Amor Humano y Amor Divino, 1 de 3

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Amor humano y amor divino, ese es el título que vamos a tener: amor humano y amor divino. Y vamos a hablar de pareja y vamos a hablar de familia desde ese ángulo: amor humano y amor divino.

¿Cómo se relacionan? ¿Cómo los podemos conectar? Para ir paso a paso, empecemos por descubrir la importancia que tiene el amor en nuestra vida. El amor es un motor, la vida humana necesita de ese motor, el motor pone en movimiento al carro, el motor pone en movimiento la vida, cuando se acaban las razones para amar, se acaban los matrimonios; cuando se acaban los motivos de amor, se acaba el sentido de la vida; el amor es absolutamente esencial dentro de la vida humana, absolutamente esencial.

Dios le dijo a una gran santa de nuestra Iglesia Católica, Santa Catalina de Siena, Dios le dijo: “Como los pies llevan el cuerpo, así el amor lleva la vida, lleva el alma”. El amor es el que nos va guiando, a veces creemos que quien guía es la razón; pero eso no es tan cierto, porque muchas veces lo que hace la razón es justificar lo que va disponiendo el amor; por eso, allí donde hay un amor muy grande casi no se necesitan razones.

Hay que preguntarle a un muchacho que esté bien enamorado si necesita muchos argumentos para visitar a la novia: "-¿Quieres ir a ver a tu enamorada?" "-Ya, de una vez". No hay que dar muchas razones. Entonces el amor tiene este carácter de motor, y si el motor está dañado tenemos problemas, y el motor es lo que se ha dañado en muchas vidas, y el motor es el que se ha dañado en muchas parejas, y el motor es el que se ha dañado, a veces, en nuestra sociedad. Por eso nos interesa el amor, porque el amor es el motor, ese es el primer punto en esta noche.

Segundo punto, el amor tiene muchas expresiones y se puede utilizar de muchas maneras; es decir, hay muchas clases de amor, y por eso, uno de los ejercicios que necesitamos, es conocer esas clases de amor y sobre todo, descubrir cuál es el amor que construye y que levanta para distinguirlo de otros amores, que aunque tienen ese nombre, lo que hacen es destruir y matar. Entonces necesitamos conocer esas clases de amor.

Un gran santo de nuestra Iglesia, Santo Tomas de Aquino, relaciona el amor con el apetito, ¿apetito qué es? El tener deseo de algo. El amor tiene el carácter de un apetito, es decir, supone un deseo y por eso mismo nos pone en movimiento, como ya dijimos.

Pero hay distintas maneras de apetecer, hay distintos apetitos, porque tenemos distintas necesidades y tenemos distintos gustos, y de acuerdo con las necesidades y los gustos, están los apetitos; y de acuerdo con los apetitos están los amores, por eso es muy importante que nosotros distingamos entre esos apetitos, y es aquí donde cumple su primera función verdadera la sabiduría, la sabiduría es la que pone un orden en los apetitos.

Por ejemplo, cuando termina el día estamos cansados y tenemos deseo de descansar, podemos llamar a eso apetito de cama, apetito de descansar; pero si yo me quedo en el apetito de descansar y quiero descansar por la mañana y por la tarde y dormir la noche completa, entonces ese apetito excesivo va a destruirme, no es que esté malo el deseo de descansar, es el exceso en ese apetito lo que me destruye.

Lo mismo podemos decir de otros apetitos: existe el deseo de ser felices, de disfrutar con los amigos, pero si yo únicamente quiero pasarla feliz disfrutando con los amigos y no quiero hacer nada más en la vida, ese deseo termina destruyendo el bien de mi vida.

Dios mismo ha puesto en nuestros cuerpos y corazones un apetito que lleva al hombre hacia la mujer, que lleva la mujer hacia el hombre, -no entremos en otro momento en otras consideraciones que usualmente se deben a la historia de las personas, mencionemos únicamente ese caso general-, y ese apetito es bueno porque sin ese apetito ninguno de nosotros estaría aquí.

Gracias a que existe ese apetito, gracias a que existe ese deseo, vamos a decirlo de un modo un poco más fuerte: gracias a que a mi mamá le gustaba mi papá y gracias a que a mi papá le gustaba mi mamá, estoy yo aquí; si no se hubieran gustado, no hubiera sucedidos eso. Pero si ese apetito, que es atracción y que es deseo sexual, si ese apetito se vuelve el único apetito dentro de la vida, entonces puede llevara al adulterio, a la promiscuidad y a otra cantidad de daños.

Entonces el primer punto era: el amor es un motor; el segundo punto es: el amor lo inscribe Santo Tomas dentro del apetito, pero el apetito requiere de una medida, y la vida sabia es la vida que sabe darle la medida a los apetitos. Por eso, una vida verdaderamente sabia, es aquella que responde a los distintos apetitos de acuerdo con las distintas circunstancias, los estados de vida, los deberes y derechos, las necesidades de la comunidad y otras consideraciones.

Es propio de la virtud de la prudencia encontrarle el lugar a los distintos apetitos, a veces un apetito puede ser perfectamente válido y, sin embargo, tiene que ser pospuesto, voy a decir un ejemplo muy sencillo. Estamos paseando en un bote, en un barco y resulta que el paseo está muy bueno pero llevamos muchas horas paseando y paseando y paseando ¡y tengo un hambre terrible! Son las cuatro de la tarde, no hemos almorzado, tengo mucha hambre.

