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Fecha: 20020203

Título: La humildad esta unida a la alegria, a la paz, a la victoria

Original en audio: 24 min. 33 seg.


Queridos Hermanos:

Creo que el mensaje de las lecturas en este día está bastante claro, por todas partes la Palabra de Dios nos está hablando de la humildad, la sencillez, la modestia. El mensaje es muy concreto, miremos cómo aparece en las lecturas de hoy.

Dice Sofonías: “Buscad al Señor todos, los humildes de la tierra” Sofonías 2,3, ese fue Sofonías; luego dice Pablo en la Primera Carta a los Corintios: “Dios escogió lo que para este mundo es débil para humillar a los poderosos” 1 Corintios 1,28.

Luego Jesús en el evangelio: “Dichosos los que tienen espíritu de pobres” San Mateo 5,3, y más adelante: “Dichosos los humildes” San Mateo 5,4.

Ese es el mensaje que tenemos que llevarnos hoy para la casa. Definitivamente, Dios ama la humildad; eso tenemos que llevarlo en el corazón.

Hay un pasaje donde incluso leemos esto: “El Señor resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes” Santiago 4,5; Dios ama la humildad, pero no es tan fácil entender cuál es el misterio de la humildad. ¿La humildad qué es? ¿Dejarse uno y que hagan con uno lo que quieran? Eso no debe ser.

¿La humildad qué es? ¿Esconderse uno para que no lo tomen en cuenta y para que siempre hagan las cosas otras personas? Tampoco debe ser eso. ¿La humildad qué es? ¿Es como una especie de acomplejamiento, como una especie de complejo que tiene la persona? Tampoco eso es la humildad.

Debe quedarnos claro que Dios ama la humildad, pero para aprender cuál es la humildad necesitamos la Palabra de Dios, es ella la que nos muestra.

Y sobre todo hay uno en quien podemos aprender qué significa humildad, y ese es Nuestro Señor Jesucristo, que nos mandó expresamente: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” San Mateo 11,29.

La humildad no es lo que a nosotros se nos ocurra, la humildad es un misterio bello, grande, profundo, que tiene su máxima manifestación en Jesucristo y que está en la Sagrada Escritura para que lo aprendamos; yo creo que muchas veces no somos humildes, porque no sabemos lo que es ser humilde.

Por ejemplo, mire que los Apóstoles estando tan cerca de Jesucristo tuvieron mucha dificultad con esto. ¿Ustedes se acuerdan de algún pasaje bíblico donde se diga de cualquiera de los Apóstoles que fulanito de tal no siguió más en el grupo de apóstoles porque se enamoró y se fue con una mujer? ¿Eso lo encontramos en la Biblia? ¿Se acuerdan de eso? ¿Aparece o no aparece? No aparece eso.

De Judas se dice que le gustaba mucho el dinero, pero aparecen problemas de dinero en los Apóstoles: "Que usted tiene, que por qué tiene, que por qué tuvo, qué va a tener", eso tampoco aparece.

Las peleas, las dificultades en la vocación de los Apóstoles no fueron dificultades por el afecto, ni por el sexo, ni por el dinero.

Las tensiones entre ellos está resumida en esta pregunta: ¿Y aquí quién es el más importante? Y de pronto los que vivimos en comunidad, como estos queridos amigos que nos hospedan, o como es el caso de mi comunidad religiosa, nosotros somos Dominicos, nosotros somos frailes Predicadores.

Los que vivimos en comunidad sabemos que esa sigue siendo quizá una de las tensiones más grandes, quién es el más importante, “¿yo por qué tengo que dejarme del otro?” “¿Usted por qué me va a mandar a mí?” Eso sí que cuesta trabajo. Aprender el misterio de la humildad no es fácil, fue tal vez una de las lecciones que más les costó a los Apóstoles.

¿Qué es esa humildad? Dios ama la humildad, Dios quiere que seamos humildes pero no sabemos lo que eso significa, y tal vez por eso tampoco lo vivimos.

A ver, qué nos enseña la Palabra de Dios hoy. No nos quedemos, mis hermanos, con ideas generales, no nos quedemos con ideas vagas, busquemos en la Palabra del Señor qué es lo que tiene que cambiar en nuestra vida.

Porque nosotros amamos a Dios y nosotros queremos experimentar el poder del amor de Dios en nuestra vida y Dios ama a los humildes. ¿Qué es la humildad? ¿Cómo podemos crecer en la humildad?

