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Fecha: 20080302

Título: Ver que no estamos viendo para encontrarnos con Jesus

Original en audio: 20 min. 14 seg.


A veces, se dice que la Biblia carece de sentido del humor, yo me permito estar en desacuerdo, hay muchos pasajes en los que aparece un tipo muy sutil de humor y uno de esos pasajes es este capítulo 9 del evangelio de Juan.

Que tal esa pregunta que hacen los discípulos, los discípulos de Jesús, "maestro, ¿quien ha pecado él o sus padres, para que haya nacido ciego?" (San Juan 9, 2) es decir, que según ellos, este hombre, allá en la barriguita de la mamá ya había pecado tan gravemente, que Dios lo había condenado a que fuera ciego de nacimiento, ellos admitían esa posibilidad, es ridículo, da risa, pero detrás de esa risa hay un descubrimiento interesante, es la manera tan cómoda como uno se desentiende del problema de los demás.

Cada vez que uno se preocupa de buscar de quien es el culpable en una situación, uno está bastante interesado en quitarse el problema uno.

Una cosa es solucionar un problema y otra cosa es buscar un culpable y casi siempre cuando uno busca el culpable, lo que está buscando es no solucionar el problema, porque encontrar un culpable es encontrar una persona en la cual podemos desahogar nuestra frustración, desengaño, tristeza o ira, ya encontramos quien es el culpable o quiénes son los culpables y entonces nos vamos contra ellos, a la vez esa manera de pensar y de hablar le permite a uno sentirse el bueno.

Que desgracia que ese hombre sea ciego; pero se lo tiene ganado porque pecó en la barriga de la mamá, que desgracia que ese hombre sea ciego pero se lo tiene ganado esa señora, porque algún pecado hizo y ahí está que por eso le salió el hijo ciego y ahí queda el problema afuera, ahí queda el pecado lejos de uno y uno se declara asï mismo inocente.

Yo soy bueno, la maldad está allá con los comunistas, con los capitalistas, con los ricos, con los pobres, con los ateos, con los secularistas, con los musulmanes, el problema está allá, todos esos degenerados, violentos, terroristas, explotadores, ellos son los culpables, nosotros somos los inocentes y este esquema lo repite uno muchísimas veces, muchísimas, para todo.

Cuando se cumplieron quinientos años de la llegada de Cristóbal Colon a las tierras de lo que hoy llamamos América, eso fue muy interesante, yo me acuerdo, bueno ese año fue muy importante en mi vida, por supuesto, pero lo que quiero mencionar ahora es que la gente decía "claro, nosotros los indígenas estábamos muy bien aquí".

En mi tierra las tribus que hay son los quimbayas, los muiscas, los caribes y algunos los pijaos, en fin, entonces, otros por ejemplo en la parte que está Bogotá estaban los muiscas y la gente se sentía inocente, "nosotros los muiscas tan bien que estábamos y llegaron esos españoles y arrasaron con todo, se llevaron el oro a Europa para soportar las guerras que Europa tenía contra los imperios de esa época y nosotros fuimos maltratados".

Es decir, por supuesto que hubo mucho maltrato, muchas injusticias y hay muchas crueldades en el mundo, pero lo que quiero destacar es esa actitud del buen indígena, del indígena inocente.

Un estudio mucho más detallado de la realidad anterior a la llegada de Colón, revela un cuadro completamente diferente, todo parece indicar que donde hay seres humanos más o menos aparecen las mismas miserias, las codicias y la violencia, con distintas expresiones, con distintas formas.

Entonces, el primer punto de reflexión que quiero compartirles hoy es ese, porque esa es la ceguera fundamental, y el tema de este domingo es ese, la luz y las tinieblas, la capacidad de ver y la terrible posibilidad de negarse a ver, que es en lo que termina precisamente el evangelio de hoy, cuando Jesús dice: "si el problema de ustedes fuera un problema de ojos ustedes no tendrían problema, el problema de ustedes es que ustedes creen que ven" (San Juan 9, 41).

