Ao04005a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20080203

Título: La fe se sostiene y crece unicamente dandola

Original en audio: 27 min. 22 seg.


Las palabras de Cristo en este evangelio corresponden al comienzo del famoso Sermón de la Montaña, es el texto de las Bienaventuranzas, esa es la palabra que se repite, “bienaventurados”, o si no también, "felices".

Ese texto de la Bienaventuranzas viene a ser como la carta magna, como la constitución del cristianismo, ahí está en cierta forma retratada ante todo el alma de Jesucristo, y por consiguiente, ahí está una buena pintura de lo que tiene que ser, con la ayuda de Cristo, cada uno de nosotros los cristianos.

Pero yo quisiera, más que hacer una reflexión de pronto un poco teórica, quisiera aplicar este texto a algo muy practico, y es cómo invitar a otras personas a que crean en Cristo.

Normalmente, esta pregunta no habría que hacerla, en muchos de nuestros países, el entrar a formar parte de la Iglesia es un ritual que está unido a las costumbres de muchas generaciones. Se sabe que el niño nace, se sabe que hay que alimentarlo, se sabe que hay que vacunarlo y se sabe que hay bautizarlo.

De manera que, por una especie de costumbre, que tiene su aspecto positivo, pero también por una especie de inercia, mucha gente resulta bautizada. Muchas de esas personas tal vez lleven una vida cristiana decente, o incluso buena, tal vez heroica, pero muchos otros empiezan a preguntarse qué significa ser cristianos, se encuentran perplejos en un mundo en el que muchos otros valores y muchas otras consignas entran en conflicto con el Cristianismo.

Y entonces es casi la norma que, llegados a una cierta edad, nos llenamos de preguntas, de dudas, de rebeldía y entonces decimos: “¡Oye, yo no voy a creer más en eso!”

En un número sorprendente de casos las personas dicen: ”Realmente, hasta aquí llegué; abandono la fe, abandono la Iglesia, abandono los curas, abandono los rezos, abandono todo, dejo todo eso; el mundo en realidad está en poder de otras personas, hay otras cosas más interesantes, hay otras cosas más alegres, hay otras cosas que traen, como una felicidad, podríamos decir, más inmediata, más palpable".

Mientras que el mundo de la religión a veces se convierte en una cantidad de restricciones, que mucha gente estima como caprichosas, caprichos de Papa y de obispos y de gente neurótica y de pronto hipócrita; mientras que hay todas esas restricciones, de otro lado el mundo como tal empieza a ofrecer sus incentivos.

Y esos incentivos son llevar una vida intensa, de disfrute, de placer de codicia, de abrirse paso en esta sociedad a base de inteligencia, pero más que inteligencia, astucia, y también de perseverancia, pero más que que perseverancia, codicia”.

Entonces en ese conflicto, perdemos a muchísimos de los que habían sido bautizados al principio; esto a sucedido muchas veces a lo largo de de la historia de la Iglesia, pero resulta que hay una especie de agravante en este momento, y es que cada vez más la parte pública o la parte de la costumbre social, pues se va perdiendo.

Ustedes habrán tenido ya ocasión tal vez de asistir en este país a alguna celebración de un matrimonio civil, por ejemplo, esto no es la peor desgracia de la humanidad, por supuesto que no lo es, tiene unos ciertos valores, tiene una cierta consistencia.

Pero es evidente que cuando se está celebrando el amor ante el Estado y no ante Dios, e incluso cuando se celebra dando la espalda a Dios, pues lo que se está diciendo es: “Esa parte de mi vida déjenmela a mí, quiero disfrutarla yo, quiero organizarla yo, no me metan aquí tantas instituciones y tantas personas de Iglesia”.

Y lo mismo va pasando con otras cosas, es lo que se llama la "secularización", la secularización es el desplazamiento de los valores de la religión o de los valores de lo sagrado, desplazamiento de esos valores del área social o pública.

La religión, especialmente en Europa, más en otros países pero también en Irlanda, la religión, nos van convenciendo que se trata de algo estrictamente privado, algo que no debe ser mencionado en público, algo que no sirve para hacer amigos, algo que no sirve para mejorar el sueldo, algo que no sirve para formar una conversación interesante.

Lo único interesante que se puede decir de la Iglesia es que tiene muchos problemas, y lo único interesante que la gente encuentra para decir de Cristo es que seguramente sí tenia algo que con la Magdalena.

