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Una canción gratis para Hoy: Alegrese
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* Para el MARTES: Ejercicios sobre el Perdón * |
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Higiene Mental |
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photo credit: JaseMan
En el tema anterior hablábamos de dos maneras de sanar: a través de la naturaleza y a través de la gracia. Naturaleza significa la ciencia, el progreso, la medicina, la técnica y todos los recursos que el hombre ha recibido de Dios para dominar la tierra y su propia existencia, siempre en la obediencia. Gracia significa la fe y la oración mediante las cuales obtenemos a veces sanaciones y milagros de parte de Dios. Hay un tercer camino y es la búsqueda de poderes ocultos, obtenidos por medios oscuros, a espaldas de Dios. Entra aquí en escena el que un día dijo que le pertenece todo poder en la tierra y que lo entrega a quien le adore. Cuando seguimos ese camino, la ruina es inevitable y hemos caído en las redes de la araña y no saldremos de allí fácilmente.
Les invito a reflexionar sobre un tema que pertenece a la primera manera de sanar, a través de la naturaleza. Es un tema muy importante para nuestra salud espiritual y corporal, para tener sanos la mente y el corazón y ser así siempre dadores de perdón. Es un tema muy poco utilizado en nuestra pastoral: la higiene mental. El estilo de hoy de caminar tan aprisa nos obliga a aplicar los frenos para no chocar con otros hermanos que caminan también con prisa. Y grandes prisas generan grandes tensiones. No sacamos tiempo para detenernos, para reflexionar, para relajarnos, para descansar. Sin darnos cuenta de ello, la prisa, la velocidad nos mantiene frecuentemente tensos, irritables, agresivos, cansados y hasta atemorizados. También nuestro cuerpo acumula tensiones, dolores, cansancio. Mantenemos la frente arrugada, los hombros encogidos o tensos, agarrotados, rígidos los brazos, crispadas las manos, inquietas las piernas, todo lo cual refleja la tensión que vivimos. Esos estados de tensión consumen grandes energías, limitan nuestra capacidad de vivir contentos con nosotros mismos y en paz con los demás, además que nos disponen para una cantidad de enfermedades, cardiovasculares, depresiones, cáncer, etc. Espacios de relajación y descanso, no son un lujo, sino una necesidad. Cuando el Creador finalizó su obra creadora, “descansó y bendijo el descanso” (Gen 2,3). Otro tanto hizo Jesús con sus discípulos: “Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para que descansen un poco” (Mc 6,30-32).
El objetivo de la higiene mental es ayudarnos a realizar dos tareas paralelas: 1) Limpiar de nuestra mente los pensamientos negativos: odio, envidia, cólera, violencia, miedo y otros, que nos impiden estar en armonía con nosotros mismos, con los hermanos y con el mundo que nos rodea. Liberarnos de nuestras ataduras, no estar recordando permanentemente los errores, culpabilizarse, ni alimentar viejos rencores. 2) Reemplazar todos estos aspectos negativos por pensamientos positivos y creativos: generosidad, confianza, alegría, tolerancia, perdón.
El gran principio básico de la higiene mental es el amor a los demás. Lo que se oponga a este principio es funesto y actúa negativamente sobre la inteligencia, el espíritu y el cuerpo. El desequilibrio del sistema nervioso provoca enfermedades orgánicas, por lo que es necesario mejorar nuestra salud por la higiene mental.
El pensamiento : El equilibrio de la persona depende en gran manera de la calidad de sus pensamientos. Un estado de ánimo positivo (bondad, alegría, confianza, perdón) aumenta el bienestar y transmite un sentimiento de plenitud y satisfacción. Las reacciones negativas (miedo, tristeza, odio, violencia) tienen una influencia depresiva que puede provocar la enfermedad. De hecho, la influencia del ánimo puede cambiar considerablemente la salud de una persona y su aspecto físico. La ira aumenta la tensión arterial, la angustia altera la digestión, un grave choque moral puede ser causante de que el cabello se vuelva blanco repentinamente. Los problemas graves pueden hacer que la piel se vuelva amarilla y producir desordenes hepáticos. El odio puede generar hasta un cáncer. Un cerebro saturado de pensamientos negativos puede desequilibrar el organismo y envejecerlo prematuramente. Ningún medicamento podrá curar jamás un espíritu que está siendo roído por la amargura, el rencor, el odio; solamente el perdón y los pensamientos constructivos podrán restablecer la salud mental.
