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Ejercicios sobre el perdón, 36

ORACIÓN DE PERDÓN

El poder sanador del perdón no tiene límites. Una madre tenía dos hijas que hacía tiempo no se hablaban: una era casada y la otra, soltera, y vivía con su madre, viuda. La soltera era bonita y simpática; la casada era menos atractiva, motivo por el cual envidiaba a su hermana y decía que su madre la prefería y, por ello no volvió a casa. Habiendo empezado la madre a orar con insistencia por sus dos hijas, ambas se dieron cuenta de su situación, oraron perdonándose mutuamente y, después de dos años se encontraron nuevamente en casa. Allí se perdonaron nuevamente y sellaron en ese momento con un abrazo las tres.

Un joven profesional cometió adulterio y su esposa, mal aconsejada, decidió no perdonarlo y separarse. El la buscaba desesperado, ella le huía y no quería verlo ni oírlo. El empezó a orar por ella, a pedirle perdón al Señor y a ella en su oración; además envió a su esposa un folleto sobre el perdón. Finalmente ella entendió que con su orgullo no restauraría su hogar. Con la gracia del perdón que los dos recibieron iniciaron nuevamente su vida de pareja cristiana.

Les invito a que hagamos una oración de perdón, aunque sea corta. Pero que les ayude a que también ustedes hagan algo parecido en sus vidas y que tomen la costumbre de estar perdonando con frecuencia y siempre que tengan algo contra alguna persona que les haya ofendido.

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Ejercicios sobre el perdón, 35

EL DIFÍCIL ARTE DE PERDONAR: El perdón es una necesidad de nuestro tiempo. Esa imperiosa necesidad surge del hecho de que nadie está libre de heridas, como consecuencia de frustraciones, decepciones, penas de amor, traiciones. Las dificultadas de vivir en sociedad se encuentran por doquier. Conflictos en las comunidades religiosas, en la familia, personas divorciadas, en las parejas, entre patrones y empleados, entre compañeros. Todos tienen algún día necesidad de perdonar para restablecer la paz y seguridad viviendo juntos. Para descubrir la plena importancia del perdón en las relaciones humanas, intentemos imaginar cómo sería un mundo sin él. Estaríamos condenados a perpetuar en nosotros mismos y en los demás el daño sufrido. Cuando lesionan nuestra integridad física, moral o espiritual, algo sustancial que ocurre en nosotros: una parte de nuestro ser se ve afectada, lastimada, incluso mancillada, como si la maldad del agresor hubiera alcanzado nuestro yo íntimo. Nos sentimos inclinados a imitar a nuestro agresor como si un virus contagioso nos hubiese infectado. Quién ha sido maltratado buscará maltratar, determinará no dejarse maltratar más. Estará a la defensiva y con todos tendrá desconfianza.

Si perdonar significa olvidar, ¿qué ocurriría con las personas dotas de una excelente memoria? El perdón les sería inaccesible. Por lo tanto, el proceso del perdón exige una memoria y una conciencia lúcida de las ofensa; si no, no es posible la cirugía del corazón. La prueba del perdón no es el olvido; el perdón ayuda a la memoria a sanar; la herida poco a poco va cicatrizando; el recuerdo de la ofensa ya no inflige dolor. Una memoria curada se libera y puede emplearse en actividades distintas del recuerdo deprimente de la ofensa. Las personas que afirman “Perdono pero no olvido”, han comprendido que el perdón no exige amnesia.

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Ejercicios sobre el perdón, 34

Qué es el perdón. Para que podamos caminar con seguridad en el camino del perdón, les invito a concretar en qué consiste el perdón y qué no es el perdón. En efecto en esta realidad encontramos mucha confusión y es bueno de entrada disipar equívocos. Clarificaremos lo que es el perdón para poder experimentar, vivir esa realidad maravillosa, columna vertebral de toda sanidad. Muy a menudo a la base de toda herida afectiva hay un problema de perdón.

