Textos y archivos de
audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
Derechos Reservados © 2004.
La reproducción de estos textos y archivos de audio, para uso privado o
público, está permitida, aunque solamente
sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/homilias.html.
Retorno
a la página de Homilías
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la
resurrección de Jesucristo; concédenos, te lo pedimos, la felicidad eterna del
reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en
la admirable victoria de su Pastor.
Que vive y reina contigo...
Amén.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
13, 14.43-52
En aquellos días Pablo y Bernabé, pasando más allá de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia.
Allí entraron en la sinagoga el sábado y se sentaron. Disuelta la asamblea,
muchos judíos y prosélitos que adoraban al verdadero Dios siguieron a Pablo y
Bernabé, quienes trataban de persuadirlos con sus palabras para que
permanecieran fieles a la gracia de Dios.
El sábado siguiente casi toda la ciudad se congregó para escuchar la palabra
del Señor. Los judíos, al ver la multitud, se llenaron de envidia y
contradecían lo que Pablo decía, insultándolo.
Entonces, Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«A ustedes teníamos que anunciarles primeramente la palabra de Dios, pero ya
que la rechazan y ustedes mismos no se consideran dignos de la vida eterna, nos
dirigiremos a los paganos. Pues así nos lo mandó el Señor: “Te he puesto como
luz de las naciones, para que lleves la salvación hasta los extremos de la
tierra”».
Los paganos, al oír esto, se alegraban y recibían con alabanzas el mensaje del
Señor. Y todos los que estaban destinados a la vida eterna creyeron.
La palabra de Dios se difundió por toda aquella región. Los judíos, sin
embargo, sublevaron a las mujeres distinguidas que adoraban al verdadero Dios y
a los principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y
Bernabé y los expulsaron de su territorio. Ellos, en señal de protesta,
sacudieron el polvo de sus pies y se fueron a Iconio.
Los discípulos, por su parte, estaban llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.
Den culto al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos
festivos.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.
Reconozcan que el Señor es Dios, que él nos hizo y somos
suyos, su pueblo y ovejas que él apacienta.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.
El Señor es bueno y su amor es eterno, su fidelidad
permanece de generación en generación.
El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo.
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
7, 9.14b-17
Yo, Juan, vi en la visión una
multitud enorme que nadie podía contar. Gentes de toda nación, raza, pueblo y
lengua; estaban de pie ante el trono y ante el Cordero. Vestían de blanco y
llevaban palmas en las manos. Y uno de los ancianos me dijo:
«Estos son los que vienen de la gran persecución, los que han lavado y
blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de
Dios, le rinden culto día y noche en su templo, y el que está sentado en el
trono habitará con ellos. Ya nunca tendrán hambre ni sed, ni caerá sobre ellos
el calor agobiante del sol. Porque el Cordero que está en medio del trono los
pastoreará y los conducirá a fuentes de aguas vivas, y Dios enjugará las
lágrimas de sus ojos».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; conozco mis ovejas y ellas me conocen.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
10, 27-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Les doy vida
eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas. Mi Padre, que
me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatárselas. El Padre y
yo somos uno».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice «Credo».
Celebrante:
Levantemos, hermanos y hermanas, nuestros ojos a Cristo, obispo y pastor de
nuestras almas, y pongamos en sus manos con toda confianza las necesidades de
los hombres:
(Respondemos a cada petición:
Te lo pedimos, Señor).
Para que los obispos, presbíteros y diáconos apacienten
santamente a los pueblos que tienen encomendados, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para que la paz que Jesucristo concedió a los discípulos
arraigue con fuerza en nuestro mundo, y se alejen de las naciones el odio y las
guerras, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para que los enfermos, los pobres y todos los que sufren
encuentren en Cristo resucitado luz y esperanza, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para que Dios derrame en las familias cristianas el espíritu
de piedad y de renuncia a lo mundano, de manera que germinen abundantes
vocaciones al ministerio eclesial, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Celebrante:
Dios nuestro, fuente de gozo y de paz, que has concedido a tu Hijo el poder y
la realeza sobre los hombres y los pueblos; escucha nuestra oración y sostennos
con la fuerza de tu Espíritu, para que nunca nos separemos de nuestro pastor
que nos conducirá hacia fuentes de aguas vivas, y que vive y reina, inmortal y
glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.
Señor nuestro, concédenos que la celebración de estos
misterios pascuales nos llene siempre de alegría y solidifique nuestra fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo,
nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los creyentes atraviesan
los umbrales del Reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra
muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas. Aleluya.
