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Fecha: 20330418

Título: ¿Cual es la sed que gobierna mi vida?

Original en audio: 8 min. 17 seg.


"Tengo sed" San Juan 19,28.

De inmediato, mis hermanos, relacionamos esta palabra, estoy seguro, con aquel pasaje de la samaritana, donde Cristo también se declarara sediento.

La sed es una realidad muy propia de la tierra de Jesús, tierra sedienta. Hay también un salmo, el Salmo 63 y que así lo recuerda: "Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo; mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua" Salmo 63,2.

Y por eso podemos hablar de la sed en varias dimensiones. Podemos descubrir la sed como esa íntima, irreemplazable, apremiante necesidad humana, y entonces descubriremos que hay muchos modos de sed: la sed de la verdad, la sed de la justicia, de la que también habló Jesucristo: "Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia" Mateo 5,6, la sed de la paz, tan esquiva por ejemplo en nuestro país, la sed de la santidad, la sed de Dios.

Esa es una dimensión: reconocer la sed como esa profunda necesidad de nosotros. Y aquí nos podemos hacer una pregunta: ¿Cuál es la sed que gobierna mi vida? Porque cada persona es gobernada por algún tipo de sed. El que tiene sed de justicia tal vez organice un ejército para liberar a una nación; el que tiene sed de conocimientos tal vez buscará una sabiduría en los libros o en países lejanos; y el que tiene sed del placer seguramente buscará las conveniencias del dinero fácil, los lugares de diversión.

Podemos definir lo que nosotros somos conociendo la clase de sed que tenemos. Para nosotros no hay duda de cuál es la sed que tiene Cristo. Sed tiene su cuerpo deshidratado por la tortura a la que ha sido sometido; pero además de esa sed biológica y física sabemos cuál es la sed que tiene, ya lo dijo San Agustín en el caso de la samaritana: sed de nuestra fe para lograr nuestra salvación y la gloria de Dios.

Esta es la sed de Cristo, esa es la de Él, ¿y la mía? ¿Cuál es la sed que está gobernando mi vida? ¿Qué es lo que estoy haciendo y hacia dónde me estoy encaminando? Hay una lámpara que podemos encender en el sendero de nuestra existencia y es preguntarnos seriamente cuál es la sed que nos mueve, porque no es tan obvio.

Si nos vamos a referir al caso de religiosas o de sacerdotes, lo obvio debería ser: sed de santidad, por ejemplo, pero eso no sucede siempre así, se nos puede entrar de contrabando una sed de poder, o una sed de dinero, o una sed de fama. Preguntarse a fondo cuál es la sed que uno tiene, es mirar a esto que Santa Catalina de Siena llamaba "el conocimiento de uno mismo". No tengamos miedo a esa verdad que puede aparecer en nuestra vida cuando nos preguntamos seria y profundamente cuál es la sed que me gobierna.

Hay otro enfoque también en el tema de la sed, y es el contraste que han predicado varias veces los antiguos Padres de la Iglesia: Cristo, que tiene sed, se convierte en la Cruz en un manantial porque de Él sale sangre y agua; tiene sed y da de beber.

Se extrañaban los discípulos en el caso del episodio de la samaritana cómo era que Él no comía, y Él dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" San Juan 4,34. Y efectivamente, fíjate que en el caso de la samaritana, termina el relato y finalmente nadie le dio de beber a Cristo, y tenía sed.

Miremos ese misterio: Éste tiene sed y da de beber, ¿eso cómo se explica? Se explica porque el que tiene sed puede entender, puede comprender, puede descubrir las grietas del corazón humano. Con la ayuda del Espíritu expresémoslo de esta manera: el que sufre sabe cuáles son las puertas que pueden abrirse en los corazones humanos; el que no ha sufrido no sabe cuáles son las llaves que abren los corazones.

Dice la Carta a los Hebreos: "Tenemos un Sumo Sacerdote cual nos convenía: perfecto y compasivo" Carta a los Hebreos 7,26. La compasión surge de la sed que se ha padecido; nadie puede compadecer sin padecer. Es necesario haber padecido para poder compadecer, y por eso la sed de Cristo es al mismo tiempo la llave que Cristo tiene para regalarnos la abundancia de su amor y para comunicarnos su verdad, su revelación.

¿Qué enseñanza nos deja esta sed? De tantas cosas, yo me quedaría con aquella frase, con aquella pregunta: Mi vida está gobernada por alguna clase de sed, ¿cuál es? Cada uno tiene que responder, y por favor no respondamos con frases hechas: respondamos desde el corazón, desde la intimidad, el silencio y la verdad de Dios.

¿Y qué propósito nos podremos hacer? Escuchando esta palabra sobre la sed, ¿qué podremos decir? que sólo descubriendo el misterio de mi propio dolor puedo atender, servir, aliviar el dolor de mi hermano. Mis dolores son mi gran tesoro. Por favor, no desprecies tus dolores, no les des de patadas ni los eches de tu vida, no reniegues tanto de ellos. Muchas veces, si has recibido muchos dolores, es porque Dios te ha dado un manojo de llaves para que abras muchos corazones.

Propósito: no voy a renegar más de mis dolores; cada dolor es una llave que me sirve para abrir un corazón.

María, Madre del Amor Hermoso, Madre que padeciste la sed de no poder aliviar la sed de tu Hijo, Madre compasiva, enséñanos a rectificar nuestros afectos, a dirigir nuestras voluntades y a encontrar en todo la gloria de Dios.

Amén.