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Fecha: 19960405

Título: Cristo tiene sed de mi fe

Original en audio: 9 min. 23 seg.


Quinta palabra: "Tengo sed" San Juan 19,28.

En la acción litúrgica de la muerte del Señor escuchábamos el evangelio según San Juan. Es el Evangelista Juan el que nos cuenta de esta súplica de Cristo, en donde le vemos tan pobre, tan necesitado, y lo que es más triste, rodeado de una dureza, de una crueldad inútil.

Dijo Cristo que tenía sed, y el Evangelista nos cuenta que empaparon una esponja en vinagre y se la acercaron a la boca, ¿Qué clase de crueldad es esa, por Dios? Para el que tiene sed, un poco de vinagre. En realidad parece que a Cristo le acercaron dos bebidas.

Otro evangelio nos cuenta que "le acercaron también una esponja que estaba empapada en mirra, y dice que Jesús la probó pero que no quiso tomarla" San Marcos 15,23. Aquí hay algo importante que quiero compartir con ustedes. Son dos bebidas: una era un preparado que se hacía con mirra, una especie de narcótico, una especie de anestesia, una cosa para no sentir el dolor.

A Cristo le acercaron un narcótico, eso lo cuenta alguno de lo evangelios sinópticos, y a Cristo le acercaron también vinagre, eso lo cuenta el evangelio de Juan, esas fueron las dos bebidas que le acercaron a la boca, un narcótico, una cosa como para doparlo, porque como la muerte en cruz era una muerte tan espantosa, la gente trataba de aliviar un poco el dolor de esos pobres condenados.

El Imperio Romano tenía de costumbre crucificar a sus peores enemigos, y las crucifixiones se hacían en público para que sirvieran de escarmiento a toda la gente. Si una persona intentaba auxiliar a un crucificado, entonces la crucificaban a ella también, porque la idea era que la persona que estuviera ahí en ese madero se muriera haciendo gestos, sufriendo al máximo, presentando un espectáculo pavoroso para que a nadie se le ocurriera intentar rebelarse contra el Imperio Romano.

Esa era la crueldad de la cruz: nadie podía ayudar, nadie podía bajar de la cruz a los que estaban ahí, y por eso precisamente había soldados alrededor de la cruz, de manera que si alguien pretendía ayudar a los crucificados, pues recibía su reprimenda, y si insistía, "pues entonces a usted lo crucificamos también".

La gente entonces, como no podía impedir que se cometiera esa manera de muerte,lo que hacía era que preparaba un brebaje para dopar, para adormecer a los crucificados, de manera que quedaban como enajenados, como narcotizados, y así se morían, por lo menos con un poco menos de dolor.

Atención entonces, dos bebidas: un narcótico y vinagre. Y en esas dos bebidas hay una gran enseñanza, porque esas dos bebidas nos muestran dos vidas, dos maneras de vivir la vida, y esas dos maneras se están dando entre nosotros y en muchas partes del mundo. Hay gente que quiere vivir con el narcótico, y hay gente que quiere vivir con el vinagre. Pero Cristo, ni el narcótico, ni el vinagre.

Probó el narcótico, bebió el vinagre, pero eso no apagó su sed, porque la sed que tiene Cristo no se a puede calmar el mundo;la sed que tien Cristo es la sed de la fe: Él quiere que nosotros creamos, Él quiere que nosotros aceptemos el mensaje, Él quiere que nosotros nos dejemos amar por Dios, Él quiere que nosotros nos convirtamos, Él dijo que cuando uno tenía fe le salía un manantial en el corazón, un manantial que brota agua hasta la vida eterna, y ese ese manantial el que Cristo quiere encontrar en ti para calmar su sed.

Pero atención, lo de las dos bebidas es cierto. Hay gente que quiere vivir narcotizada, hay gente que quiere vivir dopada, esa es la persona que se embriaga de placeres, esa es la persona que se embriaga de licor, esa es la persona que se embriaga de juego y de diversión y pasa por este mundo con una consigna: "Esta vida es muy triste, de manera que yo me la voy a hacer alegre como yo pueda y punto". Hay gente que vive así. Pero esa vida Cristo no la quiere.

Y hay otras personas que viven en el vinagre, el vinagre es señal de la amargura, es señal del odio, es señal del resentimiento, es señal del cinismo; cuando una persona es amarga, cuando una persona es ácida en sus comentarios, cuando una persona a todo le encuentra el lado malo, no sabe sino hablar mal de los demás y encontrar problemas y botar bilis por todas partes, esa persona vive en el vinagre.

Cristo nos enseña con su actitud en la Cruz, Cristo nos muestra que el camino no es doparnos; el camino no es doparnos a través del dinero fácil, a través de los placeres rápidos, a través de las conquistas sencillas. Cristo no quiere vidas narcotizadas.

Y Cristo nos enseña que el camino tampoco es el del vinagre. Ciertamente es aceptar la amargura de la vida como lo hizo el mismo Cristo en la Cruz, pero hay que ir más allá de la amargura; Cristo no se queda en el vinagre, y aunque Él bebió vinagre, de Él, cuando fue atravesado por la lanza, salió agua, agua viva, agua que nosotros recibimos en el Bautismo.

Así que la enseñanza que nos trae esta palabra es doble. Primero: ¿de qué tiene sed Cristo? Bueno, su cuerpo tiene sed desde luego, estaba en una deshidratación espantosa, pero estamos en el sentido místico de esta palabra, ¿de qué tiene sed Cristo? Tiene sed de esa agua que va a saltar en mi corazón cuando yo crea, cuando yo me entregue a Él voy a tener un surtido de agua, y es de esa agua de la que quiere beber Cristo.

Esto se ve muy bien en el episodio aquel de la samaritana, donde también Cristo mostró que tenía sed, pero luego no bebió ni una gota de agua del pozo de Jacob, porque no era agua del pozo de Jacob, sino agua de la fe de esa mujer la que quería beber Jesucristo. Así nos lo enseña San Agustín.

¿De qué tiene sed Cristo? De mi fe. Quiero consolar a Cristo? Voy a creer. ¿Quiero ayudar a Cristo? Voy a creer más. ¿Quiero colaborar con Cristo? Voy a creer muchísimo, voy a llenarme de fe, voy a unirme por la fe a Cristo, voy a transmitir el mensaje de Cristo, voy a hacer de Cristo el centro de mi vida, así yo puedo a calmar la sed de Cristo. Esa es la primera enseñanza.

Y la segunda es: Cristo me enseña a evitar dos vidas falsas que el mundo me ofrece. Así como el mundo le ofreció dos bebidas a Cristo, me ofrece también dos vidas a mí. Yo voy a evitar la vida narcotizada, la vida fácil, voy a evitar ese camino, es mentiroso; y voy a evitar la vida del odio, de la agresión, de la amargura, del vinagre, voy a evitar esa otra vida.

La vida mía está en la unión con Cristo, por la cual más allá de narcótico y más allá del vinagre, está la dulzura del amor, el triunfo de la Cruz y la gloria de la Resurrección del Señor Jesucristo.