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Fecha: 19990228

Título: La luz de Dios cambia

Original en audio: 35 min. 10 seg.


Queridos Amigos:

Es fácil saber de qué trató el evangelio que acabamos de escuchar. Fue una escena muy particular que vivieron los discípulos, es decir, tres de los discípulos, Pedro, Santiago y Juan, cerca de Cristo. Mientras Cristo estaba haciendo oración, cambió el aspecto de su rostro, la ropa se le volvió blanquísima y el rostro echaba luz.

Lo que no resulta tan obvio es preguntarnos qué quería decir Jesús con ese milagro, y en segundo lugar, por qué la Iglesia nos propone que meditemos en las Transfiguración del Señor en este camino de Cuaresma en el que nos encontramos; esas son las dos preguntas que tenemos para resolver.

Jesús hizo muchos milagros, por ejemplo, hizo milagros como el que hemos meditado del cuerpo de aquel leproso, Jesús curó a ciegos, sordos, paralíticos, incluso les devolvió la vida a algunos que ya habían muerto, por ejemplo, el hijo único de aquella mujer viuda de un pueblito llamado Naim, o por ejemplo, Lázaro.

Jesús hizo muchos milagros, pero cuando Jesús le devuelve la vista a un ciego, uno como que entiende por qué le devolvió la vista. La ceguera es una limitación muy grave, es una desgracia, lo mismo que la lepra.

Y en ese sentido, Cristo, al devolverles la vista o el uso natural de sus facultades a estas personas, estaba sanándolas, estaba restituyéndolas a su condición de personas, pero este milagro de la transfiguración es un milagro muy raro, es un milagro único.

Porque en este milagro Jesús no obra sobre el cuerpo de otras personas, sino que es su propio Cuerpo el que cambia, y de qué manera cambió, se volvió lleno de luz, tanto que no parecía que fuera de esta tierra. Fue una visión celestial maravillosa que tuvieron Pedro, Santiago y Juan, es un milagro extraño.

Jesús también obró sobre la naturaleza, alguna vez multiplicó los panes, o varias veces; Jesús calmó la furia de la tempestad; cuando Jesús se murió, la tierra se oscureció. Jesús tiene poder sobre la naturaleza, pero este milagro de la transfiguración es distinto, porque esta vez es su propio Cuerpo el que se llena de luz

¿Qué quiere decir esta transfiguración? ¿Qué podemos aprender nosotros de ella? Hay antecedentes. Cuando Moisés se subía al monte Horeb, se subía a orar a ese monte y duraba días y días orando.

Una vez bajó del monte y su rostro iluminaba, y después el pueblo de Israel, cuando iba por el desierto, llevaba una tienda de campaña, una tienda grande, un Tabernáculo del Encuentro, que era el lugar donde estaba el Arca de la Alianza, y cuando Moisés entraba a orar a ese Tabernáculo y luego salía, el rostro de él echaba luz.

O sea que parece que hay una primera enseñanza que podemos sacar de aquí: así como cuando una persona se pone al sol se broncea, su piel cambia de aspecto, así el que se pone ante el sol de Dios cambia, la luz de Dios lo cambia, lo hace luminoso.

Jesucristo, en esa montaña donde están los apóstoles, ¿qué estaba haciendo? Estaba orando, la oración nos cambia, la oración hace que tengamos luz. Es una primera enseñanza que podemos sacar de este pasaje, y de ahí podemos entender también una primera aplicación al tiempo de Cuaresma en el que nos encontramos. La Cuaresma es un tiempo para orar más, para hacer más oración. Los tres grandes ejercicios para la Cuaresma son: la oración, el ayuno y la limosna.

La oración que nos educa en nuestra relación con Dios, el ayuno que nos educa en el dominio de nosotros mismos, y la limosna que nos educa en el trato generoso y caritativo con las demás personas.