En el principio el hombre tenía una comunión perfecta con Dios, que le permitía tener una vida afectiva organizada donde sus sentimientos y emociones eran gobernados por la paz, el amor, el gozo y todos los atributos divinos. Por el pecado se rompió esa comunión con Dios. El hombre cayó en una desorganización afectiva donde sus sentimientos y emociones pasaron a ser gobernados por el temor y la culpa, dando lugar a la amargura, al odio y a los resentimientos, raíces de todo desorden emocional, mental y de personalidad, productores de: neurosis, psicosis, esquizofrenias, epilepsias, etc. Se da lugar también, a las llamadas enfermedades psicosomáticas: asma, diabetes, hipertensión, gastritis, artritis y parálisis; estas, en su mayoría, tienen su origen en el alma, como consecuencia de los traumas emocionales o heridas del alma. Por ello es importante que el alma sea trabajada con el perdón de Dios para sanar sentimientos y/o emociones. Ningún médico, psicólogo, psiquiatra o medicina pueden quitar la culpa por el pecado.

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Ejercicios sobre el perdón, 33

Fundamentos Bíblicos del Perdón:
(Jer 31,31-34; Is 55,6-9; Ex 34,6-7; Mt 6, 27-38; Lc 15,1-32)

Les invito a que veamos qué nos dice la Biblia sobre este tema fundamental del perdón. La Escritura, dijimos, es la cátedra desde la que el Señor nos enseña la ciencia del amor, de la misericordia y del perdón. El aprendizaje de esta ciencia dura toda la vida, pues en cualquier momento nos acecha la garra del odio, de la desesperación. En la tradición bíblica el perdón es una de las manifestaciones del amor de Dios, que se revela como misericordioso. Porque Él es amor es perdón y misericordia. De todos modos el pueblo elegido conoció el perdón porque lo recibió a manos llenas de su Dios y Señor, que le amaba hasta morir.

Para el pueblo de la alianza, el perdón de Dios es misericordia y esta es fruto de una experiencia amplia y riquísima. El pueblo sabe lo que es la misericordia porque la ha recibido del Señor. Siempre que fueron infieles pidieron la misericordia de Dios y siempre el Señor se apiadó de ellos. A medida que el pueblo fue haciendo su camino hacia Dios fue tomando conciencia de que El es un ser vivo, y su amor es misericordioso, gratuito y grande sobre manera. Al tratar de entender el perdón se llega hasta la misericordia, que tiene en la Biblia un contenido riquísimo, que Juan Pablo II expone en su carta encíclica “Dives in misericordia”, n. 4.

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Ejercicios sobre el perdón, 32

SANACIÓN POR LA CRUZ

Vamos a reflexionar sobre un elemento humano, una fuerza terrible que se opone y resiste al plan de Dios, a su amor. Es una enfermedad hereditaria que es sanada por la muerte de Jesús en la cruz. Esta enfermedad es el egoísmo, alimentado por el orgullo, que nos llevan a centrarnos en nosotros mismos, no importarnos los demás y convertirnos así en el centro del universo. Todo tipo de injusticia, odio, guerra, violencia están motivados por un egoísmo y un orgullo exagerados. Por la propia experiencia podemos afirmar que muchas enfermedades físicas son originadas por nuestro egoísmo. Cuántas úlceras, depresiones, tensones, dolores de cabeza, gastritis y otro tipo de dolencia brotan en nosotros debido a nuestro egoísmo.

El egoísmo: El egoísmo, que nos lleva a buscar la seguridad en nosotros mismo, tratando de ser el centro del universo, es un cáncer que va destruyendo completamente a quien lo padece. El egoísta no sabe darse, porque a nadie ama, ni siquiera a sí mismo. No puede ver a lo lejos, por eso nunca se fija en los otros, sino para sacar provecho de ellos. Sólo se ve, se escucha, se sirve a sí mismo y a sus intereses personales. La gratitud no existe en el corazón del egoísta. Más aún, el egoísmo es el causante de la miseria, adulterios, guerras, violencia que hay en el mundo, en la familia del egoísta y aún dentro de sí mismo.

