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Fecha: 19970407

Título: La luz y la gracia, la creacion y Maria

Original en audio: 8 min. 44 seg.


Nosotros leemos al principio del Génesis que la primera palabra que dice el Génesis es que, "haya luz" Génesis 1,3. Y hay una pregunta que uno puede hacerse.

¿Por qué si al principio se dice que "haya luz” Génesis 1,3. Luego, unos días después, se cuenta que fueron creadas por Dios el sol y la luna y las estrellas? Ahí hay como una aparente contradicción que en algunas personas les ha suscitado preguntas.

Leemos, según la versión de Dios Habla Hoy: "En el comienzo de todo Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma, todo era un mar profundo cubierto de oscuridad y el Espíritu de Dios se movía sobre el agua. Entonces dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz. Es Génesis, capítulo tercero, versículo primero.

"Al ver Dios que la luz era buena la separó de la oscuridad, y la llamó día, y a la oscuridad la llamó noche" Génesis 1,4. De este modo se completó el primer Día. Después dijo Dios: “Que haya una bóveda que separa las aguas para que estas queden separadas" Génesis 1,6.

En el versículo nueve dijo Dios: "Que el agua que está debajo del cielo se junte en un solo lugar para que aparezca lo seco"; y sólo en el versículo quince leemos: "Que haya luces en la bóveda celeste que alumbren la tierra y separen del día de la noche y que sirvan también para contar los días, los años y las fechas especiales."

"Y así fue. Dios hizo las dos luces, la grande para alumbrar de día y la pequeña para alumbrar de noche, de este modo se completó el cuarto día". De manera, ¿qué diferencia hay entre que haya luz, que es como la palabra inicial de hoy y las luces? Una cosa es la luz que señala y que marca toda la obra creadora y otra cosa son las luminarias o lumbreras, como traduce la Biblia de Jerusalén.

¿Por qué comento esto y por qué lo comento en relación con la Santísima Virgen María? Porque el sentido de esta palabra original “que haya luz” Génesis 1,3, no es que Dios encendió una luz; encendió las luces después, en el cuarto día, cuando el sol y la luna y las estrellas.

Esa luz original, esa luz primera es la primera victoria de Dios. Esa luz marca todo lo que Dios hace, esa luz lo que indica es que la creación misma de Dios es luz, y esa luz indica que en todo lo creado hay luz, que en todo lo creado hay una huella de ese acto creador inicial con que Dios hizo todas las cosas.

Hay, por decirlo así, una especie de luz original, una luz original de Dios y esa luz original de Dios que marca todas las cosas ha dejado con un sello a toda la creación.

Dios volvió a crear todas las cosas con María y en María. Jesucristo es el nuevo comienzo del universo, es el universo restaurado, pero Dios que hizo todas las cosas por su solo acto creador, para redimirlas quiso redimirlas con María. Ella está entonces en la frontera entre el universo creado y el universo restaurado.

El universo creado lo hizo Dios, el universo recreado, el universo recreado, el universo restaurado lo hizo Dios con el consentimiento, con el amor y con es sí de María. Ahora bien, cuando Dios le va a anunciar a la Santísima Virgen este nuevo comienzo, la palabra que le dice la conocemos por la Sagrada Escritura: "Xaire, Kejaritomene", alégrate, literalmente, Llena de Gracia, predilecta, agraciada, favorecida muy amada.

Cualquier palabra que tomemos para producir es muy hermosa si la comparamos con la creación porque así como Dios Dijo al principio en la creación: “haya luz” Génesis 1,3, así, al iniciar la restauración de todas las cosas con María y en María, lo que dice es: “Haya gracia.”

Y así como nuestro conocimiento de las realidades creadas, de todo lo creado nos lleva a la luz, así también el conocimiento de todas las realidades redimidas nos lleva a la gracia.

De manera que aquello que era la luz, que fundamentalmente será la luz de la razón en la creación, eso es el esplendor de la gracia en la redención. Si nos sumergimos en las entrañas de la materia, finalmente lo que encontramos son, llamémoslas, leyes, leyes maravillosas, principios en los que destella una inteligencia poderosísima, la inteligencia de Dios.

Si nos sumergimos en la redención, lo que encontramos es una luz mucho más fuerte, excelente, excelsa que es la luz de la gracia. Dios dijo al principio: "Haya luz" Génesis 1,3, y en el nuevo principio que sucede con María y en María dice: “Haya gracia.”

Y eso es lo que nos encontramos precisamente en Ella. Ella, toda Ella es un regalo, toda Ella es un don, es un don de Dios para el universo. Pero la palabra don o regalo de Dios para el universo es muy pobre y por eso resulta que no hay ninguna palabra para hablar bien de María.

Por que si nosotros decimos que María es un don para todos nosotros o es un don para el universo, estaríamos diciendo como que el universo quedó, y Ella llegó a ese universo, y no es así. La llegada de Ella, el sí de Ella, el amor de Ella, la fe de Ella hicieron un universo nuevo.

Entonces nosotros no podemos decir exactamente que María es un regalo para el universo, sino que en cierto modo el universo se convirtió en regalo con María.

El universo que se había alejado de Dios, que se había enajenado, que había huido de su vocación inicial, que era ser luz; el universo que había huido de la luz, con María retorna a la luz, ya no a la luz de la razón sino a la luz excelente, a la luz preciosa de la gracia divina.

Entonces, sí, María es un regalo para cada uno de nosotros, sí. Encontrar a María ,pronunciar su bendito nombre, saber algo de su amor, asomarnos en algún sentido a su pureza, a su misericordia, a su fidelidad, ese es un regalo muy grande para uno. Pero no es tanto que Ella sea un regalo para uno sino que, acercándome a Ella, yo mismo me convierto en un regalo para Dios.

Ella es, por decirlo así, una gracia eficaz que no sólo es gracia sino que hace agradables, hace gratas, hace graciosas, hace agradecidas las realidades, las personas, los corazones que toca.

Entonces yo no puedo decir que Ella es un regalo para mí, o sí lo puedo decir, pero eso no es suficiente; sino que su llegada a mi vida me introduce en una realidad nueva, en ese universo nuevo querido por Dios, y en ese mismo universo querido por Dios, yo mismo me convierto en un regalo.

María, entonces, no sólo es agraciada sino que es grata; no sólo es grata y agradecida, sino que es gratificante en el sentido activo de la palabra. No simplemente que causa agrado.