Hay un refrán que dice "no hay peor ciego que el que no quiere ver", Jesús dice algo parecido aquí "no hay peor ciego que el que cree que está viendo" el que cree que ya ve es el que no descubre que no está viendo, que le hace falta ver, porque el comienzo de la conversión y el comienzo de la luz es ver que uno no ve, ahí empieza a sanarse la ceguera.

Por consiguiente, cuando los discípulos de seguro ese pecó cuando estaba ahí en la barriga de la mamá, quien sabe que pensamientos tenía, quien sabe que dinero quería reunir, quien sabe que pensamientos tenía ese feto allá y por eso nació ciego. Cuando ellos toman esa actitud, lo que están haciendo es no ver, ya me quité el problema de encima, el mal está allá, soy inocente. Entonces, el comienzo de la sanación es ver que uno no ve.

A esto nos ayuda la primera lectura, que presenta un pasaje un poco interesante, cuando fueron a buscar al ungido del Señor, al que Dios había elegido mejor dicho.

El profeta Samuel es encargado de esa misión, ir a buscar en la familia de un hombre llamado Jesé cual de entre sus hijos era el elegido de Dios y resulta que Jesé se pone muy contento, por supuesto, y empieza a llamar a sus hijos, empezando por el mayor que era su orgullo, y luego si ese no fue entonces el otro y el otro, y ahí le va trayendo a todos los hijos y se le olvida uno, uno al que parece que ni siquiera consideraba hijo suyo por alguna razón, ese se llamaba David, ese es el famoso rey David, y tan es verdad que no lo consideraba hijo que ni siquiera estaba en la casa, tenía un oficio, era como un empleado y ciertamente un empleado de poca categoría, porque sabemos que los pastores en estos tiempos bíblicos, en estos tiempos de la Biblia, los pastores tenían pésima fama y peor trato, de manera que David estaba por allá lejos y Samuel dice: "un momento, ustedes no se han dado cuenta" y dice esta frase fundamental "Dios no mira como mira el hombre" (1Samuel 16, 7).

Entonces las dos frases que tienen que ir quedando en nuestro corazón en este domingo son: primera, la sanación de la ceguera empieza cuando yo veo que no veo, o sea cuando me doy cuenta que no me estoy dando cuenta o que no me he dado cuenta de muchas cosas, cuando por fin percibo que estoy ciego, ese es el comienzo de la sanación, ese es el comienzo de la luz.

Y la segunda idea es: Dios ve más de lo que yo veo, Dios tiene mejores ideas que las mías, es algo que también hemos repetido algunas veces en estas predicaciones. Dios conoce muchas más cosas, a Dios se le puede ocurrir otro plan mejor para mi vida.

Con esa clase de frases lo que uno está haciendo es como descongelar el corazón, lo que uno está haciendo es como abrir el espectro de posibilidades y decir "oiga es que Dios también puede pensar otras cosas" y cuando uno admite que Dios puede tener otras ideas, entonces pueden llegar a suceder cosas maravillosas, esas cosas maravillosas son las que llamamos "conversión" cuando uno admite que Dios puede tener una idea bien diferente y es lo más hermoso del amor de Dios, lo que llega a conocerse en cada conversión.

Jesús entonces sana a este hombre de su ceguera, pero por la manera como sucedió el milagro, el hombre solo conocía la voz de Cristo, porque claro, cuando él fue a lavarse a ese lugar, ahí no estaba Cristo, el solo había oído a Cristo y no lo conocía de vista, pues obviamente porque era un ciego.

Y aquí viene lo interesante, porque junto con la recuperación de la vista de su cuerpo también este hombre empieza a ver otras cosas que antes no conocía, por ejemplo, empieza ver la cobardía de sus papás, empieza a ver la posición cómoda y al mismo tiempo arrogante de los fariseos, empieza a ver sobre todo que él tiene que apersonarse, que el tiene que tomar su propia postura.


