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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El testimonio de María llevando la Buena Noticia a casa de Isabel nos muestra las dimensiones de una vida marcada por la alegría de ser y vivir en Dios.
Homilía visi015a, predicada en 20220531, con 10 min. y 30 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, hoy les invito a que nos unamos a la alegría de María y la alegría de Isabel, que es también la alegría del hijo de Isabel, Juan Bautista y del hijo de María, nuestro Señor, el santo y feliz Jesucristo, es un día de alegría. Recibir una visita suele ser motivo de gozo. Aquellas personas que amamos siempre traen una alegría con su presencia.
Pero, qué presencia la que trae María, no es otra, sino la presencia misma del Hijo de Dios que vive en ella, que reina en ella y que desde ella irradia amor, irradia bondad, irradia alegría. Algo tan profundo, algo tan real, que Juan el Bautista, siendo un bebecito en el vientre de su mamá, lo pudo sentir. Entonces, vamos a concentrarnos en tres puntos. Primero, ser sensibles a la alegría de Dios. Segundo, ser proclamadores de la alegría de Dios. Tercero, ser servidores de la alegría de Dios. Sensibles, proclamadores y servidores.
Primero, ser sensibles a la alegría de Dios. ¿Por qué esto es necesario? Hoy en el desayuno, veía lo que presentan las noticias, en muchos lugares, como por ejemplo el hotel donde estoy hospedado siempre ponen ahí un televisor y estaba en las noticias. No importa qué cadena de noticias sea tu favorita, ya sabemos lo que vamos a encontrar en las noticias, siempre son malas noticias. Que esto fracasó, que este político peleó con este otro, que lamentablemente hubo una masacre no sé dónde. Y eso es real, claro que son noticias reales, pero esa no es toda la realidad, esa no es toda la realidad. Estoy contando cosas tan sencillas.
Después de mi desayuno, pude caminar un poquito por este lugar que es tan bello, con tanto verde, con tantas flores. Y se me ocurría un pensamiento tan infantil, te imaginas que un día dijeran las noticias: Hoy se abrieron ochenta y cinco mil cuatrocientas flores que no habían abierto ayer. por decir un número, eso no sale en las noticias. Hoy hemos tenido uno de los más bellos amaneceres de los últimos treinta años, eso no sale en las noticias. Hoy recuperó su salud Jon Stewart y Roberto Gómez y Juliana Sánchez, esas noticias no salen. Hoy después de veinticuatro años se confesó por fin Fulano de tal o tal señora, eso no sale en las noticias.
Yo no estoy diciendo que las noticias sean falsas, aunque a veces son falsas, pero no estoy diciendo eso. Estoy diciendo que las noticias nos vuelven súper sensibles al mal, a lo que está sucediendo de maldad en el mundo. Y no es que sea mentira, pero no nos cuentan la historia del bien y por eso tenemos que pedir al Señor que nos volvamos sensibles al bien, que donde encontremos una sonrisa sincera, la sepamos agradecer. Que si usted puede volver a su casa o va a ir a un restaurante y tiene un delicioso lunch, que usted pueda decir: Bendito sea Dios, que usted pueda alegrarse en ese bien.
Que si usted hoy recibió una llamada telefónica o un mensaje de una amiga suya que hace mucho tiempo no le escribía, usted pueda gozarse en ello. Que seamos sensibles al bien. Cómo sería la sensibilidad de Juan el Bautista que, estando en el vientre de la mamá, sintió la presencia de Jesús, te imaginas que uno tuviera esa sensibilidad, que uno pueda sentir a Jesús. Mira, nosotros entramos a este recinto. Es la primera vez, creo yo que estoy en esta iglesia. Nosotros entramos a este recinto, todo este recinto lo llena la gloria de Cristo, porque Cristo está presente allí, es su presencia viva, ese es el tesoro que tenemos.