De manera que una primera aplicación es, la oración nos hace luminosos, la oración nos llena de luz y este tiempo de Cuaresma nos llama a orar más. Primera aplicación.

Pero debe haber algo más aquí, porque resulta que Jesús no sólo resultó luminoso, radiante, sino que se aparecieron dos personajes del Antiguo Testamento, dos personajes que estaban hablando con Él: Moisés y Elías.

Y estos dos hombres que parecen ahí, nos hacen descubrir que en la transfiguración hay algo más, no solamente la luz, que cuando Jesús estaba ahí estos hombres hablan con Jesús y luego se escucha una voz: “Este es mi Hijo muy querido” San Mateo 17,5, dice una voz de en medio de la nube. “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi complacencia; escuchadlo” San Mateo 17,5.

La luz fue la señal visible, la voz del Padre fue la señal audible, se vio la luz, se escuchó la voz, la luz que se vio contaba de la gloria, la palabra que se oyó, nos explica cuál es la verdadera gloria y nos invita Papá Dios a escuchar a Jesucristo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadlo” San Mateo 17,5.

Esa voz del Padre hay otro momento en el que se había oído, seguramente nos acordamos del día del bautismo de Cristo, cuando Cristo se bautizó se vio una paloma, y se oyó una voz, una palabra que se oyó.

La paloma significaba la presencia del Espíritu Santo y la voz era la voz del Padre, ¿y qué dijo aquella voz? “Este es mi Hijo muy amado” San Mateo 3,17, dijo las mismas palabras que hemos escuchado en el evangelio de hoy.

De manera que la gloria de Cristo transfigurado es la señal visible y la voz del Padre que acompaña. Esa gloria nos invita a escuchar a Jesucristo. ¿Qué quiere Dios de nosotros? ¿Por qué nos llama a que escuchemos a Jesús? ¿Y por qué Jesucristo se cambia así, se transfigura así?

Mis amigos, porque la vida de Jesucristo tiene muchas cosas extrañas, y las palabras de Cristo tienen muchas cosas que no entendemos, muchas cosas que incluso nos pueden parecer absurdas, difíciles e imposibles.

Cuando Cristo nos dice, por ejemplo, que: "Hagamos el bien a los que nos persiguen” San Mateo 5,44, “que oremos por nuestros enemigos” San Mateo 5,44, esas palabras parecen absurdas, parecen imposibles.

Cuando Jesús nos dice que: “Seamos perfectos, como es perfecto el Padre celestial” San Mateo 5,48, esas palabras parecen imposibles; cuando Jesús nos dice: “El que no tome su cruz y venga atrás de mí, no puede ser mi discípulo” San Mateo 10,38, esas palabras nos parecen imposibles.

Cuando Jesucristo nos dice: “El que no coma mi carne y beba mi sangre no tiene vida” San Juan 6,53,esas palabras nos parecen exageradas, absurdas e imposibles.

Cuando Jesús empieza su camino hacia Jerusalén para morir en la Cruz, para dejarse matar, ¡eso nos parece absurdo e imposible! ¿Por qué está muerto? Nos parece absurda la muerte de Cristo, sobre todo esa muerte en la Cruz nos parece lo más ilógico y absurdo del mundo, nosotros no quisiéramos una salvación así.

Nosotros quisiéramos una vida tranquila, una vida sin problemas, tener un hogar bonito, criar unos hijos, tener buena salud, una buena casa, algunas comodidades. ¿Qué tiene que ver la luz de Cristo con ese ideal que es el ideal de nuestros corazones?

Nosotros queríamos una vida sin problemas y resulta que Jesucristo se mete en la boca de los problemas, se mete en el centro de los problemas; Jesucristo, en la Cruz, está metido entre todos los problemas, en el entrecruce de todos los problemas de la humanidad, y nosotros queremos una vida sin problemas y Jesucristo parece que está buscando los problemas.