En el profeta Sofonías tenemos varias pistas, primera: “Buscad al Señor todos los humildes de la tierra que cumplid sus mandatos” Sofonías 2,3; la humildad está unida a la obediencia a la Palabra de Dios.

Una de las características del verdadero humilde es que se pone en el régimen de Dios, en la lógica de Dios, se deja guiar por Dios, lo primero y fundamental que tenemos que aprender de la humildad en este día es eso, el humilde se deja guiar por Dios, se pone en Dios y se deja guiar por Dios.

La actitud fundamental de soberbia de Satanás y de todos los seguidores del diablo, es la soberbia precisamente, es decir, “yo no obedezco, yo haré las cosas como yo quiera, punto”. Esa es la actitud de radical de desobediencia y es la actitud que resulta incompatible con el plan de Dios.

Lo primero que significa humildad es tener esa actitud de ponerse ante Dios y decirle: “Yo quiero que tú me guíes, dame un consejo, dame una luz, dame una dirección, y yo la sigo”.

No hay humildad sin el deseo puro, sin el deseo sincero de obedecer. Y ustedes descubrirán, amigos, que siempre que hay tensiones en una comunidad, se trate de los apóstoles, o se trate de las religiosas, o se trate de los frailes, o se trate de los hermanos, siempre hay un elemento que hizo falta, alguien no quiso ponerse radicalmente en la perspectiva de Dios, en el plan de Dios. Lo primero y fundamental: el deseo de ser guiado por Él; me puedo equivocar.

Recordemos esa oración tan bella, tan profunda que hace Samuel en el primer libro de los Reyes o en el Segundo de Samuel, allá cuando Salomón se pone a orar y le dice: “Señor, yo soy sólo un muchacho y me has puesto al frente de todo este pueblo; dame un corazón que sepa escuchar, dame sabiduría” 1 Reyes 7,9, por ahí empieza la humildad.

Humilde es el que sabe que no se las sabe todas; humilde es el que sabe que necesita que lo guíen; humilde es el que sabe que necesita una dirección en su vida, y por eso se pone de corazón ante Dios y le dice: “Muéstrame camino, guíame, quiero obedecer tus mandatos”, nos lo dice Sofonías.

Segundo punto, nos dice aquí también Sofonías: “Ese resto, el pequeño resto que quede de Israel no cometerá maldades, no dirá mentiras” Sofonías 3,13. ¿Qué es la mentira? La mentira es un escudo que yo me pongo para defenderme, eso lo ve uno en la confesión.

Mi experiencia en la confesión, no sé qué digan padres confesores, mi experiencia en la confesión es que siempre que una persona que dice: “Padre, me acuso que he dicho mentiras”, detrás de la mentira hay un pecado más feo y más gordo, eso no falla.

Yo procuro preguntar siempre: "-¿Y usted por qué dice mentiras?" “-Ah, es que yo tengo que engañar a mi mamá, porque es que yo estoy haciendo esto y esto”. Ah, entonces la mentira es para esconder otra cosa peor. El que miente se está escondiendo, el que miente no juega limpio, el que miente algo está protegiendo, algo está tramando, algo perverso está haciendo.

La humildad no es compatible con la mentira, el verdadero humilde es como es y sabe que no tiene que buscar la tramposa defensa de la mentira, el humilde no se tiene que esconder.

¿Ustedes se acuerdan lo que sucedió allá en el Paraíso después de que se cometió aquel pecado? Entonces Adán a esconderse allá en los matorrales, allá en el jardín del Edén. "Que Dios no me vea, que Dios no se dé cuenta dónde estoy."

Hermanos míos, el humilde no tiene que esconderse, por una razón muy sencilla, porque no tiene un segundo plan, ni una segunda intención, es transparente.

Fíjate como vamos aprendiendo el verdadero sentido de la humildad, el humilde sabe que no se las sabe todas, el humilde es obediente, el humilde es transparente no tiene que mentir.

Yo soy un poco duro, me parece, un poco drástico con las mentiras, sobre todo en niños y jóvenes; le tengo mucho miedo a la mentira en los jóvenes, porque sé que detrás de una mentira se está cocinando un pecado gordo y feo.

Un muchacho no tiene por qué mentir, a menos que esté metiéndose en lo que no le corresponde, esté haciendo trampa, esté buscando el vicio; algún torcido, alguna cosa fea está haciendo y es muy peligroso.