Mi apetito en ese momento es apetito de alimento, pero sucede un accidente, el barco se mece y se vuelca, en ese momento, si yo, que acabo de caer al agua, digo: “Tengo hambre”, el hambre no es el apetito que me va a servir en ese momento; aunque es lógico y lícito tener hambre, lo correcto es que el apetito de vivir, el deseo de vivir es el que tiene que tomar prelación en ese momento.

Por eso, hay una hermosa complementariedad entre la dimensión de la voluntad y la dimensión de la inteligencia, porque lo propio de la voluntad es el apetito y lo propio de la inteligencia es la sabiduría y la prudencia. El ideal cristiano no es que una persona carezca de apetitos, el budismo sí quiere que nosotros acabemos con nuestros apetitos.

La enseñanza del budismo es muy fácil de resumir. Lo que quiere el budismo es lo siguiente, así enseñó Gautama Buda: como el principio del sufrimiento está en el deseo, quitemos el deseo y se acaba el sufrimiento, esa es la enseñanza del budismo; como la gente sufre porque tiene hambre, pues quitémosle el hambre. Pero uno piensa "quitémosle el hambre" significa démosle alimento, no, "quitémosle el hambre" significa que aprenda a no tener hambre.

El budismo es la supresión del deseo, es la supresión del apetito, pero el cristianismo no es eso, el cristianismo es el sabio gobierno de los apetitos, como el que dirige una orquesta, como el que dirige una República, el verdadero cultivo de la vida cristiana, la vida recta y buena es aquella en la cual la persona tiene deseos, tiene apetitos, pero tiene la prudencia para gobernar esos apetitos.

¿Y cuáles son esos apetitos? Pues hay muchas clasificaciones. Hay un señor Maslow que hizo una clasificación de las necesidades humanas, eso lo dejamos para los antropólogos, los psicólogos y los filósofos; por ahora lo que nos interesa es: hay distintos apetitos, en general los apetitos son lícitos, pero tienen que estar bajo el gobierno de la prudencia, hasta ahí vamos.

El amor es un motor, punto número uno; el amor se expresa en forma o tiene su primera raíz en los apetitos o deseos, punto número dos; y esos deseos o apetitos, que pertenecen a la dimensión de la voluntad, deben ser educados dentro de la prudencia, y ese es el punto número tres.

Entonces una vida cristiana feliz, ¿cómo es? Es una vida en la cual hay una luz, la luz de la prudencia, y con esa luz de la prudencia la persona sabe gobernar los distintos apetitos, entonces sabe gobernar el apetito del conocimiento, el apetito del descanso, el apetito del placer; todos sus apetitos, todos sus deseos son gobernados de acuerdo con la prudencia.

Pero aquí viene el siguiente punto, que será entonces el punto número cuatro. Bien, ya sabemos que hay un director de orquesta o una directora de orquesta que se llama la señora prudencia, lo propio de la prudencia es el recto orden, eso es lo propio de la prudencia, pero ¿cómo encontrar cuál es el recto orden? ¿Cómo encontrar qué es lo mejor? ¿Cómo encontrar cuáles son los criterios para organizar nuestros deseos, nuestros apetitos? ¿Cómo organizar esa orquesta de todo lo que tenemos y podemos llegar a ser?

Entonces aquí llegamos a un punto muy importante, es aquí donde entran los Mandamientos de la Ley de Dios, porque los Mandamientos de la Ley de Dios son las señales para el amor, los Mandamientos de la Ley de Dios son exactamente la señales para que sepamos cómo podemos enseñarle a esa profesora, a esa directora llamada prudencia, el modo de dirigir la orquesta.

Entonces los santos Mandamientos lo que hacen es contarnos cómo tenemos que darle un orden, es lo que se llama las prioridades, si una persona se cae de un barco y a duras penas puede nadar, y casi ahogándose, dice: “Tengo hambre”, pues nos parece ridículo lo que está diciendo. "¡De por Dios, primero sal a la orilla! ¡Ya después de que te hayas salvado y que no te hayas ahogado, vamos a ver si podemos darte algo de comida!"

Pero que está pensando ése?: "¡Tráiganme una hamburguesa!" ¡No! Hay un orden, el orden en nuestra vida eso que le da una dirección a la orquesta, eso es lo que encontramos en los santos Mandamientos; y por eso, cuando vamos a hablar de amor humano y de amor divino, yo quiero decirte algo: yo quiero que tú ames los Mandamientos, que los ames.

Cuando tú llegas a una ciudad nueva, qué agradable es que te presenten un mapa, o qué agradable es que tu GPS tenga ese mapa ahí, “¡ah, ya me puedo mover en esta ciudad!” Tú has llegado a la tierra de los vivos, tú has llegado a esta vida y necesitas un mapa; si alguien te da un mapa de la ciudad que no conoces, tú le dices: “Gracias”. Dios te ha dado un mapa, ese mapa son los Mandamientos.

Entonces no tenemos que mirar los Mandamientos como una carga, tenemos que mirar los Mandamientos como una condición de libertad y de alegría, como una condición de felicidad y de esperanza, como un regalo de amor.

Por favor, tal vez la fórmula con la que se suelen dar los Mandamientos nos confunde un poco, porque muchos mandamientos aparecen con la palabra "no", ¿pero sabes una cosa? Lo mismo sucede en el tráfico: cuando tu vas por el tráfico, ¿qué te encuentras? Una cantidad de círculos con una línea roja, y todos sabemos lo que significa ese círculo con la línea roja atravesada, significa “no”.

