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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20080127

Título: Conocer y contemplar el Corazon de Jesucristo para salir de nuestro egoismo

Original en audio: 17 min. 38 seg.


Podemos decir, hermanos muy queridos, que el mensaje de las lecturas de hoy es bastante sencillo: es un contraste entre la luz y las tinieblas, o mejor, entre la actitud que podemos tomar cuando vemos tanta oscuridad, y la actitud que podemos tomar cuando reconocemos y agradecemos la luz que hemos recibido.

Porque ahí está lo esencial: uno puede dar su atención al tamaño de los problemas, o puede darle atención a la oportunidad de las soluciones.

La persona que se enfoca en que hay muchos problemas y en que muchas cosas no funcionan, normalmente se va llenando de desaliento, de tristeza, de amargura; mientras que la persona que toma conciencia del regalo que ha recibido, usualmente crece en ese sentimiento de gozo y puede compartir a otros de lo mismo que él tiene.

O sea que esto es sencillo y no es sencillo, porque es más o menos sencillo distinguir la luz de la oscuridad, pero no es tan sencillo tener la actitud correcta cuando uno reconoce que hay muchas cosas que están como en tinieblas.

A ver si logro hacerme entender. A veces uno toma una actitud, podríamos decir de queja ante los problemas que se dan en el mundo: los problemas que tienen que ver con el medio ambiente, los problemas de la pobreza, la injusticia, luego los problemas de la política, luego las grandes cuestiones existenciales a las que parece que nunca se va a encontrar solución, como por ejemplo, cuál es el sentido de la vida, para qué estoy sobre esta tierra.

Uno puede sentir que hay demasiada oscuridad, ya sea en forma de ignorancia o ya sea en forma de malicia. Y eso puede llenarlo a uno de una sensación, como dije, de desaliento, de depresión, de tristeza.

Pero también es posible la otra perspectiva: en medio de esa misma oscuridad, pues también brilla más de una luz, y tú le puedes dar tu atención a la oscuridad que te rodea o a la luz que tienes dentro.

Es bien interesante cómo Jesús, en las circunstancias más desalentadoras de ese momento, lo que hace es tomar esa luz que Él tiene dentro y se concentra en el bien que Él puede hacer. Él no concentra su atención ni su discurso en la crueldad o la altanería de los romanos; Él no concentra su discurso en todas las carencias, enfermedades, pobrezas que por supuesto abundaban en su tiempo.

Su discurso tampoco está en las divisiones raciales, religiosas que tenía su propia gente. Porque no vayamos a imaginar que los hebreos estaban unidos en ese momento. Por lo pronto, los judíos y los samaritanos no se podían ver los unos a los otros.

Es decir, había demasiada oscuridad, pero lo que encontramos en Jesús es una persona que dedica su tiempo, sus fuerzas a propagar la luz que tiene. Y el resumen que está al final del evangelio de hoy es de lo más hermosos porque nos viene a describir lo que fue la vida de Cristo: enseñar, proclamar el Evangelio, curar enfermedades y dolencias.

Jesús es la persona que no está concentrada en el poder del mal, sino está concentrado, está atento a cuál es el bien que se puede hacer, o, mejor, "cuál es el bien que yo puedo hacer".

Yo me atrevo a relacionar esto con una sensación que tuve cuando llegué a Europa hace algo más de cuatro años. Por supuesto que hay un contraste muy grande entre la manera cómo se vive la fe en esta parte del mundo que a todos nosotros nos ha recibido, esta Irlanda, y la manera cómo se vive la fe, por ejemplo, en Suramérica.

Por supuesto que Colombia tiene muchísimos problemas de todo género, pero hay mucha vida en la expresión de la fe, en la participación en la Eucaristía, los grupos, los movimientos apostólicos, las actividades que se hacen.

En comparación con eso, cuando llegué a Europa yo me sentí llegando como a un invierno perpetuo, algo como lo que cuenta Lewis en su primera historia de "Las Crónicas de Narnia". Aquella bruja mala quería que el mundo estuviera siempre en invierno.

Entonces yo sentía en ese momento que Europa está espiritualmente como en un invierno, y no soy el primero que dice eso, un europeo ya lo dijo hace bastante tiempo. El teólogo jesuita Karl Rahner, dijo precisamente eso, dijo que la Iglesia en Europa estaba como en un largo, interminable invierno.

Lo malo de esa perspectiva es que uno se puede volver derrotista, y entonces uno empieza a criticar todo, y uno empieza a mirar únicamente como lo malo y a desgastar las propias fuerzas sin haberlas utilizado siquiera.

