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Fecha: 19981108

Título: El Adviento nos invita a hacer una peregrinacion

Original en audio: 16 min. 15 seg.


A veces, muchas veces, uno no entiende las palabras de Jesucristo, porque son como paradójicas, como contradictorias; son como enigmas. Probablemente Cristo quiso hablar algunas cosas así como en enigma, porque el enigma, la paradoja, el misterio, ponen en marcha el pensamiento.

Y está muy bien que se ponga en marcha el pensamiento en este primer domingo de Adviento, porque todo en este primer domingo nos invita a hacer peregrinación; el salmo que hemos cantado es un salmo de peregrinación, de ponerse en camino; pues también tiene que ponerse en camino el pensamiento.

No tenemos resuelto el misterio de Jesucristo, no hemos terminado de esclarecer la Palabra de Dios; necesitamos tiempo, necesitamos fuerzas, amor, paciencia, pero sobretodo la gracia del mismo Dios para poder avanzar en la comprensión de su Palabra.

Sí, Adviento es tiempo de peregrinación y no queda exento de la peregrinación el entendimiento nuestro; a la inteligencia también le toca hacer su peregrinación.

Y digo que las palabras del Señor son enigmáticas porque San Pablo nos habla de que tenemos que conducirnos como en pleno día, pero la noche está avanzada; se admite que estamos de noche y se nos pide que andemos de día.

Esta es como una tensión interna que vive el cristiano. Sus ojos le hablan de noche, le hablan de que es de noche, pero sus manos están llamadas, están obligadas a proclamar que es de día; tiene que hacer obras del día en medio de la noche. Esto es una tensión.

Segunda tensión: Jesucristo en algún evangelio, no ciertamente en el que acabamos de escuchar, regaña a los discípulos y les dice: “Ustedes que saben reconocer cuándo va a llover y cuándo no va a llover, ustedes que saben reconocer los signos del tiempo, del clima, ¿por qué no saben leer los signos del tiempo, es decir, de la historia, de la voluntad de Dios? ¿Por qué no se dan cuenta de lo que Dios está haciendo?” San Lucas 12,54-56.

Cuando Cristo habla así a uno le da la impresión de que los signos de los tiempos son tales que uno los puede leer, pero ahora viene este evangelio y dice: “A la hora que menos penséis, viene el Hijo del hombre” San Mateo 24,44.

Entones, si esos signos fueran tan claros, Jesús tendría que decir: “Cuando los signos sean manifiestos, vendrá el Hijo del hombre.

"Cuando los signos sean manifiestos”, pero resulta que aquí dice que va a venir cuando menos se piense. Por eso digo que hay como una especie de contradicción.

Y una última: los profetas hablaron mucho del “día del señor”, y hablaron del día del Señor como un día de gran confrontación, como el día de su ira, como el día de su cólera, como el día de su juicio.

Pero al mismo tiempo, según la primera lectura, es también un tiempo de paz: “Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos” Isaías 2,2.

Entonces parece que el final tiene como dos partes por decir lo menos, hay como una gran confrontación y luego vendrá una gran paz.

¿Qué podemos hacer con estas palabras de Jesucristo? Repito, como las paradojas que nos hemos encontrado, que tal vez no son las paradojas de la Palabra de Cristo, sino son las paradojas de la vida de Cristo y también entonces de la vida de los cristianos. Hay que saber que es de noche y hay que vivir como de día.

Segundo: hay que leer y tratar de entender los signos de los tiempos, pero saber que Cristo vendrá cuando menos lo pensemos. Hay que saber que vendrá una gran confrontación, pero hay que acoger con esperanza una promesa infinita de paz.

Bueno, de esas tres paradojas, la primera y la tercera uno las alcanza más o menos a resolver. Pues sí: es de noche y hay que obrar como el día; bueno, más o menos se entiende, ¿qué está indicando eso? Que el mundo como tal parece haberle dado la espalda a Dios y por eso nuestras obras son como extrañas a ese ambiente.

En cierto sentido se parecen, se parecen a la contradicción que hay entre la luz y las tinieblas. Bueno, por ese lado como que se entiende. Además, las obras del cristiano son luz porque sirven para orientar a los otros, porque en el fondo muestran un camino, revelan una verdad, y lo que tiene que ver con revelación tiene que ver con luz.

Ahí podemos más o menos entender la primera.