Vamos a traducir eso. Supongamos que yo llego de otro país, por ejemplo, yo llego de Inglaterra, donde la gente no conduce por el lado derecho sino que conduce por el lado izquierdo de la calle, o de la calzada, o de la carretera. Si yo llego a esta ciudad y aquí no se maneja como se maneja en Inglaterra, empiezo a encontrarme una cantidad de "noes".

Por ejemplo, si yo llego de Inglaterra y empiezo a conducir por el lado izquierdo, veo una flecha grandota, grandota que me está diciendo: "No sea bruto, no se meta por ahí", eso es lo que me está diciendo el "no"; y luego veo otra "E" que está tachada y eso significa no estacione, y luego veo otro que me muestra una flecha hacia la izquierda pero esta tachada, ¿qué quiere decir? No gire a la izquierda.

Y yo no he visto que la gente cuando maneja por las calles llegue a la casa deprimida: "-¿Por qué llegas triste?" "-Todas las señales me dicen que no". Tú no llegas triste a tu casa, y resulta que las señales te han dicho: "No gire", "o estacione", "no se meta por aquí", "no", "no", "no" y "no"; y tú no llegas triste, porque tú entiendes que esas señales son las que te permiten a ti moverte con libertad y con seguridad, y tú llegas seguro y llegas feliz a tu casa.

Yo quiero que tú entiendas que esos son los Mandamientos de Dios, son esas esas señales y, por favor, escúchenme todos y sobre todo los jóvenes: yo no quiero sencillamente que ustedes digan: “Voy a obedecer los mandamientos”, yo quiero que los jóvenes y los niños digan: “yo amo los Mandamientos de Dios, los amo” porque son mi mapa, porque son mi ruta, porque son las instrucciones para que la señora prudencia dirija la orquesta de mis apetitos, y si la señora prudencia dirige la orquesta, entonces cada cosa va encontrando su lugar".

Porque si yo me dedico únicamente a descansar, -hay gente que nació cansada, parece que el proceso de parto fue extenuante, requieren treinta años de descanso, un parto muy fuerte-. Hay gente que sólo quiere disfrutar; otros, en cambio, se obsesionan en sus libros: "Quiero estudiar, estudiar, estudiar", eso le paso, por ejemplo, a uno que se llamaba Don Quijote: empezó a leer, leer, y a leer y pasaba las noches leyendo, y durante el día seguía leyendo, y decía el libro de Don Quijote: “Las muchas letras le secaron el seso”, ese es un apetito también.

Hay jóvenes que sólo quieren jugar y jugar, se les reconoce porque van en la calle y se les mueve solo el dedo. Otros jóvenes sólo quieren chatear y chatear y chatear. Son apetitos que se salen de su cauce. Tú necesitas la señora prudencia, tú necesitas la directora de orquesta que diga, antes de que te lo diga tu mamá, te lo diga tu papá, te lo diga el cura, te lo diga el policía o te lo diga el juez, tú necesitas que la prudencia te diga: “Oye esto no conviene, no lo hagas”.

Pero la prudencia hay que formarla, y ahí entran los Mandamientos. Tú fuiste donde el médico y el médico te dice, ¿qué te dice el médico? Seamos sinceros, ¿qué dicen los médicos? Sobre todo en estas edades a las que uno va llegando, ¿que empiezan a decirnos los médicos? “No”, ¿no qué?: "No coma esto, no haga esto", por eso uno le empieza a tener miedo al médico, porque cada visita al médico le va quitando otra cosa.

Va uno al médico: "Mire, no vuelva a comer eso". "-Bueno, doctor"-. Dos meses después: "-Mire, ni esto ni esto". "-Bueno, doctor". Siguiente visita: "Ni esto, ni esto, ni esto, ni esto". Siguiente visita: "Mire, sólo puede hacer esto, todo lo demás está prohibido".

Los médicos nos dicen que "no" en una cantidad de cosas: "No puede comer esto, no puede beber esto, no puede hacer esto", y nosotros no nos disgustamos con el médico, yo no veo que una persona vaya al médico y el médico le dice: "-No haga esto, np haga esto, no haga esto". "-¿Cual es su problema, doctor? ¿Cuál es su problema conmigo? ¿Quiere que le rompa la cara, doctor?" No, la gente no se pone brava con el doctor, tú te vuelves agradecido con el doctor y tú le dices al doctor: “Gracias”; después de que te ha prohibido lo bueno, delicioso, apetitoso, tú le dices: “Gracias, doctor” ¡y le pagas! ¡Y encima le pagas!

Hay que recibir los Mandamientos de la Ley de Dios de esa manera. Los Mandamientos de la Ley de Dios son como la receta del médico. Cuando Dios dice: "No envidies", "no mientas", "no mates", "no forniques", "no y no y no", mucha gente dice: “¡Ay ,tantas prohibiciones, la Iglesia obsesiva con las prohibiciones!" Y resulta que uno ve quiénes dicen eso y quiénes critican a la Iglesia, y esas personas viven un régimen de muchas prohibiciones.

Porque en primer lugar, para mantener esos cuerpos esculturales toca un esfuerzo muy grande, tienen que abstenerse de muchas comidas y tienen que hacer mucho ejercicio. Esa gente, la gente que cuida tanto, tanto, tanto su cuerpo, que tienen que hacer mucho entrenamiento, mucho gimnasio y muchas comidas de las que tienen que abstenerse y toman unas cosas intomables, porque hay unas recetas que yo no las entiendo, hacen un potaje, una cosa ahí, y ahora eso: "Va para dentro", y la gente se somete a todo eso, ¿por qué? Porque le gusta sentirse bella, fuerte, agradable, atractiva.

