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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20011202

Título: Es tiempo de buscar la luz

Original en audio: 17 min. 50 seg.


A veces es un buen ejercicio buscar una palabra o concepto que esté en todas las lecturas de la Misa; esa es una manera de escuchar con mayor atención y con mayor provecho la Palabra de Dios. Porque tenemos siempre el riesgo de oír las lecturas como pasajes extraños, lejanos, y sentir que allá en la iglesia se dijeron algunas cosas, pero quién sabe para quién.

Yo encuentro en las lecturas de hoy, dos palabras, dos conceptos que están presentes: luz y tinieblas. En la primera lectura de Isaías, invita a poner la mirada en el monte firme, el monte de la Casa de Dios.

Y él, movido por el Espíritu Santo, descubre una multitud, que somos todos nosotros, y que estamos mirando hacia el monte de Dios; y la invitación es: “Caminemos a la luz del Señor” Isaías 2,3. Ahí aparece la luz.

San Pablo, en su Carta a los Romanos, también nos presenta esa pareja de luz y tinieblas: “Ya es hora de despertar del sueño; va pasando la noche, el día ya despunta, dejemos las obras de las tinieblas, tomemos las armas de los que actúan a plena luz” Carta a los Romanos 13,11-12.

También ahí está la luz, como victoria sobre las tinieblas; y Jesús en el evangelio se refiere también a la noche, tiempo privilegiado para los ladrones, tiempo en que suelen hacer sus fechorías, porque de noche se duerme y mientras hay sueño, no hay quién vigile. Por eso Jesús nos invita a vencer la noche.

La vigilia es una manera de vencer la noche. Aunque haya noche, el que está en vigilia –de ahí viene desde luego la palabra, vigilante-; el que está en vigilia está vigilante y está vigilando.

La vigilia es una victoria sobre la noche, de acuerdo con eso. Porque encontramos esa pareja, luz y tinieblas; y encontramos que la victoria de la luz sobre las tinieblas está en todas las lecturas de hoy, podemos decir que el lenguaje, el mensaje de hoy es una invitación a vencer a las tinieblas.

Pero cada lectura nos presenta una manera de vencer a las tinieblas. Cuando salgamos de la iglesia, si están los reporteros de la televisión y nos acercan un micrófono y nos dicen: “Usted que acaba de salir de Misa, ¿de qué trataban las lecturas de hoy?” Usted muy tranquilo dice: “De la victoria sobre las tinieblas”.

Uno tiene que salir de la iglesia con una idea clara. Para venir a Misa con gusto y para salir con gusto, uno tiene que tener algo definido: “Hoy aprendí algo, hoy recibí algo y Dios tocó mi corazón”. El mensaje es claro: vencer a las tinieblas. Pero hay tres maneras por lo menos de vencer a las tinieblas y cada lectura nos habla de una manera de vencer a las tinieblas.

La primera manera en la primera lectura es: acercarse a la luz; la segunda manera en la segunda es: despertar; y la tercera manera en la tercera lectura, es decir, en el evangelio es: vigilar.

Tres maneras de vencer a las tinieblas: acercarse a la luz, despertar y vigilar. Apliquemos esas tres maneras a nuestra vida actual. Situaciones muy concretas que viven nuestras familias, nuestra ciudad, nuestro país. Hay que vencer a las tinieblas. Acercarse a la luz.

Pregunta: ¿dónde hay luz que guíe? Respuesta, tomada de Santo Tomás de Aquino, un gran teólogo, tal vez el más grande teólogo que ha tenido la Iglesia Católica, fraile que vivió en el siglo XIII-: “Hay dos luces, la luz de la razón y la luz de la revelación”.

Me acerco a la luz cada vez que ejerzo mi pensamiento, cuando pienso, cuando reflexiono juiciosamente sobre lo bueno y lo malo, lo conveniente, lo útil, lo perverso; cuando ejerzo mi pensamiento conociendo la historia de mi país, la gravedad de la situación en que me encuentro, quiénes pretenden dominar mi vida, qué estrategias se utilizan para adueñarse de la mente de los jóvenes, qué se está enseñando en las escuelas.

Cuando utilizo mi pensamiento para reconocer estas y muchas otras cosas me acerco a la luz, pero para acercarme a la luz también necesito oír la palabra de los que ya han pensado, por eso necesito leer, necesito tener alimento sólido en mi lectura, escoger mis programas de televisión, saber qué curso puedo hacer, a qué conferencia vale la pena asistir, cuál locutor habla cosas que valen la pena; tengo que ponerme en movimiento.

El pecado llega hasta mi casa a través de las ofertas de la publicidad, de la televisión o de lo que sea. Pero para buscar la luz tengo que ponerme en movimiento, tengo que buscar.

Existe también la luz de la revelación, tengo que ponerme en movimiento, levantarme de la cama, apagar el televisor, sacar un libro grande, bello, que se llama la Biblia; abrir, leer el Evangelio, cerrar los ojos, pedir la luz del Espíritu Santo, Dios me ilumina.

Oír buenas predicaciones, sintonizar una emisora que me alimente, acercarme a la Palabra de Dios; leer libros espirituales, testimonios de los santos, así recibo luz, así me pongo en camino hacia la luz, primera victoria sobre las tinieblas.

La segunda victoria es despertarse, ¿qué es despertarse? Despertarse es en este lenguaje de la luz, caer en la cuenta, darse cuenta, abrir los ojos; hay momentos muy especiales en que uno siente que se está despertando a algo que no veía, esos momentos especiales se llaman: los retiros, los grupos de oración.