Nosotros queremos una vida tranquila, y vemos a Cristo atormentado en la Cruz; nosotros queremos una vida hermosa, y vemos a Cristo despedazado en la Cruz; nosotros queremos una vida pacífica, y vemos el odio ensañándose contra Cristo en la Cruz, ¿y Cristo qué hace en la Cruz?

No hace lo que le dijeron: “Bájate de ahí para que creamos en ti” San Marcos 15,32, no hace eso, Jesucristo ora, perdona, ama, actitud absurda nos parece a nosotros, ¿de qué sirve sufrir así?

En últimas, ¿de qué sirve el sufrimiento? ¿Qué tiene ese mensaje? ¿Cómo entenderlo? ¿Cómo comprender ese mensaje de la cruz? Y sin embargo Jesucristo dijo: “El que no tome su cruz cada día y me siga, no puede ser discípulo mío” San Mateo 10,38.

De manera que el misterio de la Cruz no sólo es el misterio de Él, sino es el misterio de cada uno de nosotros. Uno no entiende esto, uno no entiende el mensaje de Cristo, el mensaje de Cristo es muy extraño y no lo entendemos.

Tal vez no hemos caído en cuenta de que no lo entendemos por una razón muy sencilla: porque la vida de pronto nos está sonriendo, y aquí creo que empieza la explicación de este misterio.

Resulta que cuando la vida nos está sonriendo, la cruz nos parece una exageración, un absurdo y un imposible; pero cuando el dolor nos atenaza, cuando el absurdo no está en nuestra cabeza sino que nos ahorca y nos estrangula, en ese momento damos gracias a Dios por el dolor de Jesucristo.

Las personas sin problemas no entienden el Evangelio, yo he llegado a esa conclusión, la gente que no tiene problemas no entiende el Evangelio. ¿Quiere decir que entonces el Evangelio sólo es para los emproblemados? Precisamente eso es lo que quiero decir, exactamente eso.

Y que si su vida no tiene ningún problema quiere decir que usted tiene el problema gravísimo de una vida sin problemas, ¿y por qué es un problema de una vida sin problemas? Yo lo entendí hace un tiempo, porque resulta que nada puede ser más triste que dejar una vida que sólo ha sido feliz, se llama filosofía; se la repito: “Nada es más triste que dejar una vida que sólo ha sido feliz”.

Jesucristo está en la cruz, Jesucristo está en la cruz de todos los problemas, porque Jesucristo toma nuestra vida como es, y si tú no has descubierto los problemas de tu vida, entonces sí que tienes un verdadero problema.

Hay que pedirle a Dios que nos ayude a descubrir los problemas de nuestra vida, que nos ayude a descubrir qué es lo que se está preparando en nuestra vida. Que nos ayude a descubrir qué es lo que se está preparando en nuestra vida.

"-Padre, usted está haciendo terrorismo, ¿o sea que usted me está amenzando? ¿O sea que usted me está diciendo que yo de todas maneras voy a tener desgracias y problemas?" "-Si, eso es lo que le estoy diciendo, que usted va a tener desgracias y problemas, eso es lo que le estoy diciendo".

Pero le estoy diciendo que esa es la condición de todos los seres humanos, y que hay alguien que se llama Jesús que nos ayuda en esa condición que tenemos todos los seres humanos, y estoy diciendo que en su transfiguración, Jesucristo recibió una señal visible de Dios Padre, la luz, y una señal audible de Dios Padre, la voz, para que nosotros sepamos que a través de la cruz y a través de esos problemas, llega una cosa nueva, una maravilla nueva, algo que se llama la Pascua.

Jesucristo aparece rodeado de luz, Jesucristo aparece acompañado de la voz del Padre Celestial, para que nosotros, impregnados de esa luz y convencidos por esa voz, sepamos que si vamos detrás de Cristo, habrá dolor, porque toda vida humana tiene dolor, pero ese dolor tendrá un desenlace de gloria, porque está protegido, porque está custodiado por el amor, por la palabra y por la verdad de Dios nuestro Padre.

