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Fecha: 19960609

Título: Jesus es la verdadera comida y la verdadera bebida que va a saciar toda hambre y toda sed.

Original en audio: 21 min. 22 seg.


“Recuerda el camino que el Señor te ha hecho recorrer” Deuteronomio 8,2, le dice Moisés a los israelitas en el libro del Deuteronomio.

También yo quiero que atendamos a esas palabras como dirigidas a nosotros: “Recuerda el camino que Dios te ha hecho recorrer” Deuteronomio 8,2. Haz memoria de tus días, de tus meses, de tus años. Haz memoria para no perder la enseñanza, porque del pasado la nostalgia es inútil, el resentimiento es perjudicial, la vanagloria es un estorbo. Lo único que sirve del pasado es la enseñanza.

“Recuerda el camino que Dios te ha hecho recorrer” Deuteronomio 8,2, le dijo Moisés a los israelitas y digo yo hoy a ustedes. Saca la enseñanza de tus días, no sea que los estés viviendo en vano; saca provecho de tus años, no sea que los estés perdiendo; saca utilidad y fruto de tu camino, no sea que estés dando vueltas en el mismo sitio.

“Recuerda el camino que Dios te ha hecho recorrer” Deuteronomio 8,2 significa: cuidado con estar dando vueltas en el mismo sitio, cuidado con estar perdiendo el tiempo, el único tiempo que tienes; cuidado con estar desperdiciando tu tesoro, que no son tus monedas ni tus títulos, sino la vida.

¿Y qué quiere Moisés que los israelitas aprendan de esos años y de ese camino? Quiere que aprendan a distinguir dos tipos de hambre, dos géneros de hambre, porque el ser humano por sus propias fuerzas únicamente conoce y reconoce un tipo de hambre, la que le lleva a acercarse a la naturaleza, tomar sus frutos, sacrificar sus animales y saciar su apetito.

Dios se las arregló para enseñarle al pueblo de Israel que existe otra hambre, Dios se las arregló para hacer entender a su pueblo que aunque una persona tenga el estómago lleno, sin embargo, hay un hambre que no se va a saciar en su estómago, y si se le pregunta por qué es calidad de vida, yo creo que hay que responder, depende de la calidad de hambre. ¿Cuál es la calidad de hambre que tú tienes? ¿Qué habría que darte a ti para tenerte contenta? ¿Qué hay que darte para que estés contento?

¿Cuál es tu felicidad y cuál es tu saciedad? Esa es tu calidad de vida, ese es el grado de humanidad, ese es el grado de fe, ese es el grado de vocación, ese es el grado de santidad. Esa pregunta es simplemente fundamental: "-Qué hay que darle a usted para que esté contento? ¿Con qué se alegra usted?" "-Pídame unos millones". Esa es tu hambre, esa es tu vida, esa es tu calidad. "-¿Qué necesita usted para estar saciado?" “-Necesito que se me deje hacer lo que se me da la gana". "-Esa es su hambre, ahí está escrito, ese es usted".

En casos pavorosos como los que vive nuestra patria las respuestas serían incluso peores. "-Qué necesita usted para estar contento?" "-Ver correr la sangre de mi enemigo, me alimenta la sangre de mi enemigo, verlo por tierra con ocho balazos, eso me sacia".

De manera que quiso Dios que los israelitas meditaran cuál es el hambre que tienen, cuál es la felicidad que tienen, y por eso a través de las tribulaciones del éxodo y del largo camino por el desierto, fue sondeando su corazón.

Los marinos llaman sondear, echar la sonda para verificar la profundidad del fondo, sondear, Dios también sondea el corazón humano y lo sondea especialmente en el desierto, el desierto para Israel y el desierto para cada una de nuestras vidas, así sondea Dios el corazón humano y así capta Él, pero mejor, así nos hace captar a nosotros mismos, cuál es nuestra propia profundidad, en dónde está ese fondo.