Entonces, nuestro cuarto punto es: cómo formarse en la prudencia, esos son los santos Mandamientos. Quinto punto: nuestro quinto punto es muy sencillo. Una vez le pidieron a Jesús que resumiera los Mandamientos, "¿cuál es el mandamiento más importante?" San Mateo 26,36, y Jesús dijo: "Amar a Dios" San Mateo 26,37; es decir, la lámpara que ilumina toda la casa es el amor de Dios y el amor a Dios.

Mencioné primero el amor de Dios porque la Primera Carta de Juan dice: "Él nos amó primero" 1 Juan 4,19. Entonces, de acuerdo con los santos Mandamientos, lo primero que ilumina la casa es: "Voy a amar a Dios sobre todas las cosas, con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, con todo mi ser". Y el segundo mandamiento es amar al prójimo como a sí mismo.

"Estos mandamientos resumen la Ley y los Profetas" San Mateo 22,40, nos dice Jesús. No es casualidad que los dos mandamientos lo que nos están pidiendo es amar. O sea que el gran deber nuestro es amar, "ah, pues eso está maravilloso", esa es la frase que dijo San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, sí, pero hay un orden y el orden es: primero el amor de Dios.

Si Dios es el primer amado y es el gran amado en tu vida, los demás amores van encontrando su sitio, acuérdate que esta serie se llama "Amor humano y amor Divino". Entonces, el amor es el centro de los Mandamientos; pero para que ese amor encuentre su sitio tiene un orden y ese orden es: primero el amor a Dios, y el amor a Dios es el que le da un orden a los demás amores, y el amor a Dios es el que le enseña a la señora llamada prudencia cómo es que se puede encontrar un orden y una melodía en esa hermosa orquesta de todos tus apetitos.

Entonces lo primero es el amor a Dios, si ese amor a Dios está en ti, si ese amor a Dios gobierna en ti, empezaste muy bien, por ahí se empiezan a organizar los demás amores. Amar a Dios.

Siguiente punto. Dice el punto número seis: ya sabemos que el amor a Dios es lo primero, pero ¿cómo hago yo para amar a Dios? Es decir, sí, me parece que Dios, pues, muy inteligente, muy poderoso, ¿cómo se puede despertar verdaderamente el amor a Dios? El corazón humano funciona como una respuesta y eso proviene de nuestra naturaleza finita, incluso en las plantas vemos eso; por eso, vemos que una planta cuidada con cariño como que nos retorna con su belleza y con su perfume lo que le hemos dado.

El animalito, la mascota, el perrito, el gato que se trata con cariño, de modo usual estas mascotas retornan, con su lealtad, con su alegría, retornan ese cariño que les damos, y también los bebés y también los niños suelen manifestarse así.

Entonces, el corazón humano está hecho para responder; y por eso, para llegar a conocer el amor de Dios, necesitamos de la palabra, y cuando conocemos el amor de Dios surge en nosotros la respuesta para poder cumplir el primer mandamiento.

Fíjate cómo esto es como una cadenita que llevamos, ¿no? cómo las ideas se van enlazando unas con otras. Mira, la señora prudencia es la que puede gobernar los amores, la señora prudencia necesita de una luz que es la que le da a los santos Mandamientos, y esos santos Mandamientos tienen un orden y el orden es primero Dios.

Pero ¿cómo hago yo para verdaderamente enamorarme de Dios? Porque yo me puedo enamorar tal vez de una persona, me puede gustar muchísimo un lugar, no es tan difícil enamorarse de algunos platos que son realmente exquisitos, es más fácil amarlos, pero ¿cómo hago yo para amar a un Dios que me puede parecer distante, que me puede parecer excesivo, que me puede parecer lejano?

La respuesta es: hay que conocer primero su amor. Cuando tú conoces el amor, lo mismo que la planta que recibe amor y responde con amor, lo mismo que el animalito que recibe cuidado y responde con lealtad y con alegría, lo mismo que el niño que es bien educado y bien tratado y responde con amor y con agradecimiento, así también el ser humano, a medida que va conociendo el amor de Dios, va aprendiendo a amar a Dios.

Y por eso necesitamos ser evangelizados, porque a medida que vamos conociendo el tamaño y proporción del amor que Dios nos ha tenido, a medida que vamos conociendo hasta qué extremos llegó Dios por nosotros, a media que vamos conociendo la dura batalla que libró por nosotros, a medida que más conocemos de ese amor que Él nos ha tenido, porque Él nos amó primero, se va despertando en nosotros el amor hacia Él.

¿Qué quiere decir todo esto? Si tú estás juntando todas las piezas de lo que te estoy diciendo, ya tú te das cuenta hacia dónde voy, sólo la evangelización, sólo la proclamación del amor de Dios que en nadie y a través de nadie se ha manifestado tanto como a través de Jesús, el bendito Unigénito del Padre, sólo a través del amor conocido, el corazón empieza a despertarse, empieza a despertarse al amor. Dice nuestra amiga de Siena, Santa Catalina: “El alma, sabiéndose, sitiándose amada, no puede detenerse, no puede defenderse de amar”.

La manera más corta, la manera más sencilla y la manera más segura de llevar una vida donde todos los apetitos, y todos los deseos, y todas las aspiraciones, y todos los sueños encuentren su lugar exacto es: conocer primero el amor que Dios me ha tenido.