Yo creo que yo caí mucho en eso; no fue una actitud buena, no fue una actitud sabia. Yo sentía que en esta parte del mundo se cree poco en Dios, cada vez asiste menos la gente a la Misa, la fe nos les dice nada a los jóvenes, la Iglesia es irrelevante, las posturas que nosotros los cristianos sostenemos son la burla de unas personas y son el objetivo, podría decirse objetivo militar de otros que quieren acabar con cualquier rastro del Cristianismo.

Por supuesto, toda esa serie de pensamientos fue haciendo cada vez más sombría mi perspectiva sobre el tiempo que yo iba a estar aquí y sobre el futuro del Cristianismo.

Pero ese enfoque, aunque sean ciertos todos esos problemas, ese enfoque es injusto. Ese enfoque lo hace a uno supremamente miope a toda la bondad que hay en mucha gente, a toda la belleza que hay en muchos corazones, a toda la alegría que queda también en muchos, y sobre todo lo hace a uno muy poco capaz de apreciar la perseverancia con la que muchos siguen sosteniendo y siguen proclamando el señorío de Cristo, y también las nuevas iniciativas de evangelización que se hacen acá.

Entonces, por experiencia propia, yo les invito a que cada uno de nosotros se concentre un poco más en los bienes que ha recibido. Si hay mucho por resolver, si hay mucho por solucionar, pues el comienzo de las soluciones no está en lamentar más los problemas, sino está en tomar esa antorcha que cada uno ha recibido.

Yo te puedo asegurar que tú has recibido bendiciones que yo no tengo; Dios no se repite, Dios no es un artista de la clonación, Dios ama la originalidad, la particularidad de cada uno de nosotros. Tú has recibido tus propias bendiciones, y si puedes pronunciar el nombre de Dios, y si puedes invocarlo con fe y con esperanza, significa que ese Espíritu del Señor está obrando en ti.

Entonces mi primer mensaje es: toma esa luz, sigue el ejemplo de Jesús, que no se dedicó a fustigar y a criticar todo lo malo que había en su tiempo, que era muchísimo, sino que tomó lo que Él tenía y lo pusoa trabajar.

El mismo Jesús, en la famosa parábola de los talentos, también nos dice algo parecido. Tú recuerdas, el que tenía un solo talento decía: "Yo con esto ¿qué voy a hacer? No hay nada que hacer, enterrémoslo y esperemos a que regrese el dueño del dinero".

Pero lo que el dueño del dinero quería era que cada uno de sus siervos trabajara lo poco o lo mucho que había recibido.

Tú puedes decir: "Lo que pasa es que no tengo demasiada fe", pues digamos que tu fe es pequeña, seguramente la mía también lo es, pero eso no quiere decir que no puedas hacer nada con ella, ¿qué puedes hacer con ese poquito que has recibido? Y eso fue lo que jesús hizo: puso a trabajar esa luz que Él tenía por dentro. Ese es el primer punto.

El segundo punto es la importancia de la compasión, la importancia de una mirada de misericordia. Miremos esa frase, vuelvo a destacarla, del final del evangelio: "Jesús estaba curando enfermedades y dolencias" San Mateo 4,23. Esa es la expresión de una realidad que nosotros sabemos que es muy cierta, y es el Corazón compasivo de Cristo.

Cuando uno se siente desalentado, hay siempre un gran peligro que es el solipsismo, el individualismo, el concentrarse uno únicamente en sí mismo: "A ver cómo voy a conseguir el trabajo que quiero", "a ver cómo voy a hacer dinero para mí o para mi familia o para mis proyectos ", "a ver cómo voy a conseguir esa pareja fantástica que he soñado toda la vida, esa mujer, ese hombre que va a ser la compañía de mi existencia".

Y a veces uno se centra, uno se concentra de tal manera en las necesidades de uno y en lo que a uno le está faltando, que comete dos errores: primero,lo que ya dije, que uno está enfatizando demasiado la parte de la tiniebla y se olvida que uno también ha recibido mucha luz y bendición.

Y segundo, que en ese acto de encerrarse cada uno en sí mismo, se nos olvida que el amor que hemos recibido del Señor no es para que lo gastemos únicamente en nosotros; haz la prueba de gastar amos en otras personas; haz la prueba de dar más sonrisas de las que recibes, dar más atención de la que recibes; haz la prueba de entregar y no sólo de esperar recibir.