A través de diversas pruebas el pueblo de Israel descubrió, que cuando alegaba y protestaba porque tenía hambre de pan o tenía sed de agua, Dios podía calmar esa hambre y esa sed; pero también descubrió que su propia rebeldía, su propia terquedad, su propia soberbia quedaban a la vista en esas peticiones.

Una vez por ejemplo se rebelaron contra Moisés y les dijo este caudillo: “Ustedes no han hablado mal de mí, han hablado mal de Dios”.

A través de la prueba, de la angustia, de la soledad, a través de la prosa de los días uno va encontrando cuál es el verdadero fondo del corazón, y la pregunta a la que tiene que llegar el pueblo de Israel es: "Si hemos sellado alianza con Dios, ¿por qué no somos de Dios? ¿Por qué no alcanzamos a ser de Dios?"

Yo creo que una pregunta semejante se lo podría hacer a un religioso o a una religiosa: “-Hermana, dé cinco razones por las que usted no es santa” "-Bueno, le voy a explicar: yo tuve una crisis de fe..." "-Pero la crisis era precisamente una de las grandes ayudas para que usted se apoyara en el Señor y depurara su fe" "-Pero es que no solamente eso. Usted comprenderá, es que yo he tenido que vivir con una comunidad que no es fácil, es que a usted no le ha tocado vivir con esos personajes, no es fácil, es que eso es un poco complicado".

"-¿Quieres decir entonces que te ha faltado Dios, o sea, que Dios te ha traicionado?" "-Bueno no, realmente no, es decir, Dios siempre ha estado ahí” - "En la comunidad te impiden orar desde luego? "-No, no es que impidan, o sea uno orar, puede orar, ese no es el problema, pero es que hay un ambiente y en ese ambiente Dios no existe, no, sí existe” "- Entonces te esconden la Biblia y te queman tus libros". "Tampoco, porque yo tengo una Biblia ahí, pero es que además hay mucho trabajo..." "Y te obligan a que ese trabajo lo ofrezcas a Baal". "No, no, a mí nadie me obliga a nada".

Dé cinco razones por las que usted no es santo, por las que no hay vida divina en usted, ¿por qué no hay vida divina a veces en nosotros? ¿Por qué sucede tal cosa? En ese punto uno descubre que necesita ayuda para que llegue la ayuda divina. Porque evidentemente sí hemos recibido desayunito, almuercito y comidita, y evidentemente sí ha habido agua jugo, gaseosa, pan, "Cuatro, "Coca-Cola", o lo que sea, ha habido alimentos, ha habido bebida, pero no ha habido vida, verdadera vida no ha habido.

Cuando usted ingresó a la vida religiosa probablemente tenía un anhelo intenso de contemplación, de unión con Dios, de servicio a Él, tenía anhelo de vida divina. Usted no vino a la vida religiosa a ser un obrero, una obrera más, porque ahí sí como dicen las niñas que le están haciendo quite a la vocación, "uno también puede servir a Dios afuera".

Usted no vino buscando lo que podía tener afuera, usted vino buscando vida divina, la pregunta es que pasó con esa hambre de vida divina. Dos costales de mogollas, tres quintales de harina, una vaca y media, es decir, lo que uno se haya comido a lo largo de la vida, que tal que a uno le fueran sumando lo que uno va comiendo? Yo creo que a estas alturas usted ya ha comido una vaca, sumando una cosa con otra.

Pues bien, vaca y media, dos costales de mogollas, 780 litros de Coca-Cola, una piscina, yo creo que uno se ha bebido una piscina a lo largo de la vida, pues todo eso que usted se ha comido no le ha traído la vida divina, porque usted con todo eso entre pecho y espalda, después de limpiarse bien la boca con una servilleta, todo eso entre pecho y espalda, seguramente no ha logrado todavía que nuestra vida sea vida de Dios.

Y por eso dice Jesús en el evangelio: "Mi carne es verdadera comida" San Juan 6,55Y yo me atrevo a agregarle al articulo y a cambiar el orden: "La verdadera comida es mi carne, la verdadera bebida es mi sangre", y entonces entendemos mejor lo que ha dicho Jesús: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre, -así os hayáis comido vacas enteras y costales de mogollas-, si no coméis la carne del Hijo del hombre no tenéis vida en vosotros” San Juan 6,53. ¿Y entonces qué tengo? Una muerte sostenida, una muerte prolongada.

