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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19951224

Título: Buscar un lugar de nuestra alma para que nazca Jesus.

Original en audio: 30 min. 32 seg.


Dice el Santo Evangelio: “El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera” San Mateo 1,18. Y se refiere a su nacimiento en nuestra carne.

Es que hay en Jesús un doble nacimiento, de acuerdo con lo que enseña la Iglesia, uno antes de los siglos de Dios, hoy; y por ese nacimiento dicen los Evangelios, dice el cuarto Evangelio: “En el principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios” San Juan 1,1.

Y un segundo nacimiento de la carne de María Santísima y de la estirpe de David, del cual dice el mismo cuarto Evangelio: “Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” San Juan 1,1.

Jesucristo nace dos veces, tiene, por decirlo así, un doble principio, no tenemos un caso semejante ni en lo cielos ni en la tierra, nosotros nacemos una sola vez, de las otras personas de la Santísima Trinidad no se habla de un doble nacimiento, ni de los Ángeles tampoco.

Jesucristo es absolutamente único, en los cielos y en la tierra, porque es el único que tiene ese doble nacimiento, por decirlo así, Jesús volvió a comenzar.

Si tiene un doble principio, en cierto modo estamos diciendo que volvió a comenzar, y hay que mirar el misterio de la Navidad como un nuevo comienzo de Dios.

Hay que mirar el misterio de la Navidad no como una idea de Dios para aplicárselo a ese Niño, sino para descubrir en ese Niño y desde luego en su crecimiento, en su predicación, en su muerte en la cruz, en su resurrección, para buscar en ese Niño, qué quiere decir la Palabra Dios.

Si tomamos en serio que el nacimiento de Cristo fue de esta manera, como nos dice el evangelio, si tomamos en serio de que Cristo tiene este doble principio y de esta manera no podía tener dos naturalezas, nosotros no podemos venir con una idea de Dios para aplicársela a ese Niño, a ese Bebé, sino que más bien, será Él el que tenga que contarnos cómo es Dios.

Por otra parte, si es un nuevo comienzo, es también un nuevo comienzo para la humanidad; en este Jesús, de cuyo nacimiento nos habla el Evangelio hoy, no sólo vuelve a empezar Dios, sino que vuelve a empezar la creación, vuelve a empezar el ser humano.

Vuelve a empezar el ser humano, porque este nacimiento de Jesucristo no proviene de semilla de varón; vuelve a empezar el ser humano, porque de otra manera no podría ser salvada la humanidad.

Precisamente el Antiguo Testamento, en síntesis, lo que está probando, es que el hombre no se puede salvar a sí mismo. Si Jesús no fuera un nuevo comienzo para la humanidad, Jesús tampoco podría ser el salvador de los hombres.

Esto significa que yo no puedo ir con una idea de hombre o de lo que significa ser humano, para aplicárselo a este Niño, sino que mas bien es Él en su nacimiento, pero desde luego que también al crecer y al predicar, al amar, al morir en la cruz y resucitar, es Él el que me va a contar lo que significa ser humano.

En síntesis lo que queremos decir, es que si Cristo tiene estos dos principios, en el misterio de la Navidad vamos a empezar a ser enseñados por Dios, en el misterio de la Navidad vamos a conocer quién es Dios, y en el misterio de la Navidad vamos a conocer quién es el hombre.

Nuestros ojos pueden aprender de este Maestro, cómo es Dios, cuáles son sus gustos, sus preferencias, su poder, cuál es su estilo, eso lo vamos a aprender ahora, no podemos darlo por aprendido.

¿A qué clase de gente prefiere Dios? Que nos lo cuente Jesús, ¿Qué quiere decir que Dios es todopoderoso? Que nos lo diga Jesús, Dios es muy sabio, es lo que significa mira a Jesús. Nos habían dicho que Dios puede perdonar pecados, ¿qué quiere decir eso? Escucha a Jesús.

Cuanto más atentos estemos a este Maestro, más pronto avanzaremos en el conocimiento de Dios, pero igual queremos saber qué decía el hombre. Mirar a Jesús. ¿Puede una persona hacer milagros? Mira a Jesús.

“Ah no, ahí si hizo trampa, porque Él era hombre, pero también era Dios, en cambio yo soy un humano, no soy ningún santo, yo soy muy humano y yo por eso tengo mis defectos, a veces uno se sale de sus casillas, a veces uno se disgusta, ¿significa este argumento que entonces Jesús qué? El hecho que podamos afirmar que Jesús que es Dios, ¿le resta algo de humanidad?

