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Homilías de Fr. Nelson Medina, O.P.

Derechos Reservados © 1997-2020

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
esta permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/homilias.html.

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Domingo, Junio 7 de 2020

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Gaby Baglietto (cumple)

María Antonia Martínez (cumple)

Elba Saldana (cumple)

Andrea Sarah Lino Salinas (cumple)

Angélica María Rivera Salinas (cumple)

José Manuel Arias (cumple)

Francisco Ordóñez (cumple)

Reverendo Padre José Antonio Zapata Nole (cumple)

Cinthia Paola Chavez (cumple)

Graciela Cedano (cumple)

Eva María Pliego Ordóñez (cumple)

Yesenia Barría (cumple)

Comunidad Renacidos en Cristo (comunidad)

Rafael E. Peña y Claudia Sarmiento (matri)

Padre Josué Castañeda (difuntos)

Ciclo A, Solemnidad de la Santísima Trinidad


Lecturas del Día

Lectura:

Haz click en la referencia bíblica:

1a.

Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso (Éxodo 34, 4b-6.8-9)

Salmo

A ti gloria y alabanza por los siglos. (Daniel 3)

2a.

La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo (2 Corintios 13,11-13)

Evangelio

Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él (Juan 3,16-18)


Homilías de viva voz

Núm.

Datos

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Más...

1

2002/05/26


Confianza y cercanía con Dios.
8 min. 52 seg.

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2

2008/05/18


La fiesta de la Santísima Trinidad es el momento en el que reconocemos todo lo que sabemos que Dios no es.
19 min. 42 seg.

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3

2011/06/19


La fiesta de la Santísima Trinidad nos recuerda ante todo que al Hijo y al Espíritu los hemos recibido de Dios nuestro Padre.
4 min. 31 seg.

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4

2011/06/19


¡Celebramos a Dios! Y celebramos que él se ha revelado a nosotros. Y celebramos su Nombre.
14 min. 13 seg.

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5

2011/06/19


Breve exposición de la resonancia del misterio trinitario en el ser humano, según san Agustín: el entendimiento tiene hambre de la Verdad del Verbo; la voluntad tiene hambre del Bien del Espíritu; la memoria tiene hambre de la solidez insondable del Padre.
17 min. 15 seg.

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6

2014/06/15


Dios es misterio insondable pero no impenetrable.
4 min. 51 seg.

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7

2017/06/11


Se necesita claridad en la doctrina de la Santísima Trinidad que Dios mismo nos ha revelado en la Sagrada Escritura porque no queremos perderlo en manos de herejías.
6 min. 45 seg.

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8

2017/06/11


Aunque el misterio de Dios nos rebasa completamente tampoco puede ser completo nuestro silencio sobre su misterio porque ello daría ocasiona que se propagaron enseñanzas falsas sobre quién es Dios.
21 min. 47 seg.

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9

2020/06/07


En nuestra vida llevamos una huella de la Santísima Trinidad: en la memoria tenemos un deseo por Dios Padre, en la inteligencia el deseo por Dios Hijo que es Sabiduría y en la voluntad al Espíritu Santo que es Amor.
7 min. 49 seg.

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10

2020/06/07


Dios Padre nos ha dado a su Hijo y al Espíritu Santo, y una vida cristiana plena está siempre inserta en el misterio de la Trinidad.
28 min. 9 seg.

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Homilías escritas

Versión

Homilía para leer:

1

1. La Gloria de la Trinidad en la Historia

1.1 El 9 de febrero del año 2000 el papa Juan Pablo II nos regaló una reflexión preciosa sobre la presencia del misterio trinitario en la historia. Ofrecemos un aparte de su enseñanza, aunque la numeración aquí presentada es nuestra.

1.2 trataremos de ilustrar esta presencia de Dios en la historia, a la luz de la revelación trinitaria, que, aunque se realizó plenamente en el Nuevo Testamento, ya se halla anticipada y bosquejada en el Antiguo. Así pues, comenzaremos con el Padre, cuyas características ya se pueden entrever en la acción de Dios que interviene en la historia como padre tierno y solícito con respecto a los justos que acuden a él. Él es "padre de los huérfanos y defensor de las viudas" (Sal 68, 6); también es padre en relación con el pueblo rebelde y pecador.