En el evangelio según San Juan sólo hay dos posibilidades: o tienes una sentencia de muerte, lo que yo he llamado una muerte aplazada, o tienes una sentencia de muerte o tienes vida, vida eterna, vida divina, esa es la condición real del ser humano según el evangelio de Juan: o tienes vida en su nombre, por su Carne y por su Sangre, o tienes vida así porque Él te la ha dado, o sobre ti pesa una sentencia de muerte.

Y después de que pesa sobre uno una sentencia de muerte, si uno sabe que lo van a ajusticiar de aquí a tres días o a cuatro días, pues ahora sí pueden traer lechona, ajiaco, asados, picadas, pollito, pizza, estoy sentenciado. De manera que lo que se está haciendo no es alimentar a un vivo sino a aderezar a un cadáver.

Así habla el Apóstol Santiago cuando se refiere a aquel rico que pone su certeza y su suficiencia en sus riquezas dice: “Pues te has dedicado acumular bienes en este tiempo, precisamente en el tiempo final, y lo que has hecho es cebarte para el día de la matanza" Carta de Santiago 5,5.

El que solamente come vaca, trigo, manzanas, costales de mogollas, el que solamente come eso no tiene vida, se está cebando para el día de la matanza. O como decía el otro pensador: “Está preparando adecuadamente su comida para los gusanitos, para que los gusanos tengan suficiente proteína, vitamina y mineral”.

De modo que la posibilidad es: o hay en nosotros la vida que viene de Dios, o estamos cebándonos para el día de la matanza, y por eso dice Jesús: “Soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre” San Juan 6,51.

¿Cómo dio Cristo ese pan? En su Pascua, Cristo es vida ofrecida, dice Juan Pablo II en "Evangelium vitae": “Precisamente porque la sangre de Cristo se derrama como donación, no es un signo de muerte sino un signo de vida”. Precisamente porque la vida no se le arranca a Cristo sino Él la da.

A los demás, la vida se les arranca. Usted puede comentar largo rato con un marrano, no logrará que él dé su vida, usted le puede explicar: “Comprenderás que existe una gran demanda de salchichas, de jamón, hay un pedido muy fuerte de tocinetas, tratemos que esto sea menos doloroso para ti y para mí”.

Puedes argumentar largo rato con el marrano, te mirará con una inmensa desconfianza y finalmente tendrás que arrancarle la vida al marrano, y hay que ver cómo lloran esos marranitos. A los además la vida se les arranca, toca arrancarles la vida, por eso le decía un pavo a otro pavo: “Creo que se viene otra tragedia, ya empezaron a cantar Noche de Paz”.

A los pavos, a los marranos toca arrancarles la vida, entonces los métodos se vuelven, yo no sé si decir más humanitarios, tratándose de animales no sé cómo haya que hablar. Entonces se le da un corrientazo al animal y queda su sistema nervioso completamente loco, y en ese momento se le acomoda un instrumento corto punzante que haga salir la sangre, por lo menos así grita menos.

A los demás se les arranca la vida. Y cuando una persona se suicida o desea la muerte, es porque ya le han arrancado la vida. Cristo es un caso raro absolutamente singular y extraño de una criatura que tiene toda su vida, toda, y sin embargo la da. “A mí nadie me quita la vida” San Juan 10,18, dice Jesús en el capítulo diez de San Juan, "a mí no me quitan la vida" San Juan 10,18, no me comparen con un marrano, con una gallina, con un pavo, ni con un suicida, "a mí nadie me quita la vida" San Juan 10,18.

"Yo soy el caso singular y único de una persona que tiene toda su vida, -y que vida-, una vida capaz de prodigios y de milagros; yo soy el hombre que tiene toda su vida y la da", y por eso, esa vida que Cristo da en su Pascua no se agota con la muerte, y por eso Cristo comunica inmortalidad a quien come de Él.