Leamos los Evangelios, yo llegué a este punto porque es uno de los milagros, leamos los Evangelios a ver qué nos dicen. Allá le dice Jesús a los Apóstoles: “El que cree hará obras como las que yo hago y aún mayores” San Juan 14,12.

¿No sabía Jesús que eso lo podían escuchar mis oídos, que son oídos de un hombre enteramente hombre, enteramente humano, enteramente pecador? Fue que Jesús no tuvo la precaución de decir: “Pero estas palabras sólo valen para los que sean santos desde chiquitos? ¿Se le olvidó a Jesús añadir esa frasecita?

“Hará obras como las que yo hago y aun mayores” San Juan 14,12. Y se le olvidó añadir: “Pero toca haberse portado bien y nunca haber desobedecido, nunca haber tenido ningún mal pensamiento, ni haber dicho alguna palabra dura”.

Y cuando Jesús dice: “Lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos a mí me lo hicisteis” San Mateo 25,40, ¿no sabría acaso que esos pobres y esos humildes hermanos a veces son crueles, injustos y pecadores?

O Jesús dijo: “Lo que hicisteis a uno de esos pobres, pero sólo a lo pobres buena persona, eso me lo hicisteis a mi?" ¿Es que Jesús no sabía que hay pobres que son malas personas, es que no sabía que hay pobres que son injustos, orgullosos, crueles y mentirosos? ¿Jesús no sabía eso? ¿Y con esos pobres, los que son injustos, mentirosos y crueles, con esos no se identificó Él?

¿O es que Él dijo: “Yo me identifico con los pobres que son aseados, que son sonrientes y orantes? Él no dijo: “De ahora en adelante me identifico con los pobres, pero con los pobres santos”, ¡no!, Él sólo dijo que me identifico con los pobres sin más, con ese que tiene hambre, que tiene sed, que padece desnudez o cárcel.

De manera que esa disculpa se nos debe acabar en esta Navidad, en este cuarto domingo de Adviento, esa disculpa que venimos repitiendo, de que como yo no soy Dios.

Voy a decir algo que puede parecer herejía: Jesús no obró en razón de la idea que nosotros tenemos de Dios, aún más, Jesús obró como si no fuera Dios, es decir, como si no fuera ese Dios que nosotros nos imaginamos.

Porque el Dios que nosotros nos imaginamos es el Dios mago, el Dios que hace y suceden las cosas; entonces uno tiene en su cabeza la imagen de que Dios es el Dios mago, que basta el chasquido de Dios para que sucedan las cosas.

Entonces Jesús sería una especie de superpotente, superpoderoso al que le bastaba el chasquido de Dios para hacer las cosas, pero que sin embargo se frenó. Él hubiera podido hacer muchas cosas pero se frenó, ¿y por qué se frenó? Dice uno: "Para darnos su ejemplo".

Y entonces Jesús hubiera podido con un chasquido calmar su hambre y no sentir hambre, pero por darnos su ejemplo dijo: “A ver, yo voy a ver cómo es eso del hambre”; también hubiera podido con un chasquido evitar el frío, pero dijo: "Bueno, como estos hombres sufren de frío, yo voy a ver cómo es eso del frío."

Claro, cuando uno se compara con ese Jesús superman uno dice: “Ah, no, es que usted en cualquier momento que la cosa saliera mal, usted con un chasquido o una orden todo se componía”.

Dos preguntas: ¿no es esa la imagen que a veces nosotros tenemos de Jesús? Segunda pregunta: ¿Un Jesús así es el "Dios con nosotros", del que nos ha hablado en el Evangelio de hoy? ¿Realmente estaría con nosotros, realmente sería de los nuestros un Jesús así?

Un Jesús que sufre frío, pero no lo sufre, ¿un Jesús así puede salvarme a mi? ¿Que cuando me da hambre me sabe dar, y cuando me da frío me sabe dar, y cuando me da tristeza me sabe dar? ¿Un Jesús así tiene algo que decirle a mi tristeza, a mi hambre, a mi soledad, a mi frío y sobre todo a mi muerte?

Un Jesús, ¿por qué suda sangre en Getsemaní? ¿No fue por darnos su ejemplo? Él dijo: "Bueno, voy a sudar sangre", y empezó a sudar sangre, y cuando uno está al borde de la angustia, como aquella señora que me mandó llamar desde el hospital, víctima de grave enfermedad terminal, y me dice: “Yo sé que me voy a morir y tengo miedo”.

