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Fecha: 20110106

Título: ¡Atrevamonos a ser luz para el mundo!

Original en audio: 4 min. 21 seg.


Una de las costumbres más comunes entre los niños es echarle siempre la culpa a otra persona, eso lo notamos especialmente en los niños pequeños. Y en verdad, se requiere de todo un proceso de educación para que un niño aprenda a decir esas palabras tan difíciles: "Me equivoqué".

La tendencia nuestra, la tendencia más común es echar la culpa a otros. Y parece que uno se queda con esa costumbre, y cuando ya está más crecido, entonces quiere seguir también zafándose de su responsabilidad, echándole la culpa a Dios; por ejemplo decimos: "Dios no me ayuda, Dios no me escucha".

Y es muy interesante preguntarnos si es que Dios no me escucha o que yo no escucho a Dios; si es que Dios no me ayuda, o yo no estoy ayudando en la obra de Dios; si es que Dios se alejó de mí, o yo me alejé de Él.

Porque muchas veces lo que sucede es que nosotros nos alejamos de Dios, y luego nos quejamos de que Dios está lejos; nosotros nos cerramos a la voz del Señor, y luego nos preguntamos por qué nuestra voz no le llega, probablemente somos nosotros los que hemos roto el lenguaje con Ël.

En este domingo encontramos en el profeta Isaías, capítulo cincuenta y ocho, una exhortación que va en esa línea, no es está diciendo el profeta: "Mira, si tú destierras el gesto amenazante, si tú abres tu vida a la necesidad de tu hermano, entonces va a brillara tu luz como la aurora, entonces vas a llamar al Señor y Él te responderá: "Aquí estoy" Isaías 58,9-10.

Es decir, si yo me pongo en el camino de Dios, me encuentro con Dios; si me pongo en el camino del demonio, ¿con quién me voy a encontrar? Si me pongo en el camino del pecado, ¿qué espero? Si siembro muerte, ¿qué quiero cosechar?

Es muy importante esta exhortación del profeta porque nos está mostrando también cómo podemos experimentar la cercanía del Señor. No es tan complicado; hay que ponerse en su camino

Destierra de tu vida el gesto amenazante, ábrete a la necesidad de tu hermano, y empezarás a experimentar que el Señor está cerca, cada vez más cerca.

En el evangelio, capítulo quinto de San Mateo, tenemos la continuación del texto de las bienaventuranzas, que habíamos oído el domingo pasado. En esta continuación precisamente Jesús nos invita a ser luz, a llenarnos de luz y a ser luz.

Así como el profeta nos estaba diciendo: "Ponte en el camino de Dios y la luz de Dios te acompañará", pues así también Cristo nos invita a seguir su camino, a seguir su enseñanza y a convertirnos en luz.

Y yo creo que este es uno de los deberes más hermosos del cristiano, pero ser luz significa atreverse a ser distinto, atreverse a obrar desde otros principios. Si te encuentras, por ejemplo, en un ambiente donde la mentira, la envidia, el resentimiento, la vulgaridad, han echado profundas raíces, ser luz significa ser distinto.

Y esto también es propio de la otra comparación de Cristo: ser sal, la sal a veces pica un poco, pero ese escozor de la sal es necesario para dar sabor y también para conservar los alimentos.

¡Atrévete a ser luz!