Alimento de la mente : El pensamiento es una fuerza poderosa, formidable y conviene mantenerlo limpio. Él modela y fortalece nuestra psique. Por lo tanto, el «alimento» de la mente, con el que «programamos» nuestro subconsciente, debe ser de buena calidad. ¿Cuántos se preocupan por dar a su espíritu un «menú» equilibrado? ¿Cuántos se contentan con las trivialidades que ofrecen los medios de masas, que podrían compararse a alimentos estropeados y empobrecidos? ¿Qué decir de la proliferación de la literatura centrada en la violencia, la pornografía y la falta de valores?
Necesitamos seleccionar las lecturas, los programas de TV, las actividades recreativas, las relaciones. Si queremos conservar nuestro equilibrio, busquemos la admirable línea de conducta aconsejada por san Pablo en el siguiente criterio, sencillo y de gran beneficio para nuestra salud: “Tengan en cuanto todo cuanto hay de verdadero, honesto, justo, puro, amable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio” (Filip 4,8).
Autodisciplina : Nuestras capacidades necesitan de ejercicio constante para desarrollarse. Quien deja «vagabundear» su mente realizará muy pocos progresos. Una atención disciplinada protege el espíritu de la distracción. Dominar la imaginación y desarrollar la atención son claves en la higiene mental. Podemos ayudarnos, entre otros, de los siguientes ejercicios: - Distenderse físicamente (relajación de todo el cuerpo). - Hacer el vacío mental durante unos minutos. - No pensar en nada. - Fijar la atención en algo agradable y positivo. Tenemos a nuestra disposición recursos insospechados de energía, equilibrio y voluntad, pero hace falta ejercitarnos para que se manifiesten.
Valor y perseverancia : En la vida llena de ansiedad que nos impone la sociedad actual, es necesario desarrollar el valor, soportar las contrariedades, las pérdidas, las dificultades de todo tipo, saber aceptar el sufrimiento, la enfermedad, luchar contra el egoísmo, el error, los prejuicios y la intolerancia. Para ello son imprescindibles la voluntad, el valor y la perseverancia. Para alcanzar el éxito y la felicidad, necesitamos adquirir el hábito de no rendirnos ante los primeros obstáculos, desarrollando seguridad y confianza en nosotros mismos. También hay que atreverse a decir “no” en algunas ocasiones.
La clave de la salud:
Cuando se comenzó por primera vez a construir el Canal de Panamá, se descuidó limpiar la jungla de mosquitos y otras plagas pues no se tenía la experiencia de los graves peligros que éstos constituían. Como resultado, muchos de los obreros más capaces perdieron la vida. Los sombríos pantanos de la jungla albergaban agentes causantes de enfermedades y muerte, y el gran proyecto tuvo que ser abandonado por años hasta que toda la zona fue limpiada y saneada. Solamente entonces el maravilloso proyecto de un canal que uniese los dos océanos pudo ser una realidad asombrosa. Aún hoy los ingenieros vigilan constantemente la selva para que no se infecte de nuevo con esos mismos agentes de enfermedades.