A esa señora yo no le podría leer el Evangelio, porque si le leo el evangelio y el Evangelio dice que Jesús quiso sentir lo que era la angustia de la muerte y entonces hizo un chasquido y empezó a sudar sangre.

Si Jesús no se angustió verdaderamente frente a la muerte, Jesús no tiene nada que decirle a un enfermo terminal; si Jesús no sintió hambre y sed, no tiene nada que decirle a los hambrientos y a los sedientos; si Jesús no sintió opresión y humillación, no tiene nada que decirle a los oprimidos y a los humillados.

Si Jesús no sabe de mi tristeza, de mi abandono, de mi soledad, no tiene nada que ver conmigo, y no podrá ser mi Salvador, y este evangelio de hoy es mentira, entonces no es “Dios con nosotros”; fue demasiado lejos Jesús, jamás cambiará mi vida.

Pero el Jesús de los evangelios no es el Jesús que yo me quiero imaginar, y que me lo imagino porque tengo la imaginación de Dios.

Uno se imagina yo no sé qué omnipotente que se parecen más a los poderes mágicos de las series de televisión o a los poderes mágicos de los dioses griegos; uno se imagina no sé qué poderes mágicos y se los aplica al Dios del Antiguo Testamento.

Y luego, armado con esos poderes mágicos, se los aplica a Jesús y le resulta un Jesús que no sirve para nada, que no cambia al mundo, que no quiere renovar y revivir la vida.

Yo por eso, creo que de los propósitos que podemos hacer al llegar a esta puerta final del Adviento, ya en el cuarto domingo, es: “Señor, dame la gracia de aprender quién eres, de aprender quién es Dios".

No lo des por hecho, de aprender quién es el hombre, no lo des por hecho, tú no sabes hasta donde llega la verdad de tu humanidad; no des por hecho, que ya sabes lo que es el ser humano, menos des por hecho que ya sabes lo que es Dios.

"Señor, dame la gracia de aprender, pero para eso dame la gracia de olvidar una cantidad de barbaridades; Señor, no permitas que me quede yo agarrado, encarcelado en mis antiguas ideas; Señor, danos la gracia de renovar nuestra fe en ti.

Hay mucho que olvidar sobre Jesús, hay mucho que aprender pero hay mucho que olvidar. Así como no se puede llenar de agua limpia una jarra que está llena de agua sucia, primero hay que sacar la sucia, así también nosotros tenemos que entrar en la escuela de Jesús, en el misterio de la Natividad.

Hay que entrar en la escuela de Jesús, porque seguramente va a resultar que después de que Dios por gracia se ha hecho hombre, nosotros por gracia podemos ser hechos Dios.

Dije al principio que en Jesús hay dos principios, hay dos comienzos, pero eso no es del todo cierto, gracias a que a Jesús tiene un doble principio, también en cierto modo hay un doble principio para nosotros, uno de nuestra mamá y otro del agua del Espíritu.

Hay que nacer de nuevo del agua y del Espíritu. Yo creo que eso es la Navidad, contemplar el doble principio de Jesús y aplicarlo a nosotros y vivirlo nosotros, en la realidad de la fe. La fe no es un como si...

La realidad de la fe, nada es tan real como la fe, en la realidad de la fe tener también nosotros un doble principio, aunque el orden sea un poco inverso, Jesús primero nace de Dios y después nace de María; nosotros primero nacemos de nuestras madres y después nacemos de Dios.

Que Jesús el Señor nos conceda aprender mucho, pero también olvidar mucho, para que descubramos hasta donde estamos salvados, para que descubramos hasta donde llega el misterio del pesebre, hay que saber buscar en el alma del pesebre.

Yo quiero terminar con esta reflexión que nos dice el santo evangelio, el santo Evangelio nos dice que cuando ellos no encontraban ese lugar donde naciese Jesús, tuvieron que salir propiamente del poblado, y dice aquí: “Le llegó el tiempo de parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” San Lucas 2,7.

Ese pesebre no lo hicieron ellos. Dirán ustedes: “Miren los descubrimientos que hace este en un momento”. El pesebre no lo hicieron ellos, como nosotros, por ejemplo, aquí en Colombia, llevamos años y años haciendo pesebres, uno se imagina que también ellos hicieron el pesebre, ¿no?

