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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María Santísima sigue visitándonos al manifestarse en tantos lugares de peregrinación y cada Rosario; su visita nos transforma, nos da vida y humaniza nuestro mundo.
Homilía visi018a, predicada en 20250531, con 8 min. y 54 seg. 
Transcripción:
El 31 de mayo, cerrando este mes por excelencia mariano, tenemos la fiesta de la Visitación de María Santísima. Cuando uno piensa en esta fiesta, por supuesto que lo primero que recuerda es el camino que recorrió Nuestra Señora, la Virgen María desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, hasta las montañas de Judea, muy probablemente hacia un lugar que hoy se conoce como Ain Karim. Es un recorrido ciertamente de bastantes kilómetros. Y María fue allá donde su pariente Isabel, básicamente para ayudar, para servir, para apoyar, esto es muy, muy hermoso.
Pero yo quiero decirte algo y es que María Santísima no ha perdido la buena costumbre de visitar, no ha perdido su capacidad de peregrinar. El Papa Francisco, que Dios tenga en su gloria, invocaba en los últimos días de su vida y, por lo tanto, su pontificado, invocaba a María como una peregrina, peregrina de la esperanza, que nos invita también a que nosotros peregrinemos, es decir, avancemos, estemos en movimiento. Si Cristo es el camino, pues hay que avanzar por el camino. Y en ese sentido, como María, somos llamados a ser peregrinos.
Pero hablemos de las otras visitas de María, hablemos de cómo ella sigue visitando a tantas personas, voy a comentar tres visitas de María que suceden en nuestro tiempo. La primera, las apariciones, las manifestaciones. Pensemos lo que sucede en Lourdes, viste las fotos en Fátima, viste lo impresionante que es eso. Algunos dicen casi medio millón de personas, yo no sé contar multitudes, pero lo que te puedo decir es que he estado en Fátima, sé que esa plaza es inmensa y no cabía un peregrino más.
¿Por qué sucede eso? Porque María quiso visitar a aquellos tres humildes pastorcitos y, a través, de ellos dejar como una señal de su presencia, una especie de visita permanente de su amor en ese lugar. Pero es que lo mismo podemos decir de Lourdes, lo mismo podemos decir de aquel sitio en Irlanda que yo amo tanto, el santuario de Knock, lo mismo podemos decir de Guadalupe, lo mismo podemos decir de Chiquinquirá en Colombia y así muchos otros sitios. María sigue visitando, María sigue haciendo presencia en todos esos sitios.
Y eso es muy hermoso, porque la misma actitud con que ella fue a casa de su pariente Isabel, es la misma actitud con la que ella nos visita a nosotros. Ese es el primer ejemplo de visita del que quiero hablarte. Segundo, María visita con bastante frecuencia, a través de esta herramienta maravillosa de oración y de combate, que es el rosario. Y ¿por qué digo que es una visita de María? Sabes ¿por qué? Porque cuando llega María las cosas cambian. Yo no sé, yo no sé si tú tienes tan presente todo ese poder de amor, de cuidado y de belleza que tiene la mujer.
Como en mi casa, nosotros fuimos solo hijos varones, faltó la hermanita. Yo aprendí muy pronto a apreciar lo que puede hacer una mujer. Por supuesto, la mujer que teníamos más cerca era mi mamá, pero también tías y primas, a las que quiero muchísimo. Y yo me daba cuenta, por ejemplo, con algunas de mis tías, cómo llega una mujer a un lugar y va dándole un toque de orden, de belleza, de cuidado, de armonía, de perfume. La mujer es ministra de la vida, la mujer trae ese orden, ese cuidado, la mujer humaniza el mundo, la mujer trae vida al mundo. Bueno, comparemos con lo que hace María cuando llega a la vida de una persona.
Yo me estoy acordando, particularmente de un muchacho que durante mucho tiempo estuvo en recaídas permanentes, en distintos pecados, sobre todo pecados de impureza. Y sabemos que la Santa Virgen María brilla muy particularmente por la pureza. Este hombre tenía como una actitud ya casi de derrota, porque él sentía que cualquier cosa que intentaba no le servía. Alguien le recomendó que se apegara a la Virgen, que tomara el santo rosario en sus manos. Y aunque tenía un poco de escepticismo, pues así lo hizo.
Se puso en el ejercicio de rezar el santo rosario todos los días, y el rosario se convirtió como en una cita de amor con la Virgen. Una cita de amor en la que él llevaba su necesidad, concretamente la necesidad de la victoria en esos pecados, y ella llegaba con los tesoros del cielo que solo conocen los que son devotos de María. Como se dice popularmente en tantos lugares, santo remedio, la presencia de María, la visita de María a ese corazón hizo que poco a poco, pero en un tiempo más bien diríamos breve, esos pecados y otros desaparecieran de la vida de ese muchacho. Es decir, María lo visitó, María le trajo orden, María le trajo belleza a ese corazón de ese jovencito.
Es algo muy bello, te repito María sigue visitando. Luego quiero referirme nuevamente al Papa Francisco, que de Dios goce, y quiero referirme a otros Papas. Mira, por ejemplo, el Papa León XIV, entre sus primeros actos, fue a visitar un santuario de la Virgen, Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo, que es una advocación muy cercana a los Agustinos, él, tú sabes, es agustino. El Papa Francisco propagó la devoción a María Desatanudos, pero es que además, el Papa Francisco antes de cada viaje apostólico, ya sabíamos a dónde iba a ir. Y después de cada viaje apostólico, ya sabemos a dónde iba a ir.
Iba a visitar a María, Salus Populi Romani, conocida como Santa María la Mayor. Y es tanto el amor que le tuvo el Papa Francisco a la Virgen y tantas confidencias que le entregó a ella, que quiso que finalmente su cuerpo quedara allí, quedará en la Basílica de Santa María la Mayor. Ni qué decir del Papa San Juan Pablo II, que brilló también por su piedad. Bueno, todos, pero quiero destacar como último ejemplo al Papa San Juan Pablo II. San Juan Pablo II tenía en su escudo la M de María y sabemos el lema de él: Totus tuus. ¿A quién le decía a él esa frase? A María.
Y con este pensamiento quiero terminar, porque he citado el ejemplo de estos Papas. Ellos iban a visitarla, pero es que cada vez que tú la visitas, ella te visita. Tú vas al santuario y ella va a tu santuario, que es tu corazón. Tú peregrinas donde ella y ella acompaña tu peregrinar por esta vida. Eso es lo que le decimos en cada Avemaría, le decimos: Ruega por nosotros, pecadores, ahora, ahora, ahora que vamos caminando, y en la hora de nuestra muerte, cuando termine nuestro camino en esta tierra y partamos para la eternidad.
Así que es un día hermosísimo, el día de la Visitación, y es un día para que cada uno de nosotros, con gran conciencia, profunda conciencia de lo que significa el auxilio y la presencia de María, le repita: Ruega por mí que soy pecador, ahora, que tanto te necesito, y en la hora de mi muerte. Amén.

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