empecé a meditar con cierta seriedad, con cierto rigor si quieren, en esta parábola, en esta comparación, porque por lo menos mi experiencia ha sido que esto de la casa sobre la roca y la casa sobre la arena es uno de esos casos en los que uno cree que entiende y de pronto no está entendiendo.

Es decir, uno sabe qué le pasa a una casa sobre la roca en contraste con lo que le pasa a la casa sobre la arena, y uno sabe que ese viento impetuoso, esa lluvia torrencial, que ese huracán que azota a ambas casas corresponde o a las tentaciones o a las persecuciones, o, en general, a las dificultades que trae el seguir mensaje de Jesús. Esa parte uno la entiende.

Pero el detalle está en esta fracesita que dice Jesús: “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a lo que está edificado sobre roca” San Mateo 7,24.

Dicho de otro modo planteemos la pregunta: ¿Qué es estar sobre roca? Y yo creo que la primera respuesta que a uno se le ocurriría es, tener una fe firme o tener unas convicciones claras o saber bien la enseñanza de nuestra fe, es decir, la doctrina.

Pero Jesús no dice: “El que entiende bien estas palabras”, eso no es lo que dice Jesús; Jesús no dice: “El que se sabe bien estas palabras o el que recuerda bien estas palabras”, y esto indica que la firmeza no viene simplemente de saberse las palabras de Jesús.

Estar sobre la roca no es equivalente a entender muy bien las palabras de Jesús o recordarlas muy bien o poderlas explicar, lo único que da firmeza en las dificultades es haber puesto en práctica las palabras de Jesús, es eso lo que da firmeza; y por eso digo que no es obvio porque uno suele pensar que la persona que está sobre roca, es la persona que tiene ideas claras, es la que tiene sus convicciones en su sitio.

Pero lo que Jesús nos dice aquí es mucho mas práctico. Precisamente, de lo que se trata, es poner en práctica, por eso digo que se trata de algo práctico, hay que poner en práctica la palabra de Jesús y poner en práctica la palabra de Jesús ¿qué es? Es haber experimentado en uno mismo que esa palabra se cumple.

Esto es mucho menos intelectual de lo que uno cree. A veces pienso que en nuestra Iglesia le damos mucha relevancia a la parte de la inteligencia, hasta cierto punto eso está muy bien, porque uno tiene que comprender, uno tiene que saber lo que le están diciendo, uno tiene que conocer la doctrina.

Pero, cuidado, no es la sola doctrina, no es eso sólo lo que le da la firmeza, lo que le da la firmeza proviene de haber puesto en práctica; y aquí creo yo que todos tenemos mucho que aprender.

Estas palabras del Señor, este ejemplo de las dos casas se encuentra al final del Sermón de la Montaña, ese sermón que esta en el evangelio según San Mateo y que empieza con las Bienaventuranzas; es el mismo Sermón en donde Él nos enseña el Padrenuestro, es el mismo Sermón donde nos invita a que nuestra justicia sea mejor a la de los fariseos, es el mismo Sermón en donde aparecen palabras tan duras como eso de amar a los enemigos.

Y la tentación que uno puede tener es: convertir todo eso en palabras que uno recuerda o palabras que uno entiende o más o menos entiende; eso no da firmeza, la firmeza viene de tomar esto que dice Jesús, por ejemplo, de amar al enemigo y ponerlo en práctica.

Pero de nuevo en esto de amar al enemigo hay que ser también muy práctico. La palabra “praxis” tiene que ver con obrar, hacer; porque para nosotros, cuando se habla de amar, uno tiende a relacionarlo con sentir una emoción, pasión o sentimiento; trata de agregarle a casi cada palabra del Evangelio estas otras tres palabras: "en la práctica", y "en la práctica" significa sentir cosas bonitas por el enemigo.

Amar al enemigo, es buscar qué bien concreto le puedo hacer a esa persona, esto va en la practica. La idea de que el amor es fundamentalmente un sentimiento es una idea relativamente reciente en la humanidad, tiene cosas buenas, nadie duda de la fuerza del sentimiento, pero también existe el peligro de que nos encierre, queda uno como encerrado en si mismo.

Por ejemplo, en el caso de los enemigos la pregunta típica es: “Bueno, ¿qué hago yo para no sentir lo que siento hacia ese tipo?” “¿Qué hago yo para no sentir lo que siento hacia esa mujer que me cae mal que la detesto? ¿Qué hago yo para no sentir...?"

Y la respuesta de Cristo es: "No empieces por tus sentimientos, empieza por tus acciones", y lo mismo aquí en el pasaje de hoy concretamente: "Bueno, ¿y qué hago yo para creer más en esto?" "Qué hago yo para tener firmeza en mi fe?" Y Jesús dice: "Bueno, ponlo en practica, haz, actúa".

Hermanos, hay que ir poniendo en práctica las palabras de Cristo, y yo pongo ese presente continuo: poniendo en practica, ir poniendo en práctica, porque soy plenamente consciente de lo que muchas veces nos dice la Biblia, a saber: quien no empieza en lo imperfecto y que sólo poco a poco se va dirigiendo hacia lo más perfecto.

Pues eso vale aquí. Uno tiene que empezar poniendo en práctica todo lo que puede poner en práctica, y ahí va adquiriendo nueva firmeza que le permite poner en práctica otras cosas, y así sucesivamente. Es un proceso que se retroalimenta y que cada vez le da más firmeza al alma cristiana. Hay que ir al camino, hay que seguir el camino de la vida y hay que seguir poniendo en práctica.

Busca, con la luz que Dios te dé, cuál es el bien especifico, real, concreto que tú puedes hacer por una persona que te ha hecho daño; ese bien no lo pienses en términos de lo que a esa persona le parezca bueno o lo que esa persona sienta lo que es bueno; tú piénsalo desde este ángulo: “¿Cuál sería un verdadero bien en esa persona? Y, ¿cómo puedo yo ayudar a construir un verdadero bien en esa persona?”

Y ponte a hacerlo y tú descubrirás que la palabra de Cristo se cumplió en tu vida, y tú descubrirás que eso te da una firmeza, que eso te da una convicción que no te la podría dar ningún maestro, ni ningún libro, ni ninguna explicación.

Sigamos adelante en nuestro camino con esta resolución específica: “Hoy pondré en práctica algo de la enseñanza de Cristo, y eso va construyendo, va edificando dentro de mí la casa que nadie puede destruir".

Amén.