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Fecha: 20030418

Título: La oracion es poderosa

Original en audio: 7 min. 59 seg.


"¿Dios mío, Dios mío, ¿por que me has abandonado?" San Marcos 15,34, San Mateo 27,46. Pienso que esta es la palabra que más nos impresiona, es el fondo del cáliz del dolor, "¿por qué me has abandonado?" San Marcos 15,34, San Mateo 27,46.

Es la frase, es la súplica, es el reclamo más impresionante en los labios de Jesucristo. Cualquier papá amoroso sentiría partírsele el corazón oyendo una expresión así en labios de un hijo: "¿Por qué me abandonaste?"

Indudablemente, esta frase nos impacta en lo profundo del alma, y para descubrir su sentido creo que tenemos unas claves para la lectura.

Primera, la frase está tomada de un salmo, es el salmo 22, un salmo que empieza desde ese remolino, ese torbellino del dolor y que termina en un pequeño canto de esperanza, dicho en otras palabras, es Jesús en la Cruz está orando, estas son las palabras de un salmo, Jesucristo está defendiéndose, ¿cómo? Con la oración.

Esa es la defensa, ese es el baluarte de Cristo. Le han quitado todo: le han quitado su dignidad, le están quitando su sangre y su vida, le han arrancado las ropas, acaba de entregar a la Madre, le han quitado todo, pero no le pueden quitar su Corazón orante, este es el baluarte en el que se sostiene Jesucristo y esto es muy grande saberlo, porque creo que en ningún otro momento podemos descubrir tanto la virtualidad de la oración como en el momento de la cruz.

En la Pasión de Cristo hubo tortura psicológica, humillación, golpes, injusticias, traiciones, pero hay algo que es más fuerte que la traición, los golpes, la tortura y todo lo demás: es más fuerte, más fuerte, la oración.

Aprendamos entonces de esta palabra, la fuerza que tiene la oración, si la oración le dio la victoria a Jesucristo, la oración te va a dar la victoria a ti y me va a dar la victoria a mí; la oración es más fuerte que los golpes, que los dolores, la oración es más fuerte que la muerte, la oración.

En segundo lugar, Jesucristo está orando aquí a nombre de todos los dolientes, a nombre de todos los que padecen. Aprendamos de esta frase a escuchar con dolor, pero también con comprensión cuando las personas se quejan. La próxima vez que oigamos a alguien decir: "Dios no me escucha, ¿por qué Dios no me oye? ¿Donde está Dios?" O incluso frases más fuertes como las que están en el libro de Job, por cierto.

La próxima vez que escuchemos a alguien que hable así, no la juzguemos tan pronto, entendamos que hay uno que se llama Jesucristo que es el embajador de todos los que han padecido hasta el límite de sus fuerzas, entendamos que en ese momento quizá nos tenemos que declarar impotentes, pero tenemos que seguir reconociendo que hay un plan de Dios.

El enfermo que muere en medio de terribles dolores, la madre que envejece sin ver regresar al hijo desaparecido o secuestrado, el papá que ha perdido en un accidente absurdo al hijo de sus entrañas, tal vez esas personas pueden renegar, sepamos escuchar con una gota de amor y de entendimiento a esas personas, recordando que todos ellos tienen en Jesús un embajador.

Y la tercera clave de lectura es, mira que la frase es como contradictoria, le dice que lo ha abandonado y sin embargo le sigue hablando, esto se parece a un salmo que me encanta, aquel que dice: “Recoge mis lágrimas en tu odre Dios mío” Salmo 55,9.

No es pecado llorar, no es pecado sentir que se nos amarga el corazón, eso no es pecado, no es pecado sentir que nos embriaga la tristeza, eso no es pecado; pero cuando tengas que derramar tu llanto, no lo derrames en el altar de la venganza, no lo derrames en el altar de la locura, no vayas al altar del suicidio, ve al altar de tu Creador y dile a tu Señor que te duele y que recoja tus lágrimas.

No es pecado llorar, no lo es, no es pecado sentir que somos de carne y no de bronce, eso no es pecado, el pecado empieza si derramo mis lágrimas en un altar que no sea de Dios o si busco un odre que no sea el de mi Señor.

Enseñanza que nos deja esta palabra, la oración es más fuerte que todo. ¿Qué han hecho los mártires? Orar, ¿cómo se han sostenido? Orando, ¿cómo han sido posible las misiones? Orando, ¿las vocaciones consagradas y santas? Llenas de oración. La oración es poderosa, alguien ha dicho: "Es casi omnipotente". Enseñanza para nosotros.

¿Y propósito? El propósito vamos a enunciarlo de esta manera: Voy a llorar, no soy de bronce, no soy de concreto, no soy de acero; carne y hueso tengo, y cuando tenga que llorar, voy a llorar, no voy a reprimirme ni voy a enloquecerme ni voy a enfermarme, no; voy a llorar, pero voy a llorar ante mi creador y voy a volverme hacia Él, porque Él es el único dueño de mi vida, cuando todo brille o cuando todo se oscurece.

María, la Virgen orante, María, Sagrario del Espíritu Santo, concédenos ser hombres y mujeres de oración.

Amén.