Este milagro tan extraño, este milagro de la transfiguración de Cristo, no fue para que Cristo se luciera, no fue para que nosotros nos diéramos cuenta de qué bonito quedó Cristo; este milagro es para que nosotros sepamos que todo el que vaya detrás de Cristo, pasará por la muerte, por el sufrimiento, por el dolor, como todos los seres humanos, pero después, mas allá, desde el corazón, desde la entraña de ese dolor, encontraremos la luz de la gloria.

Pregunta: "Padre, ¿nos está enseñando entonces a que seamos resignados?" "-Yo creo que la resignación, en cuanto cobardía, no es el mensaje del cristianismo, la resignación como cobardía no es el mensaje del cristianismo, la resignación como cobardía no es el mensaje, pero la resignación como resistencia sí es mensaje, no es todo el mensaje, pero sí es mensaje del cristianismo.

Se necesita, no resignación, en el sentido de cobardía, pero sí resignación en el sentido de resistencia, esto lo necesitamos ahora, pero sobre todo, lo necesitaremos después. Como está el mundo, ser bueno cada vez tiene un precio más alto, ser justo, ser honrado, ser sincero, ser reccto, cada vez tiene un precio más alto, cada vez es más difícil.

Y el que no tenga temple, resistencia, será como la casa edificada sobre la arena, al piso va a dar. Necesitarás, para vivir en esta tierra, temple, resistencia, consistencia, firmeza.

¿Tú crees que puedes enfrentarte a la vida nada más con tu cara bonita? ¿Tú crees que puedes enfrentarte a la vida y pasearte por esta tierra y vivir por esta tierra y que las cosas van a ser siempre como son hoy? Acuérdate lo que le sucedió a los egipcios cuando José el hijo de Jacob llegó allá.

El Faraón de aquella época, que fue distinto al Faraón que le tocó cuando Moisés, tuvo un sueño, él vio un tiempo en el que aparecían unas vacas gordotas y luego aparecían las vacas flacas, por eso se habla del tiempo de las vacas flacas, eso viene del Libro del Éxodo en la Biblia.

Si en este momento tú tienes salud, no pienses que vas a tener salud toda la vida; si en este momento tú tienes trabajo, no pienses que el trabajo te va a durar toda la vida, o que la paz te va a durar toda la vida; ¿tienes fama? No creas que te va a durar toda la vida.

Aprende si Dios en este momento te tiene con salud, te tiene con trabajo, te tiene con paz, te tiene con amor y buena fama, este es el tiempo para que tú recibas fuerzas y aproveches esas fuerzas así como Egipto, bajo el consejo de José, hijo de Jacob, en el tiempo de las vacas gordas se robusteció, para que cuando llegara el tiempo de las vacas flacas pudiera resistir y sólo por ese consejo de José, hijo de Jacob, pudieron resistir.

Tú tienes belleza tal vez, ¿crees que eso va a durar toda la tierra? ¿No has entendido lo frágil que es la felicidad humana? Si me quieres recibir un consejo, ya que Dios te trajo esta tarde aquí, la única razón por la que Dios nos concede esos ratos así como de felicidad y sin problemas, es para que nosotros experimentando su bondad, podamos prepararnos para los momentos de tribulación.

Yo he visto caerse como un castillo de naipes vidas muy felices, y para que sepas que no estoy hablando por hablar, te voy a contar dos ejemplos.

Un amigo y una amiga mía, conocidos de hace mucho tiempo, se casaron. Qué matrimonio tan hermoso, qué matrimonio tan feliz, tú los veías y parecían tenerlo todo, la casita, el amor mutuo, la felicidad en la intimidad, los niños, el carrito, todo en orden todo feliz. Si tú eres cristiano te invito a una cosa: comprende que las porcelanas más bonitas son las más frágiles.

