May 9, 2008, 6:35 pm.
Boletín del último viernes, 20080509 :

Alimento del Alma
 

Alimento del Alma
Viernes 09 de Mayo de 2008

Dominican Priory, Upper Dorset St., Dublin 1, IRELAND. Tel. +1 (727) 565-1331

No. 5927
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* Para el VIERNES: Conversión y Vida en el Espíritu *
Las Palabras del Angel:
114. La Trascendencia de Dios

114.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

114.2. Tú eres una obra de Dios. Como te ha sido dicho, yo te lo repito: el ser humano es la única creatura que Dios ha amado por sí misma, y la razón de esto está en que es la única en el universo visible de la que ha sido dicho: "a imagen y semejanza de Dios" (Gén 1,26).

114.3. Este designio divino hace que tu vida goce de una unidad muy alta, pues los seres creados, cuanto más perfectos, más perfectamente participan de la unidad que tiene su plenitud en Dios, que es único. En cuanto crece tu semejanza con Dios, cosa que sucede por la obra de la gracia divina, esto es, por la inhabitación del Espíritu Santo en ti, crece también tu unidad interna.

114.4. La unidad interior tiene varios y hermosos frutos: coherencia, armonía, solidez, significación, capacidad de relación, capacidad de donación. No es extraño que tus hermanos los hombres busquen con ansia profunda esta unidad, pues faltándoles ella, difícilmente pueden alcanzar los frutos que ella trae.

114.5. Por ello escudriñan las señales de la sabiduría en los más diversos autores y corrientes, tratando de preferir lo que tenga sabor más añejo y desinteresado, pues una voz en lo recóndito de su alma parece recordarles que sin esa unidad sólo queda la desintegración, que es peor que la misma muerte.

114.6. Con todo, la unidad interior no es el objetivo último del camino espiritual. Esa mal llamada "unidad" que consiste en definirse como un universo al margen de toda ley o parecer exterior en realidad no resuelve nada, pues deja sin explicación los misterios hondísimos del primer origen y del último término.

114.7. No tiene nada de extraño que quienes navegan en aguas tan extrañas pronto empiecen a creer y predicar cosas igualmente exóticas, como que ellos son el universo o el universo, Dios y ellos son lo mismo. Semejantes afirmaciones son como el velo con el que intentan cubrir las preguntas decisivas: ¿de dónde vengo?, ¿para dónde voy?

114.8. Estas religiones o filosofías que quieren al mismo tiempo afirmar la unidad interior y disolver el mundo exterior no pueden encontrar el equilibrio entre la afirmación de ese mundo exterior como tal y la permanencia, dignidad y supremacía del mundo interior, llámesele "mente" o "corazón." Semejante equilibrio requiere que se admita la existencia y soberanía de un plan más allá del propio ámbito de intenciones y también de la lógica implacable de los hechos externos. Reconocer un plan así, sabia y a la vez libremente querido, es lo que se llama propiamente "trascendencia," y quienes creen que Dios es así, creen que Dios trasciende a su obra que entonces puede ser llamada en rigor "creación."

114.9. Desde luego, sin la revelación de la sabiduría y amor propios de ese Plan aterra pensar en un Dios trascendente. El alma se resiste a sentirse juguete de los caprichos de un dios que no es otra cosa sino un enemigo de la libertad e incluso de la felicidad del hombre. Por esto el conocimiento de la trascendencia divina no puede darse simplemente como una especie de dato para la inteligencia: es preciso inscribirla en la revelación de la inteligencia del amor que salva. Esto es de hecho lo que te ofrece la Escritura.

114.10. Por ello la Sagrada Escritura da unidad, verdadera unidad a tu corazón. Lo defiende de la fragmentación interior, pero también de las fantasías panteístas de las almas que huyen de la angustia asegurando que todo es uno y uno es todo. Puedes considerarte bienaventurado y bendecido: las puertas de la Palabra se han abierto para ti. ¡Feliz serás si entras con humildad y gratitud por ellas!

114.11. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.

Fr. Nelson M.
Pd.: La colección completa de estos escritos se halla aquí. En estos y todos nuestros escritos nos acogemos con gusto al parecer y veredicto definitivo de la Santa Iglesia Católica, y, en particular, de la Sede Apostólica.

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La Foto de Hoy


Todo listo, menos el mar...

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Lecturas para Hoy

Temas de las lecturas: Un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo * Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas

Textos para este día:

Hechos 25,13-21:

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para cumplimentar a Festo, y se entretuvieron allí bastantes días. Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: "Tengo aquí un preso, que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos judíos presentaron acusación contra él, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana ceder a un hombre por las buenas; primero el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse. Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores tomaron la palabra, no adujeron ningún cargo grave de los que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida su majestad, he dado orden de tenerlo en prisión hasta que pueda remitirlo al César."