Yo tengo mucha fe en lo que puede hacer la oración y en lo que pueden hacer los retiros. En un tiempo de retiro, cuando usted toma un poco de distancia de sus actividades comunes, en un tiempo de retiro usted de pronto siente algo, un volcán de luz en su corazón, siente que está despertando y dice: “¡Por Dios, ¿yo qué estaba haciendo? ¿Para dónde era que iba yo? ¿En qué estoy gastando mi juventud? ¿Esto para qué sirve? ¿Cuál es el sentido de mi vida?”

La manera de despertarnos es recibiendo preguntas fuertes, cuestionamientos fuertes, testimonios fuertes, eso nos despierta. Es lo mismo que pasa cuando usted va a despertar a una persona por la mañana, sí usted va a despertar a una persona con una canción de cuna y la pone suavecito, pues más se va a dormir, para despertar a una persona hay que moverla un poco, ¡necesitamos que nos muevan!

Eso a veces se logra en un retiro espiritual: “¿Yo qué estaba haciendo? ¿Yo qué iba a hacer? Por Dios, ¿pero qué era mi vida? ¿Yo que estaba pensando? Estaba a punto de perder mi familia, ¿qué es esto?". Necesitamos una confrontación fuerte.

Para eso sirven los retiros, para eso sirven los seminarios de vida en el Espíritu, para eso sirven las catequesis del Camino Neocatecumenal, para que a uno lo sacudan un poco.

¿Qué es esto? ¿Yo qué estaba haciendo? Porque uno va por la vida como dormido, ahí como en una carrilera, domingo, lunes, martes... domingo. Uno necesita que lo paren y que le digan: “¿Usted qué está haciendo?

De las grandes cosas que a mí me han pasado en la vida fue esto: yo tenía una inquietud de vida sacerdotal, yo quería ser sacerdote, lo había pensado, pero como salí muy joven del bachillerato, entonces entre en la universidad y entre en la carrilera: lunes, martes..., domingo..., lunes....

Iba en mi carrilera, de una semana para otra semana, de un semestre para otro semestre, y el llamado que Cristo me había hecho para el sacerdocio, por allá en una gaveta.

De pronto un día cerró la Universidad Nacional donde yo estudiaba, y un cierre largo, se me acabó la carrilera. Yo tenía un trabajito de medio tercio o medio tiempo, quedé desubicado, quedé como sin piso, se me acabó la carrilera, porque yo estaba acostumbrado a un ritmo, domingo, lunes...domingo, y se me acabó mi carrilera.

Tuve que preguntarme: "¿Yo qué estoy haciendo?" A veces Dios lo llama a uno así por una confrontación.

Por ejemplo a uno se le muera alguien: “Usted tiene una enfermedad, tiene un cáncer terrible, procure celebrar esta Navidad lo mejor posible, porque creemos que es la última”. "¿Cómo así? No, pero si yo soy jovencito, -yo creo que no soy muy viejo, y de mis compañeros de colegio celebramos Misa porque ya cumplimos veinte años de ser bachiller-, o sea que tampoco soy tan joven, veinte de bachiller, ¿sabe cuántos se me han muerto ya? Nueve compañeros de colegio se me han muerto, nueve.

La gente se muere cuando a uno lo confrontan con la muerte, con la pobreza, con la enfermedad, con un problema muy duro, ¡se le acabó, no hay más¡ Y ahí es cuando uno se despierta y uno dice: “Yo he sido un superficial de siete suelas, yo he tenido una vida que no iba para ninguna parte, ¡yo cómo desperdicié mi juventud! ¿A mí la juventud se me fue en qué? ¿Yo ¿qué estaba haciendo?”.

Y uno despierta, la predicación, los retiros, los acontecimientos duros de la vida lo despiertan y así vence uno las tinieblas.

Y en la última manera es la que dice Cristo, la que dice Cristo es la más amorosa de todas, Cristo Jesús, nos dice: Mire, no espere un golpe, no espere a que le pase algo, no espere a que se le muera el papá".

Una señora, por ejemplo, vivía con odio hacia el esposo: "-¡Ah se muriera usted; no ha hecho sino amargarme la vida, usted me echo a perder la vida, váyase¡" "-Bueno, me voy"; se subió a su microbús, y lo mataron esa mañana.

Esa señora duró tres años en un tratamiento psiquiátrico, le había deseado la muerte al esposo y se lo mataron en una de esas. Esa es una sacudida muy brutal ¡Cristo no quiere eso¡ Cristo no quiere tener que sacudir a nadie, por eso dice: "Vigilen, por favor; abran los ojos a las buenas, entiendan lo que está pasando, formen bien a sus hijos, encamínense hacia la luz, no esperen las tragedias para cambiar, vigilen, dense cuenta."

La postura de Cristo es la más bonita de todas las de hoy: "Vigilen, abran los ojos, no dejen que el pecado los esclavice, no dejen que se adueñe de ustedes la rutina".

Acuérdense lo que dice Cristo: “En tiempos de Noé, la gente vivía domingo, lunes, martes,....domingo; y no hacían sino comer, beber y casarse y luego descasarse; no dejen que la rutina los envuelva, abra los ojos, busque la luz, Dios lo ama, descubran ese amor a las buenas, no espere un golpazo”.

El tiempo del Adviento es el tiempo para buscar la luz, porque Cristo vuelve.

Amén.