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Fecha: 20020329

Título: Busquemos nuestro descanso solamente en los brazos de nuestro Padre Dios

Original en audio: 8 min. 11 seg.


Jesús deja su ser, su su vida, su trabajo, su oración, su Sangre, sus discípulos, todo lo deja en las manos de Dios, su Padre.

"A tus manos encomiendo mi espíritu" San Lucas 23,46. Es una expresión tan grande, tan completa, tan perfecta de confianza. "A tus manos encomiendo mi espíritu" San Lucas 23,46. Es maravilloso porque le perseguían las garras, y Jesús prefirió las manos. La Pasión de Cristo es la historia de las garras y pezuñas del diablo tratando de agarrarlo.

Las heridas, los insultos, las humillaciones el sufrimiento en general tenía un objetivo, y era sufrir por hacer sufrir, era sufrir por atrapar, era sufrir por agarrar a Cristo, y agarrar viene de garra. Pero Jesús lo pierde todo, menos la unión con el Padre, lo entrega todo, menos la unión con el Padre.

Hemos visto que entregó a su Santísima Madre, hemos visto que entregó su cuerpo, su sangre, entregó a sus discípulos protegiéndolos:"Si me buscáis a mí, no le hagáis nada a éstos" San Lucas 18,8. Todo lo entregó y todo se lo quitaron, menos la unión con el Padre.

De manera que llegando al momento definitivo, al momento de la muerte, queda descubierta la intención de Satanás: no era hacerle sufrir solamente, era apartarlo del Padre. Y de esas garras se salvó Cristo; su obediencia amorosa le salvó de las garras del enemigo. Y por eso salta desde el monte Gólgota, una pequeña colina en realidad, desde la montaña del Gólgota salta, pero no al vacío, no salta a la nada y no salta a las garras del demonio, salta a las manos, salta al abrazo, salta al regazo de Papá Dios.

De modo que cuando jesús dice: "A tus manos encomiendo mi espíritu" San Lucas 23,46, cuando se está entregando en las manos de Dios, su Padre, está declarando la victoria sobre la persecución, sobre las garras y pezuñas acusadoras y acosadoras de Satanás. Pero Satanás no es el único enemigo, el demonio, el mundo la carne, dice la tradición espiritual católica.

Y también el mundo trata de envolver, el mundo también trató de envolverlo, sin mostrar las garras, Satanás sí mostró garras, el mundo no muestra garras, el mundo envuelve con sonrisas, con aplausos: cuántas veces lo quisieron proclamar Rey, pero Jesús prefirió una vigilia en soledad, a un desfile triunfal de un mesianismo falso, ambiguo, como todas las cosas que dependen de la gloria del mundo.

El mundo trató de envolverlo, y Jesús no se fue a los brazos acariciadores del mundo, se fue a las manos de Dios; no se dejó envolver por los poderes del mundo, se dejó posee y envolver por el poder que tiene el amor de Dios, su Padre, en Él.

Y con respecto a la carne ¿qué podremos decir? Dice una parte importante de nuestra tradición católica, dice que propiamente la carne no tuvo poder para tentarlo, en cuanto el aspecto propiamente del afecto de pareja; ése no tuvo poder inmediato sobre Cristo, ni para tentarle; pero sabemos que la carne no se limita al sexo. Bien nos explica San Pablo que la mentalidad carnal, aunque no se trate de sexo ni de pareja, es esa cerrazón, es esa idolatría de los que son como yo, piensan como yo, sienten como yo y con los que yo me siento bien.

Y a ese cariño pegajoso, a ese cariño que envuelve y a esa complicidad que encadena, también a esa presión estuvo sometido Jesucristo, también esa presión quiso tener poder sobre Él.

Ustedes recuerdan ese pasaje en el que, por ejemplo le dice uno de los Apóstoles: "Hemos visto uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero como no andaba con nosotros, hemos querido prohibírselo" San Lucas 9,49. Es decir, nuestro grupito, aquí donde nosotros hablamos tan bueno, quédate aquí sólo en nuestro grupito", eso es carne, carne física. Y dice Jesús: "no se lo prohibáis" San Lucas 9,49. Es decir, hay una victoria sobre la carne.

Ni la seducción de la carne, ni la caricia, del mundo ni la garra del diablo, sólo las manos del Padre, ese es el triunfo de Cristo, esa es la proclama de victoria del Señor; su lugar, su único lugar de descanso son las manos del Padre.

Él había dicho alguna vez: "El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza" San Lucas 9,58. Algunos interpretan esa frase en términos de pobreza, y otros la interpretan en términos de castidad, porque el lugar para reclinar la cabeza es el lugar de la mujer amada, en una tradición alegórica judía. De manera que Cristo estaría hablando tal vez de su celibato o tal vez de su pobreza, en todo caso, no tenía dónde reclinar la cabeza, pero en la Cruz sí tuvo dónde reclinar la cabeza:las manos de Papá Dios.

Y es allá en el regazo de Dios Padre, es allá en las manos de Dios Padre donde está el descanso de Cristo. Pues vamos a buscar nosotros también ese descanso, y cuando llegue la hora final de en nuestra vida, que no tenga poder sobre nosotros ninguna insidia del enemigo, ningún abrazo ambiguo del mundo, ninguna seducción de la carne.

Que sólo las manos de Papá Dios, sólo el abrazo amoroso de nuestro Padre Dios, atraiga dulcemente nuestro corazón cuando cuando llegue la hora de nuestra propia muerte.

Amén.