Pero nos hemos vuelto insensibles, a veces entramos a la iglesia así, una iglesia a otra iglesia. Hombre, no hables así, estás entrando a la presencia del Señor. Lo que no tuvo Moisés cuando llegó al Monte Sinaí, recuerdas que fue tan impresionante para Moisés que Dios le dijo: Quítate las sandalias de tus pies, el lugar que pisas es santo. Y era simplemente un arbusto en el que estaba sucediendo un milagro que ardía y no se consumía. Ahora llegamos aquí y no es un milagro de Dios, es Dios que seamos sensibles, ese es el punto número uno.
Segundo, que seamos proclamadores del bien, proclamadores de la alegría de Dios. Y quiero decirte que la proclamación de la alegría no empieza con las palabras, empieza con tu mirada, empieza con tu sonrisa, empieza con tu actitud. Que nosotros, como dice San Pablo, podamos llevar en nuestro rostro descubierto la huella de la gloria de Dios. Tu rostro ¿qué refleja? No te estoy regañando, no me miren como si los estuviera regañando. Solamente te hago esa pregunta: Tu rostro ¿qué refleja? Tú te das cuenta de que eres una persona bendecida, tú eres un bendecido, yo soy otro bendecido, la señora es una bendecida, otra señora bendecida, otro hombre bendecido.
Todos somos bendecidos, ¿reflejamos esa bendición, la proclamamos en nuestra actitud, en nuestras palabras, en nuestra manera de responder? Hay ocasiones en que nos volvemos como agresivos para responder, tal vez yo lo digo porque vivo en una ciudad tan congestionada como es Bogotá, Colombia, y yo veo esa, esa actitud de tantas personas, por ejemplo, en el tráfico: Este se va a meter, no lo dejo. Y así como a la defensiva y al ataque. Pero espérate, ¿que hay dentro de ti, qué reina dentro de ti, que llevas tú adentro, qué llevas tú adentro?
Es verdad que a veces, la vida nos trae espinas y las espinas revientan los globitos, los globitos esos de gas, por ejemplo, helio o lo que sea, las espinas revientan esos globos. Pero si tú revientas un globo de helio ¿qué sale? Helio. Si es un globito de oxígeno ¿que sale? Oxígeno. O de nitrógeno ¿qué sale? nitrógeno. Si las circunstancias te pinchan como las espinas, ¿qué sale de ti? Esa es la pregunta que te hago ¿qué sale de ti? Porque las espinas llegan, que llegan, llegan las espinas y las espinas te pinchan, como la aguja que pincha un globito. La pregunta que yo te hago es, cuando te pinchan, ¿qué sale?
Porque si estamos llenos de Dios, entonces cuando nos pinchan lo que sale es la presencia de Dios que está en nosotros. Bueno, y la última, que seamos servidores de la alegría. Y esto lo voy a hacer muy cortito, solo te hago una pregunta: ¿Qué persona que está cerca de ti necesita que tú le des un poquito de tu alegría, un poquito de tu alegría? Hace unas cuantas semanas, cuando celebrábamos la Vigilia Pascual y se encendió el cirio. Recuerdas esa imagen tan bonita, ¿no? Se enciende el cirio. Sí, viste, y cada uno, cierto, íbamos encendiendo las luces.
Y cuando tú enciendes la luz, ¿qué haces con ella? Se la pasas a tu compañero para que encienda también su luz y para que encienda su luz hasta que se llena toda la asamblea de luz. Eso tenemos que hacer con la alegría, con el bien de Dios. ¿A qué persona le vas a llevar hoy un poquito de tu alegría? Alguien que tal vez no viene mucho a misa, alguien que tal vez no escucha mucho la Palabra de Dios, alguien que tal vez no reza mucho.
Eso se lo dejamos al Señor, el Señor sabrá cómo va llevando a cada persona. Pero que nosotros podamos llevar un poquito de esa alegría en esta fiesta tan hermosa de la Visitación. Amén.

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