Oremos:
Dios nuestro, pastor bueno, vela con amor sobre nosotros y haz que el rebaño
adquirido por la sangre de tu Hijo goce de las verdes praderas de tu Reino por
la eternidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Tabla de Versiones
para estas lecturas:
|
|
Escuchar |
Grabar |
Comentar |
|
Versión 1 |
|||
|
Versión 2 |
|||
|
Versión 3 |
|
|
|
|
Versión 4 |
|
|
|
|
Versión 5 |
|
|
|
1.1 El
libro de los Hechos de los Apóstoles va recogiendo puntualmente los grandes
hitos en la propagación de la Palabra de Dios. Más que una historia de los apóstoles,
como tal, es una historia de la difusión del mensaje del Evangelio, ya sea a
través de Pedro, del diácono Felipe o del apóstol Pablo.
1.2 La
palabra se difunde como en círculos concéntricos, avanzando desde Jerusalén
hasta los confines del mundo, según la expresión que Nuestro Señor utiliza al
principio de este mismo libro (Hch 1,8). La palabra no va sola, sin embargo; le
acompañan magníficas señales de la presencia y de la acción del Espíritu Santo.
1.3 No se
trata de un avance sencillo ni suave ni fluido. Ya hemos tenido ocasión de ver
cómo la persecución va marcando el ritmo de vida y de ministerio de los apóstoles
y de sus colaboradores. Pero la persecución, ya desde el comienzo no es vista como
una tragedia ni como un motivo de desaliento sino como una señal de
autenticidad, como un estímulo y también como un modo de reconocer la voluntad
misma de Dios. Esto contiene una preciosa enseñanza para nosotros.
1.4 De esta
misma lectura es bueno destacar el papel de las mujeres, un tema que es tan
frecuente en la obra de Lucas. En el caso presente, son las <<mujeres
distinguidas>> quienes tienen la capacidad de influencia directa como
para lograr la expulsión de los recién llegados evangelistas, Pablo y Bernabé.
Mucho se habla de la subordinación de las mujeres, pero ello no excluye, según
vemos, que tuvieran poder real, para lo bueno o para lo malo.
2.1 La
segunda lectura continúa el tema de la persecución en una nueva clave: el
triunfo y la victoria son para los que han padecido. No hay victoria sin
combate, no hay combate sin privaciones, dolor, exclusión. El cristiano,
alumbrado por la luz de la pascua, sabe que las tinieblas no tienen la última
palabra pero sufre con la oscuridad, con la marginación, con las dudas que le
pueden asaltar y con las incomprensiones y amenazas que le sobrevengan.
2.2 El Apocalipsis nos habla de <<una multitud enorme que nadie podía contar.>> Quizá no tenemos una idea tan optimista del cristianismo. Quizá pensamos que pocos, muy pocos alcanzan la fidelidad y que sólo un número reducido puede cantar la victoria del Cordero Pascual. Todo indica, sin embargo, que hay sorpresas y que por caminos que tal vez no comprendemos ni imaginaríamos Dios va haciendo su obra sorprendente y va creando corazones llenos de amor a Él.
3.1 Ahora bien, el cristiano no apuesta en el vacío. Tiene siempre ante sus ojos al Buen Pastor, a Cristo bendito, primero entre los perseguidos y rey de todos los mártires, que dijo de sus ovejas: <<nadie puede arrebatármelas.>> Y así se cumple, en realidad: el dolor de ser perseguidos no es más fuerte que el amor de ser redimidos. Y es que en verdad, si el odio nos persigue y también nuestros propios pecados nos persiguen, hay Uno que es Cristo, que nos <<persigue>> también. El pecado nos persigue para matarnos; Cristo, para darnos vida eterna.
3.2 Así pues, Cristo es Pastor en este texto del evangelio, aunque es Cordero
en el texto del Apocalipsis. El pastor nos da la idea de alguien que dirige,
alguien que tiene poder, de algún modo; el cordero nos sugiere la idea de uno
que se entrega, que se inmola. Aprendemos así cuál es el verdadero sentido del
poder y de la autoridad en la comunidad de los creyentes: sólo aquel que da su vida
puede dar vida; sólo aquel que entrega su ser marca con su entrega el ritmo y
el caminar del rebaño.
*** Tenga
en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***
Estos textos litúrgicos y
bíblicos han sido proporcionados con
autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia
católica.
+
Retorno
a la página de Homilías