Esa es la cultura que se va entrando y en esa cultura, donde la religión es vista con indiferencia, frialdad, agresividad, burla y eso se va convirtiendo en la norma, en esa cultura, pues, la pregunta que nos hacemos es: ¿qué tanto se puede vender nuestro producto? Por utilizar esa metáfora.

Nosotros tenemos un Cristianismo en el que creemos y nos preguntamos dos cosas: primero, cómo conservar nuestra fe, porque supongo que para muchos de nosotros es algo importante, es algo valioso, pero de pronto hasta nos hacemos la otra pregunta, no sólo cómo conservar la fe, sino esto: “¿Será que podemos atraer a otros hacia la fe?”

Y lo que quiero decirles a este respecto es que esas dos preguntas son una sola pregunta, es decir, la única manera de conservar lo que uno tiene es ganando a otros. En varios congresos internacionales latinoamericanos de misiones, este lema se ha repetido: “La fe se conserva dándola”.

Una fe que uno guarda para uno mismo es una fe que no existe, y estamos viviendo un fenómeno muy interesante aquí en Europa Occidental, y es que muchas de las parejas que se están casando por esta época, que están en edad de matrimonio por esta época son gente que internamente, por allá en un rincón de su corazón siguen siendo cristianos y siguen pensando que la religión tiene algún valor, pero no se sienten con fuerza, no se sienten con la convicción para transmitir eso a otras personas, en particular no se sienten con el valor de trasmitirlo a sus hijos.

Entonces tenemos el caso de parejas jóvenes que empiezan a decir: “Bueno, dejemos, no le demos religión al niño, cuando él crezca , ya él verá”. Pero, por supuesto este es un sofisma, este es un engaño.

Si tú no le estás dando religión a tu hijo, le estás dando ateísmo, esto no tiene alternativa, o le estás enseñando a tu hijo que Dios le da sentido a la vida, o le estás enseñando a tu hijo que la vida no tiene sentido con Dios o que tiene sentido sin Dios, no hay más posibilidades.

Pero muchas parejas no se sienten preparadas intelectualmente y no sienten fuego en el corazón, lo que les queda de su fe es una especie de momia, les queda un fósil por allá, un fósil que revive cada vez que se muere otro abuelo, cada vez que se muere el tío fulano, cada vez que se muere por allá alguien.

Y entonces van a visitar otros países, o de pronto van al campo, o de pronto se encuentran con esta gente y sienten algo parecido a la nostalgia, algo como: "Ah, ¡qué bonito sería como creer! ¿No? ¿Qué bonito como darle sentido a esto!"

Pero ese fogonazo de nostalgia no alcanza a calentar lo que está tan muerto, y entonces estamos a punto de presenciar en Europa, y eso es lo que van a ver quienes se establezcan en este país, para que lo sepan de primera mano, los que se establezcan este país, los que se establezcan en Europa hoy, van a ver una generación que ha crecido en las mismas condiciones que quería el comunismo ateo.

Y esta es una de las grandes ironías de la vida, porque se suponía que el capitalismo este de Europa Occidental y de los Estados Unidos de América, que este capitalismo era exactamente lo contrario del comunismo.

Pero parece que los extremos se juntan, como suele suceder, y este capitalismo nuestro, por lo menos en este aspecto, es totalmente semejante al comunismo; es decir, tenemos niños, ya tenemos muchísimos niños en Inglaterra, sobre todo en Francia, tal vez el país más secularizado es Francia.

En Francia, en Alemania, por supuesto en Inglaterra, en Escandinavia, en Dinamarca, tenemos una cantidad de niños para los cuales Dios no significa nada, no produce nada, ni rabia, ni alegría, ni ilusión, ni esperanza, ni nada.

Algunos viven ese vacío de Dios de un modo rabioso, que es un poco lo que parece estar sucediendo en unos estamentos de la sociedad española, parece que en algunas partes de España, les parece poco negar la existencia de Dios; hay que triturar lo que queda de religión, hay que despedazarlo, con zaña.

Pero en general la actitud no es una actitud rabiosa sino más bien una actitud de agresividad pasiva, de indiferencia, y aquí vuelve la pregunta: ¿qué hacemos? es decir, ¿cómo podemos avivar nuestra fe y cómo podemos contagiar a otros de esa fe?