La tercera paradoja, ya lo he sugerido, también se puede comprender más o menos. Se nos dice que vienen grandes confrontaciones y se nos invita a experimentar una gran paz, o sea que el cristiano tiene que prepararse simultáneamente para una gran guerra y para una inmensa paz.

¿Cómo se logra eso? Bueno, pues se logra sabiendo que va a venir una guerra, pero que la victoria ya está dicha de quién va a ser; entonces esto significa que nosotros tenemos que poner toda nuestra confianza en Aquél que es el vencedor, es decir, en Dios, y no dejarnos desanimar y desalentar, no dejar que nuestra confianza se desmorone.

Y de esa manera, como no dejamos que la confianza se desmorone, estamos como en vela, como preparando esa guerra, pero como sabemos de quién es la victoria y confiamos en Él, estamos preparando la paz. Esa tercera como que se puede resolver por ese camino.

Nos hace falta resolver sólo la segunda paradoja, la propia del evangelio de hoy. Jesús nos dice: “Estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre” San Mateo 24,44. ¿Cómo se puede entender esta expresión de Jesucristo, si en otras partes nos dice que hay signos de los tiempos?

¿Entonces qué quiere decir eso? Que esos signos, ¿finalmente nadie los va a entender y que por consiguiente cuando llegue Cristo, en últimas nadie le pudo leer los signos de los tiempos, entonces será una sorpresa para todos?

Nuestro Señor da unos ejemplos del Antiguo Testamento, sobre todo del tiempo de Noé. “Lo que pasó en tiempos de Noé pasará cuando venga el Hijo del hombre: la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el Arca y vino el diluvio y acabó con todos” San Mateo 24,37-39.

Y dice que así va a ser la llegada del Hijo del hombre: “En el momento que menos penséis” San Mateo 24,44.

Pero ya San Pablo tuvo que regañar a algunos de los tesalonicenses, porque entonces, apoyándose tal vez en estas palabras decían: “Mire, la gente comía, bebía y se casaba” San Mateo 24,38. Como quien dice: hacía proyectos. “¿Qué proyectos vamos a hacer? Esto ya va a explotar, esto ya se va a acabar, ¿ya qué proyectos? Ya no cabe hacer proyectos".

"Ya dejemos así y esperemos el retorno de Jesucristo”. Entonces es ahí cuando San Pablo les dice a los tesalonicenses: “Un momento, el que no quiera trabajar, que tampoco coma” 2 Carta a los Tesalonicenses 3,10, ¿cierto? Porque aquí dice: "Comían, bebían y se casaban" San Mateo 24,38.

Y ellos no querían casarse, en el sentido de que no querían hacer proyectos, pero seguían comiendo y bebiendo, entonces San Pablo dijo: “No, un momentico, la ley es para todos, si no van a hacer proyectos porque ya viene Cristo, entonces tampoco coman y beban”. Y duraron pensándolo como un día y al otro día ya desayunaron y ya volvieron a comer y volvieron a trabajar.

¿Cuál es la enseñanza que quiere darnos Dios aquí? Las señales de los tiempos preparan la llegada de Cristo, y sin embargo en el día que menos pensemos llegará el día de Cristo. Entonces, ¿esas señales no eran señales de ese día? ¿O es que nadie va a poder entender esas señales? ¿O Es que nadie sabe cómo es ese día?

Bien, yo la única respuesta que he podido encontrar, o con otras luces podría dar otra, es esto último que acabo de decir: es que nadie sabe cómo es ese día.

Es que se trata de algo radicalmente nuevo; se trata de una intervención última y maravillosa, se trata de la llegada definitiva y gloriosa; se trata de algo que no tiene antecedentes; se trata de algo que no puede ser pensado, rigurosamente hablando, porque no puede ser imaginado, porque nadie puede suponer propiamente qué es”.

Y esto no se contradice con los signos de los tiempos. Los signos de los tiempos, la lectura de los signos de los tiempos nos ayuda a preparar la venida, pero no nos dice cómo va a ser esa venida. Yo creo que así se resuelve esta paradoja.

Eso que nos dijo Cristo en lecturas que hemos escuchado recientemente: guerras y rumores de guerras, terremotos y señales en los cielos y en los mares, la naturaleza como encrespada. Todo eso, cuando suceda, es una señal para que nos preparemos; pero todo eso todavía no nos alcanza a decir qué es lo que significa que Cristo venga.