El príncipe de la mentira se llama Satanás y el que miente le está diciendo a Satanás: "Te doy permiso para guíes este pedazo de mi vida". Y ustedes saben que una cantidad de vicios, y una cantidad de drogadictos y una cantidad de embarazos no deseados se dieron, ¿por que? Porque se dieron al amparo de un paraguas satánico que se llama la mentira.

El humilde no se esconde, no tiene un segundo plan, no tiene una segunda intención, no tiene que esconder nada, "no dirá mentiras" Sofonías 3,13, nos dice el profeta Sofonías.

Cuando el esposo le miente a la esposa, cuando el hijo le miente al papá, cuando la niña pierde esa confianza hermosa que tenía con la mamá, es que algo malo está sucediendo, algo terrible está pasando, se ha perdido la transparencia, así no puede haber humildad.

Y usted sabe que el que está poniendo una barrera es porque está tramando una cosa, es decir, porque quiere imponer su plan, su idea, su manera. Esto no significa, digamos entre paréntesis, que uno tenga que estar de acuerdo en todo.

Yo, cuando hablo con los muchachos, también les digo: “No es que su papá esté bien en todo, su papá no es que no se equivoque, su papá se equivoca y su mamá también, pero la solución no es que usted mienta".

"Yo prefiero que usted hable las cosas, así haya un poco de tensión y un poquito de discusión en la casa, pero que usted hable las cosas, no sea cobarde, no se esconda detrás de una mentira, porque decir una mentira es invocar al diablo.

¡No sea mentiroso! Preferible que haya tensión, preferible que usted discuta, que usted muestre su punto de vista, que usted diga: “Mamá, es que es por esto y por esto.”

Y entonces los papás también tienen que ser inteligentes, un papá que sea intransigente, un tirano está obligando a los hijos a que le digan mentiras; una mamá que quiere que los hijos estén en pañales hasta los veinticinco años está obligando a los niños y a las niñas a decir mentiras.

Hay que ser razonables, hay que acordarse de que nosotros también fuimos jóvenes, hay que saber como es la vida, abrir un poco de confianza de parte y parte, hay que trabajar, pero definitivamente el humilde cumple lo que dice Sofonías: “No dirá mentiras” Sofonías 3,13.

Y hay otra cosa muy linda del humilde que nos dice Sofonías. Dice aquí: “El Señor hará que sólo quede en el país la gente que pone su confianza en Él” Sofonías 3,12.

Esto sí es lo más bello de la humildad y esta es la razón por la que Jesucristo hizo el elogio tan grande de la humildad que leíamos en el evangelio, y dice aquí: “Dichosos los humildes porque heredarán la tierra” San Mateo 5,4.

El humilde pone su confianza en el Señor, esto es lo verdaderamente grande del humilde, y por eso el humilde resulta tan fuerte.

Les voy a contar una anécdota. Resulta que una vez fue a mi convento, en aquella época vivía yo en Bogotá, fue a mi convento un muchacho que estaba o que se suponía que estaba poseso, por lo menos en algunos momentos tenía unas actuaciones que se supone que venían del demonio.

Y me dice el muchacho: "A mí me llevaron a donde unos evangélicos, y yo no le creía a esa gente, y yo me quedé mirando al pastor con infinito desprecio y le dije: “El diablo puede más que usted”.

Entonces el pastor evangélico llamó a otros de ese grupo, de esa asamblea y se pusieron a orar media hora, cuarenta y cinco minutos, no sé cuánto, “¡y fuera Satanás!” “¡Y fuera el demonio!” Cuando acabaron de hacer esa oración larga de exorcismo, el muchacho dice: “Y yo quedé igual; el demonio es más fuerte que usted”.

Y luego se me queda mirando, a repetirme la dosis, y entonces me mira a los ojos, me parece estarlo recordando, y me dice: “Padre, el demonio es más fuerte que usted”, y entonces yo me le quedo mirando, sin miedo, y le dije: "¿Sabe que sí?"

Y el tipo se queda desarmado, y le digo: “Claro, es más fuerte que yo, pero no es más fuerte que Cristo, y si yo estoy unido a Cristo, Cristo en mí es más fuerte que el demonio."

El hombre no estaba preparado para esa respuesta. Yo creo que era más una obsesión psicológica, más que una posesión era como una obsesión, y, además, una cantidad de resentimientos terribles por problemas de la casa.

Hermanos, eso es lo que queremos decir aquí. El que pone su confianza en el Señor, sabe que es débil, pero se une al que es fuerte y por eso tiene la victoria; y por eso el humilde, es el que verdaderamente vence.

