Ao02004a

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Fecha: 20080120

Título: Una actitud humilde y abierta permite reconocer a Cristo y valorar nuestra propia existencia

Original en audio: 10min. 51seg.


Las lecturas de este domingo, mis hermanos, vienen siendo como un eco, una prolongación de la fiesta del Bautismo del Señor que tuvimos la semana pasada.

Y yo quisiera destacar un par de frases en los textos que hemos escuchado. Primero, lo que dice Juan con respecto a Jesús: "Yo no lo conocía" (véase San Juan 1,31;1,33). Y en segundo lugar, esa frase que está en el texto de Isaías: "El Señor me dijo: "Tú eres mi servidor". Pero, yo dije: "En vano me fatigué; para nada he gastado mi fuerza"." (véase Isaías 49,3-4).

Yo creo, mis hermanos, que nos cuesta trabajo pensar en Jesús como una persona que uno no reconocería. En efecto, lo que nos está diciendo Juan, es que Jesús se confundía en la multitud. O dicho de otro modo: uno podría pasar al lado de Jesús sin reconocerlo. Su apariencia no lo denuncia, su apariencia es sencilla: podría pasar por uno de tantos.

Juan necesitó un signo especial, que en ese caso fue el signo de la paloma, para poder reconocer a Jesús. Porque, Jesús parecía uno de tantos.

Esto mismo nos dice la Carta a los Filipenses en el capítulo dos. Dice que, "Jesús, actuando como un hombre cualquiera, pasó por uno de tantos, y así se sometió a la muerte" (véase Carta a los Filipenses 2,7-8).

Y yo quiero destacar este punto, porque a veces uno no encuentra a Jesús: "¿Dónde está Jesús? ¿Dónde está Dios en la vida mía?" A veces nos parece que nuestras angustias, nuestras preguntas, nuestros problemas están muy lejos de Dios, o Dios está muy lejos de ellos. ¡No encontramos a Dios!

A veces quisiéramos, como una vez "pidieron los fariseos, que Jesús nos regalara un signo bien grande en el cielo" (véase San Marcos 8,11), algo que fuera inconfundible, o como decía una amiga mía, un letrero grande de neón que dijera: "Aquí estoy; deseo ésto de tu vida", o cualquier otra cosa semejante.

Aparentemente, Dios es demasiado discreto. Aparentemente, Jesús sabe mimetizarse, sabe esconderse muy bien, y podemos pasar al lado de Él sin reconocerlo. Yo creo que ésto es importante, porque nos hace reflexionar que tal vez Jesús ya se ha atravesado en nuestra vida, tal vez Dios ya nos ha hablado muchas veces y nosotros seguimos pidiéndole que nos hable.

Quizás Él nos ha saludado, nos ha sonreído, ha querido conversar con nosotros, mas lo hemos despreciado porque nos ha parecido demasiado ordinario. De pronto creemos que ya lo conocemos, de pronto creemos que ya hemos aprendido todo lo que se puede aprender de religión.