1.3 Dos páginas proféticas de extraordinaria belleza e intensidad presentan un delicado soliloquio de Dios con respecto a sus "hijos descarriados" (Dt 32, 5). Dios manifiesta en él su presencia constante y amorosa en el entramado de la historia humana. En Jeremías el Señor exclama: "Yo soy para Israel un padre (...) ¿No es mi hijo predilecto, mi niño mimado? Pues cuantas veces trato de amenazarlo, me acuerdo de él; por eso se conmueven mis entrañas por él, y siento por él una profunda ternura" (Jr 31, 9. 20). La otra estupenda confesión de Dios se halla en Oseas: "Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. (...) Yo le enseñé a caminar, tomándolo por los brazos, pero no reconoció mis desvelos por curarlo. Los atraía con vínculos de bondad, con lazos de amor, y era para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer. (...) Mi corazón está en mí trastornado, y se han conmovido mis entrañas" (Os 11, 1. 3-4. 8).

2. Junto a nosotros

2.1 Continúa enseñándonos el papa Juan Pablo II.

2.2 De los anteriores pasajes de la Biblia debemos sacar como conclusión que Dios Padre de ninguna manera es indiferente frente a nuestras vicisitudes. Más aún, llega incluso a enviar a su Hijo unigénito, precisamente en el centro de la historia, como lo atestigua el mismo Cristo en el diálogo nocturno con Nicodemo: "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él" (Jn 3, 16-17). El Hijo se inserta dentro del tiempo y del espacio como el centro vivo y vivificante que da sentido definitivo al flujo de la historia, salvándola de la dispersión y de la banalidad. Especialmente hacia la cruz de Cristo, fuente de salvación y de vida eterna, converge toda la humanidad con sus alegrías y sus lágrimas, con su atormentada historia de bien y mal: "Cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Con una frase lapidaria la carta a los Hebreos proclamará la presencia perenne de Cristo en la historia: "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre" (Hb 13, 8).

2.3 Para descubrir debajo del flujo de los acontecimientos esta presencia secreta y eficaz, para intuir el reino de Dios, que ya se encuentra entre nosotros (cf. Lc 17, 21), es necesario ir más allá de la superficie de las fechas y los eventos históricos. Aquí entra en acción el Espíritu Santo. Aunque el Antiguo Testamento no presenta aún una revelación explícita de su persona, se le pueden "atribuir" ciertas iniciativas salvíficas. Es él quien mueve a los jueces de Israel (cf. Jc 3, 10), a David (cf. 1 S 16, 13), al rey Mesías (cf. Is 11, 1-2; 42, 1), pero sobre todo es él quien se derrama sobre los profetas, los cuales tienen la misión de revelar la gloria divina velada en la historia, el designio del Señor encerrado en nuestras vicisitudes. El profeta Isaías presenta una página de gran eficacia, que recogerá Cristo en su discurso programático en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, pues Yahveh me ha ungido, me ha enviado a predicar la buena nueva a los pobres, a sanar los corazones quebrantados, a anunciar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad, y a promulgar el año de gracia de Yahveh" (Is 61, 1-2; cf. Lc 4, 18-19).

2.4 El Espíritu de Dios no sólo revela el sentido de la historia, sino que también da fuerza para colaborar en el proyecto divino que se realiza en ella. A la luz del Padre, del Hijo y del Espíritu, la historia deja de ser una sucesión de acontecimientos que se disuelven en el abismo de la muerte; se transforma en un terreno fecundado por la semilla de la eternidad, un camino que lleva a la meta sublime en la que "Dios será todo en todos" (1 Co 15, 28). El jubileo, que evoca "el año de gracia" anunciado por Isaías e inaugurado por Cristo, quiere ser la epifanía de esta semilla y de esta gloria, para que todos esperen, sostenidos por la presencia y la ayuda de Dios, en un mundo nuevo, más auténticamente cristiano y humano.

2.5 Así pues, cada uno de nosotros, al balbucear algo del misterio de la Trinidad operante en nuestra historia, debe hacer suyo el asombro adorante de san Gregorio Nacianceno, teólogo y poeta, cuando canta: "Gloria a Dios Padre y al Hijo, rey del universo. Gloria al Espíritu, digno de alabanza y todo santo. La Trinidad es un solo Dios, que creó y llenó todas las cosas..., vivificándolo todo con su Espíritu, para que cada criatura rinda homenaje a su Creador, causa única del vivir y del durar. La criatura racional, más que cualquier otra, lo debe celebrar siempre como gran Rey y Padre bueno" (Poemas dogmáticos, XXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511).


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-Fr. Nelson Medina, OP

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