La corriente de la vida en nuestro cuerpo debe ser mantenida pura y libre de los elementos que la contaminan. Esa corriente interior puede ser un río de vida, salud y energía o puede transformarse en un turbio pantano de enfermedad y muerte. Y esto depende de nosotros. Podemos purificar esa corriente y mantenerla realmente como un río vivificante si seguimos un programa sabio y prudente para nuestra vida. Este programa incluye la luz del sol, aire fresco, ejercicios físicos, descanso, confianza en Dios y pensamientos positivos.La sanidad más profunda: Dando origen a todos esos pensamientos positivos está nuestro Padre celestial, más grande y poderosos que nosotros, con quien nos unimos en la oración. Al respecto, decía santa Teresa: “orar es el acto de abrir muestro corazón al Señor como a un amigo”. La oración nos pon en comunicación amorosa con el Dios dador de la salud. Junto con la salud del cuerpo Dios da también salud a nuestra naturaleza espiritual. Algunas veces, la salud física sólo vuelve gradualmente y otras no regresa. Pero al entregarnos en las manos del Padre encontramos la paz sabiendo que podemos, con seguridad, confiar nuestro futuro a él. Nuestra vida es más feliz cuando obedecemos las leyes que nuestro amoroso Creador ha fijado para nuestro bien. Fr. Nelson M. Pd.: La colección completa está aquí. El autor de esta colección sobre el perdón es el P. Jaime Forero, Terciario Capuchino fallecido el 11 de Abril de 2007, aunque él se apoyó ampliamente en textos de otros autores, de modo que su trabajo no tiene pretensión de originalidad sino sólo de servicio.
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La Foto de Hoy |
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 Zapatos que duran lo que dure el pie... :-)
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Lecturas para Hoy |
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Temas de las lecturas: Completo mi carrera, y cumplo el encargo que me dio el Señor Jesús * Padre, glorifica a tu Hijo Textos para este día: Hechos 20,17-27: En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo: "Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios." Juan 17,1-11a: En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti."
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Homilías para escuchar |
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Tiempo de Pascua, Semana No. 7, Martes |
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Homilía para leer |
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Temas de las lecturas: Completo mi carrera, y cumplo el encargo que me dio el Señor Jesús * Padre, glorifica a tu Hijo 1. Testamento De Un Apóstol
1.1 Pablo presiente el final del su camino y, movido por este sentimiento, abre su corazón ante los principales de la comunidad de Éfeso. Las palabras que hemos recibido en la primera lectura son, pues, una especie de testamento espiritual que nos permite entrever la calidad de la entrega de este hombre de Dios, que con palabras, obras y padecimientos mostró en todo ser testigo del Crucificado y Resucitado.
1.2 Un apóstol, un verdadero apóstol, une la humildad y la caridad, la paciencia y la diligencia. Es delicado para consolar y fuerte para exhortar; sabio en su palabra y sencillo en su exposición; oportuno en la enseñanza y generoso para con todos. No está centrado en sí mismo sino en Aquel que le ha enviado y por consiguiente todo lo juzga no en función de su provecho o gusto sino en relación con el noble objetivo que se apoderado de su alma.
1.3 Y sin embargo, no es capitán absoluto de su propio barco; por el contrario, como buen soldado del máximo General, permanece atento y libre para cambiar su rumbo según la estrategia que le sea revelada. Con la mirada puesta en su meta de nada se apega particularmente y a nada teme demasiado. Hace su obra y se aparta con discreción. Es responsable pero no obsesivo; alegre, pero no disipado; sencillo, pero no ingenuo; audaz, pero no temerario.
2. Cristo Sacerdote
2.1 El texto del evangelio de hoy nos deja ver el corazón sacerdotal de Cristo, abierto en oración por sus discípulos y por el mundo entero.
2.2 Cristo pide ser glorificado. Esta petición nos puede extrañar. No es afán de grandeza sino caridad para con nosotros. La Cruz es el lugar de la gran revelación del amor divino, pero eso no es claro para todos. Uno puede quedarse mirando el “fracaso” de este pobre ajusticiado sin descubrir allí la fuerza de la ternura con que el Altísimo se ha abajado en busca de sus ovejas perdidas. Pues bien, poder descubrir ese amor es una gracia que brota de ver la “gloria” de Jesús en su tormento y la “revelación” de Jesús en su rostro desfigurado.
2.3 La oración brota de la estrecha unión entre Cristo y el Padre: “todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío”. Ese compartir, esa comunión, hace posible que la obediencia se funda en amor y el amor se levante en obediencia. Esa comunión hace posible que un mismo designio de salvación atraviese las alturas del cielo, los caminos de la tierra y las cavernas del infierno. Un relámpago de luz ilumina de repente todo cuanto existe y en los cielos se revela el sublime amor de Dios por su creatura; en la tierra se predica el Evangelio de salud y en el infierno se proclama la derrota del odio y se levanta el estandarte del amor incólume y santo.
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