Ao03005a

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Fecha:20110123

Título: La importancia que tiene para nosotros santificar el domingo

Original en audio: 4 min. 19 seg.


Es domingo, es el día del Señor. Lo llamamos así, porque es el día marcado por la alegría de la Resurrección de Jesucristo; es el día, entonces, en que nosotros los cristianos nos reunimos alrededor del amado, alrededor de Jesús, nos alimentamos de su Palabra, recibimos su enseñanza, nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre, recibimos y nos fortalecemos en el don de su Espíritu.

Un día para estar en familia, no simplemente mirando la televisión; es importante que en este día brille la gloria del Señor; es importante que, reunidos, descubramos el valor de su Palabra.

Por eso hay que santificar el domingo. Lo santificamos especialmente asistiendo con devoción y con atención a la Santa Misa; pero sobre todo lo santificamos haciendo de nuestra vida un testimonio hermoso y creíble de esa vida nueva, la vida del Resucitado.

Por eso, la Misa no hemos de mirarla simplemente como un requisito, como una especie de aduana que se paga y "ya salimos de eso"; es decir, "ya fui a la Misa y ahora queda el resto del domingo para mí".

La palabra que debería llenar al domingo es: "comunión", estar en comunión con el Señor. Alégranos, claro, pero alegrarnos con Él y en Él, en todas las horas del día, en todo lo que hagamos, y especialmente, en la Eucaristía. Por eso también las lecturas del domingo tienen especial sustancia, especial contenido.

Hoy, por ejemplo, encontramos al profeta Isaías en el capítulo octavo, describiendo la sorpresiva, la inesperada y maravillosa visita de Dios a esa región que parecía estar ya en manos de los paganos, es decir, la zona norte de lo que llamamos Palestina, correspondiente a lo que es Galilea, la gente la llamaba "Galilea de los gentiles", como quien dice, "Galilea de los paganos; ya eso está perdido".

Dios tenía un pensamiento diferente: "Nada de que está perdido". De hecho, el ministerio de Jesucristo empieza en esa Galilea que parecía perdida, y allí las obras de amor del Señor, y allí su elocuente predicación, y allí su autoridad maravillosa, y allí sus exorcismos impresionantes demuestran que el poder de Dios se hace presente.

Y por eso Jesús, con palabras y con obras, está anunciando: "El Reino de Dios está cerca". Eso es lo que encontramos en el evangelio de hoy, capítulo cuarto de San Mateo.

Pero es tanta la abundancia de riqueza que debe tener el domingo, que además de esa avenida principal, que es el mensaje que encontramos los domingos en la relación entre la primera lectura y el evangelio, además de esa avenida principal, también hay como otra callesita, que es la segunda lectura.

Y ustedes y yo vamos a notar, en los domingos, casi siempre la primera lectura va con el evangelio, mientras que la segunda lectura abre como otro tema; en este caso, durante el comienzo del Año Litúrgico encontramos a la Carta a los Corintios.

Estamos en el Ciclo A de los domingos y es la Carta a los Corintios la que plantea ese segundo tema, en este caso, describiendo las dificultades que tuvo esta comunidad.

Y así, entre el tema principal y el tema secundario, nosotros podemos vivir nuestro domingo con intensidad, con alegría, fortaleciéndonos en la fe, para seguir peregrinando, para seguir caminando en el nombre del Señor hasta encontrarnos con Él.