Juan 21,15-19:

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

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Homilías para escuchar

Tiempo de Pascua,
Semana No. 7, Viernes

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Fecha predicación

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1

1997/05/16

8 min. 28 seg.

436 Kb.

2

1999/05/21

26 min. 27 seg.

1361 Kb.

3

1999/05/21

25 min. 12 seg.

1296 Kb.

4

2000/06/09

27 min. 54 seg.

1435 Kb.

5

2001/06/01

14 min. 46 seg.

760 Kb.

6

2003/06/06

24 min. 16 seg.

1611 Kb.

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Homilía para leer

Temas de las lecturas: Un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo * Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas

1. El Kerigma

No podemos dejar terminar este tiempo bendito de Pascua sin hacer un buen resumen del kerigma, es decir, de aquel anuncio básico de la salvación. En la primera lectura de hoy encontramos una síntesis en las palabras que utiliza Festo refiriréndose al mensaje de Pablo. Todo el “problema” está en “un tal Jesús, ya muerto, y que, según Pablo, está vivo”. Repasemos este kerigma con una serie de textos bíblicos y aprovechemos esta recapitulación para prepararnos también a la evangelización.

2. ¿Cómo es el hombre lejos de Dios? —Extravío y autodestrucción

Así está escrito: "No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han extraviado; por igual se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno, no hay ni siquiera uno." (Rom 3,10-12).

Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios (Rom 3,23).

Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios (2 Timoteo 3,1-4).

3. ¿Qué hizo Dios, compadecido de los hombres? —Nos dio a su propio Hijo

Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3,16).

Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5,8).

Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados (Colosenses 1,13-14).

4. ¿Quién es Cristo para mí? —Él es el Señor y Salvador

Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero (1 Timoteo 1,15).

La ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo (Juan 1,17).

Si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo (Romanos 5,17).

Como Jesús permanece para siempre, su sacerdocio es imperecedero. Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos (Hebreos 24,25).

Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano (Juan 10,27-28).

5. ¿Qué debo hacer entonces? —Sigue estos siete pasos hoy mismo:
5.1 Arrepiéntete de las obras muertas

Comenzó Jesús a predicar: "Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca." (Mateo 4,17).

A menos que se arrepientan, todos ustedes también perecerán (Lucas 13,3).

Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia. (Isaías 55,7).

5.2 Confía en la misericordia de Dios

Así dice la Escritura: "Todo el que confíe en él no será jamás defraudado." No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan (Rom 10,11-12).

Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan (Salmo 86, 5).

El poder de su majestad, ¿quién lo calculará? ¿quién pretenderá contar sus misericordias? (Eclesiástico 18,5).

5.3 Pide el don del Espíritu Santo

Nadie puede decir: "Jesús es el Señor" sino por el Espíritu Santo (1 Corintios 12,3).

Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 1,5)

Cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hechos 1,8)

Si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11,13)

5.4 Proclama a Cristo como tu Señor

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. (Romanos 10,9)

Dios envió su mensaje al pueblo de Israel, anunciando las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos (Hechos 10,36).

El ángel les dijo: "No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor." (Lucas 2,10-11).

Nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación (Romanos 5,11).

5.5 No te dejes confundir por abundancia de milagros o mucha palabrería

Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie (2 Pedro 1,20).

Si alguien les dice a ustedes: '¡Miren, aquí está el Cristo!' o '¡Allí está!', no lo crean. Porque surgirán falsos Cristos y falsos profetas que harán grandes señales y milagros para engañar, de ser posible, aun a los elegidos. Fíjense que se lo he dicho a ustedes de antemano (Mateo 24,23-25).

Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios: todo profeta que reconoce que Jesucristo ha venido en cuerpo humano, es de Dios (1 Juan 4,1-2).

En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción (2 Pedro 2,1).

5.6 Únete de corazón ( ¡ vuelve ! ) a su Pueblo Santo, que es la Iglesia

Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, la cual es su cuerpo (Efesios 5,23); Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella (Efesios 5,25).

Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la Iglesia unas tres mil personas. Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el compartir del pan y en la oración (Hechos 2,41-42).

La casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad... (1 Timoteo 3,15).

En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos odiábamos unos a otros. Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo (Tito 3,5)

5.7 Organiza tu nueva vida

Dice Cristo: Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí (Juan 15,4).

Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil (Mt 26,41).

Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre (Col 1,9-12).

Tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra (2 Tim 3,14-17).

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. (Filipenses 4,4-8)

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