Textos y archivos de
audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
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Oremos:
Dios nuestro, que por medio del bautismo haces participar de la vida de Cristo
a los que creen en ti; protégenos de los engaños del enemigo para que podamos
conservar fielmente el don de tu amor.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles
9, 31-42
En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea,
Galilea y Samaria; se consolidaba
viviendo en fidelidad al Señor y se extendía impulsada por el Espíritu Santo.
Pedro, en su recorrido por toda aquella región, visitó también a los creyentes
que residían en Lida. Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que llevaba ocho
años postrado en cama, porque era paralítico. Y le dijo:
«Eneas, Jesús, el Mesías, te sana; levántate y arregla tu cama».
Y al instante se levantó. Todos los habitantes de Lida y de la región de Sarón
lo vieron sano y se convirtieron al Señor.
Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa «Gacela», la cual
hacía muchas obras buenas y daba muchas limosnas. Y en esos días se enfermo y
murió. Lavaron su cadáver y lo pusieron en una habitación del piso superior.
Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí,
enviaron dos hombres a pedirle que viniera inmediatamente a su ciudad. Pedro se
levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo
condujeron a la habitación del piso superior, donde lo rodearon todas las
viudas llorando y mostrando las túnicas y mantos que les hacía Gacela cuando
aún vivía. Pedro echó a todos fuera, se arrodilló y oró. Dirigiéndose luego
hacia el cadáver, dijo:
«Tabita, levántate».
Ella abrió los ojos, vio a Pedro y se incorporó. El la tomó de la mano y la
levantó; luego llamó a los discípulos y a las viudas, y la presentó viva ante
ellos. Todos los habitantes de Jafa se enteraron de lo sucedido, y muchos
creyeron en el Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Ofreceré
la copa por la salvación, invocando su nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el
pueblo. El Señor siente profundamente la muerte de los que lo aman.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis ataduras.
Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. Tú tienes palabras de vida eterna.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 60-69
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo muchos de sus discípulos, al oír a Jesús,
dijeron:
«Esta doctrina es inadmisible. ¿Quién puede aceptarla?»
Jesús, sabiendo que sus discípulos lo criticaban, les preguntó:
«¿Les resulta difícil aceptar esto? ¿Qué ocurriría si
vieran al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da la
vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y
vida. Pero algunos de ustedes no creen».
Dijo esto Jesús porque sabía desde el principio quiénes eran los que no creían
y quién lo iba a entregar. Y añadió:
«Por eso les dije que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde aquel momento, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no andaban con
él.
Entonces Jesús preguntó a los Doce:
«¿Acaso también ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió:
«Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna.
Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, en tu bondad los dones que te presentamos y
concédenos tu protección para conservar tu gracia y conseguir la felicidad
eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,es
nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en
este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a
lo que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza, y ofreciéndose a sí
mismo por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y
altar.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Padre, por ellos ruego, para que todos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.
Oremos:
Dios todopoderoso, que tu amor proteja siempre a quienes has salvado por medio
de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas
nuestras alegrías.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Tabla de Versiones
para estas lecturas:
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1.1 Solemos asociar la palabra <<poder>> con un
riesgo, una amenaza. Sucede así porque los poderosos que hemos conocido
utilizan a menudo su fuerza en provecho propio, de modo que su ascenso se logra
sobre la ruina o desgracia de otros menos favorecidos.
1.2 Por eso es grande encontrarse con el poder de Cristo, el
Señor de la Gloria, el Pastor Bueno, el Hermano Compasivo, el Humilde y Manso
de Corazón. ¡He aquí por fin uno que une a su fuerza su misericordia, y a su
sabiduría su incomparable poder!
1.3 El poder de Cristo brilla en todo pero nosotros lo
descubrimos más rápidamente y mejor en los enfermos y caídos. Eneas, tullido, y
Tabita, ya difunta, son la imagen viva de aquellos inocentes
y bondadosos que han quedado tendidos a lo largo del camino. Viene en
ayuda de su desfallecimiento la energía de Cristo, que ha vencido a la
enfermedad y la muerte.
1.4 Nosotros tenemos seguramente algo o mucho de esos
desfallecidos. Como Tabita hemos tratado de lograr muchas cosas buenas que nos
han quedado a medio hacer. La palabra de Pedro en esta primera lectura nos
levanta en el Nombre de Jesús y nos da el vigor que por nosotros mismos no
teníamos.
2.1 En el evangelio de hoy continuamos reflexionando sobre
el Pan de la Vida. Cristo ha declarado su carne como alimento de verdad y ha
enseñado que la bebida verdadera es su propia Sangre. Un anuncio que desborda
nuestras expectativas y compromete de tal modo nuestro corazón en gratitud y
obediencia, que muchos dan la espalda. Al fin y al cabo ya se habían llenado el
vientre por una tarde.
2.2 En el Evangelio según san Mateo se llama a Cristo
<<Dios con nosotros>>. Lo que no es seguro es que queramos ser
<<Nosotros con Él>>. Él quiere ser Pan para nosotros; lo que no es
seguro es que nosotros queramos ser hambre que acoge su pan.
2.3 El tono de Cristo en uno de los momentos más duros de su ministerio público sigue siendo claro y valiente. No entra en lamentaciones por los que se van ni en negociaciones con los que aún se quedan. Ha ofrecido todo su amor; no tiene cartas escondidas ni tampoco un <<Plan B>>. Simplemente se ha dado a sí mismo. Acogerlo es salvarse; rechazarlo es condenarse.
***
Tenga en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***
Estos textos litúrgicos y
bíblicos han sido proporcionados con
autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia
católica.
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