Es decir, con esta advertencia Cristo nos está invitando a tomar en serio las señales de los tiempos, nos está invitando a tomar en serio nuestro proceder en esta vida, como dice en algún lugar del Nuevo Testamento; pero también nos está advirtiendo que eso que va a llegar es radicalmente distinto.

Que es más que un terremoto, que es más que la conmoción de los mares, que es más que las señales en el cielo, que es más que las guerras o las paces que se puedan hacer entre los pueblos; que se trata de algo radicalmente nuevo; algo tan nuevo como la creación y más nuevo que la creación.

Qué tal que uno, hagamos el ejercicio mental. ¿Qué tal que uno pudiera estar antes de que todo fue creado? Imaginémonos eso; imaginemos lo que es inimaginable para nosotros. Ah, entonces sí te das cuenta de que uno no puede imaginarse todo; uno no puede imaginarse una nada tan vacía que no esté uno.

Entonces sí hay cosas que uno no se puede imaginar. O sea que así como no podemos imaginar algo que esté al comienzo de la existencia, tampoco podemos imaginar lo que Cristo va a hacer, que es algo superior a la creación.

¡Es algo tan esplendoroso! ¡Es algo tan fantástico! Que en algún lugar dice: “Y se olvidará y no habrá memoria de lo pasado” Isaías 65,16.

Una nueva creación. Algo tan distinto que incluso este mundo con sus luchas, figuras, problemas, lenguajes, colores, sabores, ideas, este mundo ni siquiera podrá ser recordado! ¡Una maravilla! ¡Algo realmente nuevo! Para esto tenemos que prepararnos.

Pero sigamos nuestra imagen. Supongamos que una persona estuviera ahí junto a Dios. Una persona flotando como un astronauta en el espacio, aunque no habría tampoco espacio ni habría astronauta.

Pero usted supóngase -al fin y al cabo el hábito le puede ayudar a imaginarse cómo es un astronauta- Usted está flotando en el espacio y no hay nada; y de pronto, hay algo; de pronto, creó Dios.

San Agustín explica muy bien que estas imágenes son abusivas, son tramposas, porque apenas uno se imagina que hay alguien observando, ya ahí hay tiempo, y San Agustín dice: “La creación no fue hecha en el tiempo, sino el tiempo fue hecho con la creación”. Eso es filosofía pura; “la creación no fue hecha en el tiempo, sino el tiempo fue hecho con la creación”.

Pero, sigamos nuestro ejemplo sabiendo que le hemos hecho trampa a la filosofía y a toda la lógica.

Imaginémonos nuestro astronauta flotando en el espacio, y de pronto hay algo, y de pronto aparecen los colores, las temperaturas, los seres, las galaxias. Esa persona, no importa cuánto se hubiera preparado, viviría la más absoluta sorpresa. Pues algo así es lo que nos dice Cristo aquí.

Por una parte se trata de que estemos atentos, que no nos dejemos engolosinar por las cosas de esta tierra, ya San Pablo lo advierte; pero por otra parte hay algo más. Esta no es sólo una advertencia. Cristo no estaba solamente dando advertencias para que las personas se precavieran sobre ese tiempo.

Cristo estaba contándole a la gente: “Van a ver algo tan completamente distinto que nadie puede pensarlo. Así como nadie puede pensar nada anterior a la creación que conocemos, tampoco nadie puede imaginar lo que voy a crear”.

Y aunque no sabemos de qué se trata, sabemos que saldrá de las manos, saldrá del corazón, saldrá de la gracia poderosa de Dios. Sabemos que es bueno, que es esplendoroso y tan esplendoroso que hará que nos olvidemos incluso de este mundo, y por eso emprendemos peregrinación.

Entonces vamos a caminar hacia allá, vamos a avanzar hacia allá; no sabemos dónde queda; no sabemos qué color tiene; no sabemos qué música se da allá; pero hacia allá vamos; hacia allá seguimos. No sabemos de qué se trata, pero sabemos quién lo ha hecho y eso es suficiente para nosotros.

Si estas palabras suscitan en usted un interrogante, suscitan un anhelo, suscitan ganas de caminar, usted ya está en Adviento, ése es el Adviento: sentir que eso, eso maravilloso y último es posible, que puede salir de las manos de Jesucristo y que va a transformar radicalmente todo, todo lo que vemos y lo que no hemos visto.