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Fecha: 20020602

Título: En la Eucaristia estan los mismos rasgos de Cristo

Original en audio: 6 min. 32 seg.


Hermanos:

Podemos conocer a Jesucristo mirando a la Eucaristía. En la divina Eucaristía están las señales, están los rasgos, está el estilo de Jesucristo. En la Eucaristía encontramos, en efecto, humildad, caridad, pureza, poder, acogida, promesa de vida, descanso. Y todas estas expresiones y muchas más que podríamos decir son los rasgos de Cristo.

Un santo de la Iglesia Católica, conocido por la sabiduría que Dios le dio, Santo Tomás de Aquino, escribió sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, y dijo, entre otras cosas, en una poesía, que todos los sentidos se engañaban en la Eucaristía, porque la vista nos dice que ahí hay pan, y el olfato y el gusto nos dicen que ahí hay pan, y sin embargo la fe nos dice que ese pan no es pan de esta tierra sino Pan del cielo, no es Pan que aplaza al muerte sino es Pan que da la vida.

Y desde luego tiene razón Santo Tomás de Aquino, los sentidos se engañan en la Eucaristía, pero bien podemos decir que en la Eucaristía están los rasgos de Cristo, porque la humildad de ese Pan nos habla de la humildad de Cristo; la caridad con que ese Pan se nos da no es otra sino la caridad de Cristo; la pureza que evoca ese Pan nos habla de la pureza de Jesucristo; y lo mismo podríamos decir de su poder, de la de la manera amable como nos recibe, nos escucha, la manera como nos reconforta, nos levanta, nos guía.

Por eso, hermanos, aunque es verdad que los sentidos se engañan en la Eucaristía, también tenemos que decir que la Eucaristía nos retrata quién es Jesucristo.

Y de todos los rasgos de Cristo que hay en la Eucaristía, yo sólo quiero destacar uno en este día: la infinita humildad de la Hostia. Cristo, puesto en nuestras manos, manos indignas; Cristo ofrecido a nuestra boca, Cristo humilde, Cristo silenciosos, Cristo expuesto a nuestro amor o a nuestra indiferencia.

¿No es verdad, hermanos, que se parece mucho esa Hostia al Crucificado? También el Crucificado guarda silencio, porque dijo el Apóstol san Pedro: "Como oveja que va al esquilador, enmudecía y no abría la boca" 1 Pedro 2,23.

También el Crucificado está expuesto; así como se levanta la Hostia en la Misa, está levantado Cristo en la Cruz; también el Crucificado es humilde, y desde allá, desde el patíbulo de la Cruz, está mostrando la bondad del corazón de Dios y la verdad del corazón humano.

Acerquémonos, entonces, nosotros en este día a la Eucaristía, queriendo sintonizar nuestro corazón con el de Cristo. Si nos invitan a una comida unos a amigos, estamos alegres porque nos invitaron los amigos que están alegres. Hay que sintonizar el corazón con aquel que nos invita.

Si el que nos invita es humilde, veraz, puro sincero, generoso; si ése es el que nos invita, ¿la manera de comulgar cómo es? Con humildad, con verdad, con pureza, con amor. Porque el sacramento de la Eucaristía es ante todo el sacramento del Amor.

Dice el mismo Santo Tomás que en este sacramento se siente el sabor del amor, el sabor de la dulzura en su misma fuente. Sintonicemos nuestro corazón con el de Cristo, sintonicemos nuestro amor con el suyo, y agradezcamos el regalo que sólo existía para los Ángeles, pero que Cristo ha traído para nosotros los hombres.