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audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
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Oremos:
Señor, tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio para que
vuelvan al camino de la verdad; concede a cuantos nos llamamos cristianos imitar
fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de él, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los
siglos.
Amén.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
6, 8-15
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía
grandes signos y prodigios en medio del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada
“de los Libertos”, a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de
Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él; pero al no
poder contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba, sobornaron a unos
hombres para que dijeran:
«Hemos oído a éste blasfemar contra Moisés y contra Dios».
De este modo amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas. Luego,
llegando de improviso, lo arrestaron, lo llevaron al Consejo y presentaron
testigos falsos, que decían:
«Este hombre no cesa de hablar contra el templo y contra la ley. Le hemos oído
decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar santo y cambiará las
costumbres que nos transmitió Moisés».
Todos los que estaban en el Consejo lo miraron con atención, y les pareció que
su rostro era como el de un ángel.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Aunque los poderosos conspiren contra mí, medito tus normas.
Pues mis delicias son tus preceptos; tus normas, mis consejeros.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Yo te expongo mi camino y tú me escuchas, enséñame tus
normas. Enséñame la senda de tus decretos, y meditaré en tus maravillas.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Apártame del camino falso, dame el gusto por tu ley. He
elegido el camino verdadero, he deseado tus mandamientos.
Dichosos los que siguen la ley del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca
de Dios.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
6, 22-29
Gloria a ti, Señor.
Al día siguiente, la gente continuaba en la otra orilla del
lago. Se habían dado cuenta de que allí solamente había una barca y sabían que
Jesús no había embarcado en ella con sus discípulos, sino que éstos habían
partido solos.
Otras barcas llegaron de Tiberíades, y se detuvieron cerca del lugar donde la
gente había comido el pan, después que el Señor había dado gracias a Dios.
Cuando se dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí,
subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo
encontraron en la otra orilla y le dijeron:
«Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?»
Jesús les contestó:
«Les aseguro que no me buscan por los signos que vieron, sino porque comieron
pan hasta saciarse. Esfuércense por
conseguir no el alimento
transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna. Este es el alimento
que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, lo ha acreditado con su
sello».
Ellos le preguntaron:
«¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?»
Respondió Jesús:
«Esto es lo que Dios espera de ustedes: que crean en aquél que él envió».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos, y purifica
nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de
tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo,
nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a
lo que anunciaban los sacrificios de la antigua alianza, y ofreciéndose a sí
mismo por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y
altar.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
La paz les dejo, mi paz les doy; pero yo no se la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has hecho renacer a la
vida eterna; haz que este misterio pascual, en el que acabamos de participar
por medio de la Eucaristía, dé en nosotros abundantes frutos de salvación y
fortalezca nuestras vidas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Tabla de Versiones
para estas lecturas:
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1.1 Lo que dijo Jesús se cumplió: <<me han odiado a mí; los odiarán a ustedes>> (Jn 15,18). Y es irónico que los de la sinagoga <<de los libertos>> estruviesen padeciendo tan grave esclavitud como para llegar a acudir al soborno con tal de cerrar la boca de Esteban, a quien no podían vencer con argumentos.
1.2 ¿Por qué ese odio?, nos atrevemos a preguntar. Odio a Jesús; odio a los discípulos de Jesús. ¿Por qué? ¿Qué clase de amenaza es el amor, como para que reciba tan dura oposición y padezca persecución tan cruel? Esto es bueno preguntárselo por anticipado, hermanos, porque cuando llegue la hora de la prueba tal vez no tengamos tiempo ni siquiera de pensar.
1.3 Cristo da una explicación, en el texto que citábamos del evangelio de Juan: <<Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no son del mundo, antes yo los elegí del mundo, por eso el mundo los aborrece>> (Jn 15,19). ¿Qué pertenece entonces al mundo? Este mismo evangelista nos responde en su Primera Carta: <<todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo>> (1 Jn 2,16).
1.4 La <<lógica del mundo>> supone el libre comercio de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Y un hombre como Esteban, amador de la gloria divina, no entra en ese comercio, se sale de ese esquema y se convierte en una denuncia viva de todo ese sistema de esclavitudes conectadas. Por eso fue odiado y perseguido, pero su rostro <<parecía el de un ángel>> (Hch 6,15).
2.1 El evangelio de hoy nos invita a reflexionar en nuestra manera de seguir a Jesús. Las palabras del Señor son duras al desenmascarar las intenciones de muchos de sus discípulos:<<Les aseguro que no me buscan por los signos que vieron, sino porque comieron pan hasta saciarse>> (Jn 6,26). Es cosa saludable entonces que cada uno de nosotros se pregunte qué beneficios espera recibir de seguir a Jesús.
2.2 O con más profundidad aún: ¿queremos que Jesús nos resuelva esta vida o que nos dé su vida? ¿Es Jesús un parche en nuestra tela vieja o es tejido nuevo y vida nueva? ¡Ningún tiempo mejor para preguntárnoslo que la pascua!
2.3 <<Esto es lo que Dios espera de ustedes: que crean en aquél que él envió>> nos dice el Señor. El que espera beneficios terminará queriendo <<omprar>> a Dios. Y Dios no está de venta. Está de regalo, y la acogida a su regalo es lo que nos viene a través del don de de la fe.
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Tenga en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***
Estos textos litúrgicos y
bíblicos han sido proporcionados con
autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia
católica.
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