Nosotros nos hemos imaginado eso, uno se imagina a José: “Y a ver, ¿qué hombre consigue un buey? ¿Dónde habrá una mulita por aquí? A ver, una que sea como así, no, esa no me sirve”. No, ese pesebre no lo hicieron ellos.

Se ha hablado de que Jesús ha de nacer en nuestras vidas, y de que el verdadero misterio de la Navidad es que Jesús nazca en nosotros.

Pregunta: en este nuevo comienzo nuestro, que no es otra cosa que Jesús nazca en nosotros, el primer comienzo fue en el vientre de la mamá, cada uno en el vientre de su madre; el segundo comienzo es que yo vuelva a nacer del agua y del Espíritu, que no significa otra cosa sino que el segundo comienzo de Cristo se realice en mí.

De manera que cuando Cristo nace para mi carne, mi carne nazca para Dios, ese es el misterio, el segundo nacimiento de Cristo es también el segundo nacimiento mío, mi segundo nacimiento es que Cristo nazca en mi, bueno y allí voy yo, ese segundo comienzo ¿en dónde va a suceder?

Pues sigamos la comparación, va a suceder en el pesebre, ¿en cuál pesebre? En un pesebre allá en mi alma, entonces yo tengo que buscar el pesebre en mi alma, en cierto modo, hay que decir que ese pesebre ya está hecho, hay que buscar el pesebre ya hecho en mi alma.

Es verdad que el Adviento ha de ser un tiempo de preparación y que en ese sentido nosotros tenemos que prepararnos para que Jesús nazca, pero tú, por mucho que has hecho la carretera, no has hecho el carro; y por mucho que has hagas el camino, no has hecho el caminante.

Uno sí tiene que prepararse con el Adviento, pero el Adviento es sobre todo, prepararnos para escuchar esa Palabra que va a nacer; el Adviento no es la Palabra, sino la preparación para la Palabra y el nacimiento mismo de la Palabra, ¿dónde sucede? En un pesebre que no hago yo.

Entonces cada uno tiene que buscar en su corazón ese pesebre, hay que buscar ese lugar, ese rincón donde Jesús puede nacer. Qué buena esa pregunta: ¿en dónde puede nacer Jesús en tu vida? “Yo lo voy a preparar…”

¡No! Yo no le estoy diciendo que prepare, ese es otro cuento, ese es el Adviento, yo no le estoy diciendo que prepare, porque si le hubiéramos dicho a la gente de Belén: “Oye, que va a nacer Dios”, pues le preparan, obviamente, el pabellón de maternidad del hospital regional de Belén para que nazca.

¡No!, el que va a nacer, tú no lo conoces, no des por hecho saber quién es Dios y quién eres tú; Dios, si va a nacer en ti, va a nacer como una sorpresa, no va a ser como una repetición de lo que tú sabes; busca en tu corazón, en dónde puede nacer esa sorpresa.

Yo le buscaría el rincón más limpio, el más amable de mi corazón, el más cálido de mi corazón; pero por alguna razón no hay lugar para Él ahí, porque ese lugar que suele ser el más limpio y el más amable, es también el lugar donde ya naciste tú, donde ya estás tú, donde todo lo llenas tú.

Cuando dice en el evangelio, que ya no tenían sitio en la posada, uno se imagina que se le cerraban las puertas, son ideas que le han metido a uno desde niño. Que llega allá José con María: “-Mire que mi esposa está en este trance”, y le cierran la puerta; y llega a la otra puerta: “-Mi esposa está…”, “-no moleste“, y le cierran la puerta.

Probablemente, “no hay sitio para ellos en la posada”, significa llanamente eso, que no hay sitio, que no cabía, que no había donde, porque la gente estaba empadronándose por lo del censo y no había donde, estaba lleno, repleto el lugar.

En ese cuarto había tres familias, y en ese otro sitio había dos. No necesariamente es crueldad o dureza de las personas, no; llegaron muy tarde, y Belén era una población minúscula, simplemente lo que dice el evangelio, ¿por qué esa maña nuestra de agregarle cosas al Evangelio? No hay sitio y punto, no le agregues más al Evangelio.

Pues bien, esos lugares tan decentes del alma humana, son lugares en los que probablemente ya no hay sitio, porque están demasiado llenos de nosotros. Busca entonces, para tu nuevo nacimiento, un lugar de ti que no esté lleno de ti. Créeme, este será tu pesebre y allí nacerá Jesús.

Amén.