PALABRA VIVA PARA ESTE DIA

Ciclo C, Tiempo de Pascua,
Domingo de la Semana No. 3

Textos y archivos de audio por: Fr. Nelson Medina, O.P.
Derechos Reservados © 2004.
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Lecturas y Oraciones del Día

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Oración Colecta

Oremos:
Señor, tú que nos has renovado en el espíritu al devolvernos la dignidad de hijos tuyos, concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza, el día glorioso de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

Primera Lectura
Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
5, 27b-32.40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los discípulos:
«¿No les prohibimos terminantemente enseñar en nombre de ése? Y sin embargo, han llenado Jerusalén con sus enseñanzas y además quieren hacernos responsables de la muerte de ese hombre».
Pedro y los apóstoles respondieron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús, a quien ustedes mataron colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado a su derecha como Príncipe y Salvador, para dar a Israel la ocasión de arrepentirse y de obtener el perdón de los pecados. Nosotros y el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que le obedecen, somos testigos de todo esto».
Azotaron a los apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos salieron del Consejo, alegres de haber merecido tales injurias por el nombre de Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial
Sal 29, 2 y 4.5-6a.14-12a y 13b

Te alabaré, Señor, eternamente.

Yo te alabo, Señor, porque me has librado, no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Tú, Señor, me libraste del abismo, me reanimaste cuando estaba a punto de morir.
Te alabaré, Señor, eternamente.

Canten al Señor, fieles suyos, den gracias a su santo nombre. Porque su enojo dura un instante, pero su bondad, toda la vida.
Te alabaré, Señor, eternamente.

Escucha, Señor, ten compasión de mí, Señor, ven en mi ayuda. Tú cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
Te alabaré, Señor, eternamente.

Segunda Lectura
Digno es el Cordero que fue inmolado de recibir el poder y la riqueza

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
5, 11-14

Yo, Juan, oí después, en la visión, la voz de innumerables ángeles que estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos; eran cientos y cientos, miles y miles, que decían con fuerte voz:
«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza».
Y todas las criaturas del cielo y de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, oí que también decían:
«Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos».
Los cuatro seres vivientes respondieron: «Amén», y los ancianos se postraron en profunda adoración.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Ha resucitado Cristo, que creó todas las cosas y se compadeció de todos los hombres.
Aleluya.

Evangelio
Jesús tomó el pan y el pescado y se los dio a los discípulos

† Lectura del santo Evangelio según san Juan
21, 1-19

Gloria a ti, Señor.

Poco después, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos junto al lago de Tiberíades.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. En esto dijo Pedro:
«Voy a pescar».
Los otros dijeron:
«Vamos contigo».
Salieron juntos y subieron a la barca; pero aquella noche no lograron pescar nada.
Al clarear el día, se presentó Jesús en la orilla del lago, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo:
«Muchachos, ¿han pescado algo?»
Ellos contestaron:
«No».
El les dijo:
«Echen la red al lado derecho de la barca y encontrarán peces».
Ellos la echaron, y la red se llenó de tal cantidad de peces que no podían moverla. Entonces, el discípulo a quien Jesús tanto amaba le dijo a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír Simón Pedro que era el Señor, se puso la túnica, pues estaba sin ella, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron hasta la orilla en la barca, arrastrando la red llena de peces, pues no era mucha la distancia que los separaba de tierra; tan sólo unos cien metros.
Al saltar a tierra, vieron unas brasas, con peces colocados sobre ellas, y pan. Jesús les dijo:
«Traigan ahora algunos de los peces que acaban de pescar».
Simón Pedro subió a la barca y bajó a tierra la red llena de peces; en total eran ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Luego les dijo Jesús:
«Vengan a comer algo».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían muy bien que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan en sus manos y lo repartió; y lo mismo hizo con los peces.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.
Después de comer, Jesús preguntó a Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Pedro le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero»
Jesús le dijo:
«Apacienta mis corderos».
Jesús volvió a preguntarle:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Pedro respondió:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo:
«Cuida de mis ovejas».
Por tercera vez insistió Jesús:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Pedro se entristeció, porque Jesús le había preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó:
«Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo:
«Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos, y será otro el que te vestirá y te conducirá adonde no quieras ir».
Jesús dijo esto para indicar la clase de muerte con la que Pedro daría gloria a Dios. Después le dijo:
«Sígueme».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Se dice «Credo».

Oración de los Fieles

Celebrante:
El Reino de los Cielos es una obra gratuita del Señor, pero también un compromiso solidario nuestro. Oremos para que todos los seres humanos, participen responsablemente en la causa de la salvación.