Pero por lo pronto ya sabemos que las dos preguntas son una sola. Si tú no estás dispuesto a conquistar corazones para Cristo, prepárate para que otros conquisten el corazón de tus hijos, prepárate para que otros conquisten tu propio corazón.

Y esos otros finalmente son los antiguos ídolos del paganismo, y diría San Pablo, "detrás de ellos los demonios mismos"; finalmente son los ídolos del paganismo los que están ahí.

Un caso interesantísimo es China, todo el mundo cree que China es atea y todo el mundo cree que el comunismo científico triunfó en China, pues por la postura que tiene oficialmente el gobierno de ese país.

Pues no, resulta que China es uno de los países más supersticiosos del mundo. Resulta que China tiene como negocio que prospera de un modo exorbitante, todo lo que sea leer la mano, predecir el futuro, hacer carta astral, hacer astrología, es decir, hay una necesidad de magia.

Y eso ya también lo vemos en nuestra sociedad: sacamos a Dios a las patadas, sacamos a Dios de la escuela, sacamos a Dios de las calles, sacamos a Dios del calendario, sacamos a Dios de todas partes, y ese vacío espantoso luego empezamos a llenarlo con la ebriedad del placer, por un lado, y también con esta otra ebriedad de la magia.

Entonces hay una renovación, hay un revivir de las prácticas mágicas en todas partes, la fascinación por lo esotérico, por algo que se parezca a una experiencia espiritual.

Si nosotros no tomamos una resolución de transmitir nuestra fe, si usted es papá, tiene niños pequeños y no quiere que sus hijos sean católicos convencidos, felices de su fe, prepárese para que alguien más haga algo con sus hijos, prepárese para ver a sus hijos tomando cualquier rumbo, de los muchos rumbos que tiene el paganismo, incluyendo algunos bastante dramáticos, como puede ser el suicidio mismo, como puede ser el satanismo y tantas otras cosas.

¿Cómo trasmitir esa fe, cómo vender nuestro producto? Vamos a dar algunas claves practicas: vamos a suponer que usted quiere llevarle la fe a otras personas, pero esas otras personas están en el mismo mundo de usted.

Es decir, esas son otras personas que están acostumbradas a pensar en Jesús sólo para especular si tenia o no tenia algo con la Magdalena, porque eso es lo único que piensan de Jesús, ¡qué desgracia! O para pensar en la Iglesia únicamente para recordar que hubo abuso y que hubo escándalos.

Esa cultura, esas personas, ¿cómo volverán? ¿Cómo podemos enamorarlas del mensaje de Dios? ¿Cómo podemos atraerlas? Claves concretas: lo primero es lo que nos ofrecen las lecturas de hoy, y por eso este mensaje lo traigo hoy.

Lo primero es que la gente que primero va a entender el mensaje son estos que dice aquí Sofonías: “Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde” Sofonías 3,12.

Tenemos que partir de esa base, tenemos que partir que las circunstancias de la vida que nos descontrolan, que nos humillan, que nos desconciertan, son las circunstancia en las que tanto las otras personas como nosotros mismos, son las circunstancias en las uno se abre más a Dios.

Esto significa: si usted quiere buscar gente para Dios, no empiece buscando en los que son bonitos, sonrientes, felices, con éxito, nuevo ascenso y vacaciones en Turquía, o en Nagpur, o en Dubai, no empiece por ahí.

Ése que tiene todo ese dinero, que tiene todo ese poder y que todo le funciona, ése es al que menos le conviene convertirse, ése es el que le tiene terror al mensaje de Dios, porque si empieza a creer en Dios no va a poder seguir llevando la vida promiscua, fornicaria que lleva; si empieza a creer en Dios no va a poder tener esas fiestas fascinantes, donde de pronto se le echa un poquito de droga, un poquito de trago, un poquito ahí de no se sabe qué.

Si empieza a creer en Dios va a tener que estabilizarse con una pareja y no querer hacer eso. Si empieza a creer en Dios va a tener que sacar de su bolsillo para comprometerse con los pobres y no quiere eso, él quiere invertir en propiedad raíz.

Entonces, no sirve esforzarse, convertir a la gente a fuerza de ruegos, de amenazas, o largas argumentaciones.