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Ejercicios sobre el perdón, 31

Jesús sana hoy
(Lc 4,16-19; Mc 7,14-23)

AmorLes invito a reflexionar sobre un tema fundamental para quien ha sido herido en su interior. Jesús vino a curar al hombre de sus pecados, de sus heridas y a darle vida en abundancia: “¿Acaso olvida una madre a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas llegasen a olvidar, Yo nunca te olvido. Míralo, te tengo tatuado en la palma de mis manos” (Is 49,15-16). Dios-amor se preocupa de nosotros, de nuestra salud corporal o física y espiritual o interior. Cuida de nosotros mejor que una madre cuida de su hijo pequeño. El tema de la sanación interior es un tema central en el ministerio de Jesús, poco manejado hoy por nuestra pastoral. Jesús ha venido a sanar los corazones destrozados por el desamor y nos ofrece un corazón nuevo. Necesitamos ponernos en contacto con el poder sanador de Jesús, que nos quiere completamente sanos.

Testimonios: Un sacerdote sufrió durante varios años de dolores de cabeza persistentes, gripas y sinusitis. Lo agravaba el clima tropical donde vivía y el trabajo que tenía que realizar. En un momento de diálogo con el Señor, el le dijo: “Tu vida está llena de tensiones innecesarias, que destruyen tu salud. La fuente de esas tensiones no es ni el clima, ni el trabajo, sino tu espíritu desconfiado y negativo. Cuando trabajas, lo haces como si yo no estuviese contigo. ¿Porqué no confías en mí? Ahí está ese sacerdote al que no acabas de aceptar. ¿Porqué no lo perdonas y aceptas, como yo te perdono y acepto a ti?”. Y Jesús, médico divino, no solo hace el diagnóstico a fondo, receta el tratamiento, sino también nos sana. Por eso, con su ayuda comencé a mirar a mi hermano sacerdote, con amor y comprensión, perdonándolo. Me fue fácil perdonarlo más de siete veces. Comencé a visualizar el trabajo, no como mi trabajo, sino como algo del Señor, que yo realizo bajo su dirección y con su fuerza. El Espíritu de alabanza vino a reemplazar mi espíritu de queja. A los pocos días sufrí un ataque fuerte de gripa y sinusitis. Pero, seguí confiando en el Médico divino y alabándole. Desde entonces, -hace ya doce años- no he vuelto a tener gripa fuerte, ni sinusitis, ni dolores de cabeza.

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Ejercicios sobre el perdón, 30

Jesús y el Límite del Perdón:
(Mt 18, 21-35)

Veamos hasta dónde necesitamos perdonar, cuál es el límite. Ya sabemos que es preciso perdonar. Pues, como dice un proverbio árabe: “el hombre que perdona se parece al incienso que embalsama el fuego que le consume”. Perdonar es complicado, porque no siempre somos conscientes de toda la rabia, la amargura y el resentimiento que se ha acumulado en nuestro corazón. Pero, se sabe también que el resentimiento produce efectos nocivos. El estrés causado por el resentimiento ataca el sistema inmunológico. Entre las mejores ayudas contra esos efectos nocivos algunos médicos recomiendan la práctica habitual, diaria del perdón. Para descubrir cuál es el límite de entrega de nuestro perdón les invito a encontrarnos con detenimiento con una parábola que nos propone Jesús en el llamado sermón de la comunidad.

El límite del perdón: En cuanto al límite de nuestro perdón los rabinos, con fundamento en las Escrituras decían que se podía llegar a perdonar hasta tres veces. Pedro, en su experiencia al lado de Jesús, creía que se debía perdonar siete veces. Jesús, en su escuela, propone un perdón sin medida, siempre. Así se desprende del diálogo que se da entre Pedro y Jesús en relación con el perdón de las ofensas. Dice el evangelista que Pedro, dialogando con Jesús: “se acercó y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga?¿hasta siete veces?’ Jesús le dijo: ‘no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22). Después de esta enseñanza añadió una parábola que trata sobre la actitud de perdón continuo y de corazón, específica de los miembros de toda comunidad cristiana.

