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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Santísima Virgen María nos muestra que no es suficiente hacer el bien, sino que hay que hacer el bien, bien.
Homilía visi010a, predicada en 20180531, con 4 min. y 30 seg. 
Transcripción:
El 31 de mayo, nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María. Hay tantos pensamientos bellos que surgen cuando pensamos en que la Madre de Jesús, aquella que nosotros con toda razón, llamamos Reina del Universo, por participación, claro, del reinado de Cristo. Que ella esté en esta actitud de servicio es una lección absolutamente preciosa, una lección que debe llegar todavía más a nuestro corazón, si caemos en cuenta de un detalle, nadie le dijo que fuera. O mejor, solo el amor le susurró en su corazón: Ve, ve y ayuda.
Ese mismo corazón que fue capaz de oír la declaración del amor divino, ese mismo corazón que fue capaz de recibir el Evangelio de salvación: Tú eres la muy amada. Ese corazón que tiene tanta sensibilidad para oír esas palabras sublimes, tiene también la sensibilidad para escuchar el llamado del amor que, en esta ocasión, la invitaba al servicio. Qué bello, qué grande, es decir que el corazón, que por su sensibilidad es contemplativo, ese mismo corazón, por la misma sensibilidad, ha de ser empeñado en el servicio o, como solemos decir, activo.
El mismo corazón que es sensible para amar en la contemplación, que sea sensible para amar en la acción. El corazón que está abierto para ser evangelizado, que esté abierto también para evangelizar, son las grandes lecciones que nos da la Santísima Virgen. Además, no solamente va, sino que va con prisa, nosotros solemos apresurarnos para recibir aquello que es un premio, que es un deleite o que satisface nuestra necesidad. Para reclamar un premio, para recibir un aplauso, para cobrar nuestro dinero, nos apresuramos.
Nuestros intereses están en juego, pero es una señal muy bella del amor cristiano, el que uno pueda apresurarse, no porque los intereses de uno estén en juego, sino porque los intereses del necesitado están en juego y eso es lo que sucede aquí. María se apresura por algo que no es suyo, pero que ella hace suyo, como lo ha explicado muchas veces el Papa Francisco. Esta es la señal característica de la misericordia, la capacidad de cargar sobre nosotros, de llevar sobre nosotros, propiamente sobre nuestro corazón, la miseria, la necesidad del otro.
De hecho, de ahí viene la palabra misericordia, es esa capacidad de tomar la miseria del otro y llevarla a hacer la mía en mi corazón. Pues eso es lo que nos muestra la Santísima Virgen. Y cuando recibe la felicitación de su prima, no se queda con nada, ella no se reserva nada. Lo que hace, lo que hace es proclamar la grandeza de Dios. Es decir, su obra no solo es buena, podríamos decir, es perfecta, porque la perfección consiste no simplemente en hacer el bien, sino en hacer bien el bien. Y eso es lo que nos muestra la Santísima Virgen en esta preciosa festividad de la Visitación.

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