Una joven que conozca el amor de Dios no será tan fácilmente engañada por cualquiera que se quiera aprovechar de ella, no va a ser tan fácil, porque ella conoce el amor de Dios.

Si ustedes tienen hijas o si piensan tenerlas, el mejor negocio que ustedes pueden hacer es clamar al Señor para que sus hijas tengan experiencia viva del amor de Cristo, porque si tu hija conoce el amor de Cristo, si tu hija conoce el amor de Dios, si tu hija tiene esa experiencia del amor de Dios, si alguna vez ves tu niña feliz hasta las lágrimas porque Dios la ama, ese día tu puedes decir: "Esta mujer está mucho mejor preparada, muchísimo mejor preparada que muchas otras para lo que pueda traerle la vida".

El mejor negocio para evangelizar, el mejor negocio para mejorar y bendecir la vida de tus hijas es evangelizarlas, que conozcan el Evangelio, y los hijos, lo mismo.

Hablé primero de las hijas, porque conozco bastante bien el sufrimiento de los papás al ver cómo las hijas empiezan a enredarse con unos personajes y entonces, especialmente el papá, sufre y dice: "Pero ¿qué le vio a ese tipo? Pero ¿cómo se le ocurre relacionarse con ese personaje?" La solución no está en tu mal genio, querido padre de familia, la solución está en clamar al Señor y apresurar el camino para que tu hija conozca a Jesús, se enamore de Jesús, sepa de Jesús.

Pero lo mismo por supuesto vale para los hijos, exactamente lo mismo. Hoy tienen muchas tentaciones los jóvenes, no sólo tentaciones de carne o de sexo, tienen tentaciones de dinero fácil, tienen tentaciones de trampas, tienen tentaciones de drogas, tienen tentaciones de malas amistades, tiene tentaciones de perder la fe y los valores que tú con tanto amor has querido sembrar en ellos.

Por eso, si eres papá, si eres mamá, debes considerar entre tus principalísimos deberes, y es un deber hermoso, considera entre tus principales deberes que tus hijos conozcan al Dios verdadero; pero es simplemente que vayan a una catequesis.

Si yo fuera papá, con lo que sé en este momento porque Dios a lo largo de los años Dios le va mostrando a uno historias, vidas, familias; si yo fuera papa quizá mi santa obsesión en este momento sería: "Yo necesito que mis hijos y que mis hijas se enamoren apasionadamente del Señor; yo necesito que conozcan al Señor. A medida que van conociendo a Dios, a medida que se van enamorando de Él, todos los demás amores van encontrando su sitio; a medida que van conociendo el amor de Dios, los demás amores se mantienen exactamente en su sitio".

Demos un paso más. Nosotros queremos para los hijos y para las nuevas generaciones, queremos que sea conocido el amor, porque sabemos que el corazón humano responde al amor, sabemos que cuando llega el amor hay una respuesta de amor, y sabemos que el amor por esencia, el amor en su fuente es Dios mismo, sabemos que ese amor se ha manifestado en Cristo.

Pero ahora viene el siguiente punto, el amor tiene un nombre: se llama Espíritu Santo de Dios. La manera de conocer el amor no es simplemente un estudio, o una teoría, o unas palabras, aunque todo eso es importante, porque la fe viene de la predicación; pero el que realmente hace la obra es el amor de Dios por esencia, que es el Espíritu Santo.

Cuando el Espíritu Santo de Dios llega a nuestros corazones, cuando el Espíritu Santo de Dios se adueña de nuestras vidas, entonces sucede lo que anunciaron los profetas, especialmente Jeremías y Ezequiel: “Escribiré mi ley en sus corazones" Jeremías 31,13;, dice el Señor

Ya dijimos que la clave está en los Mandamientos, pero si esos Mandamientos se quedan escritos en un papel o en un cuaderno de catequesis, no van a tener el poder; sí, la clave está en los Mandamientos, pero ¿quién va a escribir esos Mandamientos adentro de mí?

Les voy a contar como yo expreso en esta altura de mi vida el don del Espíritu Santo, ¿sabes lo que hace el Espíritu Santo? Hace que el bien te sepa a bueno; el Espíritu Santo hace que de una manera interior, libre y gozosa quieras obedecer; repito, con libertad y con gozo, quieras obedecer el querer de Dios; y por eso, el amor que le tenemos a los niños, el amor que le tenemos a los hijos, no sólo es amor para que estudien o conozcan o para que escuchen predicación, el amor que les tenemos es para que ellos se encuentren con el amor.

¿Qué es ser un papá exitoso? Mucha gente diría: "Mira, ser un papá exitoso consiste en que mis hijos tienen buena salud, hablan dos idiomas, viven en otro país, formaron su propia empresa, están ganando mucho dinero, la gente los respeta mucho y por lo pronto tienen una casa mucho mejor que la mía". Muchos papás están midiendo el éxito de sus hijos, y son papás “católicos”, están midiendo el éxito de sus hijos sólo en términos materiales.

Yo te invito hoy a que te midas como papá o como mamá desde este ángulo: ¿Sabes qué es tener éxito? Tener éxito es poder decir de cada uno de tus hijos, -vamos a suponer que tienes tres hijos-, que tú puedas decir de cada uno de tus tres hijos: "Este conoce a Dios y lo ha vivido y lo ha experimentado; y este o esta conoce a Dios, yo sé que ha tenido experiencia del amor de Dios, yo sé que tiene un mapa por dentro, tiene una brújula por dentro".

