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Fecha: 20020329

Título: Que la oracion de Cristo nos quite el velo para poder reconocerlo

Original en audio: 6 min. 8 seg.


Hay una ignorancia, hay un velo de ignorancia que impidió a los hombres de ese momento y que de pronto sigue siendo un velo para muchos. En esta primera palabra lo que les pido que reflexionemos es eso, esa ignorancia, ese velo que impide reconocer a Jesucristo.

"Si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria" 1 Corintios 2,8. ¿Cuál puede ser ese velo? ¿Cuál puede ser esa razón? Es muy difícil descubrirlo, pero yo me lo pregunto continuamente, ¿por qué Jesús resulta tan poco atractivo para muchas personas, tan poco interesante para muchas personas que pueden realizar su vida, que organizan su vida, y tienen hogares y familias, como decía la biología, nacen crecen se reproducen y mueren sin que les importe mucho Jesucristo?

¿Cuál es ese velo? ¿Por qué a veces la hermosura de Cristo, la santidad de Cristo, la inocencia de Cristo está tan oculta? No lo sabemos, pero sí sabemos que Jesús oró por esas personas que estaban enceguecidas, que estaban oscurecidas.

Jesús no condenó a esas personas, sino que oró por ellas, pidió al Padre. Un acto de amor, un acto de misericordia para esos, los que no lo podían reconocer, y creo que es lo mismo que nos corresponde hacer a nosotros.

¿Fue eficaz esa oración de Cristo? Parece que sí. Hay dos testimonios que podemos compartir: primero, en el evangelio según San Marcos, el centurión romano, que seguramente había visto cualquier número de crueldades, cualquier número de dolores, cualquier número de injusticias, cuando ve morir a Cristo exclama: “Verdaderamente este era el Hijo de Dios” San Mateo 27,54.

No estamos hablando de un corazón piadoso, ni de un corazón bien preparado, de un corazón compasivo, estamos hablando de un hombre endurecido, un hombre encallecido, acostumbrado a torturar a otros seres humanos.

Porque los centuriones estaban ahí con un solo motivo, impedir que la gente descolgara a los crucificados, es decir, el papel de los soldados romanos era consumar la tortura hasta el último momento; los soldados no intervenían si alguien se burlaba, como hicieron con Cristo; los soldados no intervenían si alguien le daba vinagre al que se estaba muriendo de sed, como hicieron con Cristo, ahí no intervenían, pero si alguien iba a tener una muestra de piedad o si alguien se iba a compadecer, o sobre todo, si alguien iba a descolgar al crucificado, ahí sí intervenían los soldados.

Es decir, estamos hablando de un hombre experto en crueldad, ese hombre, cuando muere Cristo, dice: “Este era el Hijo de Dios” San Mateo 27,54; es decir, ahí hay una eficacia de la oración del Señor.

Y el otro ejemplo que es muy conmovedor, es el de uno de los soldados, que según la tradición se llamaba Longinus. Longinus fue el soldado que atravesó el corazón de Cristo con la lanza, cuando brotó sangre y agua, ese era el soldado también de ese mismo grupo, y cuentan antiguas fuentes cristianas que este hombre que estuvo ahí, aparentemente sin compadecerse y que consumó hasta el final el sacrificio del Señor, se convirtió, se hizo cristiano, fue perseguido y de hecho murió por Cristo, o sea que Cristo murió por él y él murió por Cristo.

Hay un velo misterioso, hay un algo que a veces le impide a uno reconocer al Señor, terminar de enamorarse de Jesucristo, convencerse de que Él es el camino la verdad y la vida.

Pero Cristo, con su oración, puede romper esa barrera de ignorancia, y tenemos estos ejemplos que nos animan a ir nosotros por ese mismo camino, intercediendo para que también nuestros ojos queden libres y podamos ver la inocencia y la hermosura de Jesús; intercediendo para que también nuestros hermanos, aun los que parecen más endurecidos, puedan recibir el testimonio del Evangelio y puedan acoger la gracia que les ofrece Cristo.

Amén.