Notemos como al principio él hace una descripción de la curación, únicamente como en términos externos, "ese hombre que se llama Jesús hizo barro me lo puso sobre los ojos, me lavé y ví" ( San Juan 9, 11)es una descripción así únicamente exterior, como el que cuenta lo que hay que hacer con una receta o como reparar un carro, haga esto, luego haga esto, luego lávelo y listo queda viendo.

En cambio, al final de este mismo pasaje ya él se implica, ya el toma una postura, miren como le habla a los fariseos, esto es lo asombroso, ustedes no saben de donde es, pero me abrió los ojos, Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.

Si este hombre no viniera de Dios no pudiera hacer nada, el tiene junto con la recuperación de la vista. El tiene la llegada de esa luz espiritual que le permite reconocer que Cristo no es simplemente un curandero, no es simplemente un médico con grandes habilidades, este Cristo aquí queda descrito con las siguientes palabras, Cristo es aquel que honra a Dios y cumple su voluntad, Cristo es aquel que viene de Dios y así junto con la luz en los ojos de su cuerpo recibe una luz inmensa en su corazón, una luz en lo profundo de su ser.

Lo echaron los fariseos, porque esos veían demasiado, ellos estaban demasiado seguros, esta es otra enseñanza parecida a lo primero que dijimos, hay que tener mucho cuidado de estar demasiado seguro de las cosas, porque los que están demasiado seguros no tienen nada que aprender, porque precisamente, ya lo saben todo, entonces pueden estar ciegos.

Lo echaron de la sinagoga y se encuentra con Jesús y Jesús le pregunta si cree ¿y quién es ese Jesús? "soy yo el que te está hablando". Observemos hermanos el paralelo con la expresión de Jesús y lo que escuchábamos hace ocho días con la samaritana, la samaritana había dicho también "pues sí, cuando venga el mesías, por allá cuando venga el mesías, ese va a aclarar las cosas y Jesús le dijo soy yo".

Lo mismo pasa aquí, Jesús le dice ¿crees en el hijo del hombre? ( San Juan 9, 35)El ciego que había sido curado le dice quien es "es el que te está hablando" ( San Juan 9, 36).

Es decir, el lenguaje que la Iglesia quiere que aprendamos con estas lecturas preciosas de cuaresma, es que este es el tiempo para encontrarse con Jesucristo para encontrarse con El hasta poder uno decir como dijo la samaritana "miren, miren, hay alguien que me dijo todo lo que he hecho" (San Juan 4, 29) o hasta poder decir lo que dijo el ciego de nacimiento "nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos de nacimiento" ( San Juan 9, 32) lo asombroso es que ustedes no saben de donde es pero me abrió los ojos.

Tanto la samaritana como este ciego de nacimiento tienen una experiencia directa, podríamos decir una experiencia inmediata, personal, una experiencia intransferible, una experiencia total del encuentro con Jesucristo y esta experiencia es la que los cambia eso es lo que nosotros también debemos pedirle a Dios en esta cuaresma “Señor dame esa experiencia total de tu poder, de tu amor, de tu luz, has que yo pueda ver”. Y entonces el hombre este, cuando se encuentra al final con Jesús termina diciendo, creo Señor y se postra ante Jesús” esa es la actitud a la que finalmente hemos de llegar nosotros, ese “creo”.

Tengo que hacer una última anotación que ustedes me disculparán, pero que tiene que ver con el mundo científico en el que crecí en mi juventud, porque yo también tuve veinte años y cuando yo tuve veinte años estudié física en la Universidad Nacional allá en Colombia, algo he conocido de ese rigor de la ciencia moderna, y uno ve que para muchas personas la ciencia es como la luz, por eso se habla del periodo de la ilustración y se quiere presentar a la razón, sobre todo la razón científica como la luz, eso sí es claridad.