En la misma tónica nos habla la segunda lectura del día de hoy. Miren lo que dice: “Tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados; no hay muchos sabios” 1 Corintios 1,26.

Un gran profeta del siglo XX, llamado Frank Duff, el fundador de la Legión de María, era un hombre muy inteligente, muy, muy preparado, tenia muchos estudios, tenía buen conocimiento de muchas cosas; pero de su experiencia él decía: "A la gente uno no la gana con discusiones".

Cuando una persona, -y este es el segundo consejo-, cuando una persona empieza a discutir: "Ah, es que yo no creo en la virginidad de María"; "ah, es que yo no creo en la Misa"; "ah, es que yo no necesito confesarme", empezar una larga discusión suele ser la peor manera de acercar una persona a Dios.

Y esto lo dice San Pablo en muchos lugares, ¿por qué? Porque la gente que se considera sabia, la gente que considera que tiene muy bueno estudios, es la gente que menos le interesa convertirse.

“Yo tengo mi carrera, y tengo un máster, y estoy haciendo un doctorado, gano mucha plata, estoy bien posicionado, siento que mi cabeza es lógica, contundente”. Y entonces las discusiones se vuelven un choque de egos. Discutir no es la mejor manera de evangelizar.

Frank Duff, decía que ese estilo de evangelización, que esa clase de discusión termina convirtiéndose en una especia de idolatría del conocimiento, y por eso, aunque él promovió estas reuniones, los “Patrician´s meetings”, aunque él promovió eso como una profundización en la fe, nunca lo miró como una manera de ganar gente a garrotes de discusión, las discusiones no ayudan.

El tercer punto es: uno tiene que tener las cosas claras. La Primera Carta de Pedro dice que uno tiene que formarse para "dar razón de su esperanza" 1 Pedro 3,15, pero son muy distintas estas dos escenas que les voy a describir.

Escena número uno: una persona dice: “¡Qué me voy a confesar yo con un cura que es más pecador que yo!” Y dice la persona que está ahí, que es un cristiano católico fervoroso y va a Misa, aquí en Saint Saviour´s cada ocho días, entra a discutir con él: “Pues no, porque en Juan, capítulo veinte, dijo : “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados” Juan 20,23, y entonces esa fue la gente que estableció Cristo".

Y entonces el otro responde: “Pero si en esa Biblia, según aprendí yo en el "Código de Da Vinci",- porque esa es la triste formación que tiene la gente, eso es lo que saben de religión, lo que aparezca en las librerías-, y claro, el Código de Da Vinci es una montaña de mentiras para hacer dinero.

Entonces: "No,como yo aprendí en el "Código de Da Vinci", esa Biblia se vino a establecer en el siglo IV, cuando el concilio de Nicea...” Y en esa discusión seguramente no sucede una conversión.

Fíjate cómo comenzó: el primero empezó diciendo: "Yo no me confieso, esos curas no sé cuánto", esa fue la primera escena; segunda escena, la persona dice: “Yo no me confieso con esos curas, esos son más pecadores que yo, manada de degenerados, manada de pervertidos, ¿sí ve lo que salió hoy en periódico, ¡No? ¿Sí ve? Mire, mire, su Iglesia, vea, permítame se la refriego en la nariz”.

Pero en la segunda escena la otra persona toma una actitud diferente, en la segunda escena primero espera que el otro termine de vomitar todo su odio, que le salga toda la bilis, muchas veces si no sale, la persona va a seguir con su resentimiento.

Cuando ya el otro ha terminado, entonces uno dice, de su propia experiencia, -y este es el quinto consejo-, de su propia experiencia uno dice algo como esto, por ejemplo: ”Para mí nunca ha sido fácil confesarme, pero he recibido tanta luz y tanta ayuda de mi Dios en la confesión”.

Frente a eso ¿qué puede decir la otra persona? La otra persona no puede seguir la discusión, porque no puede negar que tu vida a sido transformada por el poder del amor de Dios; entonces aquí viene la importancia de la primacía del testimonio.

¿Qué más hay que hacer para ganarse a la gente? Hay que hacer muchas cosas. Mira, aquí nos dice San Pablo hacia el final que: “Ustedes están unidos a Cristo Jesús“ Corintios 1,30. "Ustedes", es la comunidad.