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Ejercicios sobre el perdón, 29

JESÚS Y EL PERDÓN
(Mateo 18, 21-22; 23-35; Jn 8, 1-11; Jn 20, 22-23)

En el tema anterior vimos cómo el Padre se nos ha revelado como misericordioso. Siendo Jesús uno con el Padre, no podía actuar de forma distinta. Una característica de Jesús fue la de interesarse por las personas, pues cada una es fuente inagotable de riqueza, de dignidad, también de necesidades. Esto le permitió ubicar debilidades al interior de las personas, de las comunidades. Entre las principales debilidades se encuentran el egoísmo, la violencia, el rencor, la prepotencia. Las personas alimentan, también, odios personales o ancestrales, trasmitidos de generación en generación, y aceptados como naturales, lógicos e inalterables. Jesús rompió con esos odios y explicó que eran parte de la levadura del pecado. Por ello, en el NT, san Mateo nos habla de manera especial de la necesidad de practicar el perdón, de la responsabilidad de los creyentes respecto al perdón y del desafío de construir, con el perdón, las comunidades del Reino de Dios.

Necesitamos mirar a Jesús, para aprender lo que significa ser mansos y misericordiosos; lo que significa buscar la justicia, ser limpios de corazón, trabajadores por la paz. Con nuestra mirada fija amorosamente en él, descubrimos el sendero del perdón y de la reconciliación en un mundo a menudo devastado por la violencia y el terror. En el amanecer del 11 de septiembre del 2001, el mundo vio con una claridad dramática el rostro trágico de la demencia humana. Vio lo que sucede cuando el odio, el pecado y la muerte toman el control de la vida. Pero eso, necesitamos contemplar a Jesús y oír su voz, que resuena en medio de nosotros. Su voz que es voz de vida, de esperanza, de perdón; voz de justicia y de paz. ¡Sólo tenemos que escucharla y dejarnos educar por ella!

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Ejercicios sobre el perdón, 28

Jesús, El Rostro del Padre

El Señor está aquíPara poder entender mucho mejor el perdón, les propongo acercarnos y hundirnos en la adorable persona de Jesús, que en todo momento nos ha enseñado que Dios es Perdón, que el Padre es perdón, que El es perdón. Fascina la persona de nuestro Salvador. Es totalmente cercano, pero aparece trascendente en su manera de obrar, actuando como Dios al perdonar los pecados de los hombres. Porque “el Hijo del hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados” (Mc 2,10). El Jesús que nos presentan los evangelios es un Jesús que cautiva, fascina, seduce y deja en nosotros una marca imborrable, apareciendo también como Maestro. El nos enseña con su palabra y con su vida.

Entremos a ver esta faceta de Jesús, que es un padre y un Maestro perdonando. Nos enseña con su manera tan fina y delicada de perdonar, con su modo recibir a los pecadores y a quienes necesitan ser rehechos con el perdón. Comprenderemos mejor al Jesús del perdón si hemos hecho la experiencia de acercarnos a El a recibir su perdón amoroso y tierno. De Jesús sabemos lo que hemos vivido de El y con El. De todos modos al Jesús que perdona se le entiende mejor en la meditación serena de su vida, en la escucha silenciosa dejándose empapar por la lluvia fina de la contemplación, de la iluminación callada de su Espíritu de Resucitado, llenando de perdón al pie del lago a Pedro, a sus discípulos y al mundo entero.

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Ejercicios sobre el perdón: Práctica No. 7

Cierra los ojos. Respira despacio, profundamente. Inspira. Expira (varias veces).Toma conciencia de tu estado interior.

Visualiza a Jesús junto a ti. Oye su voz suave y amiga que te dice: “Estoy contigo. He venido para ayudarte y compartir todo contigo. Quiero darte mi visión de la vida, mi paz, mi libertad. Entrégame tus preocupaciones. Deja que pase tu estado de ánimo, tu irritación; yo te ayudaré a perdonar, y a empezar de nuevo. Confía en mí. Nada se ha perdido, pues yo lo cambio todo en gracia”.

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