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audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
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Oremos:
Ayuda, Señor, con generosidad, a estos hijos tuyos a quienes has concedido el
don de la fe, para que puedan, un día, alcanzar la felicidad eterna con tu Hijo
resucitado en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los
siglos.
Amén.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
8, 1-8
Aquel día, se desencadenó una gran persecución contra la
iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las
regiones de Judea y Samaria.
A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos e hicieron duelo por él. Saulo,
por su parte, perseguía con furor a la Iglesia, entraba en las casas, se
llevaba por la fuerza a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando el mensaje.
Felipe bajó a la ciudad de Samaria y estuvo allí predicando a Cristo. La gente
escuchaba con aprobación las palabras de Felipe y
contemplaba los signos que realizaba. Pues de muchos endemoniados salían los
espíritus inmundos, gritando con fuerza, y muchos paralíticos y cojos sanaron.
Y hubo gran alegría en aquella ciudad.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Las obras del Señor son admirables.
Aclama a Dios, tierra entera, canten en honor de su nombre,
alaben su gloria, digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!»
Las obras del Señor son admirables.
Que se postre ante ti la tierra entera, que canten para ti,
que canten en honor de tu nombre. Vengan a ver lo que ha hecho Dios, sus
hazañas en favor de los hombres.
Las obras del Señor son admirables.
Convirtió el mar en tierra seca, por el río cruzaron a pie; así
pues, celebrémoslo con alegría. El gobierna con su poder eternamente.
Las obras del Señor son admirables.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que cree en mí tiene vida eterna, dice el Señor, y yo lo resucitaré en el
último día.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 35-40
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que
cree en mí nunca tendrá sed. Pero ustedes, como ya les he dicho, no creen, a
pesar de haber visto.
Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no rechazaré nunca al que venga
a mí. Porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me envió. Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los
que él me ha dado, sino que los resucite en el último día. La voluntad de mi
Padre es que todos los que vean al Hijo y crean en él tengan vida eterna, y yo
los resucitaré en el último día».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Concédenos Señor, que este sacrificio pascual nos llene
siempre de alegría, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti
la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo,
nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los creyentes atraviesan
los umbrales del Reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra
muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
El Señor, que nos redimió con su sangre, ha resucitado y ha hecho resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya.
Oremos:
Que el cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden,
Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener nuestra felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Tabla de Versiones
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1.1 La Iglesia es perseguida; la Iglesia es misionera. Dos
realidades que son inseparables en el texto de la primera lectura de hoy y en
la historia de los cristianos a lo largo de los siglos.
1.2 A veces quisiéramos ser misioneros por afición o por
gusto. La verdad es que si nosotros no perseguimos al mundo para contarle que
hay esperanza en el amor manifiesto de Dios, el mundo nos perseguirá para
hundirnos en el lago de la desesperanza, la desesperación y el odio.
1.3 Así pues, el texto nos está contando que los perseguidos
se volvieron <<perseguidores>>. En lugar de sentarse a lamentar por
qué los trataban mal empezaron a llenar de su mensaje al resto del mundo. No
preguntaron por qué hablaban mal de ellos; se dedicaron a hablar bien del
mensaje del Evangelio de Jesús.
2.1 Sabemos que Cristo ha sido enviado por el Padre; es
bueno que hoy aprendamos que el Padre también nos envía hacia Cristo.
2.2 En efecto, el encuentro con nuestra salvación es el
encuentro con nuestro Salvador. Y para que se pueda dar ese puente es preciso
construir desde los dos extremos. Eso es lo que hace nuestro Padre Dios: acerca
Cristo a nosotros y nos acerca a él. Vestido de nuestra carne, el Hijo de Dios
se ha hecho hijo del hombre; revestidos con su gracia, nosotros, los hijos de
los hombres, llegamos a ser hijos de Dios.
2.3 ¿Cómo nos lleva el Padre hace Cristo? San Juan nos lo
enseña en su Evangelio: <<el que ve al Hijo y cree en él, tiene la
vida>>. Cristo es el gran <<seméion>>, es decir, la gran
<<señal>>; él es el <<sacramento primero>>; la moción
interior del Padre es una especie de capacidad para leer ese signo que es
Cristo; es también una gracia que nos deja enamorarnos de la gracia, del dulce
encanto y excelsa hermosura del Verbo Encarnado.
2.4 La Iglesia atribuye ese género de acciones interiores al Espíritu Santo. Y esto es muy bello: Dios Padre envía su Hijo como señal que está ante nuestros ojos; y envía a nuestro corazón la gracia de su Espíritu, que nos permite entrever el misterio de Cristo. De este modo, las dos Divinas Personas, el Hijo y el Espíritu, nos permiten sentir el abrazo del Padre, Fuente Eterna del misterio trinitario.
***
Tenga en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***
Estos textos litúrgicos y
bíblicos han sido proporcionados con
autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia
católica.
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