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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20071216

Título: El Adviento es el tiempo de la esperanza

Original en audio: 19 min. 14 seg.


Hay una palabra muy grande que llena el Adviento, es la palabra “esperanza”. El Adviento es el tiempo por excelencia de la esperanza, y para poder esperar uno necesita que le cuenten cosas buenas, cosas buenas que van a suceder.

Eso es lo que nos traen las lecturas de hoy, muchas cosas buenas. Con un lenguaje muy poético lo dice la primera lectura: “Que se regocije el desierto y la tierra reseca; le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón; verán la gloria del Señor” Isaías 35,1-2.

Es algo que se anuncia hacia el futuro. “Verán la gloria del Señor” Isaías 35,2. Algo bueno me va a pasar, algo bueno te va a pasar. Un mensaje de esperanza.

La esperanza es una fuerza muy grande, muy necesaria en la vida humana, nos lo recordó el Papa Benedicto en su segunda encíclica; una encíclica es una carta que el Papa escribe para todos; encíclica quiere decir que va en círculo, que va a circular, que debe circular entre todos; podríamos llamarla también una carta general, una carta para todos.

La primera encíclica de Benedicto fue sobre el amor, "Dios es amor"; su segunda encíclica es sobre la esperanza, lleva un título que en latín es "Spe Salvi", que quiere decir: "Salvados en la esperanza".

Esa frase está tomada de la Carta de San Pablo a los Romanos. El Papa nos habla de esperanza, de la necesidad de la esperanza. Esperar es tener un motivo para vivir. Cuando uno no aguarda nada bueno del futuro se queda sin motivos para vivir el presente. La esperanza en cierto sentido es como la gasolina que necesitamos. Tener un motivo, una razón, algo por qué luchar. Y todos lo necesitamos.

A veces el estudiante encuentra ese motivo cuando mira sus exámenes finales o cuando piensa en la ceremonia de graduación. Si uno está haciendo por ejemplo un doctorado, a uno le toca mirar hacia el futuro y dice: “Todavía me falta pero estoy más cerca de ese momento”. Uno mira algo hacia el futuro; ahí está la esperanza.

El matrimonio que de pronto descubre con alegría: “Estamos embarazados, viene un niño”, eso produce esperanza. Mirar hacia el futuro, imaginarlo, soñarlo, prepararle una habitación. Esa es la esperanza, una mirada al futuro que le da un sentido al presente. Y la esperanza nace cuando a uno le dicen: “Cosas buenas te van a pasar”.

Isaías nos sigue diciendo: “Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes. Y a los que están desalentados díganles: ‘Sean fuertes, no teman, ahí está su Dios’” Isaías 35,3-4.

Cuando uno está sin fuerzas, cuando uno está decaído se siente también oscuro y se siente también solo. La depresión en parte es una especie de ceguera, uno como que no ve el aspecto positivo de la vida, mucho menos alcanza a reconocer a ese Dios que es la fuente de todo bien.

Por eso la esperanza necesita de alguien que nos despierte como Isaías aquí; alguien que nos diga: “Mira que sí hay muchas cosas buenas ya, y mira que vienen más cosas buenas en el futuro.

Y ¿qué clase de cosas se anuncian? Que se abrirán los ojos de los ciegos, que se destaparán los oídos de los sordos. Estas cosas que Isaías anunciaba para el futuro, Jesús las cuenta como una realidad ya presente. Esa es la relación entre la primera lectura y el evangelio.

En el evangelio tenemos una escena. Juan el Bautista está en la cárcel y envía a algunos de sus discípulos a que le hagan esta tremenda pregunta a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?" San Mateo 11,3.

No sabemos por qué Juan el Bautista mandó preguntar eso. Tal vez porque quería terminar de convencer a sus discípulos: “Vayan y quédense con Jesús, yo ya cumplí mi misión, ya mi misión termina”.

El mismo Juan Bautista dijo en otra ocasión: “Yo tengo ya es que disminuir y Él tiene que crecer” San Juan 3,30. Tal vez Juan envió a los discípulos queriendo que ellos de una vez por todas adhirieran a Jesús.

O tal vez, esa es otra posibilidad, es un ser humano, al fin y al cabo, tal vez el mismo Juan, que había empeñado toda su vida en anunciar al Mesías, estaba pasando por una crisis espantosa, por eso que se llama “la noche oscura del espíritu”.

Tal vez él se sentía en una crisis pavorosa y entonces lleno de duda, de incertidumbre y de temor quiere estar seguro de que su vida ha tenido un significado y por eso hace esa pregunta angustiosa: ¿eres tú el que ha de venir?" San Mateo 11,3.

