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Fecha:20110320

Título: Perseverar en los duros trabajos del Evangelio, seguros de obtener la victoria

Original en audio: 4 min. 16 seg.


Llegamos, mis hermanos, al segundo domingo de Cuaresma.

Sabemos que ya que la Cuaresma es peregrinación, es hacer camino. Así como Cristo entró resueltamente en el desierto, y allí tuvo victoria sobre el demonio, como veíamos el domingo pasado; así como el pueblo de Israel anduvo cuarenta años por el desierto, así también nosotros, el nuevo pueblo de Dios, avanzamos por el camino cueresmal.

Y en realidad las lecturas de hoy nos hablan de movimiento y nos ponen en movimiento.

La primera lectura, por ejemplo, nos recuerda la figura de nuestro padre en la fe, Abraham. Abraham fue llamado para ponerse en camino: Le dice Dios: "Ve a la tierra que yo te mostraré" Génesis 12,1.

Y lo más importante en esta manera de hablar de Dios es que al decirle: "Yo te mostraré esa tierra" Génesis 12,1, le está diciendo: "Camina conmigo". Si Dios le hubiera dado como referencia: "Mira, avanza por aquí tantos kilómetros", -que pueden ser cien o doscientos o los que fueran-, "y después tomas a la izquierda, y después tomas a la derecha".

Si le hubiera dado un mapa desde el principio, Abraham hubiera podido quedarse con ese mapa, fiarse de sus conocimientos, confiar en sus propias fuerzas. Pero Dios le dice: "Ve a la tierra que yo te mostraré" Génesis 12,1.

Y de ese modo se crea una relación, una estrecha relación entre Dios, el que guía, y Abraham, el que es guiado.

Es el mismo tipo de relación que nosotros necesitamos en nuestra vida cristiana. Uno no puede decir simplemente: "Yo ya conozco la fe, porque yo estudié el catecismo cuando hice la Primera Comunión", o: "Yo iba a Misa cuando era joven", o: "Yo estudiaba religión en el colegio".

La fe no es algo que puede quedarse atrás como quien vive de la renta; la fe tiene que renovarse cada día; Dios quiere se tu guía cada día, y por eso, lo mismo que Abraham, el cristiano sabe que tiene que afinar el oído para seguir oyendo la voz de su guía.

Luego tenemos la palabra de San Pablo en su Segunda Carta a Timoteo, invitando a este querido discípulo a que "tome parte en los duros trabajos del Evangelio" [[Categoría:2 Timoteo 001_008|2 Timoteo 1,8], así le dice. Y esto nos recuerda que el Evangelio efectivamente requiere que vayamos en contravía muchas veces.

Y por supuesto, para oponerse a un mundo que tiene una lógica diferente, necesitaremos valor y constancia.

Un efecto parecido es el que trae la lectura del evangelio de la Transfiguración según San Mateo, que es precisamente el texto para este domingo. ¿Por qué aparece la Transfiguración? Porque la Transfiguración imprimió en el corazón de los discípulos la certeza de la victoria final.

Lo mismo que Abraham necesitaba saber que había una tierra prometida al final del camino, y esa esperanza le mantenía en movimiento, así también los discípulos reciben en la Transfiguración la certeza de la victoria final, que no es otra sino victoria de Pascua, para que con esa certeza pudieran seguir avanzando, incluso después dela dureza y la dificultad del dolor, de la persecución, de la cruz.

Seguir, seguir el camino, continuar escuchando la voz del Señor; perseverar en los duros trabajos del Evangelio, y tener certeza de la victoria.[[Categoría:2 Timoteo 001_008|2 Timoteo 1,8]