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Fecha: 19960121

Título: Jesus inunda de luz nuestra vida

Original en audio: 9 min. 32 seg.


La poesía del profeta Isaías hoy está al servicio de la alegría, del júbilo.

Qué mensaje tan gozoso, qué comparaciones tan cercanas, tan vivas, tan elocuentes. "Así como cuando se recoge la cosecha, así como cuando se reparte el botín, así el pueblo se alegra, el pueblo siente júbilo" Isaías 9,3.

¿Por qué? "Porque Dios ha quebrantado la vara opresora, porque Dios ha roto el bastón del enemigo, porque se acabó la opresión, porque somos libres" Isaías 9,4. Y esta alegría y este gozo los compara Isaías con esta cosecha que se recoge.

Lo compara también con una luz abundante, que llega precisamente a la tierra de la sombras, una luz que derrota las tinieblas, una luz que vence precisamente allá en medio de la negrura de la noche, esta poesía de Isaías, este lenguaje elocuente, san Mateo lo aplica a la obra de Nuestro Señor Jesucristo.

Jesús llega a nuestras vidas a quebrar todo lo que sea opresión en nosotros, a traer una libertad incontenible, a traer un júbilo que sólo tiene comparación en el júbilo de la victoria o en júbilo de la cosecha.

Son las obras de Cristo tales, que la persona que las recibe siente que se inunda de luz, siente que era como sombras de muerte, pero que se inunda de luz, se llena de luz.

A nosotros estas palabras de Isaías y de San Mateo nos invitan a valorar lo que hemos recibido de Jesucristo, pero también a saber que podemos esperar más de Jesucristo. ¿Hemos sentido ya que toda opresión se ha quebrado? ¿Hemos sentido ya el grito de la victoria? ¿Hemos sentido ya el júbilo de la cosecha? ¿Hemos sentido ya que nos inundamos de luz?

Estas expresiones son para nosotros, estas expresiones no son para las piedras o para las plantas, por más tiernas o bellas que sean las plantas, por simpáticos que nos parezcan los animales, jamás podrán recibir esto.

No son para las estrellas ni para el polvo de la tierra, no son para los ríos ni para los pájaros, estas palabras son para nosotros y para que nosotros experimentemos el júbilo de la buena noticia, el júbilo del Evangelio.

Dice aquí: "Se retiró Jesús a Galilea se estableció en Cafarnaúm junto en el lago y empezó a llenarlo todo de luz" San Mateo 4,16. ¡Qué felicidad para Cafarnaúm!

Y, sin embargo, hubo una vez en que Jesús recriminó a Cafarnaúm su incredulidad, ya que Cafarnaúm no aceptó a Jesucristo, Jesucristo cambió de estrategia, empezó a peregrinar por diversos sitios y finalmente llegó a Jerusalén, a la cruz y a la muerte, al sepulcro y a la gloria.

Pues ya que Cafarnaúm no le dio posada, ya que Cafarnaúm no supo apreciar el don que tenía, pues nosotros le podamos dar posada a Jesucristo, y yo les confieso que duré muchos años pensando que Jesús siempre había sido un peregrino.

Es decir que Jesús siempre había sido un itinerante, yo había pensado mucho tiempo que Jesús desde que salió de la casa de la mamá, de ahí en adelante ya nunca paraba, y eso no es cierto, Jesús tuvo casa y tuvo casa por un buen tiempo, algunos dicen que fue algo más de un año.

Jesús se estableció, ¿en dónde? En Cafarnaúm, Cafarnaúm queda al norte de Palestina, en la región de Galilea que era la región más lastimada, más empobrecida en la fe, tanto, que se la llamaba así “La Galilea de los gentiles”, como diciendo, "eso ya es prácticamente pagano, eso ya se perdió la fe allá".

En medio de esa oscuridad de la fe judía, este judío que es Jesucristo, predica el cumplimiento de las promesas al pueblo judío. Pues bien, Cafarnaúm no supo aprovechar eso, ni supo valorarlo ni supo gozarse.

Nosotros le podemos abrir una casa a Jesucristo, le podemos decir: “Ya que aprendí que tú no eres solamente un itinerante, sino más bien tú eres un peregrino”. El itinerante es como el nómada no tiene casa, su destino es andar y andar, el peregrino es el que anda buscando casa, Jesús buscó casa en Cafarnaúm, Jesús busca también casa en nosotros.

Digámosle nosotros eso, digámosle: “Jesús, quiero que hagas casa en mí, yo trataré de valorar, con tu ayuda, con tu Espíritu, yo quiero valorar tus obras; pero quiero experimentar esto, quiero llenarme de este júbilo, quiero sentir lo que es la libertad de toda opresión.”

¿Cuáles serán esas opresiones para nosotros? Las opresiones del pecado, las opresiones de los complejos, de los resentimientos, de las envidias, de las frustraciones, ¿te imaginas lo que es una vida sin nada de eso? Una persona cero complejos.

Había una propaganda de una crema dental en que salía un muchacho radiante de alegría, salía del odontólogo y decía: "Cero caries, victoria total", qué tal un cristiano que sienta eso, cero complejos, cero resentimientos, no más ofensas a Dios, paz, y una vida inmaculada.

Eso es lo que Cristo ha traído a mi vida, una persona así estalla de júbilo, estalla de alegría, tiene eso que encontramos en la vida de los santos, uno lee que Santo Domingo andaba siempre con el rostro alborozado.

Hay gente que cree que eso significa que no se afeitaba, el rostro alborozado es un rostro gozoso, un rostro feliz, un rostro lleno de alborozo, de alegría, es una explicación de la alegría de los santos, tienen a Jesús dentro, Jesús impera en sus almas, cero complejos, cero pecados, cero resentimientos, es la victoria, es una vida en victoria,

Los amigos de la comunidad en una época tenían ese saludo y le decían: "-¿Cómo estás?" "-En victoria", "-y ¿qué mas?" "-En victoria"; una respuesta espectacular. "-¿Cómo así que en victoria?" Y ahí empezaba a evangelizar la persona. “-Claro, estoy en victoria porque Jesús reina en mí”.

Entonces un cristiano es el que puede responder como los de la comunidad… "-¿En qué vas?" "-En victoria, y de una victoria a otra victoria". Y "voy en júbilo" significa que no hay dolor?

Mire, Jesús empezó a predicar cuando Juan Bautista fue encarcelado, o sea que el dolor de Juan Bautista está antes de Cristo y el dolor de la Cruz está al frente de Cristo, Cristo tiene dos dolores, uno atrás y otro adelante, pero eso no quita que el Evangelio sea Evangelio.

Entonces esa es la vida para la que hemos sido llamados, una vida en victoria, en gozo, en júbilo, "una vida abundante" San Juan 10,10, como dijo Jesús en el evangelio de Juan.