Él sabía que había uno que tenía que venir, porque así lo anunciaban los profetas, como vimos en Isaías. Él sabía que había uno que estaba por venir. Pero, ¿será que ese que estaba por venir es este Jesús? Y añade esa otra parte: "¿O tenemos que esperar a otro?" San Mateo 11,3.

No sabemos, como digo, no sabemos cuál era la situación particular de Juan, pero en todo caso hizo esta pregunta, y la respuesta de Jesús es un presente de salvación, un presente lleno de maravillas, lo que Dios ya está haciendo: "Cuéntenle a Juan lo que están oyendo y viendo: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados" San Mateo 11,4-5.

Es decir, eso que anunciaron los profetas está sucediendo ahora mismo; es decir que toda la esperanza del Antiguo Testamento viene a cumplirse en Jesús, y lo que se veía como un futuro por allá nebuloso se convierte en una maravillosa realidad, una realidad que podemos palpar, que podemos tocar en Jesucristo.

Jesús es la realización de nuestras esperanzas, y por supuesto eso tiene una tremenda alegría. Por eso este domingo de Adviento se llama “el domingo de la alegría”. La palabra en latín para eso es "laetare", "alegraos" o "alégrate".

Necesitamos esperanza, es muy difícil hoy hablar de esperanza. Las noticias que tenemos y que las hemos comentado en otras predicaciones aquí son muy preocupantes incluso sobre el planeta Tierra. Una catástrofe las aguas que van subiendo; dicen que hacia el año 2013 el hielo del polo Norte se habrá derretido completamente por lo menos durante el verano.

Eso no aumenta el nivel del agua, que se derrita el hielo que estaba flotando eso no aumenta el nivel del agua, pero ese aumento de temperatura sí va aumentar el nivel del agua porque se van a derretir glaciares, especialmente en Groenlandia y otras partes.

Y Entonces subirán los mares. Y cualquiera que haya caminado aquí por el puerto de Dublín, pues imagínense lo que es un metro de agua hasta dónde llega, dos metros de agua, tres metros de agua, Dublín va a ser sepultado.

La tierrita, hombre, el apartamentico que usted compró con tanto esfuerzo, va a desaparecer bajo las aguas. El calentamiento global, el desastre, el planeta se ha vuelto un caos, el Medio Oriente está a punto de explotar, la gente ha perdido la fe, los jóvenes se suicidan en masa.

Son muchas las malas noticias. Además, los medios de comunicación son especialistas en las malas noticias. Y si uno compra el periódico temprano todavía está chorreando sangre; las cuatro o cinco primeras páginas, no estoy mintiendo ni exagerando, tomen ustedes el Irish Times y no les miento, todos los días las cinco primeras páginas chorrean sangre.

Ya uno no sabe qué va a salir. "Esposo mató a la esposa, trató de suicidarse pero erró el tiro y le dio al hijo". ¡Qué cantidad de noticias espantosas, queda uno frío!

Los periódicos son especialistas en malas noticias, también los noticieros. ¿Cómo podemos hoy creer en la esperanza? ¿Cómo podemos hoy volver a la esperanza cuando nos llegan tantas malas noticias, cuando lo que se anuncia para el futuro parece incluso más grave, ¿qué va a pasar? Algunos hablan de una bomba de tiempo.

Es una situación terrible la inmigración, la ilegalidad, la catástrofe económica, el problema con el crédito bancario.

Resulta que una cantidad de bancos se pusieron a venderles a otros bancos créditos de difícil recaudo, y a medida que muchísimas personas y compañías se declararon en quiebra esos créditos significan dinero perdido, las pérdidas son de muchos miles de millones. En todas partes del mundo se habla de recesión.

¿Cómo podemos tomar esta Palabra de Dios, cómo podemos tomarla y creer en la esperanza? Pues ante todo hay que decir que la esperanza no es para los buenos tiempos, la esperanza es para los tiempos malos.

Tener esperanza cuando las cosas están bien, casi no se llama esperanza, eso se llama simplemente creer que las cosas seguirán como van. Es esperar, pero no esperar en el sentido de desear ni de anhelar, sino esperar en el sentido de aguardar a que las cosas se sigan repitiendo.

La virtud de la esperanza es para los tiempos malos, y nuestro Dios es un Dios especialista en los tiempos malos. Cuando Isaías dijo esas palabras bonitas la gente estaba pasando por un tiempo pésimo.

Mire lo que dice ahí: “Volverán los rescatados por el Señor” Isaías 35,10. ¿A qué se refería él con eso? Esas palabras se refieren al tiempo en que los israelitas estaban exiliados, no tenían ni templo ni independencia ni nada, vivían como esclavos en Babilonia, y este profeta les está anunciando “de allá es capaz de traerlos Dios”.

Es decir, la esperanza no es una fuerza para los tiempos buenos ni para cuando las cosas están funcionando bien.