Uno de los problemas de esa idea de que uno va a convertir a la gente a base de discusiones, es que uno cree que la cabezota de uno es la cabeza que mejor piensa en Irlanda, y el otro por supuesto cree que está mejor informado que cualquiera.

No, la conversión no es únicamente un choque de dos personas ni mucho menos, la conversión es la invitación que hace una comunidad.

Hermanos míos, la mayor parte de la gente, incluyendo la gente que se burla, que critica, que blasfema, la mayor parte de esas personas arrastran una existencia solitaria, y aunque tengan una mujer distinta en su cama cada día o cada noche, o un hombre distinto cada noche o cada día, todo ese desfile de piel y sábanas no les arregla su soledad, no les arregla su vacio.

Es el espíritu de comunidad, es la capacidad de acompañar a la otra persona, es la capacidad de invitarla, por eso la importancia de traer, esto lo destaca mucho la Carta a los Hebreos, la importancia de traer la persona.

Por ejemplo: “No, yo no creo en esa Misa, todo eso es hacer plata", -¡sobre todo con la plata que se hace con la Misa en español aquí en Dublín, eso son una cantidad de millones, estamos pensando pedir protección aquí de la policía porque no se sabe en qué momento atraquen!-.

En todo caso, la gente dice eso: "!Ah, con toda la plata que..." ¿Qué se le dice a esa persona? Se le dice: "Mira, -en vez de entrar en una larga discusión exegética, teológica, aunque uno sí debe tener claras las cosas, uno sí, pero no es para entrar en discusión con la otra persona-.

En vez de entrar en esa discusión, uno lo que hace es algo como esto: le dice a la persona: "Mira, Yo llevo varias semanas asistiendo a una Misa en tal parroquia, en tal iglesia, -es decir, donde realmente haya sido significativo para ti-, y muchas veces lo que he escuchado en la Misa es lo que me ha servido para la semana"; de nuevo el testimonio personal.

O también algo como esto: ”Yo por lo menos me siento tan bendecido por Dios, que para mí, la Misa es la mejor oportunidad de decirle que estoy agradecido, esa ha sido mi experiencia personal, conócela, te invito a que me acompañes, ve simplemente, escuchas y te haces tu propia opinión".

Eso le baja agresividad a la persona y sobre todo la junta a una comunidad. Pero serán las actitudes nuestras, será la manera como nosotros seamos embajadores de Jesús, ¡eso es lo que puede cautivar a las otras personas!

San Pablo dice: ”Nosotros somos embajadores de Cristo, y es como si Cristo mismo les hablara a través de nosotros” 2 Corintios 5,20. Es una expresión muy fuerte, pero a eso tenemos que aspirar todos, tenemos que tener los mismos sentimientos de Cristo que son los que están descritos en este Evangelio.

Entonces tenemos que cultivar ese espíritu de humildad, ese saber encontrar un sentido en medio del sufrimiento, ese trabajar por la justicia, ese tener un corazón puro, esas son las cosas que tenemos que cultivar. Porque la gente, aunque rechace a Cristo, necesita a Cristo.

Quiero terminar con la historia que ustedes seguramente ya conocen de Longinos o Longinus, el soldado que atravesó con su lanza a Jesucristo. Un acto de desprecio, de crueldad hecho al Hijo de Dios. Él fue el que atravesó con la lanza el Corazón de Cristo. Pero este soldado, aunque despreció a Cristo, necesitaba a Cristo, y tiempo después se convirtió, y él mismo murió mártir por Cristo.

Muchas de las personas que andan burlándose de la fe y que lo único que dicen de Jesús es: "Yo creo que sí tuvo algo con la Magdalena porque el "Código de Da Vinci" lo dijo, luego tiene que ser así"; esa gente, esos, que han dicho toda suerte de blasfemias y desprecios en contra de Cristo, ellos también necesitan a Cristo.

Y no hablemos demasiado duro, porque muchos de nosotros, en una época de nuestra vida, seguramente despreciamos a Cristo, le dimos la espalda y pensábamos que la Misa no valía nada. Así que si Dios ha tenido tanta paciencia y amor con nosotros, ¿cómo no la va a tener con tantas otras personas?

Que estas ideas y consignas nos ayuden, mis hermanos, no sólo a renovar nuestra fe, sino a trasmitirla, porque la fe se sostiene y crece únicamente dándola, y vamos a dar esa fe.