Mientras tanto, cuando la Iglesia tenía demasiada preponderancia aquí en Europa, es decir, en la edad media, eso se habla como la época oscura, el oscurantismo, esa es la parte oscura, en cambio llegó la luz, fíjate ese lenguaje que es el lenguaje, podríamos decir, más común, el lenguaje oficial con el que se presentan las cosas en nuestro tiempo, y uno ya se ha acostumbrado a eso, a que cuando le hablen de Iglesia a uno le llegue como mal olor de incienso rancio, catedral cerrada, monjes sospechosos, inquisición, opresión contra los pobres inocentes, los científicos encarcelados, Galileo torturado y otra cantidad de cosas, la gran mayoría de las cuales son simplemente mentiras, pero una homilía no es el lugar para empezar a desarmar todas esas mentiras.

La fe se presenta como una oscuridad, mientras que la razón, la tecnología, la ciencia son la luz, la ilustración, por fin la humanidad se levanto sobre sus pies y sacudió toda esa mentira.

Los fundadores del comunismo, empezando por supuesto por Feuerbach, Lenin, Marx, Engels, ellos hablaban ese mismo lenguaje, la fe la Iglesia, la casa de las tinieblas, la oscuridad, en cambio la ciencia esa es la luz, por eso Marx, que su teoría de la sociedad y de la historia era comunismo, pero ojo, comunismo científico, para que se sepa que esto no es el idealismo de Prudhoe o de Sensimo no, este es aquí es el comunismo científico, esto aquí es la ciencia, esto es la luz aquí si está la luz.

Muy interesante eso, porque nos han vendido esa idea que creer es oscurecer la mente, que la fe es la que no les da la cabeza para pensar, la fe es para aquellos que están tan frustrados, tan derrotados por la vida como diría Frederick Nietzsche están tan derrotados por la vida que no les queda más sino meterse en una Iglesia vieja a encender veladoras y a rezar por los enemigos ya que no pudieron vencerlos, esa es la idea que le quieren presentar a uno, vaya usted al cine pagando unas sumas astronómicas, porque ya las boletas son carísimas, vaya usted al cine y mire como aparece la Iglesia, la fe si es que aparece ahí y siempre es eso, cuando va a aparecer la Iglesia es un personaje encorvado, con su capucha aquí y un velón, ese es un monstruo de la inquisición.

Y resulta que aunque hay por supuesto personajes muy oscuros y todo tipo de degenerados y ha habido en todas partes, y la Iglesia tiene su cuota de degenerados también, la realidad que aparece en la Biblia es muy diferente, y la experiencia que millones y millones de personas tenemos de la Iglesia y de la fe es muy diferente y yo puedo decir, a título personal, que lo que yo he encontrado en Jesucristo es un espacio maravilloso de libertad, es un corazón que no tiene fronteras, es un modo de amar que yo creía que solo se podía soñar, pero que existe, lo he visto en él y lo he encontrado en los verdaderos discípulos de El, eso fue lo que vio este señor al que no solo le curaron los ojos sino que le iluminaron el corazón, eso fue lo que el vio.

Y el acto de fe aquí no consiste en que este ciego de nacimiento negó la ciencia, negó la razón no, la fe, nos dice santo Tomas de Aquino, no es una negación sino una perfección de la inteligencia, pero ese sería tema para otro reflexión.

En todo caso, yo aquí con mis caricaturas y con mis gritos, lo que quiero es despertar a ustedes en el sentido de estar atentos a toda esa mentira, porque los programas, la gran mayoría de los programas que pasan por Discovery Chanel, por History Chanel y los especiales de la BBC, la inmensa mayoría de todos esos programas que pasan cuando se refieren a la religión van a hablar continuamente, machaconamente de la religión como una fuerza de la oscuridad, como algo de lo cual hay que huir, y esa acusación ha tenido éxito en apagar la fe de mucha gente.

Pero bueno, nosotros, alimentados de estos testimonios y sobre todo por nuestra experiencia del encuentro de Cristo, estoy seguro que vamos a tomar un ritmo y una vía diferente.