La esperanza es como una mirada que penetra más allá de la oscuridad presente para descubrir dónde están los cimientos, dónde están las raíces, como quien dice, quién es el que más manda, quién es el que de veras manda, quién es el más poderoso de todos, en cuáles manos están finalmente mis destinos, los destinos de mi familia, los destinos de mis sueños, en cuáles manos están.

¿Están en las manos del presidente de Estados Unidos? ¿Están en las manos de los caprichos o de los deseos de otros líderes? ¿Están en manos del parlamento europeo? ¿Lo que a mí me va a pasar finalmente depende de lo que digan otros seres humanos? O ¿hay uno que finalmente manda por encima de todos y que es capaz de superar hasta los planes inteligentes o astutos de otras personas?

La esperanza, por eso nos enseña el Papa, la esperanza tiene su raíz en la fe. Uno no puede tener esperanza si no tiene fe. Por eso a medida que la gente pierde la fe, pierde también la esperanza.

Porque cuando uno no tiene un Dios en quién creer, ¿qué espera uno? Lo único que uno puede esperar es que los políticos seguirán tratando de sacar el máximo provecho del bien común y de los fondos comunes del Estado.

Y que el egoísmo seguirá sucediéndose, y las pasiones y los adulterios y la infidelidad seguirán campando, y la gente seguirá deprimiéndose y suicidándose. Eso es lo único que se puede esperar cuando no hay fe.

Pero la fe nos une a ese que es el más poderoso. La razón por la que la fe se une con la esperanza, mis hermanos, es porque uno dice: “A fin de cuentas ¿en quién está mi vida? A fin de cuentas ¿quién es el que manda en mi existencia?” Y cuando uno descubre desde el fondo de su alma que es capaz de creer en Dios así, entonces uno dice: “Aunque estén muy oscuros estos tiempos yo sé que hay uno que es mayor que lo que se puede ver".

Y es increíble, es sencillamente fantástico que esta clase de profecías como la de Isaías, se cumplieron. Basta estudiar un poquito de historia para ver de qué tamaño era el imperio de los caldeos, o sea los que sacaron a los israelitas y los llevaron a Babilonia.

Los caldeos eran un imperio gigantesco, y los israelitas eran una hormiga al lado de ellos. Y los profetas estaban diciendo: “Ustedes van a ser liberados”.

¿Quién podía creer eso? Semejante puño de hierro que eran los caldeos, semejante poder, semejante arrogancia. Y dicen los profetas, como Isaías aquí: “Dios los va a hacer retornar a la tierra de ustedes, señores israelitas”. ¿Quién podía creer eso? Y sin embargo se realizó.

Ahora, cómo se realizó es mucho más interesante. Resulta que los caldeos eran muy astutos, pero ellos también decayeron y fueron vencidos por los persas, y el rey de los persas que se llamaba Ciro dijo: “¿Yo qué hago cargando aquí con esta cantidad de judíos? Váyanse ustedes a su tierra”, y prácticamente los echó.

Como hubiera sido, se cumplió la profecía. Hay uno que más manda, el que más manda, el poderoso, el rey, a ese me quiero abrazar, yo en ese quiero poner mi fe y mi esperanza.

Esta es la fuerza que nosotros necesitamos en los tiempos oscuros, porque seguramente vienen muchas tormentas, y se pueden levantar las aguas y el calentamiento global, aunque uno no sabe cuánta política hay también en eso. Ese sería otro tema para hablarlo en otra ocasión, eso también tiene su dimensión de política, eso no es pura ciencia.

Pero el hecho es que este planeta está muy maltratado y que hay muchos problemas y orden público, conflictos internacionales, pero ¿en quién está puesta mi esperanza? ¿En los comité internacionales, en las Naciones Unidas, en el Parlamento Europeo? No, mi fe está puesta en Aquel que reina, en Aquel que es grande, que es poderoso, si creo en Él, puedo decir que creo en Él, puedo también tener esperanza.

Tiemblen los que no tengan fe. Ahí sí yo no tengo mucho que decirles, aparte de darles palmaditas en la espalda y decir: “Uy, sí, muy tremendo todo, pobrecitos”. No podemos decirle más a los que no tienen fe. Porque la única manera de tener esperanza es tener fe, tener ese Dios, saber que existe, experimentarlo en la propia vida; sólo así se puede tener esperanza.

Sigamos, hermanos, esta celebración dando gracias a Dios si tenemos fe. Si alguno se siente débil en la fe, pídala a Dios.

A todos nos pasa que tenemos crisis, pero podemos pedirle a Dios: “Señor, aumenta mi fe”. Así le pidieron los discípulos a Cristo: “Aumenta nuestra fe, Señor, aumenta nuestra fe” San Lucas 17,5. Que estemos más adheridos a ti y vamos a vivir con más fuerza, con más alegría, con más esperanza.