¿Tú sabes lo que es tener la certeza de que tu hijo conoce el Espíritu Santo de Dios? ¿Sabes qué es eso? Es saber que tu hijo o tu hija tiene una brújula por dentro, y eso es lo que más necesita tu hijo. ¿De qué sirve que tu hijo tenga millones? ¿De qué sirve que tu hija tenga millones, si luego no sabe qué hacer con su vida?

En el último año han muerto personas de inmenso éxito y de inmensa fortuna, voces realmente excepcionales, estoy hablando de Amy Winehouse y estoy hablando de Whitney Huston. Oiga, yo no soy músico, me gusta la música, sobre todo la música de alabanza, pero yo que soy tan crítico en el tema de las voces, les puedo decir que yo pocas voces he conocido tan absolutamente hermosas como el de estas dos mujeres.

¡Y qué finales tan trágicos! Podridas de dinero, podridas, llenas de plata, tenían todo el dinero del mundo, podían pagar la mejor clínica de rehabilitación, pero ni siquiera esa clínica tuvo poder para arrancarlas de sus cadenas.

¿Eso es lo que tú quieres para tu hijo? No puede ser, lo que quieres para tu hijo, lo que tú quieres para tu hija es que tenga la brújula adentro, que la señora prudencia le sepa decir a tu hija, Amy Winehouse, le sepa decir: “Sé que te gustan los placeres, pero ojo, ¡nada con esa droga!”. Se necesita que haya una directora en la orquesta que diga: “¡De eso nada!” Y eso es tener la brújula adentro, y eso es lo que queremos, mis hermanos, y para eso ¿qué se necesita? Que conozcan a Jesús, que conozcamos a Jesús, y que conozcamos el don de su Espíritu.

Yo creo que como papá, como mamá,- hoy le estoy hablando muchos a los papás, creo yo-, y aquí no todos son papás, pero creo que hay muchos que lo van a ser, y hay muchas que van a ser mamás, y siempre son bienvenidos los jóvenes porque ellos son los que van a tomar el timón, si no lo han tomado ya en muchas cosas.

Mira: tener éxito como papá o como mamá es poder decir: “Mis hijos conocen a Jesús, lo conocen como se conoce al amigo más entrañable; mis hijos, mis hijas tienen experiencia del poder del Espíritu Santo”. Es lo más grande que tú puedes decir, porque adonde quiera que los lleve la vida, si ellos tienen esa experiencia del Espíritu, si ellos tienen ese conocimiento de Jesús, entonces tienen la brújula bien puesta, entonces tienen a esa señora, esa santa señora prudencia que les ayudará a llevar sus distintos amores. Poder del Espíritu Santo.

Y termino con un último punto. Mira: si el Espíritu Santo es la experiencia, por decirlo así, inmediata, tan inmediata como puede ser en esta tierra, si el Espíritu Santo es la experiencia inmediata del amor de Dios, experiencia que hace que ese amor adquiera su lugar y todos los demás amores vayan quedando en su sitio.

Oye, este no es un privilegio para unos poquitos, ¿o es que los demás jóvenes no se merecen conocer ese regalo? Esto no es para unos poquitos, esto es para todos, todos, óyeme, todos los muchachos, todos los jóvenes, todas las niñas, todas las muchachas, todos los matrimonios, todos, todos, tienen el derecho y la necesidad y el deber de tener esta experiencia.

La fe viva y la experiencia viva del Espíritu son para todos, ¿por qué insisto en esto? Porque hay gente que cree que los grupos de fe y que los grupos de religión son para unos muchachos medio fanáticos, medio fervorosos, "pues allá esos muchachos que son así como piadosos, que vayan a ese tal grupo de oración, que vayan a ese grupo juvenil". Pero hay papás que hablan de los grupos de oración, y que hablan de los grupos y de las comunidades de oración como si el hijo estuviera en un club de fútbol, o en un club de ajedrez, o en un club de patinaje, o en un club de danza folklórica.

Como quien dice, "lo importante es que está con gente sana, eso es lo importante. Ahí está él con sus oraciones, con sus rezos con sus cosas; al otro hijo no le gustó tanto la oración, más bien le gusta el boxeo; el otro hijo todo lo resuelve a las patadas porque es futbolista, entonces lo importante es que está con gente sana".

¡No! ¡no! ¡No! La vida trae dificultades, tentaciones, por qué no utilizar la palabra, pruebas, que son durísimas, durísimas, y si tu hijo no tiene la brújula, si tu niña no tiene la brújula, y la brújula sólo se la da una experiencia de amor del tamaño del que estamos hablando: conocimiento vivo de Jesucristo y experiencia viva del Espíritu Santo, si no tiene esa brújula, da paso atrás,

La parte que sigue está reservada para mayores de sesenta años, los demás hagan de cuenta que no están oyendo esto, mayores de sesenta, ¿de qué voy a hablar en este pedazo? Yo esperaba que muchos se taparan los oídos indicando así que son menores de sesenta, está bien, lo dejo a su conciencia.

Mira, es que verdad es muy duro lo que voy a decir, ¿pero sabes por qué te lo digo? Porque pasó en mi familia. ¿Tú estás preparado para darle una palabra de ánimo a tu hijo si le nace a él un hijo autista? ¿Tú estás preparado para darle una palabra de amor a tu hijo que siente que Dios lo traicionó porque su hijo nació enfermo y después de mucha lucha murió?

