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audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
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Oremos:
Dios nuestro, que con la Pascua de tu Hijo has devuelto al hombre su dignidad
perdida y le has dado la esperanza de la resurrección, concédenos agradecerte
siempre, con amor, este misterio de fe que estamos celebrando.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
5, 17-26
En aquellos días, el sumo sacerdote y los de su partido, que
eran los saduceos, llenos de ira contra los apóstoles los mandaron prender y
los metieron en la cárcel; pero durante la noche un ángel del Señor les abrió
las puertas, los sacó de allí y les dijo:
«Vayan al templo y pónganse a enseñar al pueblo todo lo referente a esta nueva
vida».
Para obedecer la orden, se fueron de madrugada al templo y se pusieron a
enseñar.
Cuando llegó el sumo sacerdote con los de su partido, convocaron al Sanedrín,
es decir, a todo el senado de los hijos de Israel, y mandaron traer de la
cárcel a los presos. Al llegar los guardias a la cárcel, no los hallaron y
regresaron a informar:
«Encontramos la cárcel bien cerrada y a los centinelas en sus puestos; pero al
abrir no encontramos a nadie dentro».
Al oír estas palabras, el jefe de la guardia del templo y los sumos sacerdotes
se quedaron sin saber qué pensar; pero en ese momento llegó uno y les dijo:
«Los hombres que habían metido en la cárcel están en el templo, enseñando al
pueblo».
Entonces el jefe de la guardia con sus hombres trajo a los apóstoles, pero sin
violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya.
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de
alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor; que se alegre su pueblo al
escucharlo.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya.
Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su
poder. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya.
Confía en el Señor y saltarás de gusto. Jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus
angustias.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya.
Junto a aquellos que temen al Señor, el ángel del Señor
acampa y los protege. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Dichoso el
hombre que se refugia en él.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que el que crea en
él tenga vida eterna.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
3, 16-21
Gloria a ti, Señor.
Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para
que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo
se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree, ya
está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.
La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo los hombres
prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que
hace el mal aborrece la luz, y no se acerca a la luz, para que sus obras no se
descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad se acerca a la
luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir
en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo nos haces participar de tu misma vida
divina, concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que
nos has revelado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo,
nuestra pascua, fue inmolado; porque, destruida la antigua situación de pecado,
se levanta todo lo que estaba caído y en Cristo se nos otorga la integridad de
la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Soy yo quien los ha elegido del mundo, dice el Señor, y los
he destinado para que vayan y produzcan fruto y su fruto perdure.
Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía, míranos con
bondad
y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana para poder vivir como hijos
tuyos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Tabla de Versiones
para estas lecturas:
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1.1 Sabemos que la mayor parte de los apóstoles murieron derramando su sangre por Cristo. Es decir, finalmente fueron apresados en alguna parte, muchos de ellos torturados y finalmente asesinados. Sin embargo, la primera lectura de hoy nos presenta una liberación milagrosa, cuando un ángel les abre las puertas de la cárcel y los invita a seguir enseñando en el templo. Cosa que parece extraña, porque al predicar en el templo seguían junto a los que los habían capturado, de modo que poco podía esperarse que durara su recién adquirida libertad. En efecto, el relato termina en que los encierran nuevamente. Así que uno se pregunta para qué se hizo un milagro tan espectacular.
1.2 El objetivo del milagro no fue evitarles penalidades
simplemente. La vida de los apóstoles fue un camino de sufrimientos y de hecho
ya hemos escuchado que ellos consideraban una bendición sufrir por Cristo y por
el Evangelio. Esta liberación fue
más una señal que una solución. ¿Señal de qué? Señal ante todo de la libertad
de la Palabra. Como diciendo a aquellas autoridades: <<las cadenas de
ustedes jamás detendrán el avance del Evangelio.>> Y así fue en realidad,
como viene a demostrarlo el resto de este libro de los Hechos.
2.1 La escena del diálogo con Nicodemo es el contexto literario en que Juan nos presenta a Jesús hablando de su propia misión. Así como Lucas nos muestra a Jesús en la sinagoga proclamando el bellísimo texto de Isaías, <<el Espíritu del Señor está sobre mí...,>> y hace de ese texto el <<programa>> del ministerio de Nuestro Señor, así aquí Juan, también muy al comienzo de su propio relato, nos presenta el <<programa>> de Jesús en el ambiente de un diálogo con el gran maestro de la ley judía. El propósito es doble: situar a Jesús frente a las preguntas y búsquedas de los judíos de aquel tiempo y a la vez introducir el lenguaje que nos servirá para leer los signos de Jesús a lo largo de todo este evangelio.
2.2 El punto central en las palabras del Señor en el pasaje del
evangelio de hoy es la fe, es el hecho de creer. Aquel que cree en el Hijo
alcanza salvación y vida eterna; <<el que no cree, ya está condenado.>>
No creer es preferir la tiniebla, y por eso trae condenación; creer, en cambio,
es acoger la luz, es no temer la verdad. Estas son las palabras básicas que
habremos de necesitar para irnos adentrando en el evangelio de Juan.
***
Tenga en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***
Estos textos litúrgicos y
bíblicos han sido proporcionados con
autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia
católica.
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