Porque se une al más grande, se une al poderoso de Israel, se une al León de la tribu de Judá, se une al Rey de reyes, y por eso nadie puede contra él; y nosotros los católicos tenemos el ejemplo perfecto y bello de esto, en una mujer, La santísima Virgen María.

Ustedes se pueden imaginar la acumulación de odio que pudo tener el demonio contra esta muchachita inmaculada, este espejo de pureza, esta perla bellísima, esta estrella en la noche del mundo que se llama María de Nazaret; con cuánto odio, con cuánta astucia, con cuánto encono atacaría el demonio a la Santísima Virgen buscando de una manera o de otra que ella cayera en pecado.

Y terminó la vida de María en esta tierra, y María junto a Jesús, participando de la gloria de Cristo; podemos decir que ya cumple lo que dice la Escritura, Ella reina con Cristo y Ella venció, y sabemos cuál es el lema de María: “Aquí está la esclava del Señor” San Lucas 1,38.

Ahí, en esa frase, está toda la espiritualidad de la Virgen; “pequeña soy, pero pertenezco al que es grande”; "débil soy, pero estoy unida al que es fuerte"; "soy frágil, pero ¿quien podrá contra mí si es Dios mismo quien vive en mí?"

Y desde esa fortaleza de Dios y desde esa victoria de Dios, María es invencible, y por eso el mismo demonio le tiene terror a la Virgen, y por eso es Ella, con esa gracia particular de Dios, la que espanta, la que aleja al demonio.

Dice una Doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena: “La gente le tiene miedo al diablo, pero el diablo le tiene miedo a la gente humilde”. ¡Qué belleza! De manera que el camino para librarse del miedo: “¿Qué hago, será que hay maleficio?" "¿Será que hay ataques?" "¿Será que el demonio me tienta?" "¿Qué hago, qué será de mí?" ¿A quién me acojo?"

Pues me acojo a la Sangre Santísima de Jesucristo, y me acojo a la enseñanza esta de la humildad: "Yo soy débil, claro, soy frágil, claro, soy pequeño, claro, pero estoy unido a Aquel que es fuerte, que es Santo, que es Bello, que es invencible."

San Pablo dice en la Carta a los Romanos: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?” Carta a los Romanos 8,35.

Esa es la frase que sirve como un himno, esa es la frase que sirve como de Constitución fundamental de los humildes, esa frase: “¿Quien podrá separarme del amor de Cristo” Carta a los Romanos 8,35; "vino hasta mí, me levantó con su amor, me tomó en sus manos, soy suyo y suyo quiero ser".

¿Quién podrá separarme de ese amor si no hay otro nombre, ni en cielos, ni en tierra, ni en el abismo, si no existe otro nombre mas grande? Y ante ese nombre se dobla toda rodilla, ¿quién podrá separarme de ese amor? ¿Quién podrá arrebatarme de esa victoria?

Por eso amigos, aunque la humildad tiene un aspecto que a veces no es atrayente porque tenemos un falso rostro de la humildad, este que nos enseña la Sagrada Escritura, este rostro es un rostro alegre, la humildad está unida a la alegría, a la paz.

El soberbio tiene que vivir asustado, eso se comprende fácilmente. Si usted toma una mesa, y encima de la mesa pone otra mesa, y encima pone tres mesas más, y luego un banco, y luego encima una escalera, y usted se trepa a todos esos muebles y está a dieciocho metros de altura, ¿usted qué siente? ¡Madre mía, esto separa el suelo!

Eso es lo que le pasa al soberbio, el soberbio está trepado en una torre de mentiras, porque tiene que levantarse para sentirse grande, y por eso se siente inseguro, y por eso vive en el miedo, y por eso tiene que estar protegiendo sus intereses: “a ver, qué fue lo que se dijo de mí”, por qué se meten conmigo; tiene que estar cuidando su imagen.

El soberbio vive en zozobra, soberbia-zozobra, esas palabras son semejantes, son parecidas, la soberbia y la intranquilidad.

La humildad en cambio trae una gran paz; el que está en la humildad está en el regazo de Dios, y en el regazo de Dios no se siente la tormenta, allí existe la paz; la humildad está unida a la alegría, esta unida a la paz y a la victoria.

Que Dios Nuestro Señor, por la intercesión poderosa de la Virgen María, nos enamore de la verdadera humildad, para que nuestro corazón, transformado por el poder del Espíritu, experimente lo que significa paz, lo que significa alegría y lo que significa humildad. Para la gloria de su Nombre.

Amén.