¿Tú estás preparado para asumir que a los niños también les da leucemia? ¿Tú estás preparado…, -yo por eso dije que era para mayores de sesenta, sólo que ustedes quisieron seguir oyendo-, esas cosas pasan en la vida. Y ¿qué le pasa típicamente al católico que un día descubre con horror que su niño tiene leucemia,¿qué es lo que hace ese católico?: "¿Por qué a mí? ¿Yo qué hice? ¿Por qué me pasa esto?" Eso es lo que típicamente pasa.

Cuando yo te digo que necesitamos de la presencia de Cristo y del poder del Espíritu, es porque la vida también da esos sorbos amargos, y tenemos que prepararnos no solamente para las cosas difíciles, tenemos que prepararnos para las cosas incomprensibles. El evangelio según San Juan nos dice algo impresionante sobre la Virgen María: “De pie junto a la cruz estaba María” San Juan 19,25.

Es decir, esta mujer, también para ese absurdo de un proceso judicial inicuo, de una tortura demencial, de una crueldad sin límites, también para eso ella estaba ahí, también para eso, ¡óyeme! ¡Y hay que preparase para eso!

Te lo voy a decir de otra manera más dramática, si quieres. ¿Sabes para qué hay que educar a los hijos y sabes para qué tienen que formarse estos muchachos? Que uno dice: "Pero esta gente, mire, aquí tenemos un poco de juventud, y todos son bien parecidos, todas son bonitas, por ahí hay dos excepciones, todos son bonitos, todas son bonitas, pero tú no sabes lo que la vida te va a traer, tú no sabes, una enfermedad, una quiebra, un accidente, un secuestro, una traición.

Mira, ser cristiano es ser como María, "incluso si se me muere ante mis ojos la razón de mi existencia, ahí estoy de pie", eso se llama María. Entonces hay que educar a los hijos no solamente para que sean buenas personas, "es un buen muchacho".

A mí me gusta cuando hablo con los papás, y le pregunta uno por los hijos, y dicen: "Sí, mi hijo es un buen muchacho". "-¿Y tu buen muchacho está listo para la leucemia?" "-¿De qué me habla, padre?" "-A tu hijo le puede dar una leucemia". "No, padre,no diga eso, a mi hijo no le puede dar una leucemia". "-Sí, sí le puede dar".

Nosotros somos un católicos mediocres, que no nos preparamos para las verdaderas batallas; y por eso, cuando llegan las verdaderas batallas, como los discípulos en el tiempo de Cristo, salimos corriendo; pero resulta que el tiempo de las verdaderas batallas se ha acercado, y el tiempo de las verdaderas batallas a veces significa cárcel.

Yo les contaba ayer en el retiro de servidores de la comunidad Betania, les contaba el caso de una joven canadiense, la cual..., -esto va a salir publicado en mi boletín “Alimento del Alma”, luego les doy indicaciones para los que quieran suscribirse, que son todos bienvenidos; por supuesto, suscripción gratuita, ni más faltaba-.

Pero les cuento: esta canadiense, -y ahí les van a salir los datos y la dirección de ella, por si alguien le quiere escribir, en inglés o en francés le pueden escribir, creo que si llega en otro idioma le pueden ayudar a traducir, está en la cárcel, porque ella ha hecho protestas pacíficas en los lugares de aborto. O sea, la pregunta es muy sencilla: ¿Te estás preparando para el martirio, o como es tu amor a Cristo? O sea, hay algún momento en que tenemos que hacernos esa pregunta.

Jóvenes de Betania, esa es la pregunta que hay que hacerse: ¿ustedes se están preparando para qué? Además, de sus hermosos sus álbumes en su Facebook, que los veo muchas veces, no todos porque publican demasiado, estos tipos no paran de publicar, pero además de sus hermosas fotos en Facebook, y el paseo en no sé qué, y el paseo en sí sé dónde.

Además de toda esa diversión, que no te la voy a criticar, no soy nadie para criticarla, porque además en general me parecen diversiones muy sanas, el placer más grande que tiene aquí la gente es hundirle la cara a un amigo en un ponqué, ese es el placer que tiene la grande que tiene la gente aquí, yo nunca he entendido esa práctica pero incluso a mí me lo hicieron una vez, tristemente.

Entonces, no yo no critico que te diviertas con tus amigos, mi pregunta es: ¿Te estás preparando para perder algo por Cristo? ¿Te estás preparando para el momento de la batalla cuando haya que dar un paso al frente y decir: "Sí, soy católico"?

Esta señora canadiense, tiene algo más de treinta años, el juez le dijo: "Si usted sigue visitando abortuarios con sus ideas pro-vida, la vuelvo a meter a la cárcel, ¿va a seguirlo haciendo?" Y ella dijo: "Sí", -dio un paso al frente-, "por los niños, por esos fetos, aunque se salve uno solo, sí, lo voy a hacer".

Yo quiero saber si los jóvenes de aquí están hechos de lo mismo o están hechos de otra cosa, yo quiero saber si cuando lleguen las luchas duras, las luchas duras por defender el matrimonio como Dios lo quiere, por defender la familia como Dios la quiere, por defender la vida humana como Dios la quiere, yo estoy queriendo saber si ustedes se están preparando para esas luchas, porque esas son las luchas que vienen para este país, que ya llegaron a este país y que ya llegaron a mi país, ¿y quién le va a dar la cara a eso?

