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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20080309

Título: La fe es abrirse a la dimension mas profunda de la realidad

Original en audio: 14 min. 48 seg.


Hay un refrán que dice: "Ver para creer", yo creo que ese refrán puede resumir un poco los que no dicen las lecturas de hoy.

Dice la Primera lectura: "Cuando yo abra las tumbas de ustedes, y los haga salir de ellas, ustedes sabrán que yo soy el Señor" Ezequiel 37,13. Mire eso: hay una experiencia que el profeta Ezequiel compara con que lo saquen a uno de la tumba, ¿qué puede parecerse a eso? Es difícil decirlo. De pronto una persona que ha estado secuestrada, por ejemplo, y que logra la liberación tiene algo parecido a esto, en algún sentido.

"Cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes sabrán que yo soy el Señor" Ezequiel 37,13. Primero viene la experiencia y luego viene, o como dice el refrán: "Ver para creer".

Luego encontramos en el evangelio algo parecido, Jesús dice: " Lázaro ha muerto y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean" San Juan 11,14-15, y antes había dicho: "Esta enfermedad no es mortal, es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella" San Juan 11,4.

Queda claro que la gloria de la que está hablando aquí es la expresión de ese poder y de ese amor que también sirve para despertar la fe de la gente. Es decir, Jesús se alegra porque el prodigio que va a suceder, que va a ser la resurrección de Lázaro, va a ser el gran despertador de la fe.

Y eso es exactamente lo que sucede, porque fíjate como termina el evangelio de hoy: "Muchos de los judíos que habían ido a casa de María, creyeron en Él" San Juan 11,45. Ellos habían ido a lamentar a un muerto, y se fueron celebrando a un vivo. Ellos tuvieron una experiencia, y de la experiencia nace la fe.

Esto es muy interesante, primero viene la experiencia y luego viene la fe. Esto quiere decir que la fe se despierta mirando, como hemos dicho en otra ocasión, la fe no consiste en cerrar los ojos para apostar a ciegas por un Dios que uno ni ve ni entiende; la fe no es cerrar los ojos, la fe es abrir los ojos, es ver la obra, descubrir la obra.

Cada persona entonces tiene que tener su propia experiencia. Es maravilloso esto del origen de la fe, ¿cómo puede llegar uno realmente a creer? Tal vez es una pregunta que puede parecer un poco extraña o innecesaria cuando uno ha vivido en una cultura donde todo el mundo aparentemente cree; pero otros hemos tenido otra experiencia, de pronto hemos estado en países donde pocas personas creen, o por lo menos no creen a la manera que nosotros creemos.

Yo creo que eso lo obliga a uno a preguntarse: "Bueno, ¿y yo qué? Y la respuesta que nos da aquí la Escritura es que la fe no es una suposición que uno hace, sino es la respuesta de uno ante una experiencia. En el caso de Ezequiel esa experiencia es: "Yo los voy a sacar a ustedes de sus tumbas" Ezequiel 37,13; y en el caso de aquellos judíos, de los que habla el evangelio, esa experiencia es: ver la resurrección de un muerto.

Entonces la fe no es una imaginación, no es una hipótesis, la fe nos es un supuesto que uno pone, la fe no es hacer de cuenta que...; la fe es la respuesta a una experiencia, una experiencia que alcanza la plenitud de su sentido a través de la Palabra. Porque también es verdad que el Apóstol San Pablo dice en el capítulo décimo de la Carta a los Romanos: "La fe viene la predicación" Carta a los Romanos 10,17.

El despertador de la fe es una experiencia de liberación, una experiencia de cambio: algo nuevo ha empezado en mí, algo maravilloso, algo que parecía imposible ha acontecido en mí, número uno; y número dos, según nos dice San Pablo en esa Carta a lo Romanos, viene esa predicación, que por ejemplo aquí es la palabra del profeta o es la palabra que Cristo dice a los Apóstoles, que le da un sentido, que saca de su ambivalencia, de su ambigüedad, que saca del ámbito de lo borroso a los hechos y que permite descubrir una ruta y alcanzar una certeza.

El origen de la fe es algo maravilloso. Yo soy feliz escuchando los relatos de las personas que han descubierto o redescubierto a Dios, descubierto que pueden confiar en Él, es algo maravilloso. En el siglo XX uno de los conversos más famosos fue el escritos francés Paul Claudel. Él era un ateo convencido, él tenía en su cabeza todas las razones para no creer en Dios, pero tuvo una experiencia de conversión.

Y es muy hermoso lo que él describe: cómo cuando él llega a ese momento de conversión, -a él le sucedió en una iglesia-, él sintió que Dios existía, él se sintió como arropado por el misterio, como llamado por algo insondable, profundo y bello, pero toda su filosofía seguía intacta en la cabeza, pero él dice: "Era como un edificio en el que yo ya no estaba, ya ese no era mi edificio.

Encontrarse con el Dios vivo yo creo que es los más maravilloso que le puede suceder a uno; poder afirmar que Dios, el Dios verdadero, el Dios grande es nuestro Dios.

Hace poco estaba leyendo un artículo excelente publicado en el New York Times sobre el gran científico Albert Einstein y la religión, un artículo muy bien hecho, porque existen las dos teorías: que Einstein en el fondo era una persona religiosa, o que Einstein en el fondo era una persona atea. Este artículo creo que es muy bueno.

Einstein desconfiaba de los ateos, pero Einstein no creía en una religión organizada, él no creía en un Dios personal. Y a mí esto, no sé, me da escalofrío, porque por supuesto, por la formación científica que he podido tener, de hecho, pues yo estudiaba física pura, me impresiona que este hombre, que es como una especie de ídolo para todos los científicos del mundo, Albert Einstein, es como la imagen misma del genio, ¿no? El genio por excelencia.