Resulta que al caballero en este matrimonio le empezó a entrar como un cierto gorgojo, como un cierto fastidio, como una cierta pereza, como un cierto no sé qué, y como que no se sentía a gusto, y como que nada le llenaba, y como que nada le bastaba. Toda esa felicidad de ese hogar tan bonito yo la vi derrumbarse en dos meses y medio.

Y se acabó, y a estas alturas, mis amigos, esa pareja tan feliz que parecía, tan bendecida de Dios, ahora son sólo cenizas, él vive por un lado y ella por el otro, ¿cuál fue la causa? Infidelidad, fastidio, sexo, no importa cuál fue la causa, lo que importa e que esas cosas se acaban, lo que importa es que todos tenemos talón de Aquiles y que si tú tienes felicidad no creas que esa felicidad te va a durar toda la vida.

La felicidad en este mundo es frágil, y por eso, la mejor manera de cuidarla, es con la humildad y la oración y la continua gratitud a Dios.

Una amiga de la familia política de mi hermano recibió hace dos meses una noticia: “Señora, usted tiene leucemia”. Una señora que tiene una niña de nueve años y un muchacho de trece años; "la leucemia que usted tiene es la más agresiva que conocemos, vamos a intentar algunas cosas, pero lo más probable es que usted se muera en este año".

"¿Y mi felicidad? ¿Y mis niños?" A ver, ¿qué vas a hacer? ¿A maldecir a Dios? ¿Eso te cura la leucemia? ¿Qué vas a hacer? De algo te vas a morir, algún problema te aguarda, esto no es pesimismo, esto es realismo, a todas las vidas les pasa esto, a todas.

Cuánta gente inocente está en la cárcel, a cuántas personas inocentes las han secuestrado, cuántas enfermedades hay en el aire que respiramos, ¿acaso té tienes pacto con los elementos de la naturaleza para que nada te entre, para que nada te enferme? ¿Acaso té crees eso?

Nosotros, como sacerdotes, recibimos y escuchamos a muchas personas, y cuántas veces las personas parecían felices, hasta el día preciso en que empiezan a ser tristes, hasta el día preciso en que las cosas se complican. ¿Tú crees que tienes todos los seguros de vida? Además, sabes que los seguros de vida son para tus parientes, no para ti, hermanito.

¿Tienes asegurado todo? ¿Todo está en tu puño y en tu mano? ¿Crees que puedes dominado todo? Iluso, salte de esa nube y entra en la nube gloriosa de la transfiguración que hoy nos presenta Jesucristo: el dolor, la enfermedad, los problemas, la guerra, la persecución, la calumnia.

¿Es que tú crees que vas a poder conjurar todos los males? ¿Es que te crees omnipotente que vas a poder pararlo todo? La vida humana tiene dolor, no podemos hacer de nuestra experiencia de fe y de amor, no podemos hacer de esa experiencia una especie de super seguro de vida.

Son las sectas protestantes, sino todas, incluyendo esa secta que se llama la Cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia, son las sectas protestantes que nos meten en la cabeza testimonios como este: “Yo empecé a creer en Dios y en ese momento me vendieron un apartamento de doscientos millones y me lo dejaron en quince, después de eso me gané la rifa de un Ferrari, mi fábrica sigue prosperando y las acciones van para arriba; ahora comprendo que creer en Dios es maravilloso, y gloria a Dios".

Ahora entra otro y dice: "A mí todo me salía mal, no conseguía novia, creí en Jesucristo y ahora me llueven, mi hermano". Luego entra otro dice: "Yo creía en el Señor Jesucristo y yo pertenezco a un equipo de béisbol, desde que creí en Jesucristo he metido dieciocho home run, para la gloria de Dios" y así sucesivamente.

Ese no es el cristianismo, Dios puede regalarte muchas bendiciones, y las regala ciertamente, pero la bendición de Dios no significa un seguro de vida, ni significa la automática prosperidad, porque Dios mismo sabe que la misma prosperidad se convierte en un ídolo para ti.

