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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19960310

Título: Jesus es capaz de crear fuentes de Espiritu para que nunca mas tengamos sed

Original en audio: 10 min. 13 seg.


Con el sencillo estilo de esta narración que hemos escuchado, Dios tiene para nosotros enseñanzas altas y profundas; altas como el cielo, profundas como el corazón humano.

Las lecturas de este tercer domingo de Cuaresma nos han hablado de agua. Dicen los médicos que después de la sensación de asfixia, quizá la más apremiante, la más compulsiva que puede tener el organismo humano es la de la sed, sobre todo, la sed en grado extremo. Y movido por esa sed, el pueblo de Israel cae en desconfianza e infidelidad; protesta contra Moisés y contra Dios.

Y por eso aquel lugar en el desierto, llamado Masá y Meribá, es el lugar de la tentación y es el lugar en donde el pueblo se encaró con Dios; el lugar del careo, de la reyerta, el pueblo se atrevió a pelear contra Dios, angustiado, oprimido por su sed.

Y están divinamente dispuestas las lecturas para que uno, desde el principio de esta Eucaristía, vaya sintiendo sed, y le vaya quedando la palabra sed, hasta que llegue Jesús y se encuentre con la samaritana.

En esta samaritana, en su modo de vida, y en lo que a ella le sucede, podemos encontrar como tres planos, tres niveles de lectura. En primer lugar, se trata de una mujer que va a recoger agua a un pozo, una escena pueblerina, que no tiene mayor trascendencia.

Como no existe servicio de acueducto, la operación de ir por el agua es fatigosa, toca hacerlo muchas veces. Entonces, tú ve reuniendo el común de estos elementos: sed, ir por agua, muchas veces, una necesidad enteramente material, que hay que satisfacer y que la única manera de satisfacción que encontró, en el caso de esta mujer, es ir muchas veces a conseguir el agua.

Pero el relato, que está tomado del capítulo cuarto de San Juan, nos da más detalles sobre esta mujer. Nos dice, por ejemplo, que se trata de una mujer que ya había tenido varios esposos. Y ella cambiaba de esposo, iba a buscar otro amor, como también iba a buscar agua.

De manera que así como tenía que ir cada cierto tiempo, cada día o cada tantos días al pozo a sacar agua, porque el agua se le acababa, así tenía que ir cada cierto día al pueblo a vender o a comprar amor, porque el amor se le acababa.

El agua la buscaba en el pozo, el amor lo buscaba en el pueblo. Quería ella que el agua del pozo le apagara su sed, y quería ella que el amor de un hombre apagara su necesidad de afecto, su necesidad de amor.

Entonces, en esta mujer no había una sola sed, sino por lo menos dos. Y a partir de una solicitud, de un favor aparentemente intrascendente, "dame de beber" San Juan 4,7, le dice Jesús a ella; a partir de ese favor, que estaba en el nivel número uno, el nivel del agua física, Jesús pronto lleva a esta mujer al segundo nivel, a esa sed más profunda.

Pero ahí no se detiene el relato. "Creo que eres profeta" San Juan 4,19, dice ella. "Nuestros padres aseguran que hay que adorar aquí en este monte" San Juan 4,20. Este monte que ella seguramente señaló cuando estaba hablando con Jesús, existe desde luego todavía, es el Monte Garizín.

Ahí los samaritanos, que fueron como una especie de rama desgajada del judaísmo, con ocasión de la división entre el reino del norte y el reino del sur, es toda una historia; ahí los samaritanos habían tenido durante décadas y centurias un centro de culto. Y entonces ellos aseguraban que ese centro de culto, que ese templo era más importante que Jerusalén.

Entonces, esta mujer le dice a Jesús: "Parece que hay que ir a ese templo, o parece que hay que ir al templo de Jerusalén" San Juan 4,20, porque ella también buscaba templos como buscaba hombres; porque ella también, en el fondo de su ser, buscaba a Dios, aún sin conocerlo; y tenía sed de Dios, aún sin saberlo, así como tenía, y le daba pena reconocerlo, sed de amor humano, y así como tenía, y le tocaba saciarlo, sed del agua física.

Jesús, lleno de cansancio y lleno de sed, tiene sin embargo sed suficiente para descubrir la sed del otro. Dice San Agustín hermosamente: "Jesús le pidió "dame de beber", pero en realidad estaba sediento más que del agua que ella pudiera sacar del pozo, estaba sediento de la sed de ella".

Ahora pensemos en cuál es la solución para cada una de estas clases de sed. La sed física la puede calmar ese pozo, la sed de amor quizá un buen esposo, un buen marido, pero la sed de Dios sólo la puede saciar el Espíritu, el Espíritu de Dios.

Y por eso Jesús reconstruye, sana, redime la vida de esta mujer, podemos decir de atrás para adelante. Ella creía, cuando iba de camino al pozo, creía que sólo tenía sed de agua; Jesús le ha ayudado a encontrar las otras dos clases de sed que también tiene.

Jesús va a sanar la vida de ella de atrás para adelante. Desde la gracia del espíritu de conversión que le da, hasta la gracia de restablecerla en su dignidad de persona digna de ser amada, y hasta también ese don elemental pero necesario de un poco de agua para beber.

Es maravilloso el tejido de relaciones que logra crear el Evangelista en un texto relativamente breve. Le dice la mujer a Jesús: "¿Eres tú más grande que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo donde bebieron él y sus hijos y sus animales?" San Juan 4,12.

Este Jacob al que se refiere la samaritana es el mismo que en la Biblia se llama Israel; Jacob e Israel son dos nombre para la misma persona, como lo dice expresamente el Génesis.

Y de lo que se trata en el fondo de las lecturas de este domingo es que la pregunta de la mujer sea también la pregunta de nosotros: "¿Jesús, tú eres más que Jacob? ¿Jesús, tú eres más que Israel?" ¿Pero qué fue lo que pudo dar Jacob? Un poco, ¿y qué es lo que va a a dar Jesús? Una fuente, que es muy distinto.

Al pozo de los rituales judíos tocaba ir una y otra y otra vez a entresacar poquitos de agua para beber; al pozo del Templo de Jerusalén había que ir una y otra y otra vez, y era un pozo sólo para los judíos. Desde Jesús, la salvación ciertamente sale del judaísmo, pero en el doble sentido de que es salvación para ellos, y que también desde ellos brota para el mundo entero.

Jacob lo más que pudo hacer fue un pozo para él, sus hijos y sus animales; Jesús es capaz de crear, con su palabra y con su fe, fuentes, surtidores de Espíritu en cada corazón que cree, para que nunca más tengamos sed, para que nunca más tengamos que vendernos barato a cualquier amor humano, para que nunca más reneguemos ante Dios ni contra Dios cuando nos falten las cosas necesarias para esta tierra.

Este es el poder que tiene Jesucristo. Y por eso, aunque venga con vestido pobre y tosco a visitarnos, en Él está la fuerza no sólo de darnos agua, sino de hacernos fuente, para que nos saciemos y saciemos a otros.

Hermosa promesa que sirve como de descanso en nuestro camino cuaresmal. No es la única promesa.

Hoy les invito a que sigamos con amor y con ardor nuestro camino de Cuaresma. Las próximas dos lecturas de los próximos dos domingos, son también tomadas del evangelio según San Juan y nos va a ayudad a descubrir un poco más de quién era Jesús, que es más grande que Jacob y que puede dar agua, Espíritu, amor, no para un rato, sino hasta la misma eternidad.

A Él honor por los siglos.

Amén.