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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Santísima Virgen nos enseña estos res elementos del servicio: amor que abre caminos para ver dónde está la necesidad, prontitud para obrar en el momento que nos necesitan y oportunidad para saber retirarse a tiempo.
Homilía visi016a, predicada en 20230531, con 6 min. y 22 seg. 
Transcripción:
El 31 de mayo los católicos celebramos la visita de Nuestra Señora, la Virgen María a su pariente, a Santa Isabel. Y por supuesto, la palabra que destaca aquí es la palabra servicio. Te invito a que, mirando el pasaje del Evangelio, encontremos en qué consiste servir, porque hay tres elementos que nos enseña la Virgen María y que debemos aplicar a nuestra vida. El primer elemento es la prontitud, el segundo elemento es el amor, y el tercer elemento es la oportunidad. Vamos a mirarlos brevemente, uno por uno, porque de ahí podemos aprender mucho para ser también nosotros servidores.
No se nos olvide que Cristo mismo, nuestro Maestro, dijo: «El Hijo del Hombre, no ha venido a ser servido, sino a servir». Bueno, entonces, ¿qué significa esto de la prontitud? La prontitud quiere decir que allí donde se presenta la necesidad es allí donde se nos necesita precisamente, la palabra lo indica. A veces, buscamos con afán, buscamos con agilidad lo que nos deleita. Tú piensa, por ejemplo, en un joven típico que se le invita a una fiesta, ese hombre está listo, se arregla, está preparado, ya casi van a pasar a recogerme o ya voy yo en mi moto, en mi carro.
La prontitud la tenemos cuando se trata del placer, la prontitud la tenemos cuando se trata de nuestra ganancia. Prontitud entonces, en el servicio, quiere decir que la misma agilidad que tienes y la misma rapidez que tienes cuando se trata de tus cosas, aplícala a los demás. Si fueras tú el que tuviera ese dolor, si fueras tú el que estuviera pasando ese trabajo, si fueras tú el que la estuviera pasando mal, ¿cómo te ayudarías tú a ti mismo? Esa es la prontitud, prontitud es eso. Prontitud es ponerte en el lugar del otro y entender que si se tratara de tu dolor, de tu problema, de tu duelo, de tu necesidad, tú irías pronto, muy pronto, esa es la prontitud.
Ponte en el lugar de la otra persona y dime cómo obrarías, esa es la prontitud. El amor, el amor es fundamental aquí, porque el amor es el que da ojos, el amor es el que da manos, y en el fondo, el amor es el que da pies. El que ama camina prontito, camina ágil. El amor te da ojos para darte cuenta dónde está, dónde está la necesidad, dónde está el problema. Casi que deberíamos poner en primer lugar el amor, pero bueno, siguiendo el relato, he puesto en primer lugar la prontitud. Pero es que el amor es fundamental, porque el amor es el que te da ojos.
Por eso, sucede típicamente que las mamás que suelen tener un amor tan grande pero tan grande, las mamás, las mamás, tienen ojos. Oye, y le hablan así, por ejemplo, al esposo. Vamos a suponer que el esposo se llame, qué se yo, Ramón. Oye, Ramón, estoy preocupado por nuestra hija Clarita. ¿Qué ves tú, qué te preocupa? No sé, la veo como un poco rara, sabes. Y él trata de disuadir a la esposa, escena típica: Ay, mi amor, no digas eso. Al fin y al cabo, es una adolescente ¿quién le entiende? No, no, no, es que yo si la veo un poco rara. El amor te da ojos y el amor te da esto, el amor te da manos, porque el amor es creativo.
Cuando María va donde Isabel no sabía qué clase de cosas le tocaba hacer. Qué es lo más necesario, que toca ayudar a lavar la loza, tal vez, que toca ayudar a preparar unas compresas de agua tibia, ¿qué es lo que toca hacer? No lo sé, pero si hay amor, tengo manos. Y si hay amor, tengo ojos. El amor te da cabeza, te da ideas, el amor abre caminos. Para el servicio se necesita amor, el que tiene poquito amor siempre tiene una disculpa, escribe eso por ahí que te conviene. El que tiene poquito amor siempre tiene una disculpa: No es que ya no hay nada que hacer, es que no se pudo. Yo sí quería, pero no se pudo, no se pudo.
Que venga otro con más amor y verás que ese sí puede. Y luego la oportunidad, la oportunidad está al final del texto cuando se dice que María se quedó unos tres meses con Isabel y después volvió a casa. Es decir, María estuvo cuando se la necesitó, no se quedó para muchos homenajes, para muchas gratitudes, para muchos aplausos. Así como la prontitud me dice que hay que llegar pronto, hay que llegar a tiempo, pues la oportunidad me dice que hay que saber retirarse también, a tiempo. Eso también es necesario, hay que retirarse a tiempo, porque a veces pretendemos que las otras personas nos paguen.
A mí me llama mucho la atención que María estuvo el tiempo en el que más se le necesitaba. Cuando ya nació la criatura y, esa criatura era Juan Bautista, y cuando seguramente ya estaba la ayuda de otras personas, vecinas o amigas, cuando ya no se la necesitaba, María volvió a Nazaret. Prontitud, amor y oportunidad, tres grandes cualidades del verdadero servicio.

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