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Fecha: 20020329

Título: Aprendamos de Jesucristo a enfrentar el mal con oracion

Original en audio: 5 min. 23 seg.


Yo creo que esta cuarta palabra es la que más nos impresiona. Es un momento durísimo, y casi siempre se interpreta esta palabra como la noche oscura de Cristo: "Por qué me has abandonado?" San Marcos 15,34, San Mateo 27,46. Es un reclamo, hecho con humildad, hecho con amor, pero es un reclamo.

Hay que aclarar que esa frase pertenece a un salmo (Salmo 22,1); y sabemos, por esta cuarta palabra, y también por la última: "A tus manos encomiendo mi espíritu" San Lucas 23,46, Salmo 31,6, que Cristo en la Cruz estaba orando, y como buen judío oraba con los salmos.

Es decir, no debemos mirar esta palabra en primer lugar como un momento de desesperación de Cristo, como un momento en que se agrietó Cristo. No tenemos derecho a interpretar directamente así las cosas, porque es el texto de un salmo; y ese salmo, lo mismo que el de la séptima palabra: "A tus manos encomiendo mi espíritu" San Lucas 23,46, Salmo 31,6, esos dos salmos no terminan en desconsuelo ni terminan en desesperación, sino terminan en confianza, en la serena certeza de que va a aparecer la voluntad de Dios y que Dios va a salirse con la suya y va a vencer.

Jesús está orando en la Cruz, ese dato es muy importante, muy importante. Jesús no está reflexionando, haciendo una teoría sobre el dolor, no está planeando una venganza, no está agotándose, no se ha enloquecido, no se ha dormido, no se ha anestesiado.

Hago esa lista, porque es la lista de las cosas que lo seres humanos solemos utilizar frente al dolor: nos anestesiamos, nos enloquecemos, planeamos la revancha y nos ponemos a hacer teorías sobre el mal.

Jesús no hizo nada de eso. Jesús encaró el mal con oración, es lo fundamental que nos enseña esta palabra: "Dios mío,-dice-, ¿por qué me has abandonado" San Marcos 15,34, San Mateo 27,46, Salmo 22,1); y sin embargo, esa oración no la ha pronunciado solamente Cristo; el hecho de que se trate de un salmo precisamente indica que es una oración que ha acompañado el camino de la fe del pueblo de la Alianza.

O sea que también podemos y debemos mirar a Cristo, cuando dice esta palabra, como un embajador, como precioso embajador de todos los que sufren, de todos aquellos que llegan al límite de sus fuerzas y que se sienten despojados de Dios. Y como dijo la Carta a los Hebreos, "Ese es el Sumo Sacerdote que nos convenía Carta a los Hebreos 7,26, uno que pudiera conocer el dolor por dentro, uno que pudiera conocer la miseria humana, la agresividad humana, la violencia humana la pudiera conocer por dentro.

Esta palabra nos permite entonces reconocer a Cristo como uno de los nuestros, como el embajador que toma lo que nosotros somos, y en su propia voz, "con poderoso clamor y lágrimas" Carta a los Hebreos 5,7, dice también la Carta a los Hebreos, presenta nuestra angustia ante Dios; pero la presenta con su voz, que no es la voz de la desesperación, aunque sí es la voz de la más ferviente súplica. Así presenta Cristo nuestra causa, así hace resonar Cristo nuestra causa y nuestra angustia en los cielos.

"No tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse" Carta a los Hebreos 4,14, tenemos uno que sabe lo que nosotros somos, que sabe lo que padecemos y que sabe hacer resonar nuestra causa en lo alto de los cielos y en el corazón del Padre.

Y así, lo que podía ser un un ejemplo de desesperación, se convierte para nosotros en una causa de profunda confianza en este mediador nuestro, el Santísimo Señor jesucristo.

Amén.