Bueno, ¿tú crees que buen muchacho está dispuesto a ir a la cárcel por un feto? Esa es la pregunta. "-No, mi buen muchacho no está listo para eso". "-Bueno, gracias por la sinceridad. "-¿Y el buen muchacho de tu vecino, ese sí?" "-No, ese tampoco, padre". "-Ah, ¿y el buen muchacho de la comunidad Betania está listo para ir a la cárcel por un feto?" "-Padre, creo que tal vez haya como unos dos pero una se salió".

¿Entonces a qué estamos jugando? Eso es ponerle orden al amor, porque el orden en el amor, y con esto termino, el orden en el amor no sólo es en tu vida, querido hermano, ni en tu matrimonio, querido hermano, el orden en el amor es orden en la sociedad, y apenas decimos orden en el amor en la sociedad ladran todos los enemigos de la Iglesia y todos los enemigos de la enseñanza que nosotros tenemos sobre la vida.

Hermanos, los tiempos son duros, y algunas de estas jovencitas, allí hay unas niñas preciosas, algunas de estas niñas en pocos años se van a acordar de mi, cuando oran como oramos en la Misa por el Padre Zavala tan querido para mi, cuando oramos por el Padre Chris, que todos lo recordamos en el corazón, una de las cosas que yo pienso es: "Dentro de poco también van a estar orando por mí", así es esto, esto funciona así, así va la vida.

Entonces óiganme las jovencitas, porque yo paso, yo me voy, mi trabajo es decir esto antes de morirme, pero yo me voy. A ustedes va a tocarles ver esto, a ustedes niñas, ustedes van a tener que luchar por sus fetos, ustedes van a tener que luchar por sus parejas, van a tener que luchar por el amor en la sociedad, y ustedes van a tener que ponerle orden al amor humano y divino.

Y si ustedes no conocen a Jesús como se conoce al más entrañable y hermoso amigo, si ustedes no conocen el don del Espíritu Santo, si ustedes no han sentido que se queman por dentro, jovencitas, si ustedes no han sentido que se queman por dentro por el poder del Espíritu Santo, cuando llegue la hora de la batalla, yo te digo lo que va a suceder: llega el momento de la batalla y entonces tú dices: "Pues mi hijo sí es un buen muchacho, venga, mijo, venga, venga, deje por allá, que por allá están como matando gente, venga para acá, mijo, que es un buen muchacho"; y el otro retira a su hija, ¿y quién se va a quedar con Cristo? Esa es la pregunta: ¿quién se va a quedar con Cristo?

Yo cuando los miro a ustedes, y sólo Dios sabe cuánto los amo, porque si estoy aquí es por amor, yo cuando los miro a ustedes, por ejemplo esta gente tan linda, tan joven, tan hermosa, yo digo: "¿Ustedes están listos para pelear? ¿Se están preparando para la pelea? ¿Qué vas a perder por Jesús? Esa es la pregunta que hay que hacerse, ¿qué vas a perder por El?

Ya hay gente que ya está perdiendo por Jesús, y yo quiero que nosotros le devolvamos o le traigamos a esta ciudad, a este hermoso y amado país, le traigamos el amor en su orden, pero eso no sucede solo, eso necesita testigos y necesita mártires, algunos de ustedes me están entendiendo, algunos de ustedes saben de qué estoy hablando, eso espera Dios de ustedes.

Bueno, mis hermanos, esta es la primera enseñanza de estos días: “Amor humano y Amor divino”, primera parte, acaba de terminar, ya tienes el resumen, no tengo que repetirlo; mañana vamos a hablar del amor de pareja y el amor de Dios. Hemos tenido como esta introducción, mañana lo vamos a aplicar, especialmente al amor de pareja, y vamos a hablar también de cómo el amor de Dios llega a esa pareja, y qué el amor de Dios en el amor de pareja, y cómo el amor de Dios se convierte en lenguaje del amor de pareja.

Por ahora yo les invito a que nos pongamos, por favor, de pies, vamos a orar. Por favor, ayúdenme todos los que saben orar y quieren orar y les gusta orar, por favor, ayúdenme.

Vamos a pedir el don del Espíritu Santo, ¿saben qué es lo que vamos a pedir? A mí no me interesa que ustedes sean buenas personas ¿porque sabe una cosa? Ya ustedes son buenas personas, yo cada vez que he venido a Santa Cruz, es que razón es que la gente quiere más esta ciudad, yo no tengo la menor duda de que ustedes son buenas personas, mi problema no es que ustedes sean buenas personas, porque ya son buenas personas, mi problema es quién se va a quedar con Jesús cuando llegue Getsemaní.

Mi problema es quién se va a quedar con Jesús cuando llegue la hora dura, mi problema es si estas caras tan lindas de muchachos y de muchachas están dispuestas a salir al frente y a decir, aunque tengan que temblar en su voz, a decir: "Aquí estoy yo para que no se niegue y para que no se insulte a mi Salvador; aquí estoy yo poniendo la cara por Aquel que sufrió por mí; aquí estoy yo".

Si tú eres de esa raza, si tú eres de ese estilo, dale gracias a Dios; si no eres de esa raza, oremos, porque créeme que la Iglesia va a necesitar mucha gente así, pero mucha, lo que viene no es fácil, no tengan miedo, por favor, no tengan miedo, yo no soy un terrorista aquí anunciando tragedias, estoy simplemente diciendo lo que está sucediendo en el mundo, los quiero valientes, los quiero llenos de Espíritu y quiero que con una sonrisa ustedes digan: “¡Por mi Jesús, por mi Jesús, hasta la muerte, y más allá de la muerte!”

Oremos al Espíritu Santo.