Decía un psicólogo: "Se gana más en una tarde, dándole atención a las personas, que en un mes esperando a que ellas nos pongan atención a nosotros". Y si tú te da cuenta, la gente a la que realmente queremos y la gente con la que queremos estar, no es tanto la gente que de pronto habla mucho o quiere imponer sus propias ideas, sino la gente que sabe acogernos y que sabe escucharnos.

Pues algo así es la idea aquí: que salgamos de ese individualismo, de ese egoísmo, de ese estar esperando todo el tiempo que los demás, no sé, den el paso, o que la vida le presente a uno las soluciones. Mientras llega la gran solución para mi vida, de pronto yo puedo ser parte de la solución para mucha gente.

Y también aquí Jesús es nuestro gan amigo y modelo. No pensemos que porque Jesús hizo estas curaciones, atendió y consoló a estas personas, no pensemos que por eso, ya Él les arregló toda la vida.

Esas personas, después de ser curadas de su parálisis, todavía tenían que solucionar el problema de la pobreza, del odio, el resentimiento, la invasión del Imperio Romano, las divisiones entre ellos; seguían teniendo muchos problemas, pero aunque Jesús no les resolvió todos, trajo ese principio: se arriesgó a ser parte de la solución.

Yo no creo que yo sea "la" solución de nadie; pero de pronto, una palabra mía, de pronto un abrazo que yo dé, de pronto un detalle que tenga, de pronto hacer el favor preciso en el momento preciso, le trae la luz suficiente a otra persona para que ella también se arriesgue a compartir con otros.

Es lo que se llama "el contagio del bien". Nos fijamos demasiado en el contagio del mal, que nos afecta incluso por Internet, la cantidad de virus y problemas que hay en Internet; pero existe también un contagio del bien, también nosotros podemos arriesgarnos a sacar de esa bondad.

Si cada uno está simplemente esperando a que el resto dé un primer paso, pues no lo va a conseguir nadie. Necesitamos esa mirada de compasión, de misericordia, esa mirada que caracterizó a Jesús, y es una de las cosas que yo más le admiro a Él.

Recordemos que cuando Él mismo estaba allá en la Cruz, Él, muriéndose, en medio de una tortura espantosa, todavía tuvo ojos y todavía tuvo corazón para ver al otro que estaba crucificado con Él, y para darle amor y para darle esperanza y para decirle: "Hoy estarás conmigo en el paraíso" San Lucas 23,43.

Ese es Jesús. Jesús es el que no se queda concentrado en sí mismo, Jesús es el que tiene una mirada de compasión, una mirada de misericordia.

Por supuesto, es difícil tener esta mirada cuando lo que uno muchas veces experimenta es dureza, indiferencia y que la gente es vengativa y que si no les das nunca se dan y, bueno, toda esa frialdad que hay en muchas relaciones humanas.

Pero precisamente por eso necesitamos de Jesús, para sentir que de su Corazón fluye esa misericordia que no merecemos pero que sí necesitamos.

Yo personalmente he encontrado, en el Corazón de Jesucristo, una abundancia de misericordia que a mí me ha hecho mucho bien. Si algo bueno alguno de ustedes puede recibir de mí como sacerdote, tenga la certeza que eso ha nacido en el Corazón de Jesucristo.

Es Él quien realmente nos da primero, como dice la Primera Carta de Juan: "El amor consiste en que Él nos amó primero" 1 Juan 4,10.

Entonces, por supuesto que sin recibirle a Él, las reservas de misericordia que tenemos se nos agotan muy rápido. Muy rápidamente se nos acaban las reservas de compasión y muy rápidamente volvemos a nuestra acostumbrada impaciencia y dureza.

Pero si nos apegamos a Él, si seguimos contemplando y conociendo ese Corazón de Cristo y recibiéndolo, entonces estoy seguro que nunca habrá escasez de esa misma compasión en nosotros.

El Evangelio no es complicado, el Evangelio consiste en esta clase de cosas sencillas que tienen, sin embargo, un poder extraordinario para sostenernos y para salvar vidas.

Cada vez que escucho de la muerte de una persona joven, especialmente cuando se trata de desesperación, depresión, suicidio, pienso que todos nosotros tenemos un deber muy grande y muy hermoso, también, de propagar el Evangelio así, de un modo sencillo, para que no sucedan más esas muertes, para que nadie se vaya a caer, para que haya siempre una red que pueda sostener a todos y así, juntos, podamos expresar mejor la gloria del Padre de los Cielos.

Sigamos esta celebración convencidos del amor de Cristo, convencidos del poder del Evangelio y convencidos de que esa luz que tenemos, aunque sea muy pequeña, no tiene por qué apagarse y sí tiene por qué crecer.