¿No es verdad, mis amigos, que cuando todas las cosas nos salen bien, las oraciones son tibias, desganadas? Cuántas familias buenas conozco yo en que al esposo, sobre todo los hombres, toca arrastrarlo: "¡Vamos a Misa, mijo, vamos a Misa!" Así somos los seres humanos.

El Salmo 77 dice: “Cuando Dios los hacía morir lo buscaban” Salmo 77,34, eso es así, así es el ser humano, porque así quedó el ser humano marcado por el pecado original y así somos, y yo puedo garantizar que de las personas que estamos aquí el noventa y ocho por ciento vinieron porque tienen problemas o los han tenido y el otro dos por ciento es mentiroso.

Todos hemos llegado a Dios a través de problemas y dificultades, uno sólo llega a Dios así, sólo así se llega a Dios, esto es un hecho comprobado, y Dios mismo lo sabe; por eso, cuando Él manifiesta en su cruz la solidaridad con nuestros problemas, está abriendo camino para que no nos dejemos ahogar por nuestros problemas que Él sabe que van a llegar; él nos está abriendo camino.

Por esta razón, mis queridos hermanos, nosotros como cristianos tenemos que aprender a vivir de otro modo, eso es lo que nos dice San Pablo en la Primera Carta a los Corintios al final del capítulo séptimo: “Queda como solución que los que tienen vivan como si no tuvieran, los que están casados como si no disfrutaran de su matrimonio, los que negocian como si no poseyeran” 1 Corintios 7,29-31.

Hermanos, la vida cristiana es una vida en la cual hay que saber recibir las bendiciones y las cosas que Dios nos dé, sabiendo que otro día puede que no estén, porque vamos de camino por esta tierra, ¿y por qué Dios obra así? Porque resulta que con lo inseguro que es el ser humano, es la única manera, en ese dar y perder, en ese tener y no tener, es la única manera de que uno aprenda que el único realmente importante, el único del que no hay que desprenderse es Dios.

La única manera de aprenderla es esa, cuando tenemos prosperidad nos olvidamos de Dios y creemos que somos los “chachos” del paseo: “Hay que ver mi talento para las finanzas, ¿qué será que a mí no hay negocio que me falle? ¡Cosa bruta!" O sea, realmente mi inteligencia, mi habilidad, mi astucia lo hicieron” tipo tan tenaz y cuando falla, “¿por qué me haces esto Dios?” Como somos de injustos con el Señor.

Cuando las cosas salen bien, la gloria para nosotros, “sí, claro, es que es mi inteligencia de mujer”, “es que yo sí sé cómo se hace feliz a un hombre”, “es que yo sí sé cómo se organiza un hogar”. Póngase a decir esas palabras presuntuosas, niña tonta, y verá usted lo que le pasa cuando lleguen los problemas.

“¡Ay!, ¿Por qué Dios acaba mi hogar?” “Por qué Dios no me dejó tener a mi esposo?” “Por qué mis hijos salieron así?” Porque los hijos aprendieron que en la casa había dos dioses: el papá y la mamá, un dios y una diosa, y con ese culto los hijos se aburrieron y se largaron a hacer su propia vida.

Queridos amigos, por eso el camino que nos marca Dios es un camino de humildad, de gratitud, de oración, de amor. Yo quisiera que Dios no tuviera que rasguñar a nadie, ni golpear a nadie para que nos volviéramos a Él, pero no tengo autoridad moral para decirlo, porque yo estoy descalabrado de todo lo que me ha pasado, por eso no tengo autoridad para decirlo.

Yo podría ser el jefe y presidente honorario de los tercos del mundo, pero están hablando con una persona que, con todas sus terquedades, ha llegado a descubrir que sólo Dios es firme, que sólo Él es nuestra esperanza, y aunque nos parezca extraño, sólo por el camino de la Cruz se llega a la gloria de la Pascua.