Respondemos: Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Para que la comunidad cristiana custodie la fe pascual de sus padres, y dé testimonio de la renovación en el Espíritu con obras de justicia y de paz, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Para que todas las familias compartan los dones de verdad y gracia que han recibido, y en su uso de los bienes materiales den razón de la esperanza que resplandece en Cristo resucitado, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Para que todos los cristianos, que reconocen a Cristo en la Palabra y en la fracción del pan, sepan verlo por los caminos del mundo, lo socorran cuando esté herido y necesitado, y lo acojan cuando es pobre y forastero, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Para que todos los renacidos en el bautismo rechacen toda forma de violencia y de mentira, y se adhieran a la realeza de Cristo Señor en sus pensamientos y en sus obras, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Para que, al terminar la celebración litúrgica de la misa, toda nuestra vida anuncie al mundo la reconciliación y la paz, roguemos al Señor.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Celebrante:
Dios, Padre nuestro, que en Cristo resucitado has comenzado la nueva creación, haz que los hijos de la Iglesia, con la gracia del Espíritu Santo, anuncien la perenne novedad del Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio
Cristo, sacerdote y víctima

El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra pascua, fue inmolado.
Porque él, con la oblación de su cuerpo en la cruz, llevó a la plenitud los sacrificios de la antigua Ley; y al ofrecerse a ti por nuestra salvación quiso ser a un tiempo sacerdote, víctima y altar.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…

Antífona de la Comunión

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para el perdón de los pecados.
Aleluya.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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1. Aprender a Alabar

1.1 Este tiempo de Pascua es como una prolongada contemplación de la gloria de Cristo y de su victoria. El Señor vive, se ha levantado de entre los muertos, y como él mismo dijo, una vez levantado, ha atraído a todos y a todo hacia sí. Cristo se levanta y con él el pueblo que confía en su Nombre; Cristo se levanta y su victoria da unidad a la creación ya renovada, para presentarla como ofrenda solemne en el altar del cielo.

1.2 Pascua es el tiempo más propicio para reunir nuestras voces con los coros de los ángeles en el cielo. A todo lo largo de la Pascua descubrimos de manera nueva que no hay sino una Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, o mejor: el Cristo total, como gustaba de decir san Agustín de Hipona. Tales la grandiosa visión de la que escuchábamos en el texto de la segunda lectura: << Y todas las criaturas del cielo y de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, oí que también decían: Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos.>>

1.3 Y así como durante la Cuaresma nos ejercitábamos en el ayuno y el arrepentimiento de nuestras culpas, ahora, llegada la Pascua, se nos invita a ejercitarnos en la alabanza y en la acción de gracias, porque una cosa es cierta: tanto necesita nuestro corazón aprender a alegrarse en el bien como necesita aprender a rechazar el mal.

2. Amor del Bueno

2.1 Los apóstoles ciertamente habían aprendido muy bien estas lecciones, pues, después de ser injusta y cruelmente azotados <<salieron del Consejo, alegres de haber merecido tales injurias por el nombre de Jesús,>> como oímos en la primera lectura de hoy. Fortalecidos por el don del Espíritu Santo, fueron capaces no sólo de dar testimonio sino de sufrir, e incluso gozarse en el sufrimiento, como un modo máximo de dar testimonio de Aquel que les concedía tal fortaleza y tal alegría.

2.2 Todo, pues, depende de la calidad de amor que nos mueve, como lo muestra el evangelio de hoy. Tres veces negó Pedro a Jesús, cuando llegaba la hora suprema de la dolorosa Pasión; tres veces preguntó Jesús a Pedro si le amaba, cuando la tormenta había ya pasado. Aquel testimonio de amor tenía una razón de ser muy clara: sanar las heridas que habían causado el miedo, la vanidad y el orgullo.

2.3 Y de aquí podemos tomar una segunda lección muy importante sobre el sentido del tiempo pascual: buscar amor que sea digno de ese nombre. De hecho, el tiempo pascual es como un inmenso arco tendido entre la Resurrección del Señor y Pentecostés. Estos límites cronológicos tienen una razón de ser: tanto la resurrección como la efusión maravillosa del Espíritu Santo son las más grandes expresiones del amor que vence sobre el pecado y la muerte.

*** Tenga en cuenta que no todos los prefacios aquí transcritos son de uso normativo. ***

Estos textos litúrgicos y bíblicos  han sido proporcionados con autorización
a partir de esta completísima página de lecturas en uso en la liturgia católica.

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