Pues ateo no era, él decía: "Yo creo que hay un orden, hay un misterio, hay un algo", pero para él Dios nunca pasó de ser un algo, una especie de armonía última dentro de todas las ecuaciones, energías, fuerzas, disposiciones. Pero él nunca llegó a decirle a ese algo: "Te amo", y nunca pudo escuchar el "te amo" de ese Dios.

Y a mí eso me parece en el fondo profundamente triste, porque por supuesto ninguno de nosotros tiene, creo yo, la inteligencia de un Einstein; ninguno de nosotros seguramente alcanzará a ser ni medianamente famoso como él, pero ¡qué perdida tan terrible no poder recibir el amor de Jesús así, saber lo que dice San Pablo en la Carta a los Gálatas.

San Pablo en el capítulo dos de los Gálatas dice de Cristo: "Cristo me amó y se entregó por mí" Carta a los Gálatas 2,20. Para mí eso es lo más maravilloso que uno puede decir, son las palabras más lindas que uno puede decir mientras está sobre esta tierra.

Saber que este Jesús, Hijo del Padre, Dios verdadero, me amó y se entregó por mí, y que tengo vida en su nombre y que Él me puede rescatar hasta de la tumba, es lo más grande. Para un hombre incluso de la inteligencia de Einstein parece que esa experiencia decisiva nunca llegó, parece que él no llegó a convencerse.

Uno que sí era abiertamente ateo era Bertrand Russell, el filósofo inglés, y aún él alcanzaba a decir: "A veces hay un misterio, un misterio isondable", pero hasta ahí alcanzaba a llegar, hasta la palabra "misterio". Éste estaba más atrás de Einstein, Einstein decía: "Hay una armonía, hay un algo"; Russell no alcanzaba a decir ni siquiera ese "algo, solamente decía: "Hay una....", un signo de interrogación ahí. Y es un pesar. La hija de Bertrand Rusell se hizo cristiana convencida, pero ella misma dice que el papá nunca llegó allá.

No debemos ser duros con estas personas en ningún caso, más bien digo estas cosas para que cada uno valore las experiencias de Dios que tiene, pequeñas o grandes. Yo creo que tal vez tú no has visto así que se resucite un muerto como los judíos estos vieron a Lázaro salir de la tumba, pero hay experiencias de Dios en tu vida.

Y yo te invito a que también le demos la vuelta a ese refrán, porque el refrán dice: "Ver para creer", y efectivamente, ver en el sentido de tener eta clase de experiencias, que mediadas por la palabra de predicación, nos llevan a la fe. Pero también el evangelio dice "cree para ver", eso también existe.

Cuando Jesús habla con Marta, le dice: "Yo soy la resurrección y la vida" San Juan 11,25, y le pregunta: "¿Crees esto?" San Juan 11,26, y ella responde: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo" San Juan 11,27.

Es hermoso ver cómo Nuestro Señor nos invita a ver la gloria: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" San Juan 11,40. Esa es parte del diáĺogo con Marta, ¿no? Jesús le dijo a Marta: "Tu hermano resucitará" San Juan 11,23, y Marta le dijo: "Resucitará en el último día" San Juan 11,24, y Jesús le dijo: "Yo soy la resurrección y la vida" San Juan 11,25.

"Yo soy la resurrección y la vida" San Juan 11,25, poder creer eso; hay que creer para ver, y hay que ver para creer, las dos cosas.

Entonces yo te invito a que avancemos en esa escalera, mira: uno ha visto cosas que le han permitido tener un poquito de fe, y si uno se afianza en esa fe, uno ve más, y con eso que ve más, entonces cree más, y con eso que cree más, entonces puede ver más, y con eso que logra ver más, entonces logra creer un poco más.

Es como quien va caminando. el pie derecho le da espacio al pie izquierdo y el izquierdo al derecho, y ahí va caminando uno. así funcionan el ver y el creer.

Yo sé que en ti existe una experiencia de fe, hay algo de fe en ti, tal vez es pequeña, no la desprecies: toma ese poquito de fe que tienes, y desde ahí, desde esa profunda experiencia o leve experiencia, desde ahí, cree más, para ver más y para entonces creer más. La fe se va alimentando de esta manera.

Sigamos esta celebración dándole gracias a Dios. Nosotros llamamos a la Eucaristía "el sacramento de nuestra fe"; hay gente que no ve nada aquí, no ve nada; otros únicamente ven un pedazo de trigo ahí preparado, amasado, ven un pedazo de pan, no ven más. Pero hay gente que recibe como esa gracia, como esa luz, y en el misterio de la Eucaristía, ve una explosión de amor, y de belleza, y de ternura, y de gracia, y de poder, y descubren a Jesús.

"¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" San Juan 11,40, le dice Cristo al final a Marta. Porque claro, ella dijo: "Ya Läzaro huele mal, ya hace cuatro días está muerto" San Juan 11,39; "¿no te he dicho que si crees..."? San Juan 11,40.

Pidamos al Señor en esta Eucaristía lo que pedimos al final de cada encuentro de la Legión, con esa oración final, se se han dado cuenta que la oración final es la oración de la fe, ¿no? "Danos una fe que sea ardiente, una fe que venza, una fe, una fe", es pedir la fe. Pues esa fe quiero que crezca en nosotros, que nosotros tengamos esa fe para ver la gloria de Dios, y con las experiencias que Dios nos regale, que crezca esa fe para ver más.

La fe no es un camino en la oscuridad; la fe no es un cerrase a la razón; la fe es abrirse a la dimensión más profunda de la realidad; no está en contra de la razón, sino más allá de todas las razones.